Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace

9. Trabajando de adentro hacia afuera

Desde que a Bill le habían dejado la tarea de escribir un ensayo acerca de cómo su idea de una pareja perfecta podría diferir de la de sus padres, no había podido sacarse de la cabeza la idea de salir con Tom. Sabía que era imposible, que nunca, ni en un millón de años, podría funcionar, pero al mismo tiempo, estaba empezando a darse cuenta de que era algo que en verdad quería, y se preguntó cómo es que otras relaciones poco convencionales funcionaban. Su amistad con Tom ya era más real para él que el manojo de amistades que había intentado mantener desde la escuela primaria. Si tan sólo pudiera tocar a Tom. Si pudiera sentirlo, entonces sus sentimientos serían grabados en piedra por siempre; no habría duda alguna en su mente, de que podrían hacer que funcionara. Podía sentir hasta sus huesos que había una conexión entre ellos; sólo que no podía sentirla con las puntas de sus dedos.

Sabía lo irónico que resultaba. Usualmente un sentimiento empezaba de afuera y hacía su camino hasta cada rincón y grieta en el interior de una persona. Pero con Tom, los sentimientos empezaban desde adentro y trabajaban para hacer su camino hacia afuera. Al menos, Bill esperaba que encontraran una forma para salir.

Cuando la madre de Bill llegó a casa de trabajar, lo encontró de pie frente al lavabo de la cocina, mirando la ventana que estaba frente a él. Sus pies hicieron ruidos sordos por el piso, sus llaves tintinearon en sus manos, y su bolso cayó en la mesa con un fuerte ruido, incluso Charlie había ofrecido un saludo vocal, aunque había sido un saludo poco entusiasmado, y aun así, Bill continuaba mirando por la ventana sin moverse, pensando en Tom y todo lo que su relación con él implicaba.

—¿Todo bien, cariño? —desde atrás, lo abrazó con un solo brazo, su mano descansó entre sus hombros. Bill dio un respingo por el toque inesperado, pero aun así le costó enfocar su atención de vuelta en la realidad. Era como si estuviera perpetuamente atrapado en otra dimensión.

Tal vez, pensó, ese era el problema con Tom. Tom no era parte de la realidad; tal vez Bill había pasado mucho tiempo fuera de sí mismo, en el espacio con sus pensamientos y su imaginación. Mientras estaba seguro de haber superado el punto de preguntarse si Tom era real o no, tal vez había un área gris que todavía no había explorado. Tal vez había una fina línea entre la realidad y la fantasía. Tal vez Bill era el que estaba haciendo su camino de adentro hacia afuera.

—Estoy bien —dijo con un asentimiento corto, apretando sus dedos en torno al vaso de agua que tenía en la mano. Giró hacia su madre, más bajita que él y un poco más fornida. Su cabello estaba peinado hacia atrás en una coleta, como solía usarlo, y unos mechones enmarcaban su rostro. Siempre se veía cansada, hecha polvo por debajo de su piel, pero casi siempre sonreía. Mientras Bill no estuviese herido, recostado en una cama de hospital rodeado de máquinas ruidosas, ella sonreía. Era una cualidad que Bill deseaba haber heredado de ella, en vez de la apariencia de curiosidad constante y traviesa que había heredado de su padre—. ¿Qué tal el trabajo? Te ves cansada.

—Estuvo bien, y sí lo estoy.

—Deberías irte a la cama temprano. Déjame cocinar, y… —Bill dejó de hablar rápidamente cuando la respuesta inmediata de su madre fue una curva retadora de sus cejas. Instantáneamente supo cuál había sido su error. Así de torpe como era, a Bill apenas y se le permitía entrar a la cocina, mucho menos se le daba permiso para usar semejantes artilugios tan potencialmente peligrosos como la estufa. ¿Él solo? Seguro que era una mala idea—. Está bien, pero al menos déjame ayudarte.

Sonrió, y su mamá le sonrió a él.

—Te dejaré ayudarme si me dices qué es lo que traes en mente.

—Sólo… la vida —dio evasivas, inseguro. Hablar de Tom, o de la situación en general, siempre resultaba difícil. Se encontraba a sí mismo pisando una fina línea entre lo que era correcto decir y lo que no; lo que terminaría por hacer que lo encerraran en un manicomio y lo que no.

—Oh-oh —molestó su madre, acercándose más y frotando una mano en la espalda de Bill—. ¿Debería preocuparme?

—No —dijo Bill inmediatamente, su tono no sonaba nada juguetón como el de ella. Cuando su madre comprendió, su mirada se oscureció por la seriedad.

—¿Exactamente, qué son esos pensamientos tuyos? —inquirió, mimando como una buena madre y presionando como un buen investigador.

Bill se encogió de hombros, dejó su vaso de agua en el lavabo y caminó a la mesa, sacando una silla para Tom distraídamente, en caso de que decidiera aparecerse. Puso sus manos sobre el respaldo de la silla y apoyó todo su peso en ella, mirando fijamente la superficie veteada de la mesa que estaba escondida debajo de los manteles hechos a mano que su madre había comprado en una tienda de segunda mano hace años. No estaba seguro de que lo que podía decir no sería incriminador.

—Es sólo que… desde el accidente veo las cosas de forma distinta.

—He notado ese cambio —concordó su mamá acercándose; su presencia le ofrecía una seguridad para continuar hablando. Bill concluyó que tal vez ella pensaba que estaba loco, pero sería un idiota sin pensaba que ella sería capaz de encerrarlo en un manicomio—. ¿Debería preocuparme?

Su madre volvió a preguntar, pero en esa ocasión, su tono había sido más serio y menos en broma.

Bill negó con su cabeza y clavó los ojos en los de ella para transmitirle su sinceridad.

—Sólo veo las cosas de manera diferente —intentó explicar—. Ahora puedo ver que hay cosas más importantes que aferrarme a cosas y personas que no me hacen ningún bien.

Se mordió su labio, trazando un dedo con ligereza sobre el arco de un mantel individual.

—No debería estar intentando encajar con gente que ni siquiera se preocupa por mí.

—Pero es importante tener amigos —intervino su madre y, aunque Bill estaba de acuerdo, tenía dificultades para expresar sus pensamientos sobre eso. Tom era su amigo, pero, ¿podía contar como un amigo a  un ángel guardián que iba y venía cuando se le daba la gana?

—Ya sé; no es sólo eso. Es sólo que me he dado cuenta de que hay cosas en la vida que quiero hacer. Pude haber… —Bill calló cuando se acercó a decir esas palabras en voz alta frente a su madre, especialmente después de haber visto la forma en la que sus ojos se oscurecieron y tomaron un brillo particular—. Digo, obtuve una segunda oportunidad; no quiero desperdiciarla.

Luchando contra una sonrisa acuosa, la madre de Bill negó con su cabeza.

—Espero que sepas que escalar, el paracaidismo y el buceo están prohibidos en esta casa.

Bill hizo una pausa, considerando el sentimiento y luego inclinó la cabeza.

—¿Buceo? —preguntó con curiosidad, su voz se tiñó ligeramente con algo de diversión.

—Podrías ser picado, o ahogarte o… algo así, no lo sé.

Bill se mofó y su madre sonrió. Ella sabía que estaba siendo ridícula, quizá un poco sobreprotectora, pero los dos habían pasado por mucho en los últimos años, y sólo estaba intentando aferrarse a lo que tenía. Bill sabía que su madre se preocupaba. Y, muy parecida a Tom, siempre estaba intentando protegerlo; lo cual hizo que la sonrisa de Bill se ampliara.

—Bien —concedió sarcásticamente sólo para molestarla—. No voy a bucear en la casa.

Con ojos entrecerrados, la madre de Bill le dio un manotazo en el trasero.

—Mantente lejos de la bañera y ayúdame con la cena.

&

Junto a su madre, Bill hizo todo lo que pudo para ayudarla a preparar la cena,  ambos lograron hacerla sin ningún incidente accidental. Bill se estaba sintiendo bien; más optimista, pensando menos en Tom y encontrando una forma de estar más dentro del momento con su mamá. No se había dado cuenta antes, pero pensó que tal vez, eso era lo que ella necesitaba de él, especialmente después del accidente. Había perdido a su esposo, y había estado a punto de perder también a su hijo.

Mientras Bill estaba de pie con la puerta del refrigerador abierta, intentando averiguar qué aderezo deberían ponerle a su ensalada, hizo una promesa silenciosa con él mismo para pasar más tiempo con ella, para reafirmar el hecho de que no había muerto, que todavía estaba vivo, y que eran un equipo. Cuidarían el uno del otro, sin importar qué.

—¿Italiano? —preguntó Bill dándose vuelta y levantando una botella para que su mamá la viera mientras él veía el gran tazón de espagueti que la mujer estaba colocando sobre la mesa. Normalmente, Bill le ponía aderezo Ranch a todo, pero esa noche se sentía especial, y si el aderezo italiano le daba el toque final a la velada, entonces comería aderezo italiano.

—Eso… —empezó la madre de Bill, pero fue interrumpida por los ladridos emocionados de Charlie que movía la cola y saltaba de arriba abajo—. ¡Charlie!

Bill llevó su atención hacia el golden retriever que estaba en la esquina, y encontró que la fuerte del problema era Tom. Apareciendo mágicamente de donde fuere que había llegado, había sorprendido a Charlie y el perro, obviamente estaba feliz de verlo.

—¡Charlie! —intentó reprenderlo, cruzando rápidamente la cocina para alejar al golden retriever de Tom, quien lo veía con una sonrisa y un dedo sobre sus labios para indicarle que se callara, aunque eso no hacía nada para calmar al perro.

—¿Y ahora qué se le metió? —Bill escuchó la pregunta desde atrás, y no pudo pensar en una respuesta viable, así que se encogió de hombros.

—No sé. A lo mejor escuchó algo de allá afuera.

—Bueno, entonces sácalo —dijo su madre, tomando de paso el aderezo italiano que su hijo tenía en la mano.

Bill llevó a Charlie a la puerta trasera, y encontró que Tom ya estaba ahí, apoyado contra la puerta con sus brazos cruzados sobre su pecho. Charlie, que había dejado de ladrar tan pronto como salieron de la cocina, empezó nuevamente tan pronto como vio al amigo secreto de Bill.

—Normalmente no me ladra —dijo Tom con un ceño fruncido cuando Bill abrió la puerta y dejó que Charlie saliera a vagar libremente un rato, en el patio trasero vallado.

—Te apareciste muy de pronto —susurró Bill, manteniendo su voz tan baja para que su madre no lo atrapara hablando consigo mismo—. Creo que lo sorprendiste.

—Hm, a lo mejor.

—Tal vez deberías dar un aviso antes de aparecerte así como si nada —intentó Bill, pero sabía, incluso antes de decirlo, que realmente no había forma de que Tom anunciara su llegada. Bill no le dio tiempo de responder antes de sonreír y negar con su cabeza—. Como sea. ¿Te vas a quedar un rato?

Hubo una ligera vacilación en los suaves ojos cafés de Tom, pero asintió de inmediato.

—Voy a estar por aquí.

—¿Bill?

Bill giró para gritarle a su mamá que ya iba de regreso, y cuando volteó a ver a Tom, el chico enrastado ya no estaba y Bill se quedó solo, de pie frente a la puerta trasera. Un poco divertido por los actos de desaparición de Tom, y al haberle sido asegurado que Tom estaría ahí después de la cena, porque eso es lo que había dicho, Bill regresó a la cocina para tener una linda cena con su madre.

Aunque no debió sorprenderle, Bill fue desconcertado al entrar a la cocina y ver a Tom sentado en la silla que había sacado antes. Estaba recargado en el respaldo, sus manos estaban juntas sobre su estómago y sus piernas estaban extendidas tan lejos como llegaban y se cruzaban de los tobillos. Cuando volteó a ver a Bill, Tom toqueteó su piercing del labio y le guiñó a Bill un ojo, como saludo; y el vientre de Bill dio un vuelco tan potente que casi se dobló por la fuerza.

—¿Bill, seguro que estás bien? —cuestionó su madre, de pie junto a su lugar en la mesa.

—Sí —contestó, indicándole que volviera a sentarse. Bill notó que, incluso el rostro de Tom, había adquirido un aspecto más preocupado—. Es que de repente me sentí algo chistoso.

No era una mentira.

—Tal vez deberías ir a recostarte —sugirió su mamá, pero Bill ya estaba sentándose en su silla frente a ella y junto a Tom.

—Estaré bien —le aseguró Bill, y ella se sentó lentamente; su rostro mostraba todo el escepticismo que seguramente estaba sintiendo. Si Bill se veía algo parecido a lo agotado que se había sentido de repente, entonces sabía exactamente por qué su madre se había preocupado.

Tom se sentó más derecho, doblando sus brazos sobre la mesa mientras Bill se servía a sí mismo y empezaba a picotear su comida. Se estaba sintiendo un poco asqueado, pero estaba seguro de que era debido al manojo de nervios que recientemente se habían atado a sí mismos para formar un nudo en la boca de su estómago. La manera en la que Tom lo estaba mirando, observando cada bocado que iba a su boca, mientras su madre intentaba llevar una conversación ligera y ocultar la preocupación que sentía por su hijo, había dejado a Bill sintiéndose ansioso.

—De verdad deberías comer algo de eso —comentó Tom finalmente durante una pausa en la conversación, y Bill miró fugazmente al ángel con desdén. De todos modos, ¿Cómo se suponía que iba a comer algo si Tom lo miraba con tanta atención?—. Estás muy flaco.

Bill resistió el impulso de hacer un sonido indignado en la parte profunda de su garganta, su madre nunca entendería, y pateó hacia afuera, donde pensaba que estaba el pie de Tom. Fue un acto de coqueteo, tanto como había sido darle rienda suelta a su frustración. Sin embargo, como siempre, su pie lo atravesó. El hecho de que Tom pudiera sentir su energía, o lo que sea que fuere que Tom había dicho que podía sentir, Bill no había esperado la sonrisa de suficiencia que recibió de parte del ángel enrastado que estaba a su derecha cuando su pie encontró sólo aire.

Si la sonrisa de Tom, era una pista, había dado en el blanco. Tom se quedó callado durante el resto de la cena, y Bill pasó ese tiempo con la cabeza abajo, inclinada para esconder el rubor que se arrastraba subiendo por su cuello; picó su espagueti hasta que pudo convencer con realismo a su madre de que ya había comido una buena cantidad.

&

A Bill no le sorprendió encontrar a Tom descansando en su cama cuando entró por la puerta de su habitación, a pesar de que había dejado a Tom en la mesa con su madre y con la excusa de que se estaba sintiendo cansado y que necesitaba hacer algo de tarea antes de irse a dormir.

Tom estaba sentado en medio del colchón, sus brazos se doblaban detrás de él para sostenerse a sí mismo mientras sus pies colgaban del pie de la cama; los cordones de sus zapatos rebotaban mientras sus pies saltaban hacia arriba y hacia adelante con  ritmo.

—No comiste mucho —dijo Tom con un ceño fruncido en su rostro, y Bill volteó a verlo también con una frente arrugada, después de asegurarse de que su puerta estaba bien cerrada.

—Tom, no  empieces—advirtió, ciertamente no estaba con ánimos para un sermón.

Tom se sentó completamente y se movió hasta la orilla de la cama, dejando que sus pies cayeran al piso con un ruido sordo tan suave, que Bill estaba seguro que había sido el único que lo había escuchado. Los ojos de Tom lo siguieron por toda la habitación mientras recogía sus libros de la escuela y se instalaba en el escritorio. Sin palabras, Bill encendió la lámpara y abrió un libro.

—¿Qué tienes? —preguntó Tom finalmente. Bill no volteó a verlo, y no hizo un intento por responder, tampoco—. ¿Estás así porque tu intento por jugar a darme una patada no funcionó? Porque…

—No es… —empezó Bill, dándose vuelta en su silla para ver directamente a Tom con los ojos bien abiertos—. No estaba intentando patearte.

Negó. Pero más o menos eso es lo que había intentado, y Tom lo estaba mirando como si supiera que así había sido, lo que hizo que Bill se sonrojara un poco más, justo cuando ya había recuperado su el color normal de sus mejillas.

—Bueno ya, como sea. Tal vez sí.

Tom se levantó de la cama y Bill se levantó de su silla, y cruzaron la habitación, encontrándose en el centro. Tom pasó una mano por el cabello de Bill, y Bill contuvo la respiración, esperando sentir algo todo ese tiempo, pero no sintió nada, ni siquiera un toque de viento en su rostro.

—Si te sirve de consuelo —ofreció Tom con sinceridad—. Yo lo sentí totalmente.

—Sé que sí —contestó Bill, intentando no hacer pucheros, pero era tan difícil. Frente a él, tenía algo que deseaba tanto, algo que sabía que podría tener, si tan sólo las circunstancias fuesen distintas, si las cosas que sentía en el interior pudieran coincidir con las cosas del exterior—. Es que es jodidamente injusto.

—Lo sé —dijo Tom en voz baja, su mano llegó a posarse sin peso alguno sobre el hombro de Bill.

—¿Por qué no puedo sentirte? —el rostro de Bill estaba decaído, derrotado y escéptico. La pregunta le trajo recuerdos a Tom acerca de lo que GP le había dicho. ¿En verdad estaba lastimando a Bill más que ayudarlo? ¿De verdad tenía que esforzarse más para mantenerse al margen? —. De verdad me gustas.

Tom se mordió su labio inferior, frotando el dorso de sus dedos sobre la mejilla suave y cálida de Bill. La decisión debería ser una bastante fácil, pero cuando Bill lo miraba en la forma en la que lo estaba haciendo, Tom pudo sentir el tirón. Sabía lo que tenía que hacer, pero era más fácil decirlo que hacerlo.

—Lo sé —repitió tristemente—. De verdad lo lamento.

¿Exactamente por qué? Tom todavía no estaba seguro.

Continuará…

Esta semana se viene lo bueno, lo prometo. ;D

Gracias a los que siguen leyendo y comentando. ^^ ¡Besotes!

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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