
Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace
32. Aparentando
Bill se estaba dando cuenta de que aparentar era más difícil de lo que nunca lo hubiese pensado. Encontró que resultaba cansado intentar mantener una cara feliz todo el tiempo, particularmente con su madre, en especial cuando no había visto a Tom en tres días, y la idea de que probablemente nunca volvería se había establecido. Intentaba ser feliz con lo que tenía, intentaba recordar los buenos momentos que había pasado con Tom, pero era difícil. Aun quería quebrarse y llorar, al menos una vez cada hora.
Cuando su madre sugirió lo de la visita con la consejera, Bill había apretado los dientes y había hecho una rabieta. Cuando su madre le dijo que ya había hecho cita para él, había estado molesto. No quería hablar con nadie sobre nada, por miedo a decir algo que pudiera meterlo en problemas.
Pero había ido a hablar con ella, y algo en sus ojos le había hecho confiar en ella. Normalmente necesitaba mucho tiempo antes de bajar la guardia, pero la señora Thompson había sido increíblemente cortés y aparentemente confiable. Bill casi había sentido ganas de contárselo todo. Si tan solo pudiera tener la seguridad de que hablar sobre el, a-veces-visible, a-veces-tangible ángel guardián, no lo enviaría a un loquero para una evaluación mental.
—¿Sabes? realmente estaba empezando a pensar que tu novio no existía.
Bill levantó la vista de su pila de libros de su casillero para ver a Clara a su lado, con una bonita y cálida sonrisa.
Bill resopló, intentando ocultar la sorpresa con una ligera irritación ante el comentario.
—No serías la única —dijo, e internamente supo que con eso se refería a más que sólo el cuerpo estudiantil. Había habido una época en la que Bill se había encontrado a sí mismo pensando que Tom era sólo un fragmento de su imaginación.
Bill rebuscó en su casillero, intentando encontrar un lápiz extra que siempre tenía ahí para la clase de álgebra que tenía después del almuerzo. Después de una semana de haber vagado durante su hora de almuerzo, había vuelto a pasar su tiempo en la biblioteca, trabajando en sus tareas. Con Tom a su lado, ya había aceptado que sus amigos no eran realmente sus amigos y que estaba mejor sin ellos. Ahora, incluso sin Tom a su lado, Bill estaba decidido a mantener eso en mente. Estar solo y sin amigos no lo asustaba mucho una vez que se había dado cuenta lo que significaba tener un buen amigo.
—He estado intentando hablar contigo toda la semana —dijo Clara y la sinceridad en su voz hizo que Bill dejara de buscar su lápiz y que la mirara—. Quería disculparme por haber ido con Georg al baile.
Bill levantó sus hombros, repentinamente recordando lo mala que había sido esa noche antes de ponerse buena.
—Estoy seguro de que hubiera ido contigo o sin ti.
La boca de Clara se frunció y Bill suspiró, volviendo a buscar su lápiz. ¿Por qué Tom no había limpiado también su casillero?
—De todas formas no debí hacerlo —dijo Clara —. Debí tenerte más respeto, como tu amiga.
Bill detuvo sus movimientos, pero mantuvo su vista firme en el desastre de su casillero, en vez de mirar a la chica a su lado. Lo consideraba un amigo. No era inusual; Bill había estado pensando lo mismo, pero nada había parecido tan importante mientras Tom estaba con él. Ahora no podía quejarse de estar solo si tenía a Clara a su lado. Tal vez no podía confiar en ella tanto como confiaba en Tom, pero un aliado, era un aliado.
—Es que escuché que no irías al baile y supuse que no sería gran cosa.
Bill miró de reojo a la chica y se encogió de hombros, azotando la puerta de metal con frustración. Le quitaría el lápiz a alguien más si era necesario.
—No fue gran cosa.
—Lo fue para Tom.
Bill dio un paso hacia la biblioteca y encontró consuelo cuando Clara lo siguió.
—Sí —concordó, con una sonrisa en los labios al recordar la forma en la que Tom había saltado para defenderlo, y su puño había golpeado la nariz de Georg con un crujido satisfactorio—. Lamento que mi novio golpeara a tu cita en la nariz.
Su sonrisa creció, y Clara empezó a reír.
—Supongo que estamos a mano —dijo la chica y estiró un brazo—. ¿Tregua?
—Tregua —Bill aceptó y le dio la mano.
&
—Debo preguntar —empezó su madre con suavidad, al estar sentados a la mesa a la hora de la cena, la cual consistía en pizza de pepperoni extra con extra queso de la pizzería más cercana. Bill levantó la vista sobre el aro de su vaso de coca—. ¿Cómo te fue en tu reunión con la consejera el otro día?
Bill tragó su bebida rápidamente, provocando una reacción de ardor que empezó en su garganta y se movió a su nariz, haciendo que sus ojos se aguaran. Parpadeó un par de veces, aferrándose con firmeza a su comportamiento antes de responder.
—Bien —dijo, asegurándose de que su voz estuviese tranquila y nivelada mientras colocaba su vaso en la mesa, por encima de su plato. Se había esforzado mucho, especialmente después de la noche de baile, por actuar normal para que su madre no se preocupara tanto por él, y por hacer lo que Tom le había pedido. Ser más cuidadoso en caso de que algún día no estuviera ahí para protegerlo. Bill odiaba pensar que ese día había llegado, pero ya habían pasado varios días y no había señal de Tom. Después de la noche que habían compartido, no pensó que fuese equivocado creer que algo andaba mal.
Bill tomó un trozo de pizza y apretó la orilla con su dedo índice y su pulgar.
—Es agradable.
—Lo es, ¿verdad? —después de todo, se habían conocido desde hace años. Bill y Clara habían crecido en la misma escuela y por lo tanto sus padres se habían conocido por cuestiones académicas, y habían formado una amistosa relación. Sin embargo, con el pasar de los años, esa relación se había desvanecido tan rápido como lo había hecho la de Bill con Clara.
Bill mordió la punta de su pizza con sus dientes, limpiando su boca y masticándola casi toda antes de continuar.
—Me dijo que podía ir a hablar con ella cuando yo quisiera.
Con eso, Bill vio cómo el rostro de su madre se iluminaba, y se decidió a, al menos, intentar actuar normal por el resto de su vida, incluso si no se sentía así. Ver el contraste tan rápido en el estado de ánimo de su madre fue suficiente para recordarle a Bill que ambos eran un equipo. Ya habían perdido mucho; no podían perderse el uno al otro también.
—¿Y vas a hablar más con ella?
—Eso creo —respondió, y no era mentira. Ese sentimiento de comodidad y los principios de confianza que ya había empezado a sentir no se habían ido. Siempre que ella lo veía en los pasillos de la escuela, le sonreía y lo hacía sentir cómodo. Y tal vez no sería tan mala idea tener una opinión objetiva externa de vez en cuando. Después de todo, había pasado por mucho en muy poco tiempo.
Aparte de Tom, Bill había perdido a su padre, había dado su primer paso proverbial fuera del closet y casi había perdido la vida. Era suficiente para volver loca a una persona normal, y Bill nunca había sabido cómo ser normal.
—¿Qué hay sobre Tom? —Bill levantó la vista para ver que el rostro de su madre había vuelto a ponerse serio, y luego volvió a bajar la mirada a su plato, odiando la forma en la que sus emociones lo habían afectado a sí mismo. Cada vez que pensaba en Tom, sentía un apretón en el vientre, un anhelo por él—. ¿Has sabido algo de él?
Bill negó con su cabeza, quitándole un pedazo de pepperoni a su pizza y dándoselo a Charlie, que estaba a sus pies. Era un acto de consolación para el perro al igual que era una forma de distraerse de la conversación. Cuando levantó la mirada de nuevo, encontró que su madre seguía esperando una respuesta verbal.
—Todavía no —respondió—. Y no sé si eso vaya a pasar.
—Claro que sí —le aseguró su madre, y Bill deseó tanto poder creerle. Si ella supiera toda la historia, tal vez tendría una opinión diferente. Y luego lo reconsideró, si ella supiera toda la historia, probablemente él tendría una opinión diferente—. Sería un idiota si no vuelve a ti.
Bill se esforzó por mantener sus emociones bajo control al sonreírle a su plato. Tom había prometido que regresaría a él, de alguna forma.
—Tal vez lo es —murmuró, pero no lo decía en serio, y la risa de su madre aumentó la pequeña esperanza dentro de él.
—Lo conocí —dijo ella, en desacuerdo—. Y no lo es.
&
—Tal vez deberías ir a acostarte o algo así —sugirió Andi cuando Tom se tambaleó al salir del baño, apenas siendo capaz de juntar la fuerza para apagar la luz—. Realmente no te ves muy bien.
El ángel con rastas se abrazó a sí mismo contra la pared en busca de apoyo, y Andi se levantó del sofá para ayudarlo a mantenerse de pie. Enganchó un brazo de Tom alrededor de sus hombros y se presionó contra el costado del ángel más alto, para ayudarle a llegar a la sala.
—Tengo que —dijo Tom y luego se detuvo para tomar un respiro. Cada vez encontraba más y más difícil respirar; sentía que le faltaba el aire. Casi no podía moverse… menos respirar, y lo odiaba. Debajo del malestar, sentía una capa de miedo. Tenía mucho miedo de que esto fuera el fin, de que nunca volvería a Bill para decirle lo que estaba pasando, que nunca sería capaz de mantener su promesa de regresar a él algún día—. Tengo que ir con él.
—Tom, en serio —intentó Andi, ayudando a su amigo sin aliento a sentarse en el sofá. Se estiró por el vaso de agua que había estado bebiendo antes y lo puso en la mano de Tom, incitándolo a tomar unos tragos. Tom levantó el vaso a su boca, pero sólo dejó que el agua mojara sus labios.
—Me necesita —dijo mientras Andi se sentaba a un lado de su compañero. Pasó la palma de su mano por el rostro de Tom y lo encontró caliente, justo como lo había sospechado. Por más decidido que sabía que Tom estaba por superarlo todo y regresar con Bill, Andi también estaba preocupado. No había medicamentos para curarlo, no había remedio fácil para hacerlo sentir mejor en un día o dos. Ni siquiera había señales de que Tom lograría superar la transformación.
Andi bien podría perder a su amigo conforme cada minuto pasaba. E incluso, si Tom lograba superar la transformación sin daño alguno y se convertía completamente en un humano, como GP se lo había explicado a Tom, Andi seguiría perdiendo un amigo.
Después de todo el esfuerzo que Andi había puesto al intentar mantener a Tom fuera de problemas, todo se resumía a esto… alguna estúpida mezcla que tenía a Tom a pie del precipicio.
—No te necesita así —dijo Andi con suavidad, intentando hacer a Tom entrar en razón, incluso cuando estaba comenzando a creer que en el amor no había cabida para la razón—. Necesita que estés fuerte y saludable para que puedas estar con él por un largo tiempo.
Tom negó rápidamente y luego se jorobó, colocando un brazo sobre su estómago cuando éste dolió de forma desagradable.
—Puede que no sobreviva a esto…
—¡No digas eso! —interrumpió Andi, pero Tom no le puso atención.
—…y le prometí, prometí que… —Tom se detuvo y volvió a erguirse; miró a su compañero a los ojos. Si no podía encontrar las palabras, debía asegurarse de que sus ojos transmitieran la desesperación de su mensaje si su boca no podía—. Le dije que incluso si me transferían encontraría la forma para regresar.
Las cejas de Andi se juntaron.
—Tom, no hay forma de…
—Esperará por mí, Andi. Esperará por siempre.
—Tal vez no —intentó Andi, mordisqueando su labio inferior al mirar a su amigo que parecía estar hundido en un malestar agonizante—. Tal vez se dará cuenta de que…
—Lo conozco, esperará por siempre —dijo Tom, regresándole el vaso con agua antes de levantarse del sofá cuidadosamente. Su ola de nauseas parecía haber pasado por el momento. Todavía se sentía enfermo, débil, incapaz de moverse, pero ya no tanto. A veces era soportable—. Debo irme para pedirle que no me espere.
Andi no tuvo otra opción más que ceder. Tom era Tom, y cuando se trataba de Bill, Tom hacía lo que se le diera la gana, al demonio con toda razón y lógica. Envolvió sus dedos delgados en torno al vaso, observando cómo Tom cerraba sus ojos, preparándose para ir con Bill.
Por varios minutos, el apartamento permaneció en silencio, a excepción del suave sonido que hacía el reloj y el zumbido del refrigerador. Andi esperó, observando en silencio.
Cuando los ojos de Tom se abrieron, Andi pudo ver cómo el miedo se reflejaba en los irises color café, y su propio estómago cayó en picada.
—¿Qué pasa? —preguntó de inmediato, a pesar de que creía ya saber la respuesta—. Pensé que irías con Bill.
—No puedo —dijo Tom, y la alarma en su voz hizo juego con el horror en sus ojos—. No puedo sentirlo.
&
El único momento que Bill tenía para sí mismo era en la ducha, así que era el único momento en el que podía bajar su fachada de estar feliz o, al menos, bien. Era el momento en el que se dejaba a sí mismo sentir lo que sentía.
Con el agua caliente chocando contra sus músculos tensos, Bill se permitió llorar, más que sólo unas cuantas lágrimas, después de haberse dado cuenta por primera vez que tal vez Tom no volvería. Por mucho que amara a Tom y que Tom lo amara a él, y por mucho que quisiera creer que Tom haría lo imposible por volver a él, Bill no podía estar seguro. Lo había visto en los ojos de Tom; ni siquiera él estaba seguro.
Se permitió derramar lágrimas por Tom, por su padre, por las cosas que la gente decía de él en la escuela, por su accidente y por lo que había permitido que pasara con Georg. Se permitió sentir todo lo que había estado suprimiendo e intentado hacer a un lado. Pretender ser feliz todo el tiempo sólo había hecho que las cosas flotaran a la superficie y le había hecho darse cuenta de lo mucho por lo que había pasado y cómo lo hacía sentir. Si no tuviera que cargar con ese peso, podría volar lejos. Podría volar y encontrar a Tom y nunca tendrían que adherirse a ninguna regla.
Una risa estrangulada escapó de su garganta al pensar en volar, sus labios se retorcieron en una sonrisa maniaca. Tal vez no estaba bien. Tal vez en verdad estaba al borde de la cordura y necesitaba hablarlo con un consejero.
Cuando su cabello y cuerpo estuvieron limpios y sus ojos libres de lágrimas, Bill salió de la ducha y dejó que el vapor lo rodeara como una cálida manta. Se preguntó si podría encontrar a su habitación y encontrar a Tom holgazaneando en su cama, leyendo alguno de sus libros o haciendo dibujitos en sus libretas de la escuela, si cerraba sus ojos y rezaba lo suficiente. Supuso que no tenía caso, pero la esperanza persistía cada vez que pensaba en Tom.
Y todo le recordaba a Tom.
Se puso unos pantalones y una camisa vieja, y luego cruzó el pasillo hasta llegar a su habitación, dándose cuenta de que la luz de la habitación de su madre estaba apagada al no ver nada debajo de la rendija de su puerta. Se encontraba tan tenso a sí mismo cada vez que se movía de una habitación a la otra, preguntándose en cada ocasión si al abrir la puerta encontraría a Tom ahí. Como siempre, Charlie esperaba por él junto al marco de su puerta y Bill se agachó un poco para acariciarlo por un momento, susurrando una rápida confirmación de que todo estaría bien, más para sí mismo que para el perro, incluso si Tom no estaba detrás de la puerta.
Pero cuando abrió su habitación y vio que Tom en verdad no estaba ahí, apenas pudo soportar la idea de mantenerse de pie. Bill le ordenó a Charlie que se quedara ahí, mientras sacaba sus zapatos de debajo de su cama, y luego salió de la casa, igual de callado que un ratón, rogando que su madre en verdad estuviese dormida.
Logró salir y darle vuelta a la casa para llegar a un árbol que había trepado mil veces cuando era pequeño. Sus ramas eran gruesas y perfectas para trepar, y llegaban al techo de la casa. Bill no dudo en subir, necesitando sentir la soledad. Irracionalmente, pensó que de alguna forma, eso lo acercaba a Tom.
La brisa era más fuerte de lo que era abajo, y Bill encontró consuelo cuando el aire enfrió su piel, que todavía estaba tibia por la ducha caliente que había disfrutado. Encontró un lugar en la orilla del techo, desde donde podía mirar hacia abajo y ver el patio trasero, y con la misma facilidad, podía ver las estrellas en el cielo despejado. Entre las estrellas, la luna se cernía grande y brillante, y Bill se preguntó si Tom podía verla también.
Con el viento en su cara, la sensación lo golpeó de nuevo. Si podía volar, podría volar lejos de todo. Podría encontrar a Tom y traerlo de vuelta, o quedarse en donde estaba y ser feliz nuevamente. Si pudiera volar, completaría la libertad de ir y venir como quisiera, sin tener que poner una cara feliz para las personas a su alrededor.
Bill miró más allá de los dedos de sus pies que colgaban ligeramente por el borde de la casa, hacia el suelo. Una caída podría doler, si no lograba volar, pero probablemente no sería lo suficiente como para matarlo. Y el impulso que sintió, la urgencia de necesidad que lo atravesó al pensar en lograr sentir a Tom, sólo una vez más (aunque fuera irracional, pues sabía que una vez nunca podría ser suficiente) lo hizo considerar seriamente pasar por alto las consecuencias.
Su trasero se acercó más a la orilla, y sus ojos miraron hacia el suelo y luego de vuelta al cielo y la luna que parecía estar incitándolo a hacerlo. Incitándolo a saltar. Sus rodillas prácticamente estaban debajo de su mentón cuando se detuvo. Podía hacerlo; el viento que lo golpeaba en el rostro era suficiente recordatorio de que todavía estaba vivo, que Tom estaba ahí afuera en algún lugar, que nada se sentía tan bien como cuando estaban juntos.
—Ni siquiera lo pienses.
La cabeza de Bill dio un latigazo hacia un lado ante la nueva voz en el techo. Repentinamente, junto él apareció un chico sentado, un chico que no era Tom. El chico era más regordete y bajo. Usaba unos lentes y tenía cabello corto y rubio, usaba una camisa de alguna banda que hacían juego con unos shorts color caqui y unas zapatillas sucias con unos cordones que no hacían juego con nada de lo que usaba. No era Tom, y nada en el chico le hubiera recordado a Tom, pero todo le recordaba a Tom y no pudo evitar hacer la comparación instantánea.
—¿Quién eres? —peguntó Bill, y el chico dejó caer sus piernas por la orilla, dejándolas colgar por un lado de la casa.
—Me llamo Gustav —contestó con confianza, mirando el área del patio trasero mientras le echaba un vistazo a Bill al mismo tiempo —. Soy tu nuevo AG.
—¿AG? —preguntó Bill, una estaca de miedo se clavó en su estómago.
Entonces, Gustav lo miró directamente, una diversión obvia se hizo presente en sus rasgos.
—¿Ángel Guardián? —Bill se le quedó viendo a Gustav, mientras intentaba digerir la información—. ¿Protector? No te hagas el tonto, sé que has oído hablar de nosotros.
Bill negó con su cabeza y relamió sus labios, sintiendo cómo el viento los secaba instantáneamente.
—¿En dónde está Tom?
Gustav se encogió de hombros sin saber la respuesta, pero sin dejar de ser amable.
—No es mi trabajo seguirle el rastro.
El viento sopló fuerte y con un último pensamiento por intentar volar, Bill bajó la vista al suelo debajo de él. Se encontró a sí mismo decepcionado de que ese impulso ya se hubiese pasado.
Tom se había ido definitivamente.
Continuará…
Ya era hora de que Gustav apareciera, ¿no creen? Apuesto a que nadie había prestado atención a ese detalle. ;D
Y en el próximo capítulo: Gustav llegó para quedarse. Aunque a Tom no le guste la idea. u_u
El fin está cada vez más cerca. Un capítulo más y termino de traducir la historia. ¡Por fin! Muchísimas gracias a todos por sus comentarios. <3