

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 17
Georg bailaba con Gustav, Charlotte bailaba con Tom y yo estaba por el octavo vaso de vodka ya que los mojitos que tomé no me habían hecho nada. Mirar a Georg tan enamorado me molestaba un poco porque ya no iba a estar pendiente a mi como siempre. Su relación con Gustav iba en serio y yo estaría soltero de por vida si no me pongo las pilas.
Le dí otro bocado al vodka que pasaba quemandome la garganta, me subí un poco más el vestido y me dirigí al hombre misterioso que no dejaba de mirarme.
— Hola, ¿puedo sentarme? — pregunté sin esperar su respuesta, me senté posando el codo en el sofá y lo miré seductoramente. — ¿Cuál es tu nombre?
— Gerard, mucho gusto. — puso mi mano descaradamente tocandome la pierna, tenía la mano fría y dura.
— Bill. — se lo dije en el oído y terminé mordiendolo, me alzó como una pluma sentandome en sus piernas, descaradamente metió su mano bajo la tela de mi vestido tocándome los muslos, me sentí incómodo por esa acción.
— Me encantan los maricones afeminados. — me obligó a besarlo, queria apartarme pero me lo impidió presionando su agarre en mi cuello. — Y más cuando son delicaditos.
— ¡Sueltame! — comencé a golpearle en los hombros como podía, sentí el sabor metálico de la sangre que emanaba y no sabía si era mía o suya. Me caí al suelo de un empujón que me dieron y me arrastré en el suelo, la sangre era mía. Miré como Tom se lanzaba encima del tipo para golpearlo y recibir golpes también.
Por mi calentura había armado un relajo y arruiné la noche de los presentes en el bar.
— ¿Estás bien? — preguntó Georg corriendo junto a Charlotte hasta mi para rodearme en sus brazos, estaba llorando del susto.
— Pensé que iba a hacerme algo, Geo. — vi como Gustav agarraba a Tom obligándole a separarse de Gerard el cual estaba desmayado en el suelo.
— ¡Dios mío, Tom! — corrió la rubia al ver el rostro ensangrentado del rapero, lo miraba con desesperación y temor.
— ¡Están todos detenidos! — ni siquiera hubo tiempo para correr, nos tomaron desprevenidos y ahora nos subían a la patrulla. Charlotte se negaba a subirse y uno de los policias le tiró gas pimienta para que no se resista, llegamos a la comisaría y nos encerraron a los cinco en una celda, al hombre misterioso y a otras personas más en la celda de en frente.
— ¡Carajo, Bill si tan solo hubieras tenído las piernas cerradas yo no estaría aquí!
— ¡Ya cállate, maldición!
Charlotte me tenía histérico con sus gritos desquiciados, estaba más borracha que yo y si no se callaba le iba a meter un puñetazo en la cara.
— Culpandonos unos a otros no vamos a resolver nada, Tom ya fue a llamar para que nos vengan a sacar a todos.
Los malditos policías solo habían dejado a nuestra disposición una sola llamada, hicimos piedra, papel o tijera para ver quien ocupaba la llamada y ganó Tom. La celda se abrió dejando entrar al mismo, tenía el labio partido en la parte del piercing.
Quería ser yo quien le limpiara la sangre del rostro pero Charlotte se me adelantó limpiandole con un poco de vodka que traía Georg en su bolsa.
— La nana ya viene a pagar la fianza para que todos podamos salir.
— ¡Oh, Tommy! — exclamó Charlotte balanceandose a sus brazos. Tom la hizo sentar en el suelo y de la nada comenzó a llorar.
— ¿Qué le sucede? — murmuró Georg colocandose a mi lado.
— Son los efectos del alcohol. — se burló Gustav a ver en la situación que estaba su amigo.
— Descansa un poco, Charlie. — Tom le dió un beso en la frente y esta hizo caso como una niña pequeña.
— Te quiero Tommy. — cerró sus ojos y se quedó en silencio. Gustav disfrutaba de lo lindo ver a su amigo en apuros, yo me moría de celos.
— Bill. — me llamó Tom parándose en frente de mí. Georg disimuladamente tomó la mano de su novio y lo jaló hasta la esquina para darnos privacidad. — ¿Cómo te sientes?
— Es mi culpa, Tom. — sentí mis ojos llenarse de lagrimas, me rodeó la cintura con sus brazos y me abrazó, coloqué mi cabeza en sus hombros; me acariciaba la espalda tranquilizandome. — Todo está bien, ¿sí? — me alejó de él y asentí mirandole a los ojos. — He llamado a la nana para que nos saque de aquí y me traigan el auto junto al de Gustav.
— ¿Ana sabe manejar?
— Sí. — me sonrió y plantó un beso en mi mejilla, le sonreí de vuelta. — Ya no llores, te ves más bonito cuando sonríes.
— ¡Kaulitz! — gritó el hombre de uniforme. — Tú y tus amigos ya pueden irse. — sin esperar nada más despertamos a Charlotte y salímos casi corriendo de la celda, Tom corrió a abrazar a su nana y solo miré la escena feliz por mi libertad.
— Para la próxima no voy a venir a sacarte. — le regañó dandole un golpe en la cabeza, Tom la miraba divertido y la abrazó otra vez.
— No importa. — besó su mejilla y caminamos hasta llegar al ferrari y seguido de este estaba el SWM gris de Gustav estacionado detrás. Georg me había contado que a Gustav no le gustaba sacar mucho su auto porque más amaba caminar.
La parejita se despidió de nosotros y se fueron en el auto gris dejando al mayordomo con nosotros. Ana se subió en el asiento del chofer, el mayordomo en el asiento del copiloto y nosotros tres atrás con Charlotte que aún dormía con tranquilidad. Fuimos primero a la casa de Tom a dejar a las dos personas que nos sacaron de esos apuros.
Ahora Tom iba manejando su auto, yo sentado a su lado como de costumbre y su amada Charlie en los asientos traseros.
— Bill.
— ¿Si? — el auto se detuvo en un semáforo en rojo, giré el rostro para mirarlo.
— Desde anoche muero de ganas de darte un beso. — no respondí, se acercó a mi boca y me dió un beso fugaz.
— ¡Tom! — le susurré/grité nervioso mirando al asiento de atrás, la persona que se estaba removiendo sin saber lo que acababa de pasar.
Continúa…
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