Intervención divina 8

Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace

8. La llamada de advertencia

Los muros eran blancos, nítidos y pulcros; los grandes ventanales estaban abiertos y no dejaban ningún lugar sin ser tocado por el sol, y los pisos eran estériles y brillantes; mosaicos blancos se expandían de un muro blanco al otro. El edificio estaba tranquilo y sereno, tan calmado y silencioso que Tom se encogía internamente cada vez que sus tennis blancos rechinaban sobre los azulejos, haciendo fuertes ecos contra las paredes. Y el hecho de ya estar muy tenso, no ayudaba ni un poco.

Se dirigía a ver a GP, el mismísimo gran poder. Después de recibir una llamada en casa, Tom se había puesto con recelo, ropa más bonita, aunque Andi le había preguntado seriamente cuál era su definición de bonito; y había amarrado sus rastas en una cola de caballo, que ahora colgaba por su espalda. Había tenido que ir a ver a GP un montón de veces, y sabía que esos viajes, típicamente nunca terminaban bien. Tom siempre se metía en problemas, así se sintiera culpable o no.

El edificio era como una telaraña, todo se centraba alrededor de un círculo que estaba en medio; había una red de pasillos y puertas que, Tom estaba seguro de que no llevaban a ningún lado importante, o al menos, a ningún lugar del que nadie supiera. Es que simplemente eran demasiadas como para que alguien pudiera mantener un registro de todo. A un lado del círculo principal, había un escritorio, y detrás del escritorio estaba el par de puertas del gran poder; altas y amenazadoras como para intimidar. Y pues, sí funcionaban.

Parecía que entre más lento intentara caminar Tom, más rápido llegaba. Antes de darse cuenta, estaba parado en frente del gran escritorio blanco, delineado con un ligero color de madera de roble. Detrás del escritorio estaba una joven mujer atractiva y castaña con nariz pequeña y chata,  y unos ojos perfectamente inclinados.  La mujer le sonrió mientras se acercaba. Por un momento, Tom olvidó toda su inquietud y aprensión, y le sonrió a la mujer; arrastrando sus pies más cerca del escritorio. La repisa que sobresalía del frente del escritorio topó contra su pecho, lo suficientemente alto para recargar sus antebrazos e inclinarse hacia adelante.

—Vine a ver a…

—Lo sé —lo cortó la mujer con una brillante sonrisa llena de dientes perfectamente blancos, y levantó el teléfono escondido por la superficie en la que Tom se estaba recargando. Un segundo después, la mujer volvió a hablar, esta vez, con la persona del otro lado de la línea—. Tom está aquí para verlo.

Tom miró a la etiqueta dorada y grabada con el nombre de la mujer: Celia. Ella lo conocía, pero él no podía recordar conocerla, a pesar de que había estado en este escritorio ya un montón de veces. Estaba seguro de que siempre había sido alguien diferente.

—Puedes entrar —dijo, sacando a Tom de sus pensamientos.

—Oh, eh… si está ocupado, puedo esperar.

—Dijo que dirías eso —contestó, y Tom resopló, rascando su mejilla con sus uñas desafiladas. No había forma de escaparse de ésta.

—Bueno, gracias, Celia.

—Por nada, Tom.

Reacio y arrastrando sus pies en todo el camino, Tom pasó del escritorio y puso su mano en la perilla que lo separaba de GP. ¿Estaba listo para esto? No realmente. ¿Alguna vez estaría listo para esto? Definitivamente no. Sabía por qué GP quería verlo, sabía que había roto muchas reglas con Bill, pero por el momento, sentía que todo había valido la pena. Tom había sentido como como si en verdad le estuviera encontrando un significado y un propósito a su trabajo. Estaba haciendo lo que se suponía que debía hacer, y aunque Bill había sido etiquetado con un alto riesgo debido a su torpeza y al gen aventurero que corría en su familia, Tom sentía que era bueno en su trabajo.

A sabiendas de que no podría retrasarlo por siempre, Tom giró la perilla y abrió la puerta, entrando al cuarto que siempre lo hacía sentir más inquieto a comparación del resto del edifico. Era grande, aunque no tan grande como el círculo central. Las paredes seguían siendo blancas ahí, pero estaban decoradas con varias obras artísticas que no parecían ser algo que él conociera. Había un gran set de ventanas colocadas detrás del escritorio de GP, pero siempre mantenía las persianas cerradas, permitiendo que la luz artificial de un par de lámparas estratégicamente colocadas, iluminaran la habitación. El lugar se veía hogareño, pero vaya que no se sentía así.

—Tomas.

Los ojos de Tom se enfocaron en el hombre que estaba frente a él. Era un hombre más viejo con patas de gallo alrededor de sus ojos, y con cabello medio canoso en su cabeza. Estaba sentado detrás del escritorio con aires de autoridad. Después de todo, él era El Hombre. Sus manos estaban entrelazadas sobre la superficie barnizada del escritorio, y sus dos dedos índices se levantaban juntos como torres. El hombre no era nada, sino poderoso e intimidante.

Tom hizo a un lado su aprensión y lo  corrigió.

—Sólo Tom —al igual como lo había dicho todas las otras veces que había entrado a esa oficina. Tragó saliva con dificultad cuando la puerta se cerró detrás de él, no gracias a sus propias acciones. Hizo que sus huesos nerviosos se agitaran y avanzó cuando GP le incitó a acercarse.

—Supongo que sabes por qué te he llamado, ¿no es así? —fue expresado como pregunta, pero Tom sabía que no era así; sabía que era mucho más que una acusación.

Tom se rascó su nuca, por debajo del peso pesado de sus rastas y asintió con su cabeza.

—¿Rompí una de las reglas?

—Rompiste… —el hombre empezó con un matiz de impaciencia en su voz. Pero rápidamente se disipó; se fue tan rápido que Tom no estaba cien por ciento seguro de que lo había escuchado—. ¿Te gusta tu misión, Tom? ¿Te has mezclado bien con uno de los vivos?

Incómodamente, Tom cambió su peso en sus pies. No estaba seguro si estaba siendo puesto en una trampa. ¿Se suponía que debía gustarle su misión? ¿El jefe quería escuchar que le gustaba, o que le daba igual? Tom titubeó en busca de una respuesta por unos segundos muy largos.

—No olvides que sé más de lo que crees que sé, Tomas. ¿Estás disfrutando de tu primera misión?

—Yo… —Tom tartamudeó, y después decidió dejar ir todos sus miedos y ser honesto. De todas formas, parecía que el hombre ya lo sabía todo—. Sí, lo estoy, señor.

—¿Y te gustaría permanecer con ese caso? —las cejas del hombre se levantaron y formaron dos arcos perfectamente formados e inquisitivos. Tom presionó sus labios y tocó su aro del labio con la punta de su lengua antes de responder.

—Por supuesto que sí.

—Entonces sigue las reglas, Tom. Te has estado mostrando muy seguido enfrente del chico, y estás formando un apego. Esto no es un juego, es una asignación. Estás ahí para protegerlo, para mantenerlo fuera de problemas. Arrastrarlo con todo esto sólo logrará que lo lastimes a largo plazo.

—Pero señor, con el debido respeto —empezó Tom, encontrando un montón de valor en algún lugar dentro de él mismo. Cuando se trataba de Bill, de lo que había hecho por él, y del tipo de relación que tenían, algo se encendía en su interior—. Está solo. Necesita un amigo tanto como necesita que lo proteja.

—Entonces guíalo en dirección a actividades extracurriculares. Aliéntalo a reforzar sus lazos con los amigos que ya tiene.

Tom negó con su cabeza; no con desafío, sino con desconfianza.

—Todos sus amigos son…

—No quiero escucharlo, Tomas —advirtió el mayor; sus ojos tomaron una presencia insensible y peligrosa—. No estás en el lugar para ser su amigo. Estás ahí para protegerlo, y nada más. Si no te retiras, no tendré otra opción más que reasignarte a alguien mucho menos tentador.

—Pero…

—Eso es todo. Ya puedes irte.

El hombre detrás del escritorio volvió a un papeleó que había estado haciendo antes de que Tom entrara, y todo lo que Tom pudo hacer por un momento fue quedársele viendo. ¿Cómo se supone que iba a retirarse? No parecía algo justo. Bill lo necesitaba ahí, y ese era el trabajo de Tom: estar en donde Bill lo necesitara.

Finalmente, Tom se tragó sus protestas que amenazaban con salir, y se dio vuelta para salir de la oficina. Luchó contra el impulso de estampar sus pies al caminar; GP detestaba el comportamiento infantil en los adultos. Así que, si lo hacía, Tom seguramente se metería en más problemas.

Se metió sus manos en los bolsillos y salió de la habitación con la cabeza abajo; era un hombre que acababa de ser regañado por algo que sentía que estaba fuera de su control. Sabía lo que GP quería, pero odiaba pensar en estar lejos de Bill. Eran amigos, pero eso era exactamente lo que el hombre detrás del escritorio no quería.

Lazos, pensó Tom con amargura. Como si fuera algo tan malo.

—Que tengas un buen día, Tom.

Tom giró su cabeza para ver a Celia sonriéndole. La mujer levantó su mano para despedirse cuando volteó y ladeó su cabeza. Se veía tan familiar.

—¿Nos hemos visto antes? —le preguntó, saliéndose del camino hacia las puertas principales para dirigirse al escritorio—. O sea, antes de hoy.

—No lo sé, Tom. ¿Nos hemos visto?

Tom le entrecerró los ojos sin humor. De verdad no estaba de buenas para juegos, pero sabía que no podría concentrarse hasta que supiera dónde la había visto antes.

—¿Estuvimos en la misma clase en el entrenamiento? —preguntó, rascando distraídamente su mejilla mientras intentaba recordar.

—Eso no hubiera sido posible —contestó la mujer con una sacudida de su cabeza, su voz sonaba tan dulce como el azúcar—. No soy un ángel guardián.

—¿Entonces, un ángel clerical? —se burló Tom y ella le sonrió.

—Algo así.

—Bueno, entonces… —vaciló Tom, viéndola durante unos cuantos segundos y luego resignándose a averiguarlo más tarde—. Si estás segura de que no nos hemos visto antes, fue un placer conocerte hoy.

—Encantador —sonrió ella—. Nos vemos pronto.

Tom asintió, pero gruñó internamente; no tenía nada contra la chica, pero en verdad esperaba no tener que verla pronto, porque verla significaría ver al gran poder, y si lo que el gran poder le había dicho permanecía firme, entonces, la próxima vez que estuviera en esa oficina, probablemente sería para ser transferido a otra misión. Y entonces, no podría volver a ver a Bill nunca, y eso no sería bueno.

No, decidió Tom mientras sus tennis chirriaban sobre el limpio suelo embaldosado. Se esforzaría para mantenerse alejado, justo como el hombre le había sugerido que hiciera, porque ver a Bill desde una distancia era mejor que no verlo en absoluto.

&

—¿Cómo te fue? ¿Qué pasó? —Tom fue asaltado con preguntas en el momento en el que puso pie en el pequeño apartamento que compartía con Andi—. ¿En qué tantos problemas te metiste?

—Andi, sólo… —dijo, dejando salir un suspiro largo y devastador de sus pulmones mientras se quitaba sus zapatos junto a la puerta. Acababa de entrar, había caminado hasta su casa, y aun así, no había logrado pensar en una solución a su repentino dilema. Apoyó una mano contra la pared para mantener el balance de su cuerpo mientras se quitaba los zapatos, pero la verdad era que, desde su conversación con GP, su cabeza había estado dándole vueltas. Se sentía mareado y atontado; sin saber qué hacer. Estaba plagado con culpa sólo con pensar en no volver a Bill de la forma en la que lo había estado haciendo, no sólo como su ángel guardián, sino como un amigo.

—¿Tan mal? —Andi se levantó del viejo sofá que estaba del otro lado del cuarto, debajo de la única ventana en la sala, y rodeó la mesa para llegar a donde estaba Tom. Su voz sonaba preocupada, pero sus ojos se veían curiosos y desafiantes—. ¿No te van a reasignar, verdad? Porque eso…

—No —respondió Tom cortantemente, interrumpiendo a su amigo. Apretó sus ojos, sin siquiera querer pensar en eso. Lo último que necesitaba era ser transferido, y no llegar a ser parte de la vida de Bill en absoluto. Sus ojos ardían bajo la presión y cuando volvió a abrirlos, Andi estaba de pie frente a él, viéndolo con una de sus miradas de preocupación—. Todavía no. Yo sólo…

—Tienes que echarte para atrás —concluyó Andi con una mirada sabionda y petulante. Desde que Andi había conocido oficialmente a Bill, y se había metido en problemas rápidamente debido a ello, había estado esperando para echárselo en cara a Tom. Incluso cuando su discusión había sido dejada atrás, Andi nunca había sido uno de los que dejaban pasar la oportunidad de señalar que él tenía razón—. No quiero decirte que te lo dije, pero…

Andi —espetó Tom, alejándose de la puerta y pasando de su preguntón compañero de cuarto. Ya se sentía lo suficientemente mal, lo suficientemente confundido así como estaba. No necesitaba que su amigo le restregara sal en su herida—. No quiero hablar de eso, ¿está bien? Sólo cállate.

Andi se tambaleó en su posición, todavía cerca de la puerta. Observó a Tom cruzar la sala y dirigirse a la cocina, y lentamente comenzó a ir tras él. Él mismo estaba confundido.

—Pero siempre quieres hablar de todo.

Tom abrió el refrigerador y se inclinó para ver lo que había. Era algo innecesario. La única cosa que llevaban era cerveza, no porque la necesitaran, sino porque la querían. Al igual que con las personas vivas, la cerveza hacía que sus cerebros se nublaran. Les daba un respiro de tener que pensar tanto, de tener que afrontar la realidad. Cuando Tom se alejó del refrigerador con una botella café de su cura temporal en sus manos, encontró a Andi apoyándose sobre la encimera de la cocina, sus brazos estaban cruzados sobre su pecho, silenciosamente exigiendo una explicación todavía.

—Sólo no quiero hablar de eso ahora mismo —declaró Tom, girando la tapa de la botella con una mano callosa y experta. El primer trago bajó por su garganta fío y fácilmente, calentando su estómago. Un poco de zumbido en su cabeza era precisamente lo que necesitaba después de semejante reunión con el gran hombre detrás del escritorio.

Andi abrió su boca para responder, pero un bip inundó la habitación y ambos chicos metieron sus manos en sus bolsillos para sacar sus idénticos localizadores negros. Encontrando que la pantalla del suyo estaba apagada, Tom lo aventó sobre la encimera y tomó otro trago de su cerveza, limpiándose la boca con el reverso de su mano.

—¿Le pasa algo a Henry? —preguntó, sintiendo el ablandamiento de sus músculos que llegó con el acto de beber alcohol, como normalmente lo hacía.

—No sé —murmuró Andi, echando su localizador en su bolsillo. Le arrebató la botella de cerveza a Tom y le dio un gran trago antes de regresársela—. Pero tengo que ir a verlo.

—¿Cuánto tiempo le queda al viejo?

—No sé —replicó Andi inmediatamente, insidioso—. ¿Cuánto tiempo le queda a Bill?

Tom le entrecerró los ojos al chico más bajo.

—Todavía es joven, tiene muchos años.

—Pues entonces ese será un largo tiempo para mantenerte fuera de problemas —comentó Andi, pisando la línea entre lo amigable y lo malhumorado. Tom se dio cuenta de que estaba intentando hacerle perder la razón, y estaba funcionando.

—Andi, te juro por dios que… —Tom avanzó más hacia el rubio, acercándose amenazadoramente por encima de sus hombros con la promesa de golpearlo si seguía por el camino que iba. Andi podía llegar a ser una perra a veces, pero también sabía cuándo Tom iba en serio, y en este momento, Tom, definitivamente iba en serio.

—Está bien, ya me voy, por dios —resopló, dándose vuelta y haciendo un movimiento con su mano por sobre su cabeza—. Pero intenta mantenerte alejado de los problemas mientras no estoy.

Al estar solo, Tom tomó su botella de cerveza y se la llevó a la sala, donde la luz brillaba a través de las rendijas de las persianas de la ventana. Por el rabillo del ojo, el pesado y antiguo teléfono rotatorio llamó su atención con una línea de luz que se reflejaba en la empuñadura negra brillante, y Tom la miró con desprecio, como si el mismo teléfono le hubiera hecho daño. El teléfono era la única cosa que se les obligaba tener en su apartamento, y sólo sonaba cuando GP llamaba. Tom odiaba el teléfono por las malas noticias que siempre le traía; el gran hombre nunca llamaba para felicitarlo por hacer un buen trabajo, ni nada por el estilo.

En un ataque de rebelión, Tom descolgó el receptor de su cuna y lo puso a un lado del teléfono, sobre la mesa para que no entrara ninguna llamada. Después, se sentó en el sofá por un tiempo ininterrumpido sólo mirando la pared, bebiendo su cerveza e intentando averiguar qué hacer con la situación con Bill.

Continuará…

¡Hola! Primero que nada, muchísimas gracias a las personitas que leen y más importante, ¿qué tal la BOMBA que nos soltaron nuestros chicos, eh? A mí me alegraron mi día…  y mi semana, es que  fue fabuloso.

En fin, en este capítulo vimos un poquito más de la forma en la que vive Tom su día a día cuando no está con Bill… y desgraciadamente lo vimos en un aprieto. :/ Esperemos que no termine siendo reasignado.

Gracias por leer y comentar, les deseo un excelente fin de semana. Y a disfrutar el regreso de nuestros amores. ♥ 

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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