
Fic Toll de CookieJar
«Inválido» Capítulo 2

By Bill
Pestañee de poco en poco hasta abrir mis ojos por completo. La luz del sol que se colaba por la ventana junto a mí, me cegó de pronto por lo que los volví a cerrar.
El sol estaba tocando mi piel, lo cual significaba que… no estaba en casa.
Me incorporé habilidosamente de la cama en la que me encontraba, pero no me pude mover porque mi silla no estaba cerca. Comencé a respirar pesadamente al observar mí alrededor, todo estaba muy blanquecino, todo brillaba, y eso me daba mucho miedo.
Un sentimiento de sospecha se instaló en mi pecho. —¿Dónde estoy? —medio grité, pero no pude. Mi voz salió ronca, y sólo entonces me di cuenta de que estaba llorando.
Vi todo mi alrededor, abriendo mucho los ojos.
¿En dónde me encontraba?
.
By Tom
Bien, de acuerdo. Había logrado traer al chico a mi casa.
Después de la paliza que le había metido Ashley, me vi inútil ante la decisión de llevarlo a un hospital. Podrían acusarme de algo, y ella nos podría encontrar así.
Ella me había sorprendido bastante ayer. Sabía que era fría, y que de dócil no tenía nada, pero al verla así… con ese instinto asesino hacia ese pobre chico, en verdad me desconcertó. Me di cuenta de que yo no la conocía de nada.
Y con lo que había demostrado, entré en cuenta de que no quería conocerla.
Abrí la puerta de mi habitación con lentitud, observándolo. Estaba ahí, recostado. No podía caminar, y eso era algo que me removía algo en el pecho.
Asomé sólo el rostro por la puerta entreabierta, y pude ver cómo observaba todo con sus enormes ojos coagulados de lágrimas tintadas de negro por ese extraño maquillaje.—Hola. —sonreí medroso, acercándome a él una vez que colé el resto de mí por la puerta.
Cuando escuchó mi voz enseguida se giró a verme, tomó la cobija con avidez y se cubrió, escondiéndose bajo ella. Eso me dio un escalofrío. De igual manera proseguí con mi camino hasta él, y me senté en la cama, observando el bulto de su cuerpo. —Ohm… —¿En dónde estoy? —sollozó detenidamente, aún bajo la gruesa cobija. —Conmigo, a salvo. —suspiré al recordarla a ella, a Ashley.
Aún se me dificultaba un poco saber que la chica que me gustaba había hecho un intento de homicidio. Eso era algo muy grave, y yo no podía dejar eso pasar por alto.
Comencé a preguntarme muchas cosas sobre aquel extraño chico. Como por qué estaba en casa de ella, por qué estaba en silla de rueda… por qué intentó huir de mí cuando lo miré…
Nada tenía sentido, y todo se sentía absurdo.
Colé mi mano por donde estaba su espalda y la acaricié. Sentí enseguida como el chico se tensaba bajo mi mano, y sonreí con martirio. —Tranquilo, ya pasó… ella ya no está aquí…—¿Quién eres? —hipeó con voz mimosa.—Soy Tom, ¿y tú?
Hubo unos segundos de silencio, pero después sentí como su cuerpo se removía bajo la manta, y se recorría poco a poco haciendo un espacio donde el chico asomó su pequeño rostro, temeroso. Sus ojos eran enormes.—Bill… —masculló, con los ojos tan abiertos como los de un bebé, viéndome asustado, sin parpadear.—Mucho gusto, Bill. —le sonreí, tratando de hacerle relajarse un poco, ya que su entrecejo me indicaba que se encontraba muy tenso.
Sus ojos brillaron nuevamente, indicándome que iba a volver a llorar. —Debo irme a casa.
Se cubrió el rostro con la manta, la cual se manchó de negro.
Mi sonrisa se deformó. —Te llevaré a casa, ¿de acuerdo? —me puse de pie enseguida.—Vamos, sal de ahí… —espeté animándolo.
Él no salía debajo de las cobijas.—¿Qué pasa? —pregunté después de unos instantes.—Me da miedo la luz…. —moqueó removiéndose bajo la cobija.
Fruncí el entrecejo. —La luz no te va a hacer nada.—A… a ella no l‐le gusta que yo… yo prenda la l‐luz…. —volvió a tartamudear.
Esperaba con toda mi alma, a que no se estuviera refiriendo a ella.—¿Quién, Bill? —pregunté con suavidad, regresando a la cama, acariciando su espalda envuelta por la gruesa cobija.—A… Ashley…
Sentí un pinchazo en el estómago al escuchar ese nombre. Cada vez me sentía más dispar ante lo que yo creí que era ella.—¿Quién es ella, Bill? —musité curioso, pronunciando su nombre con cuidado, pues me era ajeno ahora.
Sólo recibí un profundo silencio.
Suspiré después de unos minutos. —Te llevaré a casa.
Se descubrió la cabeza repentinamente, viéndome con miedo. Después de unos segundos, vi cómo cerraba los ojos como si la luz le lastimara.
—¿Estás bien? —pregunté. —Sí… —susurró bajando la vista mientras parpadeaba. —la luz me lastima, sólo eso…
Jalé con cuidado la cobija tomándola del borde, y me sorprendió bastante notar cómo se dejaba. Cuando lo dejé sin la cobija, pude ver su cuerpo delgado. Su piel era más blanca de lo normal, por poco y creía que era un vampiro, hablando seriamente.
Vi su sonrojo. Me pregunté a qué tanto le temía.—¿Tienes hambre?
Él asintió abochornado.
Después de todo aquello, decidí acercarle una mesita que tenía en la habitación, pues olvidaba que él no podía caminar. Le serví guisado, sopa y una bebida, ya que notaba sus labios resecos.
Abrió mucho los ojos al percatarse de lo que le había servido. —¿Todo? —preguntó haciendo una mueca.
Asentí un par de veces sin saber por qué tanto drama. Comencé a creer que sufría de algún desorden alimenticio. El chico era muy extraño, y algo en mí me reclamaba cuidarlo. Podía sentir desde donde estaba su alma pesada, obscura, llena de dolor, y eso sin saber nada sobre él, ni quién era.
Vi cómo sus huesudas manos viajaban temblorosas a coger un tenedor. Comió rápido, con desesperación, como si le hubiese jurado postre si terminaba todo…
Tragué saliva, nervioso.—Gracias… —temblequeó dejando el tenedor dentro del plato hondo.—¿Tienes que irte a casa? —susurré después de coger los platos.
Él no me respondió, sólo esquivó mi mirada, tomando sus piernas, jalándolas sobre la cama.—No tienes a dónde ir. —me acerqué a él y le acaricié su delgado antebrazo.
Yo tenía muy en cuenta el hecho de que él era un chico, pero su aspecto me demandaba a tratarlo con cuidado, además de que algo me decía que le hacía falta mucho amor. Su imagen me tocaba la fibra sensible.
Negó con cuidado después de unos instantes. Se mordió el labio y vi como sus ojos comenzaron a cuajarse de lágrimas.—No, no llores… —susurré. —Puedes quedarte conmigo. —dije, por estupidez. No quería que llorara.
Alzó la cabeza y me miró fijamente a los ojos, sentí cómo veía mi alma.—¿Puedo?
Asentí mientras tragaba saliva. —Pero debes decirme quién eres. —intenté negociar. Quería saber más de él, conseguir un poco de información.—Yo‐yo no… no soy… —comenzó a mecerse comenzando a llorar.
Lo abracé fuertemente. —Olvídalo… —acaricié su débil cabello. —Después…
Asintió frenéticamente rodeándome con sus delgados brazos. Me abrazó con desesperación, con anhelo, como si no hubiese abrazado en años. Ahogó un gemido contra mi hombro.
&
Después del abrazo, estuve con él. Me pidió que abriera todas las ventanas de la habitación porque quería sentir el brillo del sol sobre su piel, y yo no supe decirle que no.
Le vendría de perlas, ya que estaba muy níveo.
Se quedó dormido después de eso, y al despertar le había invitado a duchar.—Vamos a necesitar una silla de ruedas… —musité sonriéndole, depositándolo con cuidado en el suelo junto a la tina de la ducha.
Me tomó de los hombros una vez que puse sus inmóviles pies en el suelo, y una vez que su cuerpo ya estaba en el piso me soltó.—Aquí también hay sol… —sonrió soñadoramente, mostrando los dientes. Se le quedó viendo a la ventana. —Ya no da tanto miedo. —susurró alargando su mano, como si el sol estuviera entre sus dedos.
Abrí el grifo y después la ventana.—El sol es muy hermoso… —musitó mostrando solo sus ojos y cejas tras el borde de la tina, viéndome, clavando su penetrante mirada en mí.
Yo estaba sentado en la tasa, esperando a que se llenase la tina. Asentí. Bill era extraño.
Tomó con una mano el borde de la tina y metió un dedo, jugando con el agua. —Tom… —susurro, indicándome que estaba listo para entrar.
Me puse de pie enseguida, y dejé la puerta entreabierta. Iba a vigilarlo… podría cometer alguna locura. Su aspecto reflejaba a un suicida, y eso a mí me daba pánico.
Me fui a merodear por la casa, mientras escuchaba como Bill jugaba con el agua. En una de esas me asomé, y pude verlo. Se encontraba de espalda, de la cual sobresalían sus huesos y su espina dorsal.
Me dio un escalofrío.
Su rostro estaba limpio de maquillaje. Se veía demacrado, y las ojeras se pronunciaron más con la ducha. Su piel brillaba pese a todo.
Le había prestado unos de mis calzoncillos, y una de mis camisas, la cual le quedaba colgando. Algo ideal para poder dormir.
Cuando lo cogí en brazos para depositarlo en mi cama, pude ver su piel mejor que nunca.
Le vi los brazos, donde tenía varias cicatrices de pequeñas quemaduras. Sus piernas eran tan delgadas que temí romperlas, se veía tan quebrantable.
Mi corazón dio un revuelco.
Una vez que estuvo en cama, él me sonrió tímido tomando una bocanada pequeña de aire.
Me tomó de los hombros con su escaza fuera y después lo solté. Se veía realmente pequeño en la cama, y se hundía entre las sábanas.
Por un momento creí que podría perderse ahí mismo, entre las cobijas de mi cama. —Tienes que decirme quien eres. —me senté a su lado sobre la cama.
Él se encontraba viendo al techo, pero igual pude percibir el giro de sus ojos hacia mí.—Por favor. —le supliqué.
Silencio.—Necesito saber quién eres, ahora que vives… conmigo… —solté sintiéndome extraño.
Finalmente se giró a verme, creando una ola de aire con el olor de mi champú que logró colarse a mis narices. —Soy Bill.—Eso ya lo sé. —sonreí divertido.—Y soy un monstruo… —susurró tomando sus piernas, y arrinconándolas en su pecho.—No. —negué a pesar de no saber quién era.
Podría creerle cualquier cosa, menos eso. Él no era un monstruo; algo muy dentro de mí me lo decía. Y yo creía en mí mismo más que en otra cosa.—Lo soy. —se giró a verme con pudor, rojo hasta el pelo.
Negué nuevamente, surcando su cabello enredado y fresco.—¿Podrás dormir? —musité poniéndome de pie.
El asintió sin verme, tomando sus piernas, acomodándolas a lo largo de la cama.—Buenas noches. —susurré antes de cerrar la puerta de mi habitación. Yo dormiría en el salón de casa, aunque hubiera un segundo piso. Quería estar cerca de él.
Estábamos seguros aquí. Él estaba seguro aquí, lejos de ella.
Después de todo, Ashley no sabía en donde vivía.
&
Cuando fui a despertarle, le vi realmente mucho mejor. Se veía descansado. Pese a eso, sus mejillas seguían hundidas, pero sabía que eso yo lo iba a reparar.
Le di de desayunar, y nuevamente comió con muchas ganas. Le hice compañía. Me sentía incómodo con su profunda mirada sobre mí, pues no disimulaba cuando me observaba.
Le sonreí mientras cogía los platos.
Él agachó la mirada, juntando sus manos bajo la mesa. —Me siento aún más inútil sin mi silla. —susurró, observando como yo cogía los trastes.—Descuida. —le sonreí con suavidad quitándole un tenedor de la mano.
Vi sus brazos, los cuales estaban repletos de cicatrices de quemaduras. —¿Qué te pasó? —musité evaporando mi sonrisa, frotando con la yema de mis dedos su tersa piel.
Se sonrojó y se tiró de la manga de mi camisa, intentando cubrirse las marcas.—¿No quieres hablar de eso? —pregunté buscando su mirada.
Finalmente conectó sus ojos con los míos, mientras negaba.—Sabes que yo no te voy a hacer daño. —musité viéndole directamente a los ojos.
En eso comenzó a sonar mi móvil. Cerré los ojos al escuchar el timbre personalizado que le había puesto a mi jefe. —Discúlpame… —le dije abriendo los ojos, contestando el inalámbrico.
Me giré en la silla. —¿Sí?… Ujúm… de acuerdo… —asentí virando los ojos, antes de volver a girarme hacia Bill.
Bill seguía al frente mío, observándome con cuidado. Me sonrió minúsculamente, jugando a desdoblar una servilleta que estaba en el centro del comedor.—Tengo que salir. —le advertí.
Él asintió sin dejar de jugar con el trozo de papel.
Lo llevé hasta el salón y le ayudé a incorporarse en un sillón frente al televisor. —Puedes ver televisión.
El miedo nuevamente se asomó por sus ojos. —¿P‐puedo? —titubeó.
Asentí encendiendo el televisor. —Sí, mira… —dije mostrándole el control remoto. —Son más de 300 canales. Diviértete. —le dije revolviéndole el cabello. Dejando el control en su regazo.
Me miró y sonrió tímido.—Quiero volver, y encontrarte aquí. ¿De acuerdo?
El asintió frenéticamente, acariciando el control con sus dedos.
Suspiré profundamente antes de salir de casa. Tenía mucho miedo a que él pudiese escaparse, y perderse por ahí. Me detuve antes de cruzar el umbral. Giré el rostro y me encontré con su sonrisa. —Dejaré abierto, al igual que todas las ventanas. Sólo no te vayas.—dije irónicamente.
¿Cómo podría moverse, si era incapaz de caminar?
De igual manera él me sonrió y asintió un par de veces.
Finalmente, salí de casa hacia el trabajo, rogándoles a todos los dioses por la seguridad del chico. Bill.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉
yo tmb quisiera q tom me cuidara y me mantuviera 😞