Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace

34. Tres deseos

—Y por cierto, ¿cómo te sientes? —preguntó Bill, tirando de la camisa de Tom y acercándolo dos pasos más. Levantó una mano para enredar uno de sus dedos en una de las rastas del ángel. Tom levantó una mano al cuello de Bill, acercándolo para un beso largo donde interactuaron labios suaves y dientes mordedores. Bill respiró fuertemente y con dificultad y presionó el frente de su cuerpo contra el de Tom mientras la otra mano de Tom lo acercaba. Sus lenguas se presionaron y bailaron juntas, dejando a Bill mareado y anhelando más, ebrio por la promesa y la seguridad.

—Mmm —murmuró cuando se separaron con un sonido húmedo; sus parpados se sintieron pesados cuando los abrió para mirar a Tom a los ojos, detectando un poco de agotamiento en ellos, pero nada tan serio. Habían pasado semanas desde el principio de las fases, y aunque Bill había estado aterrado de que Tom no superara el cambio, cada visita que recibía del ángel en la que Tom lucía cada vez mejor, hacía que la flama de la esperanza en su estómago creciera más y más. Completamente vivo o no, iban a estar juntos por mucho tiempo—. Veo que mucho mejor.

—Siempre estoy mejor cuando estoy contigo —dijo Tom con confianza. Sabía que era cursi, pero desde hace mucho tiempo había descubierto que Bill era un romántico de corazón y le gustaba lo cursi.

—Sólo lo dices por decir —respondió Bill en voz baja, sus ojos se cerraron tímidamente, haciéndole saber al ángel que estaba complacido con el gesto. Tom lo acercó para otro beso más corto, pero que los saciaría a ambos. Después de todo, tenían cosas que hacer, y no podían pasarse toda la tarde besándose en la habitación de Bill… aunque a Tom le hubiese encantado.

—Nunca digo cosas que no creo —argumentó el ángel y enfatizó el hecho al bajar una mano para pellizcar un glúteo de su novio. Bill chilló y saltó hacia adelante por la sorpresa y su pecho cayó contra el de Tom. Entrecerró sus ojos y se alejó, empujando a Tom en forma de protesta. Pero bajó sus dedos por el pecho de Tom de forma coqueta antes de alejarse y contonearse por la habitación.

Sus brazos se agitaron violentamente mientras se ponía sus accesorios. Sus piernas lo llevaron por la habitación con la gracia de un cervatillo recién nacido. La inestabilidad que Bill tenía en sus dos pies dejaba a Tom al borde; siempre listo para apresurarse y ayudarlo cuando parecía que iba a caer, pero lo único que pudo hacer en ese momento fue mirar con adoración cómo Bill revoloteaba por ahí, cargando toda su ansiedad en una nube que se cernía sobre su cabeza.

—No sé por qué te estás arreglando tanto —dijo Tom después de unos minutos, finalmente tomando asiento en la orilla de la cama de Bill para esperar. Se inclinó hacia adelante para rascar detrás de las orejas de Charlie mientras continuaba observando cómo Bill iba de un lado al otro, poniéndose y quitándose joyería; acomodando y reacomodando su cabello, su ropa y su maquillaje.

—Quiero dar una buena impresión —Bill se encogió de hombros, tambaleándose hacia el espejo y deteniéndose para mirarse en él. Si Bill veía lo que Tom podía ver, sabría que prácticamente estaba brillando.

—¿A quién? —retó Tom con una sonrisilla—. ¿A tu mamá?

—A… —Bill miró a Tom a través del espejo y se encogió de hombros, con una sonrisa despreocupada—. No lo sé, sólo quiero hacerlo.

Desde donde estaba sentado en la cama, Tom mordisqueó el aro de su labio, pensativo, viendo cómo Bill se alejaba del espejo y caminaba un poco más por la habitación. Después de unos momentos, se dio cuenta de que Bill no estaba haciendo nada más que caminar en varios patrones, recogiendo cosas y poniéndolas en otro lugar. Un foco se prendió en su cabeza.

—¿Estás nervioso?

—¿Qué? No —respondió Bill rápidamente, demasiado rápido, al moverse de un lado de la habitación al otro, pasando frente a Tom en el proceso. Antes de que pudiera ir más lejos, Tom estiró un brazo y jaló la manga de su camisa. Sus pieles se rozaron y la carga eléctrica fue suficiente para hacer que Bill se detuviera en seco. Bajó la vista al ángel que estaba frente a él, mirándolo con interés obvio—. No… bueno, sí, algo así.

Bill bajó su mentón y miró al chico frente a él a través de sus pestañas gruesas y pintadas que descansaban sobre sus mejillas rosadas.

—De verdad quiero que le agrades.

—Soy tu alma gemela —Tom sonrió con la mejor sonrisa que tenía bajo la manga—. ¿En verdad importa?

—Por eso importa —protestó Bill, dejándose caer sobre el regazo de Tom sin mucha gracia y envolviendo sus brazos alrededor del cuello del ángel. Con sus abdómenes presionándose juntos y sus rostros a unos centímetros de distancia, Bill consideró apropiado susurrar—: Vas a estar por aquí por siempre, ¿sabes?

Tom asintió y posó un beso en el costado de la mandíbula de Bill, levantando una mano para hacer cosquillas en los lados de su cuello con sus dedos exploradores. Bill se retorció en su regazo y su trasero se fregó contra sus muslos. Tenía una sonrisa feliz en el rostro.

—Yo también quiero agradarle —admitió el ángel.

—¿Entonces también estás nervioso?

De forma casual, Tom levantó sus hombros mientras Bill levantaba una mano para mover el aro en el labio del ángel de un lado al otro, dejando que la punta de la uña de su pulgar rasgara ligeramente la parte de debajo de la boca de Tom. Tom sacó su lengua para lamer sus labios secos y Bill alejó su dedo.

—Somos almas gemelas —dijo nuevamente, igual de fácil que la primera vez, y Bill se mordió la lengua—. Creo que ella se ha dado cuenta de lo mucho que te amo, así que no habrá problema.

Bill llevó sus dedos a su propia boca, sellando sus labios para encubrir el sonido blando que amenazó con escapar. Su sonrisa se amplió detrás del toque y Tom levantó una mano a su muñeca para bajar su brazo y dejar que las palabras salieran.

—Yo también te amo.

—Lo sé —confirmó Tom, enlazando sus dedos con los de Bill y dándole un apretón—. Todo estará bien. Ni siquiera tienes por qué preocuparte.

—¿Y si hace preguntas? —preguntó Bill, con preocupación aun en sus ojos, a pesar de que los toques de Tom y sus caricias tranquilizadoras comenzaban a bajar la tensión de sus músculos. Después de haber aceptado ofrecerle a Tom una invitación oficial a cenar, tuvo muchos pensamientos y miedos. ¿Qué tal si algo salía mal? ¿Y si lo arruinaba? ¿Y si metía a Tom en más problemas? No podía soportar la idea—. ¿Y si quiere saber cosas que no podemos responder? No puedo mentirle.

—Cierto —bromeó Tom, su boca se curvó hacia arriba, formando una sonrisa astuta, y Bill quedó atónito ante su actitud tan despreocupada ante toda la situación—. Eres un pésimo mentiroso.

Tom—Bill lo reprendió con firmeza, nada feliz de que su novio estuviese haciendo bromas cuando él intentaba ser serio. Estaban lidiando con unos problemas vitales y necesitaba que Tom los tratara como tal.

—Sólo déjame hablar a mí, ¿ok? —el ángel se apresuró a arreglar el daño para tranquilizar los nervios de Bill. Su voz relajada suavizó todos los bordes afilados de sus nervios—. Sólo confía en mí. La enamoraré como te enamoré a ti.

Bill resopló con asco, pero sus ojos parecieron brillar con diversión mientras sus dedos trazaban varias formas sobre la cálida piel del cuello del ángel, recordando la primera vez que en verdad se había enamorado.

—Será mejor que no beses a mi mamá.

Los labios de Tom se entreabrieron para dar una respuesta rápida, pero se cortó por el sonido de la voz de la madre de Bill llamándolo desde abajo.

—¿Bill?

Sorprendido, Bill se bajó del regazo de Tom como si hubiese sido sorprendido con las manos en la masa, y se paró a la orilla de la cama, manteniendo los dedos de Tom enlazados con los suyos al final de sus brazos extendidos.

—¿Sí? —preguntó, esperando que la vacilación en su voz, la cual resultaba ensordecedora en sus propios oídos, fuera indescifrable al fin de las escaleras.

Tom le dio un apretón a sus dedos y Bill sintió que lo que restaba de su tensión se derretía gracias al gesto gentil y amoroso. Cuando Bill podía sentir a Tom, se sentía tan seguro de todo, seguro de que podrían ir contra el mundo entero si lo necesitaban, siempre y cuando estuviesen juntos. Y Tom ya había dejado bien claro que no iba a ir a ningún lado. Completamente vivo o no, ya que aún no estaban seguros de cuál sería, nada cambiaba el hecho de que Tom era una fisura permanente en su vida.

—¿Sabes a qué hora se supone que va a llegar Tom?

Bill dudó, viendo a su novio posado en el borde de su cama. Inhaló, sabiendo que todo estaba a punto de suceder, todo lo que había estado deseando desde el día en el que Tom había llegado a su habitación de hospital. Estaba nervioso, pero también estaba emocionado.

—En cualquier momento —le respondió a su madre—. Bajaré en un minuto.

Sin obtener respuesta, Bill dejó que sus ojos se cerraran y Tom se puso de pie frente a él, tomando su otra mano y dándole un apretón.

—Te amo —susurró. Aunque Bill mantuvo sus ojos cerrados, una sonrisa adornó su rostro.

—Yo también te amo.

—Debería irme —dijo Tom y Bill abrió sus ojos para encontrarse con los cálidos ojos de Tom que estaban llenos de la misma esperanza y reconocimiento. Era el momento; el comienzo de todo—. Te daré unos minutos para que te serenes.

—Ok —Bill exhaló un respiro y Tom se inclinó hacia adelante para posar un beso en la esquina de sus labios—. Te veo en unos minutos.

El chico enrastado desapareció y Bill respiró de nuevo para componerse. Levantó una mano para tocar el beso que Tom le había dejado y luego su cálida mejilla que seguramente estaba rosada por los nervios y la emoción. Sabía que con una mirada, su madre sería capaz de ver todo lo que estaba sintiendo, los nervios, el temor, la emoción y, con suerte, el amor que le tenía a Tom. Esperaba que eso fuese suficiente, como Tom había dicho.

A sabiendas de que podría quedarse toda la noche de pie en su habitación si no se iba de una buena vez, Bill empezó a dirigirse a la cocina en la que su madre estaba preparando una comida para los tres. Lo había estado molestando con que quería conocer a su novio desde que se había enterado de su existencia, y tan pronto como Bill se dio cuenta de que Tom estaría ahí por un largo tiempo, no quiso nada más que presentarlos de la manera debida.

Nunca le había presentado a su madre alguien tan importante como Tom, y quería que todo fuese perfecto. Sin embargo, aunque no lo fuese, sabía que todo estaría bien. Todavía tendría a Tom. Eran almas gemelas.

Sus piernas se bambolearon nerviosamente debajo de él cuando cargaron su peso desde su habitación, por las escaleras. Dos escalones antes de terminar, Bill se tropezó. Sus rodillas débiles no le dieron ningún balance sólido. Cerró sus ojos, apretándolos y preparándose para la caída. Por un momento, una oleada de pánico se disparó en él. Recordó haber estado ya en esa posición en el pasado, y tan pronto como la idea llegó a él, se encontró a sí mismo ingrávido, en los brazos de su ángel guardián. Bill envolvió sus brazos alrededor del cuello del chico, instantáneamente confortado, y se dio cuenta de que sus hombros eran más amplios, su cabello estaba más corto y su rostro no era tan suave.

Bill abrió sus ojos y se encontró a sí mismo en los brazos de Gustav, su nuevo ángel guardián, mientras el chico lo ponía de vuelta sobre sus pies, más cerca al final de las escaleras. Se cruzó de brazos, gruñonamente. Seguro, el chico había evitado que se cayera de las escaleras y que se rompiera el cuello, pero aun así, no era Tom y nunca sería Tom.

Al parecer, Gustav pudo leer sus pensamientos, pues rodó sus ojos y cruzó sus propios brazos a la defensiva, imitando su posición.

—Tom ya no podrá protegerte todo el tiempo —dijo, y Bill hizo un pequeño cacareo de indignación en forma de protesta.

Sin embargo, antes de que pudiera responder verbalmente, apareció una tercera persona en las escaleras, apretujándose contra Bill.

—Mentiras —dijo, y luego se volteó hacia Bill con una mirada preocupada y prometedora—. Siempre te protegeré.

—Y aun así yo llegué primero —disparó Gustav y aunque ni su tono ni sus palabras fueron maliciosas, Tom se tensó, defensivamente.

—La transformación me hace viajar más lento —se excusó pero a pesar de haberlo dicho, sabía que Gustav tenía razón. No estaba en condiciones de cuidar a Bill como era debido, y el otro ángel acababa de ganarse un brownie al haber protegido a su novio cuando Tom hubiese podido llegar cuando ya era demasiado tarde. Antes de conocer a Gustav, lo único que Tom había querido era que quien fuese que tomara su lugar pudiera ser confiable para cuidar de Bill tan bien como él lo hacía, y acababa de ver que así era. Gustav era confiable, incluso aunque Tom no le gustara otorgarle ese control.

—Supongo que soy el afortunado que tiene dos ángeles —concluyó Bll suavemente, dejando de lado su propia sorpresa y su malhumor para hacer las paces entre dos de los hombres más importantes en su vida. Miró a Tom para asegurarse de que estaba tranquilo y posó una mano en su hombro. La mirada que el ángel compartía con Gustav era confortante y Tom asintió. Bill era muy suertudo, no había forma de negarlo—. Deberías irte. Mi mamá está esperando.

—Gracias —murmuró Tom, dirigido a Gustav y luego se inclinó para presionar sus labios en la sien de Bill—. Ten cuidado.

Lo murmuró con voz baja, lo suficiente para mantenerlo entre ellos dos, y Bill se sonrojó.

—Gracias —repitió él también después de que Tom se fuera y Gustav asintió humildemente.

—Ten más cuidado —advirtió, y luego también se fue, dejando que Bill terminara de bajar las escaleras por sí mismo.

En la cocina, encontró a su mamá apurándose con la vajilla y todo lo necesario y Bill le sonrió desde su posición en cubierta en el marco de la puerta. Estaba vestida casualmente con un par de pantalones y una linda camisa a botones, pero su cabello estaba desarreglado y sujeto con un clip. Su rostro estaba sonrojado por los nervios. Estaba igual de ansiosa que él, y eso le trajo un poco de tranquilidad, al darse cuenta de que le importaba lo suficiente como para querer darle una buena impresión al novio de su hijo.

—No vas a intentar avergonzarme, ¿verdad? —preguntó innecesariamente, cruzando sus brazos al apoyar su hombro en el marco de la puerta. Vio a su madre levantar la mirada, sorprendida, y luego limpió sus manos sobre el delantal que estaba usando. Sus ojos centellaron de forma nerviosa cuando le sonrió de vuelta.

—¿Entonces debería esconder el viejo álbum de fotos?

Bill gruñó de buen humor, descruzando sus brazos y cruzando la habitación para enderezar un mantel que estaba ligeramente chueco. Se mantuvo de pie incómodamente, con su muslo presionado contra la mesa.

—Ya le di vuelta a todas las fotos en las paredes —comentó en voz baja y su mamá le dio un manotazo en el brazo por mentir. Ante el toque, Bill se puso serio y tomó la mano de su madre en el aire, apretando sus dedos con los suyos. Tenía toda su atención cuando habló con suavidad. La sinceridad en su voz se envolvió en torno a ambos—. Lo amo, mamá.

—Sé que sí, cariño —le aseguró con un apretón de sus dedos—. Y yo también lo querré.

En el fondo, escucharon sonar el timbre y Bill vio cómo su mamá se inquietó. Separó sus dedos y levantó sus manos a su cabello ligeramente desaliñado, dejando escapar un pequeño jadeo. Se había esforzado mucho para preparar una comida, intentando asegurarse de que todo fuese perfecto, y Bill había estado arriba, inquietándose porque todo no fuese perfecto. En verdad que eran un par.

Servicialmente, Bill estiró un brazo y desató su cabello, viendo cómo sus mechones gruesos y largos caían en forma de cascada. Ella tomó el broche nuevamente y se quitó su delantal mientras Bill pasaba sus dedos entre su cabello para esponjarlo un poco, y luego retrocedió para admirar su trabajo.

—Perfecto —concluyó, y vio con un poco de diversión cómo su madre se sonrojaba.

—Ve e invítalo a pasar —lo corrió.

Bill sintió que su vientre daba vueltas de emoción y nervios cuando sus pies comenzaron a moverse hacia la puerta principal sin aceptación adecuada.

&

Bill le sonrió a Tom, quien estaba a su lado, mientras su madre inclinaba hacia atrás su cabeza por la risa mientras cubría su boca con su mano. No la había visto sonreír tanto o reír tan fuerte desde antes de que su padre muriera. Bill no se había dado cuenta de que Tom pudiese ser tan gracioso, tan encantador, tan… tan perfecto. Quería inclinarse por la mesa y besarlo hasta dejarlo inconsciente, pero se abstuvo y en vez de eso, se conformó con enredar uno de sus pies alrededor del tobillo de Tom, debajo de la mesa.

Tom le guiñó un ojo a su novio y levantó su copa de vino, tomando un trago antes de volver a ponerlo sobre la mesa. Sus dedos encontraron la rodilla de Bill y le dieron un apretón, debajo de la superficie de la mesa; era una felicitación por una cena exitosa, y una promesa para después. Habían superado exitosamente la cena por la que Bill había estado tan preocupado, y Bill estaba seguro de que habría un premio de felicitación para ambos después.

—¿Sabes? Bill es bastante torpe y propenso a los accidentes —ofreció su madre cuando su risa se calmó, y los ojos de Bill brillaron mientras Tom dejaba de verlo para mirar hacia el otro lado de la mesa.

—Oh, lo sé —concordó, con seriedad—. Definitivamente tengo una gran responsabilidad.

Bill separó su pie del de Tom y lo pateó en la espinilla en forma de refutación, aunque nada pudo quitarle la sonrisa que se había apoderado de todo su rostro. Tom había tenido razón… no había habido necesidad para preocuparse. La cena fue perfecta; Tom era perfecto.

—No estoy tan mal —protestó.

Su mamá y Tom se rieron al mismo tiempo, obviamente no estaban de acuerdo con eso.

—Bueno, está bien —concedió, tomando su plato y luego el de Tom—. Limpiaré la mesa.

—Yo te ayudo —Tom se ofreció de inmediato, tomando el plato vacío de la mamá de Bill y levantándose para dirigirse hacia el lavabo.

—Mientas terminan con eso, iré por el álbum de fotos.

Rápidamente, Bill se dio vuelta con indignación escrita en sus ojos.

¡Mamá!—se quejó, horrorizado—. Pensé que lo decías de broma.

—Por favor —ella resopló, con una sonrisa en sus rasgos maternales —. Tengo el presentimiento de que esta podría ser la última oportunidad que tengo para avergonzarte cuando me traes a alguien para presentármelo por primera vez.

Tom empujó la cadera de Bill con la suya, casualmente, y Bill no pudo evitar que su ceño fruncido se convirtiera en una sonrisa. Cuando su madre lo ponía de esa forma, no parecía tan malo.

Continuará…

^^ ¡Ahhh! Sólo un capítulo más y terminamos. :’D

No me canso de agradecerles sus lecturas. <3 ¡Linda semana!

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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