

Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace
33. Cambios estables
Pánico y disconformidad se establecieron en los huesos de Bill después de la rápida y específica visita de Gustav, quien era, aparentemente, su nuevo ángel guardián. No es que a Bill no le agradase Gustav, o que lo considerara incapaz de hacer su deber. De hecho, en el poco tiempo que Gustav había pasado con él, presentándose y dejando que Bill se acostumbrara al hecho de que estaría rondando por su vida de forma discreta, Bill había decidido que Gustav era un chico bastante decente.
Pero no era Tom, y nadie nunca sería Tom.
El hecho de que Gustav hubiese llegado a su vida, ponía un último clavo en el ataúd de esperanza de que Tom reapareciera y que pudieran volver a su normal relación poco convencional y extraña. Si Gustav era su nuevo ángel guardián, entonces eso significaba que Tom ya no era su ángel guardián. Ahora era seguro, completamente, que había sido transferido, y aunque le había prometido a Bill que encontraría una forma de volver, tampoco había prometido que sería pronto.
¿Cuánto tiempo tendría que sobrevivir Bill sin él?
Poco después de una semana de que Tom hubiese dejado a Bill, diciéndole que regresaría tan pronto como podría, Bill se había dado por vencido y había parado de buscar al ángel en las esquinas y detrás de puertas cerradas. Incluso Charlie parecía haber aceptado la idea de que Tom se había ido definitivamente, y no había nada que pudieran hacer.
Bill se sentía culpable. Si hubiese sabido que algunas de las cosas que le pedía a Tom lo metían en problemas y que podría ser transferido, Bill hubiese intentado ser más comprensivo. Tal vez no hubiera hecho tantos berrinches, tal vez se hubiera enojado menos con Tom. Sentía que un buen trozo del tiempo de calidad que habían pasado juntos había sido desperdiciado, y lo había pasado discutiendo, estando molesto con el ángel y alejándolo.
¿Quién hubiera podido predecir en el principio, en todos esos momentos en los que Bill alejaba a Tom, a causa de su frustración, que algún día no querría nada más que traerlo de vuelta?
Bill se sintió sofocado y atormentado con sus propios pensamientos al intentar hacer sus deberes normales y mundanos. Casi no puso atención a lo que hacía mientras pagaba y daba propina al repartidor, con un montón de billetes que tenía en una lata de café vacía sobre el refrigerador. Al tener que quedarse más tarde en la oficina de improviso, su madre le había dicho que no intentara cocinar y que mejor ordenara algo. Bill había elegido comida china, pero el olor le hizo sentir nauseas tan pronto como cerró a puerta. Arrugó su nariz viendo a Charlie y con un suspiro dejó la comida en la cocina antes de subir por las escaleras, con las manos vacías.
Charlie ya sabía a dónde se dirigía y se apresuró a rebasarlo en las escaleras, subiendo dos escalones a la vez mientras Bill quedaba atrás, con su paso de caracol. Charlie lo miró y ladró antes de levantar una pata y rascar la puerta, impaciente.
—Ya voy, ya voy —le dijo Bill, abriendo la puerta y dejando que el perro entrara primero, en vez de ponerse en su camino arriesgándose a que lo tirara. No sería la primera vez que su llamado amigo chocara contra él en su prisa por corretear una ardilla o algo así. Bill tenía muchas cicatrices para comprobar que su torpeza no se mezclaba bien con el entusiasmo de su perro.
Cerró la puerta tras él, agradecido de dejar atrás el olor de la comida china que de repente no podía soportar ni sacarse de las narices, y luego levantó la vista, encontrando a Charlie sentando junto a su cama. Bill estaba seguro de estar soñando, pero su corazón golpeteando en su pecho resultaba doloroso, así que tal vez no. Tal vez necesitaba un pellizco para asegurarse de que estaba despierto y que en verdad estaba viendo lo que veía.
—¿Tom? —chilló, pellizcándose a sí mismo en el brazo, sólo para estar seguro, e hizo una mueca de dolor. Definitivamente se sentía real.
La sonrisa de Tom se amplió, y perezosamente lengüeteó el aro en su labio, de esa forma que Bill siempre había pensado que era tentadora e irresistible. Sus pulmones se inflaron y luego se resistieron a soltar el aire. No era imposible, y si esto se trataba de un truco de su mente, entonces era un juego muy cruel de parte de su subconsciente. Había dejado de buscar a Tom todos los días, y había empezado a adaptarse al hecho de que podría pasar mucho tiempo antes de volver a ver a su ángel… a su antiguo ángel, nuevamente, pero ahí estaba, luciendo tan real como Bill nunca lo había visto.
Cuando Tom le ofreció una mano, Bill ni siquiera sintió cuando sus propios pies o el resto de su cuerpo gravitaron hacia la oferta. Sus dedos se entrelazaron y Bill jadeó de sorpresa, igual que la primera vez que había sentido la calidez de la mano de su ángel sobre la suya. Era algo mágico y abrumador que casi hizo que Bill llorara de alivio.
—Pensé que te habías ido para siempre —dijo, conteniendo su montón de emociones mientras Tom lo atraía hacia su regazo. Acarició la parte trasera de su cabeza cuando Bill enterró su rostro en el cuello del ángel—. No sabía qué hacer.
Bill esnifó, y los sorprendió a ambos con un hipido.
—No sabía.
—Está bien —consoló Tom, pasando sus dedos sobre los valles y colinas de la espalda y el cuello de Bill—. Estoy aquí y no voy a ir a ningún lado.
—Estaba tan asustado, Tom —Bill sollozó, apretando sus brazos alrededor del cuello de Tom, y Tom se rió, no porque fuese algo gracioso, sino porque podía sentir el alivio de Bill encima del suyo y resultaba algo casi sofocante, pero de la mejor forma posible.
Para Tom, hubiera sido fácil rendirse en las primeras veces que había intentado volver a Bill, pero no había podido. Hubiera sido fácil dejar que los malestares tomaran control de él y su fuerza de voluntad. Pero Andi lo había animado a seguir intentando, a pensar en Bill y a no rendirse. Y cuando algunos de sus síntomas de enfermedad cesaron, aunque sólo un poco, Andi había sido el que le había dicho que lo intentara una vez más. Fue gracias a la insistencia de Andi que Tom estaba sentado en ese momento en la habitación de Bill, acariciando su cabello e intentando tranquilizar los miedos que estaban hundidos en los estómagos de ambos.
Con gentileza, Tom alejó a Bill de su cuello, y Bill se deslizó en el lugar junto a él, aunque su renuencia no le permitió dejar nada de espacio entre sus piernas.
Tom levantó una mano para secar las lágrimas que rodeaban los ojos de Bill y Bill se inclinó hacia su toque. Era tan irreal; como si estuviese enamorándose del ángel de nuevo. Como si fuera algo nuevo y todavía tenían una eternidad para pasar juntos.
—Tengo buenas noticias y malas noticias —dijo Tom, dudoso, y Bill le sonrió, prediciendo al menos la mitad de lo que iba a decir.
—Ya no eres mi ángel guardián —dijo entre una risa acuosa, y Tom entrecerró sus ojos juguetonamente.
—Claro, arruina toda la diversión —Bill resopló, pellizcando el brazo de Tom mientras el ángel lo envolvía alrededor de su cintura y lo acercaba imposiblemente más. La sonrisa de Tom se desvaneció y se convirtió en solemnidad mientras el pulso de Bill comenzaba a disminuir su rapidez después de que la sorpresa decreciera—. Pero en serio, hay… mucho que contarte.
—¿Cuáles son las malas noticias? —Bill quiso saber, sin estar seguro de qué tantas malas noticias podría soportar. Al tener a Tom con él, sólo quería buenas noticias.
—Bueno, no son completamente malas noticias —dijo Tom con una pequeña mueca de dolor en sus rasgos faciales. Por un momento, Bill olvidó la promesa de las buenas noticias y, con preocupación, levantó una mano hasta la cara de Tom, en un intento por alejar la mueca, acariciando su piel con las puntas de sus dedos—. Todo está revuelto.
Bill se movió y Tom hizo otra mueca, esta vez un poco más dolorosa, lo cual hizo que Bill se preocupara más. Entró en pánico y la única cosa que pudo pensar fue que Tom estaba dolorido y que él había sido el culpable. Quería, más que nada, que eso no fuese cierto.
—¿Qué tienes? —preguntó, palmeando la mejilla de Tom con ternura.
Tom sonrió ante su preocupación y negó con la cabeza. Se inclinó para darle un beso, tomando el labio superior de Bill entre los suyos. Sus bocas se unieron nuevamente y se sintió como el paraíso. Como un regreso agridulce. Bill mordisqueó la boca de Tom de forma hambrienta, raspando sus dientes sobre el piercing de metal que había llegado a amar tanto. Los brazos de Tom se envolvieron en su cintura y lo acercó más, hasta que estuvieron prácticamente uno encima del otro.
Encajaban de una forma tan perfecta que Bill no podía ni siquiera imaginar nunca volver a sentirse así. Incluso si Tom ya no era su ángel guardián, el ángel había cumplido su promesa y había vuelto a él. Tal vez, después de todo, sí tenían un futuro. Tal vez Bill podría conservarlo de esa forma que Tom estaba tan seguro que no podría ser posible.
Tom se recostó sobre la cama y Bill subió sobre él, colocando una pierna cuidadosamente entre los muslos de Tom, siendo ayudado en cada movimiento por un entusiasmo renovado. Sus bocas no se separaron ni por un segundo mientras se acomodaban. Bill respiraba agitadamente por su nariz contra la mejilla de Tom, y Tom se separó un poco para dejar salir una risa jadeante, pero Bill volvió al ataque de inmediato. Sus manos buscaron el fin de la camisa extra grande de Tom para poder pasar sus dedos sobre la piel firme del abdomen del ángel. La carga eléctrica que llegó acompañando a la sensación de la piel de Tom bajo la suya era todo lo que Bill anhelaba.
Amaba la forma en la que podía sentir cómo se movían y tensaban los músculos bajo su toque. La forma en la que el cuerpo de Tom respondía a sus toques hacía que Bill se sintiera confiado con sus acciones, y en su relación. Todavía era muy nuevo en todo esto, pero incluso sin tener que decir una palabra, Tom hacía sentir a Bill como si todo lo que hacía estaba perfectamente hecho… como el mismísimo Bill, era perfecto.
Bill alejó su boca de la de Tom y dejó que su rostro se cerniera sobre el de su ángel, su cabello los escondió a ambos detrás de una cortina negra y sus sonrisas se mantuvieron en secreto del resto del mundo.
—Te extrañé —murmuró sobre los labios de Tom, y Tom sonrió contra los suyos, pero nunca se presionaron para continuar besándose. Sus ojos mantuvieron conectados mientras la mano de Bill recorría vagamente el cuerpo de Tom, feliz de estar juntos de nuevo. Cuando sus dedos tontearon sobre el botón de los pantalones de Tom, Tom hizo otra mueca de dolor y se irguió, haciendo a Bill a un lado con cuidado. Y Bill recordó que todavía había algo extraño en la forma en la que su novio estaba actuando.
—¿Qué pasa? —frunció el ceño cuando Tom se movió, obviamente incómodo.
—Nada de qué preocuparse —Tom le restó importancia, pero Bill achinó sus ojos y Tom suspiró, tallando su rostro con sus dedos, antes de admitir—: Es sólo que no me estoy sintiendo bien.
—¿Todavía? —preguntó Bill, su preocupación aumentó. Había pasado una semana desde el baile, y fue precisamente después del baile que Tom había comenzado a sentirse enfermo—. Pensé que ibas a conseguir algo de medicina.
Tom negó, siendo atrapado con una mentira que no quería tener que explicar.
—No es… —empezó, pero automáticamente repensó su respuesta cuando vio la oscuridad en los ojos de Bill, dejándole ver lo preocupado que estaba—. Eso es más o menos de lo que quería hablarte.
—Oh, dios —Bill inhaló rápidamente, su corazón palpitante se cayó hasta su estómago. Estaba seguro de que si envolvía su brazo alrededor de su estómago, podría sentir el palpitar—. ¿Qué está pasando? ¿Estás bien?
Tom se rió letárgicamente y se movió más arriba de la cama, tirando de la camisa de Bill para pedirle que se le uniera. Bill no dudó en gatear por el colchón y sentarse tan cerca de Tom como pudiera, sin sentarse sobre él. No quería lastimarlo, y ya había visto el malestar en su rostro. Estiraron sus piernas y Bill pasó un tobillo sobre el de Tom, sólo para sentir la conexión.
Tom pensó en la forma en la que GP le había dado las noticias, y pensó en hacer algo parecido. Entre su malestar y su desesperación por llegar con Bill, no había tenido tiempo para pensar en alguna alternativa.
—¿Crees en las almas gemelas?
—Sí, por supuesto —respondió Bill de inmediato, y Tom se abrumó con lo perfecto que Bill parecía, con lo encantador, inocente, maduro y perfecto que era—. ¿Por qué?
—Porque parece que tu alma y la mía se pertenecen.
Las cejas de Bill se levantaron de sorpresa, y sus ojos bien abiertos se fijaron a los de Tom.
—¿Somos almas gemelas? —Tom asintió y los ojos de Bill se ampliaron incluso más, hasta que Tom temió que si se seguían así podrían salirse de sus cuencas—. ¿En serio?
Tom estiró un brazo para picar el abdomen de Bill con un dedo.
—Sí. No luzcas tan sorprendido.
—Es que… es una locura que las almas gemelas en verdad existan. Que nosotros… tú y yo… o sea…
Mientras Bill estaba ocupado siendo lindo y altamente emocionable, Tom estaba vencido ante el cariño que le tenía al chico que estaba a su lado. Se inclinó por otro beso, pero su estómago se revolvió con nauseas cuando se movió, y se conformó con descansar su rostro en la curva entre el cuello y el hombro de Bill. Inhaló su aroma y Bill levantó una mano para rascar su cuero cabelludo en la parte trasera de su cabeza, debajo de las rastas que pesaban tanto como el repentino humor tan pesado.
—¿Por qué estás enfermo? —preguntó Bill después de unos minutos, y Tom levantó su cabeza. Sabía que había mucho que explicar.
—Estoy cambiando —empezó—. ¿Recuerdas que te dije que se suponía que no debía tener hambre, sueño o querer sexo… y luego empecé a necesitarlo todo?
Recordando cada momento, Bill asintió, con su labio atrapado entre sus dientes.
—Estoy pasando por una transformación y un cambio.
—¿Cambio de qué? —preguntó Bill, dudoso—. ¿Te estás convirtiendo en una persona viva?
—Tal vez —dijo Tom y le sonrió cuando sintió su mirada—. Hasta donde sé, hay tres posibilidades. Podría convertirme en una persona completamente viva y ser como tú.
Bill sonrió, aparentemente disfrutando esa idea y permaneciendo alegremente inconsciente del costo que tendría. Los recuerdos de ambos serían borrados.
—O podría convertirme en alguien que es mitad vivo y seguir siendo un ángel… pero sería capaz de sobrevivir y llevar una vida normal en tu mundo.
Bill también sonrió con esa opción, pero cayó de inmediato en cuanto recordó que había una tercera opción de la que Tom no estaba hablando.
—¿Y la tercera?
—No sé precisamente qué podría pasar —intentó Tom, tratando de evadirlo, pero Bill lo miró con determinación. Quería saber todas las opciones, y no las quería cubiertas con azúcar—. Si la transformación no sale bien, no seré un humano vivo y tampoco un ángel.
—¿Morirás?
Tom negó con su cabeza.
—No puedo morir si no estoy vivo. Supongo que sólo… ¿dejaré de existir?
—¿Y nunca podré verte de nuevo? —Tom pudo notar que Bill estaba intentando mantener su voz tranquila y libre del temblor que lo amenazaba por debajo de la superficie. Acunó la mandíbula de Bill entre sus manos y presionó sus labios firmemente en su frente.
—Somos almas gemelas —le recordó Tom, encontrando que las palabras fueron fáciles de decir y consoladoras como una manta de seguridad—. Nunca te abandonaré.
—¿Me lo prometes? —murmuró Bill y Tom se alejó, mirándolo fijamente para que Bill pudiera sentir su sinceridad.
—Te lo juro.
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Bill se volteó de costado y acarició el cuello de Tom con su nariz, inhalando la cálida y conocida fragancia de confort. Podía darse cuenta de que Tom estaba cansado y que no se sentía bien, pero se negaba a ir a ningún lado. Estaba pegado al lado de Bill y él, a pesar de estar preocupado, no podía quejarse. Al igual que Tom, no quería que éste se fuera. Pero las cosas eran complicadas, y Bill se preguntó si tal vez Tom estaría menos enfermo en su propio mundo durante la transformación.
Sin embargo, todavía estaba esa parte egoísta suya que quería esperar y no hablar de ello. Tom dejó escapar un suspiro al levantar una mano a la parte trasera de su cabeza y enredó sus dedos ligeramente entre su melena negra.
En los segundos que tomó esa simple acción, Bill suspiró contento y decidió darse a sí mismo unos minutos más con Tom antes de hacerle la sugerencia.
—Mi mamá quiere que te invite a cenar —dijo con suavidad en el silencio cómodo.
Sintió las vibraciones en la garganta de Tom antes de escuchar el sonido de concordancia.
—¿Eso es una invitación —preguntó Tom, volteando su rostro a un lado, sólo lo suficiente como para descansar su mentón en la cabeza de Bill.
Encajaron perfectamente, como dos piezas de un rompecabezas, y Tom comenzó a preguntarse si dos personas que no eran almas gemelas podrían encajar así. ¿Otras personas sentirían por siempre como si algo les faltara; que había un espacio que ninguno de ellos podría llenar, sin importar lo mucho que intentasen? La conexión que él tenía con Bill, a pesar de estar rodeada por complicaciones, había llegado sin esfuerzo alguno. Así es como supo que estaba destinado. Así es como supo que no había forma alguna de que no pudiera superar la transformación.
—Aún no —murmuró Bill y, con renuencia, se separó para mirar a su ángel a los ojos—. Primero quiero asegurarme de que lo vas a lograr.
—Lo voy… —empezó Tom abruptamente, pero se cortó a sí mismo con un gruñido. Se levantó débilmente mirando a Bill con más decisión de la que el chico hubiese visto en los ojos de alguien más. Retrocedió un poco cuando la mirada penetrante del ángel lo quemó—. Bill, voy a lograrlo. Sólo que no sé cuánto tiempo pueda llevar.
Sonaba tan seguro de sí mismo, tan confiado, pero Bill estaba un poco renuente a aceptarlo. Negó con su cabeza, a pesar del tono inflexible de Tom, y envolvió una mano alrededor de cuello de Tom, dejando que sus uñas rascaran la nuca—. No puedes prometerme eso. Tú mismo dijiste que…
—Bill—rogó Tom y luego rió suavemente—. Bill, bebé, no te vas a librar de mí tan fácilmente.
Bill sonrió de nuevo ante el uso de la palabra “bebé”, y se acurrucó cómodamente de nuevo junto al ángel.
—No estoy intentando librarme de ti, Tom —se defendió ya al estar resituado y mirando hacia el techo.
—Entonces invítame a cenar.
—Todavía no —dijo Bill, moviendo sus dedos casualmente sobre la tela que cubría el estómago de Tom—. Quiero tenerte sólo para mí un poco más.
—Qué injusto —se quejó el ángel, aunque hubo muy poca resistencia en su voz y Bill le sonrió inquisitivamente a su novio—. No quieres compartirme, ¿pero yo si debo compartirte a ti?
—No es mi culpa que te hayas metido en tantos problemas —bromeó Bill, picando el pecho de Tom con la punta de su uña—. Además, Gustav me agrada. Es un buen tipo.
—¿Gustav? —preguntó Tom, resistiendo un resoplido que no pasó desapercibido—. ¿Así se llama?
—Sé bueno —regañó Bill rápidamente. Sus cejas formaron un ceño fruncido, pero no podía considerarse molesto. No era la primera vez que veía el lado celoso de Tom, pero Bill pensaba que era bastante lindo, mientras no terminase golpeando a Gustav en la nariz—. Es de los que no soporta tonterías. Creo que te llevarías bien con él.
—Claro —Tom resopló—, porque me llevo bien con las personas así.
Bill tarareó juguetonamente, coincidiendo y luego volvió a acariciar su cuello con su nariz.
—De todas formas creo que te agradaría.
—Creo que tú me agradas más —murmuró Tom, volteando su cuello para enterrar su propia nariz en el cabello de Bill.
—Más te vale —Bill se rió mientras los dedos ágiles de Tom buscaban y encontraban la parte baja de su camisa y la parte superior de sus pantalones. La piel de esa área era sensible ante los dedos exploradores de Tom, y más que cosquillas, Bill sentía felicidad por tener a Tom de vuelta en su cama, tocándolo y haciendo que su corazón latiera con fuerza dentro de su pecho.
Almas gemelas, no pudo evitar repetírselo a sí mismo. Si Tom lograba pasar la transformación, podría tenerlo por siempre.
—Dan asco.
Bill sonrió contra la piel del cuello de Tom, sin siquiera tener que voltear su cabeza para saber que Gustav estaba detrás de él con un aspecto agrio en su rostro. Ni siquiera tenía la fuerza para sorprenderse o molestarse por la presencia del ángel. Tom, por el otro lado, se encontró a sí mismo frente a frente con el hombre que había tomado su lugar.
—¿Qué tal un poco de privacidad, Gustav? —preguntó Bill, pero gimoteó un poco cuando Tom se levantó sobre un codo, desconectándose del agarre que Bill tenía en él.
—¿Tú eres Gustav? —preguntó Tom antes de que el otro ángel pudiera responder a la petición poco seria de Bill.
—Lo soy. Y tú debes ser el infame Tom del que todos están hablando.
Eso captó la atención de Bill y, rápidamente, se sentó para ver de frente a su nuevo ángel.
—¿Infame? ¿En serio? —preguntó seriamente, sin ver el ceño fruncido que de inmediato se posó en el rostro de Tom—. ¿Pero qué dices?
Gustav se encogió de hombros, rodando la silla del escritorio de Bill y sentándose en ella al revés para poder apoyar sus brazos doblados sobre el respaldo.
—Sólo que él es el ángel que puede convertirse en humano porque encontró a su alma gemela o lo que sea.
Bill hizo un sonido arrullador ante la idea de que la gente hablase de Tom y de él en esa forma, pero Tom frunció el ceño detrás de él.
—No es algo glamoroso ni nada por el estilo —dijo—. Hemos pasado por muchas cosas para llegar a esto, y me siento de la mierda, y podría…
—Es sólo lo que la gente dice —Gustav cortó su discurso apresurado con un cauteloso movimiento de hombros—. Eres el ángel que tiene alma. Es algo nuevo.
—¿Y qué haces aquí de cualquier forma? —estalló Tom sintiendo una frustración irracional creciendo dentro de él, burbujeando hasta su boca y haciendo que todo filtro fuese inútil—. Bill está bien.
—Vine a presentarme —dijo Gustav con facilidad, levantándose de la silla y cruzando la habitación hasta llegar a la cama. Le ofreció una mano a Tom, pero Tom sólo la miró y apretó su agarre alrededor de la cintura de Bill. La mano de Gustav cayó a su costado y su voz tomó un tono más serio—. Ambos queremos lo mejor para Bill. Sólo creí que deberías saberlo.
Cuando Tom no dijo nada y el silencio se propagó sobre los tres, Bill codeó a Tom en las costillas como advertencia y la determinación de Tom se desmoronó.
—Bien —dijo de mala gana y estiró su brazo para el apretón de manos antes ofrecido. Cuando las manos de los ángeles se encontraron, Tom apretó más de lo necesario incluso en su estado enfermo y endureció sus ojos en advertencia—. Gusto en conocerte.
Continuará…
En el próximo capítulo: no hay genio en esta historia, pero tres deseos serán concedidos. ;D
<3 Y como siempre, MUCHAS GRACIAS por todos sus comentarios. :’) Me hacen feliz. ¿Y ven? Los estoy consintiendo. ^^
Sólo dos capítulos más…