Intervención divina 6

Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace

6. Definiendo lo indefinible

Bill se despertó temprano el sábado por la mañana con el sol brillando a través de las tiras de las persianas que cubrían la ventana de su habitación, dejando pequeñas líneas de luz en su piel expuesta. A pesar de que normalmente solía levantarse temprano, había algo acerca de levantarse temprano un sábado por la mañana que se sentía como un sacrilegio; especialmente con la semana que había tenido. Aunque había sido corta, había sido un infierno para su cuerpo que todavía estaba recuperándose; y también había sido un infierno al intentar ponerse al corriente con toda la tarea que tenía.

Con el paso de los años, Bill se había enorgullecido de sí mismo de ser algo así como un perfeccionista. No se veía a sí mismo como alguien excepcionalmente inteligente, pero trabajaba duro, y ponía su mejor esfuerzo en todo lo que hacía; había heredado ese tipo de ética de trabajo y dedicación de su madre, pero se estaba dando cuenta de que cuando uno estaba tan atrasado, el intentar hacerlo todo perfectamente, era exhaustivo e innecesario. Suficientemente bien, era suficientemente bueno. Al menos, eso es lo que Tom había intentado decirle.

Sin embargo, eso había sido el miércoles, y Bill no había visto a Tom desde entonces; aunque Tom le había estado dejando pequeños recordatorios para dejarle saber que todavía andaba por ahí. Bill había llegado a su casa el jueves encontrando una nota sobre su cama en la que había sido escrito “Hola, Bill”, rodeado por algunos de los dibujitos de Tom; y el viernes, había encontrado su escritorio reorganizado después del caos que había dejado el jueves en la noche. Sin embargo, el rostro de Tom no se había aparecido por dos días completos, y su presencia estaba siendo seriamente extrañada.

Pero la vida seguía, por lo que Bill tenía que seguir también.

Demasiado temprano para estar despierto una mañana de sábado, Bill se dio la vuelta para darle la espalda al sol, deseando haber recordado cerrar las persianas antes de irse a dormir como usualmente lo hacía. Relamió sus labios algunas veces, intentando humectaros con su lengua, y después estiró sus piernas debajo de la manta. Se sentía pesado y contento con saber que podría sólo acostarse en la cama todo el día. Después de todo, lo merecía después de todo lo que había pasado, ¿no? Sin embargo, al moverse, escuchó otro sonido a su lado. Cansado, intentó abrir sus ojos, y casi se le cayó la piel cuando su mirada se enfocó en sus alrededores. Sentado en el borde opuesto de la cama, estaba Tom; moviendo su piercing del labio y mirando a Bill con ojos llenos de una intención reflexiva.

—¡Tom!

—¡Shhh! —Tom fue rápido para inclinarse y presionar una mano sin peso sobre la boca de Bill, logrando exitosamente amortiguar el sonido que salía—. Tu mamá todavía está dormida.

—Oh —dijo Bill debajo de la mano de Tom, y entonces gruñó. Estiró sus miembros otra vez y bostezó mientras Tom retiraba su mano—. Oh, dios. ¿Qué hora es?

—Son las nueve —respondió Tom, de alguna forma escuchando que Bill había despertado completamente. Nunca dormía después de las siete u ocho. Dormir hasta las nueve era perder durmiendo una hora entera de su mañana, y gracias a la medicación que había estado tomando desde lo del accidente, ya había perdido demasiado tiempo. Se sentó en la cama, su manta cayó sobre su regazo—. Sé que todavía es temprano.

—No tan temprano —disintió Bill con una sacudida de su cabeza. Se relamió sus labios un par de veces más y aclaró su garganta.

El sol brillaba y lo cegaba,  por lo que tuvo que entrecerrar los ojos para poder ver a Tom. Sonrió como si, por un momento, casi parecía que su amigo tuviera un halo posado por encima de su cabeza, colocado un poco chueco sobre la parte superior de sus rastas descuidadas. Le recordaba lo que Tom era y la situación con la que estaba lidiando; y todos esos sentimientos y complicaciones inmediatamente salieron a flote de vuelta a la superficie.

—¿Dónde estabas? —preguntó; sus palabras cansinas salieron tambaleándose perezosamente, pues sus labios seguían adormecidos por el sueño.

—En casa —Tom se encogió de hombros, y luego sonrió con algo de culpabilidad cuando Bill levantó una ceja acusadora—. He andado por aquí.

—No te vi —dijo Bill, jugando con los bordes deshilachados de su manta. No quería mirar a Tom;  no estaba seguro de cómo se sentía acerca de Tom sabiendo lo mucho que había extrañado su presencia en el transcurso de sólo dos días.

—No quería molestarte —respondió Tom, moviéndose en la cama para quedar sentado a un lado de Bill, con la espalda recargada en la cabecera y con sus piernas estiradas hacia el otro extremo—. Tenías mucha tarea qué hacer para ponerte al corriente.

—Todavía tengo mucha —murmuró Bill, resistiendo las ganas de gruñir ante el pensamiento de toda la tarea que todavía tenía acumulada, a pesar de haberle puesto sus mejores esfuerzos.

—Lo sé, pero es sábado. Nadie hace tarea los sábados.

Bill se burló y después metió un dedo dentro de su yeso para rascarse una picazón particularmente molesta.

—Yo sí —le dijo a Tom, distraídamente; y no era una mentira. Bill era el tipo de persona que hacía tarea sin importar cuándo, sólo para asegurarse de no quedarse atrasado, como ahora lo estaba.

—Lo sé —repitió Tom de nuevo, obteniendo una mirada inquisitiva e incrédula de parte de Bill. Tom rascó su mejilla—. Tuve qué leer tu expediente antes de que me mandaran.

Eso fue algo que despertó el interés de Bill. Podía imaginarse un cuarto de almacenamiento, repleto de cajas llenas de información. ¿Qué tendría su caja? ¿Color y comida favorita? ¿Alergias? ¿Un relato detallado de su vida desde su nacimiento? ¿La muerte de su padre? ¿Calificaciones, y registros dentales?

—¿Qué sabes de mí?

—Bueno… —Tom evadió dar respuesta, uniendo sus manos sobre su estómago y mirando inofensivamente de reojo  al chico que estaba a su lado—. Las únicas cosas importantes que sé de ti, las he aprendido después de conocerte.

—Ajá —murmuró Bill, resuelto a no dejar que Tom se saliera con la suya en ésta ocasión. Quería saber lo que Tom había leído, qué tanta información había obtenido de él y cómo esa información había llegado a sus manos—. ¿Pero qué sabías antes de eso?

—No tengo una respuesta para eso —dijo Tom, dejando caer sus piernas de la cama y levantándose rápidamente—. Vamos a dar un paseo.

—Tom —advirtió Bill, levantándose también de la cama y entrecerrando sus ojos para ver al chico que estaba del otro lado de la cama y que era ligeramente un poco más bajo que él. Puso su mano no lastimada sobre una cadera para hacer énfasis en su advertencia y Tom pareció debilitarse visiblemente.

—En serio, vamos a llevar a Charlie a dar un paseo y te diré lo que sea que quieras saber —el adolescente enrastado negoció con una habilidad tan buena que parecía practicada.

—Las reglas… —empezó Bill, pero Tom negó con su cabeza.

—Excepto eso —dijo, sin darle a Bill una oportunidad para discutir—. Vístete. Te espero allá abajo.

&

Bill y Tom terminaron llevando a Charlie al parque que estaba cerca de la casa de Bill. Tenía un gran lago y había un laberinto de senderos y muchos árboles que dejaban sombra en el pasto. Bill había ido ahí una o dos veces con un par de sus amigos de la escuela, pero eso había sido hace años, y había sido usado, más que nada, como un lugar de estudio, eso hasta que cada uno de ellos se dio cuenta de que la gente yendo y viniendo alrededor suyo resultaban una distracción más que cualquier otra cosa.

El aire era frío a principios de marzo, pero el brillo del sol en el agua del lago hacía un buen telón de fondo mientras se hablaban varios temas con Tom. Bill quería respuestas, pero no estaba seguro de qué tanta información Tom le daría en realidad, y tenía miedo de insistirle demasiado y no volver a verlo de nuevo por un largo tiempo, o para siempre.

—Así que… Andi parece genial —dijo Bill mansamente, intentando entablar una conversación y empezar por el camino correcto mientras llevaban a Charlie a dar una vuelta alrededor del lago; Bill sostenía la correa y Tom iba a su lado, para asegurarse de que no abrumara a Bill y lo jalara fuertemente para hacerlo caer de cara. Le había costado trabajo a Tom convencer a Bill de que su propósito para estar ahí era para asegurarse de que Bill no se lastimara a sí mismo, y no iba a dejar que el perro le hiciera quedar como un mentiroso.

—Sí —concordó Tom, sus pasos iban a la par con los de Bill, mientras caminaban por los senderos de concreto. La parte de abajo de sus pantalones holgados se deslizaba sobre la superficie rocosa, y Bill se preguntó si era el único que podía escucharlo. Pero estaba seguro de que no importaba. Sería más probable que pronto, la gente lo escuchara hablando solo antes que escuchar el sonido de unos pantalones arrastrándose en el piso—. No importa lo mucho que se queja, siempre me cubre.

—¿Podré verlo de nuevo?

No es que Bill quisiera ser amigo de Andi más que de Tom, o que siempre quisiera pasar tiempo con Andi, pero Bill no tenía muchos amigos a los que en verdad ansiaba ver, y todo ese asunto con Tom y Andi le resultaba bastante fascinante. Andi parecía una buena persona, casi tan bueno como el mismísimo Tom.

Tom vio de reojo a Bill y le hizo pensar que tal vez sus preguntas habían sido algo ofensivas, pero después el ángel explicó.

—De hecho está bastante encabronado conmigo ahora, así que no lo sé.

—¿Qué? —Bill dejó de hablar y volteó a ver a Tom, ignorando las miradas de extrañeza de la gente que estaba en los alrededores. Bill se tambaleó de lado cuando Charlie tiró de la correa, y Tom instintivamente extendió su mano para ayudarle a Bill a mantenerlo—. ¿Qué le hiciste?

La mirada en el rostro de Tom claramente le dijo que no quería hablar de eso, pero Bill respondió con una mirada propia recordándole a Tom que le había prometido decirle todo lo que él quisiera saber. Realmente no tenía otra opción.

—Puede que por accidente le haya hecho meterse en problemas con el gran poder.

—¿Cómo? —Bill quiso saber, bajando su vez una vez más.

—No puedo decirte —dijo Tom—. Y realmente no es importante.

—Tom —advirtió Bill.

—Bill —respondió Tom y luego negó con su cabeza cuando Bill lo miró con ojos entrecerrados—. Tiene que ver con una de las reglas. De verdad no puedo decirte.

Bill no tenía opción más que aceptarlo y dejarlo por la paz. Entre más presionaba para obtener respuestas que Tom no quería darle, más frustrados terminaban los dos, y Bill en verdad no quería presionar tanto a Tom. Siempre tomaba sus nuevas amistades con cuidado y con un poco de precaución; y Tom era extra especial. Tom era algo que no podía definir, pero lo que sea que fuere, despertaba sentimientos protectores y de pertenencia dentro de él. Era precioso y frágil, y tenía la necesidad de ser protegido.

Bill movió sus pies hacia adelante, permitiendo que Charlie liderara el camino mientras Tom volvía a su paso junto a él. Durante varios minutos, se quedaron en silencio. Bill se preguntó cómo se veía él para las otras personas en ese momento, sólo un chico que sacaba a pasear a su perro normalmente, y que ocasionalmente miraba a su lado, como si hubiera alguien a quién hablarle. Intentó no pensar en lo que pensaría la gente, y se concentró en lo que pensaría Tom de él. Y Bill ni siquiera estaba seguro de eso. Tal vez Tom lo consideraba también un amigo, o quizá sólo lo consideraba como la misión que se le había dado.

Estaba recolectando el valor en sí mismo para preguntarle a Tom directamente qué lo consideraba, cuando de repente, un perro que pasaba le empezó a ladrar a Tom, y entonces Charlie se le puso enfrente al perro para proteger al ángel.  Consumido por los ladridos de los perros y la repentina desaparición de Tom a su lado, Bill soltó la correa y Charlie persiguió al otro perro hasta un árbol. Bill fue detrás de ellos y mirando hacia arriba, hacia las ramas altas para ver a qué le estaba aullando el otro perro, Bill vio a su ángel enrastado cerca de la parte superior.

Cerró el espacio restante entre él y el tronco del árbol y agarró la correa de Charlie. Sostuvo una mano sobre sus ojos para protegerlos del sol y miró a Tom con su cabeza ladeada.

—Estoy intentando alejarlos de ti —dijo Tom desde arriba del árbol, y Bill le echó un vistazo a la dueña del otro perro, que estaba de pie junto a él. Parecía como si no hubiera escuchado hablar a Tom en absoluto—. Llévate a Charlie y ve al frente del parque. Te veo allí.

Con la órden de Tom, Bill bajó la mirada a su perro y tiró de la correa, jalando al golden retriever lejos de la base del árbol.

—Charlie, ven —volteó a ver a Tom una vez más antes de irse, pero ya no estaba.

Mientras Bill rodeaba a la mujer que tenía al otro perro, ésta lo miró con sospecha.

—¿Ardillas? —ofreció con un encogimiento de hombros al pasar a su lado.

&

Después del incidente con el perro, todos los temas importantes que habían estado a punto de hablarse, se dejaron a un lado. Bill había perdido el valor para preguntar la mayoría de las cosas serias que quería preguntar, y Tom no parecía dispuesto a ofrecer nada por su propia cuenta.

Al regresar a casa, los chicos encontraron una nota que había dejado la mamá de Bill, que había pegado en la parte inferior de la que él le había dejado a ella antes de irse al parque. Su nota decía que tenía que ir de compras e instruyó a Bill para no meterse en problemas. Las palabras habían causado que Tom resoplara, y Bill movió su mano hacia atrás para darle un zape, pero su mano lo atravesó. Aunque la verdad era que ya estaba dejando de frustrarse respecto a eso. Se estaba convirtiendo una parte natural de su amistad; una peculiaridad sin igual.

Inmediatamente después de eso, Bill sacó una silla para que Tom se sentara, y empezó a hacer una pizza congelada para almorzar. Mientras estaba en el horno cocinándose, Bill se sentó a la mesa, frente a Tom y hablaron sobre cosas sin importancia. Bill parloteó acerca de la escuela, Charlie y sus padres, mientras Tom formaba una torre con la sal y la pimienta y los volvía a acomodar, hasta que calculó mal el balance y el salero se cayó. Después comenzó de nuevo, mientras Bill continuaba parloteando acerca de cosas que no eran importantes; todo el tiempo intentando juntar el valor para preguntarle a Tom si lo veía como un amigo de verdad o sólo una misión.

Ni siquiera estaba seguro de por qué le importaba tanto de una u otra forma; lo que le importaba era que Tom siguiera viniendo y Bill pudiera pasar tiempo con él. Consideró la idea de que tal vez, tenía miedo de la respuesta. ¿Quedaría con el corazón destrozado si Tom le confirmara que sólo era una misión para él? ¿Sería un golpe para su ego si Tom le decía que realmente no quería ser su amigo? Si ese era el caso, entonces eso ería algo que Bill tendría que aprender a superar.

Cuando la pizza estuvo lista y un poco enfriada, Bill puso un par de rebanadas en un plato para él mismo y un par para Tom. Ni siquiera había considerado en preguntarle a Tom si quería. Porque, hasta donde él sabía, a todo el mundo le gustaba la pizza, y Tom era un invitado que merecía ser alimentado. Sin embargo, cuando puso el plato en frente de Tom, el chico con rastas lo apartó cortésmente.

—Yo no… —empezó, y Bill se le quedó viendo con ojos agrios y ofendidos—. O sea… es que no estoy vivo. Yo no…

—Tú no comes —Bill terminó su oración, recordando lo que Tom le había dicho antes, el día que le había preparado un sándwich, poco después de que saliera del hospital—. Claro.

—Digo, no se trata sólo de la comida. No tengo ninguna de las necesidades que las personas vivas tienen.

—¿Como qué? —preguntó Bill, y aunque intentó no sonar ofendido y desanimado, terminó fallando. Con empatía, Tom tomó el plato de pizza nuevamente y le dio una mordida a una rebanada, sonriendo cuando Bill agachó su cabeza para esconder una sonrisa de agradecimiento.

—No me dan ganas de comer —dijo Tom en torno a su pizza y Bill se sentó y empezó a comer de la suya—. O dormir, o tener sexo.

—Oh… —respondió Bill, manteniendo su cabeza gacha, mientras intentaba ocultar el rubor que estaba subiendo por su cuello por los pensamientos que repentinamente se infiltraron en su mente al escuchar la palabra “sexo”. No tenía una imaginación demasiado sexual, pero era un adolescente hormonal, y Tom era un chico muy atractivo que ahora estaba sentado en su cocina, comiendo de la pizza que había preparado y acariciando a su perro con los dedos de sus pies cubiertos por sus calcetines. Se sentía tan normal, incluso si estaba muy lejos de serlo.

—Tampoco se supone que deba tener la necesidad de hacer amigos —añadió Tom como algo extra, tomando un pedazo de pepperoni de su pizza y metiéndolo a su boca—. Pero contigo y Andi, parece que ya ignoré eso un par de veces.

Bill le sonrió a su pizza al haber conseguido su respuesta a la pregunta más importante en su mente.

Sin importar lo que Tom fuera, ambos eran amigos.

Continuará…

Falta poco para que algo de acción llegue a la historia, aguanten conmigo un poquito más. 🙂

por OuterSpace

Traductora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!