
Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace
5. Creer
Los ánimos de Bill se levantaron dramáticamente después del almuerzo y el resto del día pareció pasar volando para Bill. Había pasado el tiempo que quedaba de su hora de almuerzo junto a Clara, y la chica le había ayudado a mantener su mente alejada de Tom por la mayor parte del tiempo. Después de eso, había mantenido sus ojos al tanto, vigilantes a alguien que se pareciera al chico con rastas de su habitación, pero nunca vio a nadie, y para el finalizar del día, Bill había logrado convencerse a sí mismo de que el clon había sido una alucinación, y no Tom.
Entre menos motivos tenía para ir en contra de las aseveraciones de Tom, más real se hacía en su mente.
El principal problema que Bill le veía a eso, era que le había dicho a Tom que se fuera, y Tom sí se había ido. Y ahora, no sabía cómo hacer que Tom apareciera mágicamente en su habitación, y tampoco estaba seguro de que Tom volvería. Podía admitirse a sí mismo que había sido poco ingrato y quizá un poco grosero, y sabía que si Tom nunca volvía a aparecer, todo sería su propia culpa.
Después de la escuela, Bill caminó a casa solo; todos sus pensamientos se trataban de Tom. Se preguntó lo que Tom estaría haciendo, pensó en lo que le diría a Tom si volvía a materializarse otra vez en su habitación, pensó en cómo podría siquiera definir la presencia de Tom en su vida si es que alguien en algún momento sospechaba. El largo camino a casa del que tanto se había quejado una y otra vez antes de conseguir su propio auto, se pasó volando, igual que la segunda mitad de su día. Poco a poco, estaba convenciéndose de que entre más aceptara a Tom y sus aseveraciones inconcebibles, más calmada estaría su mente. Las cosas eran mucho más fáciles de afrontar cuando simplemente creía.
Cuando entró a su casa, Charlie estaba saltando a la puerta, feliz de verlo. Bill se arrodilló en el suelo para acariciar a su perro, y Charlie lamió su cara, mostrando con facilidad su apreciación y su amor. Mucho más fácil que, digamos, de parte de una persona que nadie más podía ver. Pero entonces… Charlie sí había visto a Tom. ¿Eso contaba?
Bill dejó que el golden retriever lamiera su mejilla y su cuello, saludando felizmente a su dueño.
—¿Tú sí viste a Tom, verdad? —Charlie ladró a un lado de su oreja al escuchar el nombre de Tom y Bill rio—. Sí, claro que sí; y te agrada más que a mí, ¿verdad?
Charlie ladró otra vez y Bill se puso de pie, arrugando su nariz en protesta.
—No, tienes razón —le dijo al perro a sus pies que lo miraba desde abajo, su lengua salía de la esquina de su boca mientras jadeaba fuertemente por la emoción—. Creo que eso no es posible.
El perro volvió a ladrar y Bill suspiró.
—Ay, está bien —concedió con una suave sonrisa, inclinándose un poco para sacudir el pelo de la cabeza del perro al pasar.
Bill dejó su mochila en el sofá mientras guiaba a Charlie por la casa, dirigiéndose al fondo, a la puerta trasera para que el perro pudiera salir y correr en el patio trasero por un par de horas. No era como la caminata a la que debería estar llevando a Charlie, pero francamente, estaba exhausto y no sería capaz de tomar la correa con ambos brazos si el perro encontrara algo qué perseguir, como a veces lo hacía. Supuso que lo mejor sería dejar que Charlie se divirtiera un rato solo en el patio trasero.
Charlie lo alcanzó rápidamente una vez que se dio cuenta a dónde se dirigía Bill, y empujó a su dueño en un apuro para llegar primero a la puerta, casi haciendo que Bill se cayera en el proceso.
—¡Charlie! —regañó Bill, pero su tono no fue ni enojado ni de regaño, y el perro no se detuvo hasta que llegó a la puerta. Cuando lo hizo, bailó un poco, brincoteando con sus patas traseras antes de voltear a Bill como diciéndole: “¿Qué estás esperando?, ¡Apúrate!”
Cuando Bill se acercó, Charlie ladró y le saltó encima, empujándolo a un lado. El codo no lastimado de Bill se estampó en la pared, haciendo un ruido fuerte, y él dejó salir un pequeño chillido cuando un dolor punzante se disparó desde el codo hasta su nombro.
—Maldita sea, Charlie —maldijo, abriendo rápidamente la puerta para que el perro saliera.
Charlie no perdió tiempo en dejar a Bill solo con su codo lastimado, y Bill rodó sus ojos.
—Perro estúpido —dijo, pero el tono de cariño en su voz superó todos los pensamientos ásperos que había tenido debido al dolor en su brazo bueno.
Haciendo lo mejor que podía para cuidar su nuevo brazo lastimado, Bill tomó su mochila del sofá y se dirigió escaleras arriba hacia su habitación. Con el problema de su accidente, tenía más que suficiente para mantenerse ocupado hasta que su madre llegara a casa en la noche. Brevemente, se preguntó si Tom se aparecería en algún momento en ese lapso de tiempo, pero sacó ese pensamiento de su mente tan rápido como llegó. Con Tom o sin Tom, Bill tenía cosas que hacer. Se puso de meta a sí mismo de mantener al ángel fuera de sus pensamientos el tiempo suficiente para terminar su tarea.
Esa resolución salió por la ventana tan pronto como puso un pie dentro de su habitación.
Lo que una vez había sido un área de desastre, un desastre de pared a pared, ahora era un área inmaculada. Todo estaba en su lugar, desempolvado, organizado y limpio. Los ojos de Bill se abrieron desmesuradamente al ver el lugar. Definitivamente no se había visto así cuando había salido para irse a la escuela en la mañana. La única cosa que parecía estar fuera de lugar en la habitación inmaculadamente limpia, era un pedazo de papel doblado a la mitad en su mesa de noche.
Con algo más que un poco de curiosidad, Bill no desperdició nada de tiempo para cerrar la puerta y cruzar la habitación, aventando su mochila a la cama en su camino. El papel tenía escrito su nombre en la parte de afuera, y Bill pasó sus dedos sobre la escritura una vez antes de tomarlo y desdoblarlo para encontrar unas cuantas palabras garabateadas en él.
De nada.
–Tom
Una burbuja de risa subió al pecho de Bill y escapó por su boca al mirar la nota en su mano. Se dio la vuelta en círculo para poder apreciar la habitación. A Bill le hubiesen tomado días enteros para limpiar el desastre que había hecho, pero Tom había logrado hacerlo en cuestión de, ¿horas? Lo más importante que Bill podía concluir de todo eso era que, tal vez Tom no estaba tan molesto con él, después de todo. Decidió que, al menos Tom estaba esperando pasar más tiempo en su recamara.
Sintiéndose un poco deslumbrado, aunque mejor de lo que se había sentido en todo el día, Bill volvió a poner el papel en la mesita de noche, resignándose a sí mismo a pasar su tarde entera haciendo tarea, mientras su mente se llenaba con pensamientos de Tom. No había más remedio. A donde quiera que miraba, veía el trabajo de Tom en la limpieza de su habitación, en los doblados definidos de la manta en su cama, en la ventana que estaba lo suficientemente abierta para dejar entrar la ligera briza de primavera. Bill volteó, para tomar su mochila de su cama, e inmediatamente dio un respingo, sorprendido. Tom estaba de pie justo frente a él, lo que significaba que había estado justo detrás de él, y estaba mirándolo con un rostro firme.
—Tu recamara iba a ser tu muerte si seguía así —dijo solemnemente y Bill sonrió incluso más ampliamente, a su pesar—. También tu perro.
Añadió Tom con una negación despreciativa de su cabeza al estirar un brazo para rozar sus dedos momentáneamente sobre el nuevo codo lastimado de Bill. Bill no pudo sentirlo, pero sólo pensar en Tom haciéndolo, hizo que todo el dolor sosegara.
—Te preocupas —molestó, ignorando el hecho de que Tom había estado ahí ya lo suficiente como para haber visto el incidente con Charlie. Con la burla, las mejillas de Tom se tornaron de un bonito y ligero color rosado.
—Es mi trabajo preocuparme —dijo después de un momento de balbucear algunas palabras, lo cual Bill encontró divertido. Después de que Bill se riera de su respuesta nerviosa, Tom rodó los ojos y volteó para jalar a otro chico que estaba detrás de él. Era un poco más bajo y tenía su cabello rubio platinado todo desgreñado. Mientras Tom los presentaba, el chico le sonrió como un viejo amigo lo haría—. Bill, este es mi amigo Andi. Andi, este es… Bill.
Por varios segundos muy largos, Bill se le quedó viendo a Andi, y después a Tom. Bajo otras diferentes circunstancias, no habría sido capaz de creerlo. Incluso ese día por la mañana, hubiera creído que: o estaba alucinando a dos chicos, o su intruso ahora estaba trayendo amigos mientras él no estaba en casa. Sin embargo, recientemente, había decidido sólo dejarse llevar y creer. Así que ahora estaba eligiendo creer que tenía a dos ángeles guardianes de pie en su habitación, lo que sospechaba, era más de lo que la mayoría de las personas tenían en su vida.
—No te sorprendas —dijo Tom, cachando la mirada escandalizada de Bill dirigida hacia él—. No creerás que hubiera podido limpiar todo este chiquero yo solo, ¿o sí?
Bill rodó sus ojos, pero nada de lo que Tom dijera, podría borrarle completamente la sonrisa del rostro. Estiró su brazo para poder saludar propiamente a Andreas, y se dio cuenta de la mirada cautelosa que el chico le envió a Tom, antes de extender su propio brazo para responder el saludo. Bill estrechó su mano para el contacto físico, y sus propios dedos atravesaron la mano de Andi.
Oh, claro… Ángeles. No pueden tocar.
Bill se enderezó más y le sonrió al amigo de Tom como si nada hubiese pasado, decidido a hacer un cambio en su actitud hacia este nuevo amigo suyo.
—Gusto en conocerte, Andi —dijo propiamente. Por el rabillo del ojo, pudo ver a Tom observándolo nerviosamente, como si esperara que Bill hiciera un berrinche como lo había hecho la última vez cuando le dijo a Tom que se fuera.
—Igualmente —dijo Andi mientras Tom se sentaba al pie de la cama de Bill—. Tom me ha hablado mucho de ti.
Bill miró inquisitivamente a Tom y el chico enrastado se alzó de hombros.
—Sólo lo básico —replicó Tom— Ya sabes… lo de torpe, desordenado y jodidísimamente necio.
Bill volteó a ver a Andreas y abrió su boca para protestar, pero se dio cuenta de que nada de eso era mentira. Básicamente, Tom lo tenía acorralado.
—Discutiría eso, pero todo es cierto —dijo, fingiendo un suspiro lastimado, y después se sentó al pie de la cama junto a Tom—. Entonces, ¿eres…?
Bill no estaba exactamente seguro de cómo ponerlo. Tom se había proclamado a sí mismo un ángel guardián, ¿pero cuál era la forma correcta de decirlo? ¿causaría alguna ofensa?
—O sea… ¿Tom y tú son…?
—¿Ángeles guardianes? —proveyó Tom, sus cejas se levantaron con algo de diversión al mirar a Bill.
Del otro lado de la habitación, Andreas sonrió, apoyándose contra la pared.
—Protectores —dijo para confirmar—. Nos conocimos en el entrenamiento. Todos eran mucho más viejos que nosotros.
—Espera —interrumpió Bill, sus ojos pasaron de Andi a Tom, y después a Andi otra vez—. ¿Todos tienen que pasar por el mismo entrenamiento?
—Sí… —dijo Tom, alargando la única sílaba más de lo necesario y haciendo a Bill sentirse como tonto. Sin embargo, la calidez en los ojos de Tom hizo esos sentimientos a un lado—. Tuvimos que tomar una clase de entrenamiento y un examen, después tuvimos que ser aprendices de otros ángeles guardianes, y entonces nos dio más libertad.
—GP —dijo Bill, intentando recordar algo de lo que Tom ya le había contado.
—Sí, el gran poder —afirmó Andi, y Bill giró un instante, encontrando al otro chico sentado en la cama detrás de él. Bill volteó a ver el lugar en donde Andreas había estado antes, y dicho lugar estaba vacío. Mordisqueó su labio inferior; iba a tomarle un tiempo acostumbrarse a todo eso de la teletransportación—. Tiene reputación de ser un culero, pero realmente no es tan malo.
—Adulador —tosió Tom al lado de Bill y Andi se estiró detrás de Bill para empujar al de rastas. Tom se cayó de la cama de lado, riendo, y Bill los observó con algo de tristeza. Mientras los otros dos peleaban, un dejo de celos se instaló en él. Ellos podían sentirse el uno al otro, pero él no podía sentir a ninguno de ellos. Era totalmente injusto. Los dos ángeles lucharon en el suelo por unos minutos antes de que Tom le echara un vistazo a Bill, quien seguía observándolos vagamente desde un lado y con un ceño fruncido en su frente.
Dándose cuenta de la miseria que Bill se estaba provocando a sí mismo, Tom le puso un alto a su juego de pelea y volvió a sentarse junto a él, más cerca de lo que Bill se había sentado al principio.
—Lo siento —se disculpó sinceramente—. Andi a veces es un poco adulador y suele ser un lameculos.
—¡No es cierto! —dijo Andi con un graznido, y Bill sólo pudo reírse. Sabía cómo se sentía Andi; él había sido llamado adulador y lameculos durante toda su vida. Siempre había dicho que poner atención en clase y hacer sus tareas no lo hacía un lame botas, pero nadie nunca escuchaba—. Sólo porque no me meto en problemas todo el tiempo…
—No me meto en problemas todo el tiempo —Bill vio que Andi le apuntó una mirada a Tom, y entonces Tom se retractó—. No es mi culpa que sea tan estirado.
Andi abrió su boca para otra réplica, pero Bill lo cortó antes de que otra palabra pudiera pronunciarse.
—Chicos —reprendió firmemente, pero con una sonrisa, y ambos le prestaron atención, deteniendo su discusión. Bill volteó a ver a Tom, con curiosidad por saber todo lo que pudiera acerca de él y su vida, o lo que fuera que Tom consideraba que era—. ¿Por qué cosas te metes en problemas?
—Cosas estúpidas —dijo Tom, pero antes de que pudiera terminar, Andi estaba negando con su cabeza.
—Hay un set específico de reglas que no deben romperse absolutamente bajo ninguna circunstancia —explicó Andi, y Bill se encontró a sí mismo inclinándose hacia adelante, entusiasmado por escucharlo todo, todo lo que Andi pudiera decirle y que Tom no le diría—. Y Tom parece dispuesto a romperlas todas y cada una de ellas.
—¿Qué tipo de reglas? —le preguntó Bill a Tom. Tom negó con su cabeza, no iba a decir nada, así que los ojos de Bill volvieron a Andi, pero él también negó—. ¿Qué? Ah, vamos. Quiero saber.
—No podemos decirte —le dijo Tom, y Andi asintió entusiastamente. Bill resoplo y pateó con su pie, pero aun así, ninguno de los dos sucumbió. Dándose cuenta de que no iba a sacarle más respuestas a ninguno de los dos en ese momento, cruzó sus brazos sobre su pecho haciendo un puchero. Tal vez era infantil, pero se sentía en la oscuridad respecto a sus nuevos amigos. Si alguna vez iba a dejarse llevar y creer en verdad, necesitaba saber con qué estaba lidiando.
—De hecho, debería regresar con Henry —suspiró Andi, mirando al localizador que sacó de su bolsillo.
—Apesta que te haya tocado cuidar a un viejo —molestó Tom descorazonadamente—. De todas formas se va a morir pronto.
—¡Tom! —regañó Andi, su rostro mostró un ceño fruncido desdeñoso—. No antes de su tiempo. Todos tienen…
—Sí, sí —dijo Tom, interrumpiéndolo con una sonrisa bienhumorada—. Ándale ya, regresa con tu amado Henry.
Tom movió su mano en el aire y Bill lo miró con una tierna sonrisa en su propio rostro. Cuando volvió su mirada a Andreas para decirle adiós, el amigo rubio de Tom ya se había ido.
—¿A dónde se fue? —preguntó Bill con los ojos bien abiertos, como si no estuviera ya acostumbrado a que Tom llegara y se fuera de esa forma.
—A ver cómo está Henry —dijo Tom impávido, y después rascó su cuello cuando los ojos de Bill se entrecerraron, demandando una respuesta real—. Es sólo que hay cosas que no podemos decirte. De hecho…
Bill esperó, pero la voz de Tom se detuvo; después de ver que no iba a continuar, Bill no pudo contenerse. Se encontró a sí mismo tan inmerso en algo que no podía entender, y aun así, quería entenderlo todo—. ¿Qué? ¿De hecho qué?
—Nada —el ángel se rehusó, y Bill frunció sus labios. No quería discutir con Tom otra vez, no quería perder la cabeza y decirle que se fuera, pero quería respuestas, y era obvio que no conseguiría más en un futuro próximo—. Así que tienes mucha tarea, ¿eh?
Queriendo discutir, Bill casi dijo que no, pero sabía que eso sería una mentira, y probablemente Tom podía distinguir cuando estaba mintiendo. Sentía que habían terminado con el pie izquierdo la última vez, y Bill quería esforzarse más para hacerlo mejor en esta ocasión.
—¿Me vas a ayudar? —retó, en vez de negarlo, y los ojos del chico que estaba frente a él se ensancharon y después se entrecerraron antes de negar con su cabeza y empujar el aro en su labio con la punta de su lengua.
—No, pero no quiero distraerte. Puedo irme…
Bill sintió su corazón encogerse igual que la última vez cuando volvió a su habitación y vio que Tom en verdad se había ido. No quería que Tom se fuera, especialmente si quedaban en malos términos.
—De todas formas serías una distracción —admitió Bill honestamente, cruzando su brazo no lastimado sobre su estómago; sus uñas rascaron distraídamente la piel debajo de la delgada tela de algodón de su camisa—. Quédate.
—Ok —accedió Tom casi instantáneamente, su voz sonó suave e ilegible—. Pero nada más hasta que llegue tu mamá.
Continuará…
¡Hola a todos! ¿Qué les pareció el capítulo? Espero que un poco menos aburrido que el anterior. u_u Lo importante de todo esto es que Tom regresó. 🙂 ¿No es lindo? Sé que lo extrañaron tanto como Bill. 😉
Muchísmas gracias por leer. Y un agradecimiento especial a todos los que comentan. 😀 Que pasen un excelente fin de semana.