
Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace
31. A lo que todo se reduce
—Tom, llegas tarde —dijo Celia desde atrás del escritorio en el que regularmente estaba sentada, mientras Tom cruzaba la habitación rápidamente. Nunca había estado tan feliz y esperanzado al ir a la oficina de GP como ahora, y debía agradecérselo a la mujer que estaba frente a él.
—Lo siento —se disculpó, preguntándose cómo funcionaba lo del viaje en el tiempo, si ella ya lo había visto en la escuela—. Primero debía ver a alguien.
Celia frunció el ceño y Tom se dio cuenta de que no sabía. Aunque en realidad no importaba, porque se le había dado el regalo de la esperanza. Una esperanza tan grande que estaba seguro de estar brillando en ese momento.
—¿A Bill? —preguntó la mujer y Tom s dio cuenta de que ni siquiera había ido con él entre su ida a la oficina de la consejera y la oficina de GP. La duda que había estado envolviéndolo desde el principio de su relación ya no existía, y por un momento, Tom esperó que ese cambio no lo dejara mal.
—No —Tom le sonrió y Celia también lo hizo, obviamente extrañada por su emoción. Tom levantó su mentón en dirección a la oficina de GP y levantó sus cejas—. ¿Está listo para recibirme?
La incertidumbre se hizo presente en los rasgos de la mujer, pero seguía luciendo tan optimista que Tom no pudo evitar sentir el fuego de la esperanza crecer incluso más dentro de su estómago. Había una fisura; la había encontrado y estaba aferrándose a ella con todo lo que tenía. Celia levantó su teléfono y habló en voz baja con el hombre del otro lado de la línea antes de levantar la mirada y asentir una vez.
—Puedes pasar.
—Deséame suerte —dijo él, al igual como lo había pedido hace tiempo, pero esta vez se sentía con la confianza suficiente como para creer que no la necesitaba. Ella había dicho algo parecido la última vez. Sin embargo, esta vez fue algo distinto.
—Buena suerte —llamó la mujer desde atrás, y él fue traído de vuelta a la realidad en el corto tiempo que le tomó darle vuelta a la perilla y digerir esas palabras. La cosa se reducía a que aún no se había despedido apropiadamente de Bill.
Una vez dentro de la oficina, la puerta se cerró detrás de Tom, y el joven ángel se encontró a sí mismo mirando al hombre cuya espalda estaba tensa, y cuyos movimientos eran rígidos mientras escribía en su libreta de notas amarilla. Su caligrafía se notaba fuerte y las palabras se presionaban profundamente en el papel, y así Tom supo que estaba molesto. Estaba seguro de que el hombre tenía una lista completa de razones para estar enojado, y el baldazo de realidad que había recibido hace segundos, volvió y lo golpeó en el rostro.
Esto era algo serio; las cosas nunca eran certeras.
—Señor —empezó Tom, dudoso. Tronó un nudillo en su mano izquierda, pero inmediatamente lo pensó dos veces cuando el sonido resonó audiblemente en toda la habitación. El hombre detrás del escritorio bajó su lapicero y levantó la vista—. Lamento llegar tarde. Tenía… tenía que…
—Fuiste a ver a Bill —dijo el hombre, haciendo un ademan con su mano para que Tom se sentara en una de las sillas frente a él. Tom agradeció la oferta, sin estar seguro de cuánto más podrían aguantar su peso sus piernas.
—No… no… es decir… —Tom tartamudeó al cruzar el espacio y tomar asiento, su espalda estaba tan rígida como la mismísima silla.
—No es como que puedo culparte —ofreció GP con un suspiro casual, y Tom inhaló, expandiendo sus pulmones casi hasta que le dolió—. Sé cómo te sientes con él.
—Lo amo —admitió de inmediato, y aunque sus nervios zumbaron con la tensión al decir esas palabras en voz alta a la persona que sabía que no lo apreciaba, también sintió un millón de kilos de alivio escapar de su cuerpo, porque ya lo había dicho, y no importaba si el Gran Poder lo aprobaba; las cosas no cambiarían.
Tom estaba enamorado de Bill.
—Sí, bueno —empezó GP, aclarando su garganta. Bajó la vista a la libreta en la que había estado escribiendo—. Ciertamente has roto muchas reglas a su favor, ¿no?
—Yo… —Tom empezó a negarlo, pero los ojos del otro hombre se levantaron rápidamente, y supo que no tenía caso intentarlo. Era un hombre sentenciado, de pie frente al juez. Lo único que podía hacer era cerrar sus ojos y rogar clemencia—. Sí, lo hice.
—Sólo déjame recordarte algunas de ellas —empezó GP y Tom se tensó, repasando su propia lista en su mente—. Interactuaste con varios miembros de los vivos y te materializaste frente a muchos más; atacaste físicamente a uno de ellos, y por supuesto, el serio caso de conducta sexual.
—Por nombrar sólo algunos —Tom se rió nerviosamente, intentando cortar la tensión.
—Sí —concordó GP, no con la misma diversión, pero Tom pudo jurar que había visto algo suavizándose en la severa mirada que recibía de él—. Por nombrar sólo algunos.
—Lo sé —admitió Tom, y la habitación quedó en silencio, como si GP estuviese esperando a que dijera algo más, que elaborara eso o que empezara una lista completa de excusas, más larga que su lista de cosas mal hechas. Sin embargo, la boca de Tom se secó, y su mente quedó en blanco. Al estar frente a frente con las consecuencias, por más difícil que fuera admitirlo, supo que lo que fuese que estuviera a punto de pasar recaería sobre sus hombros; sería únicamente su culpa.
—¿Tienes algo que decir a tu favor? —le preguntó el hombre a Tom, pero lo que Tom escuchó fue:¿Cuáles son tus últimas palabras?
Inhaló violenta y repentinamente, y negó con la cabeza, sus dedos se apretaron alrededor de los brazos de la silla de madera.
—Lo amo —fue todo lo que pudo decir. Era lo único que funcionaba en su mente, lo que estaba en la cima de sus pensamientos. Era la verdad de todas las verdades.
GP le dio un tiempo sustancial para continuar, pero cuando Tom no dijo nada más, enlazó sus manos sobre el escritorio y Tom se preparó para lo peor, encuadrando sus hombros y endureciendo su mirada.
—¿Cómo te has sentido esta mañana?
—Eh… —respondió Tom, tomado desprevenido, y luego aclaró su garganta. La verdad era que sus dolores de estómago habían cesado, pero supuso que era sólo porque había estado muy distraído como para notarlos. No había tenido mucho en mente desde que había entrado a la oficina de la consejera de Bill, Celia—. De hecho me he estado sintiendo un poco enfermo.
Lo admitió, y se encontró a sí mismo de vuelta en ceros, preguntándose si eso era algún tipo de castigo.
—¿Y qué me dices de otras sensaciones dolorosas? ¿Dolores de cabeza, tal vez?
—Dolores de cabeza —repitió Tom con un asentimiento, recordando un número de veces en las que había sentido un dolor detrás de sus ojos. Siempre le había echado la culpa al estrés y a la tensión y había encontrado la forma de ignorarlo—. De hecho los he estado sintiendo bastante.
El hombre del otro lado del escritorio asintió, comprensivo.
—¿Y qué hay con las ansias que me habías mencionado? Comer y dormir… ¿todavía tienes problema con eso?
Tom pestañeó y sus ojos ardieron con el recuerdo.
—Sí —asintió, mordiendo el aro de su labio—. No he dormido en tres días y… estoy agotado.
—Lo supuse —admitió el hombre y Tom se irguió en la silla. Una vez que su cerebro había sido recordado de lo cansado que estaba, era difícil olvidarlo—. Lo que estás experimentando es algo muy raro, algo que sólo sucede una vez cada mil años, más o menos.
El estómago de Tom dio un vuelco, y sintió pánico. En verdad algo malo pasaba con él.
—¿Qué…
—Me temo que ha ocurrido una mezcla —admitió el hombre canoso, el aspecto en su rostro era más suave de lo que nunca había visto, y pensó que eso debía ser confortante, pero no lo era. Tan claro como la noche y el día, su cuerpo completo había cambiado, y Tom se encontró a sí mismo más preocupado que consolado.
Los ojos del hombre voltearon hacia una repisa del otro lado de la habitación a la que Tom no le había prestado atención, era idéntica a la que tenía en su apartamento, y vio un teléfono rotatorio de color negro que yacía entre varios libros bien acomodados y algunos adornos. Tom le echó un buen vistazo al teléfono y luego sus ojos volvieron a los ojos dudosos de GP. Por un momento, se preguntó si había incluso algo más escondido. ¿A quién se reportaba su jefe? ¿La mezcla era responsabilidad de GP o de algo más? ¿Acaso importaba? Supuso que no, si de cualquier forma no volvería a estar con Bill.
—¿Crees en las almas gemelas, Tomas? —preguntó el hombre y los ojos de Tom volvieron a enfocarse de inmediato.
Aunque nunca lo había pensado, la respuesta inmediata de Tom fue la de asentir. Si existían, eso es lo que Bill era para él. Ni siquiera lo pensó dos veces. GP sonrió, como si siguiera los pensamientos del joven ángel.
—Sí, tienes razón —dijo, interrumpiendo sus pensamientos—. Existen… pero no para nosotros, sino para los que están vivos.
Tom se sintió indignado por la implicación. Considerar almas gemelas a alguien que no fueran Bill y él no le sentó bien en el estómago. De hecho, su estómago se quejó ferozmente.
—Pero…
—Como dije, ha habido una mezcla. Ahora, ten en mente cuando te lo diga, que esto es más complicado de lo que parece.
Tom asintió, apretando sus labios e intentando mantener su compostura. Todo estaba al límite y estaba a punto de perderlo.
—Para cada alma viva, existe otra que le pertenece. La mezcla de la que te hablo, está en que el alma de Bill hizo juego con la tuya.
—Tengo…
GP levantó su mano para detenerlo antes de que pudiera continuar y Tom cerró su boca de nuevo, mordiendo su labio inferior para mantenerse ocupado mientras digería toda la información nueva.
—Lo que estás experimentando con las necesidades de los vivos, y ahora, el malestar que sientes, es parte de un proceso de transformación —el hombre frunció el ceño, pensando, y Tom se preocupó un poco más, intentando tener en mente que las cosas eran más complicadas de lo que parecían. De por sí, las cosas ya eran complicadas—. Todo está fuera de mis manos, Tom.
—¿Qué va a pasar?
—El proceso de transformación es muy complejo y potencialmente peligroso —dijo el hombre; sus cejas se fruncieron y su frente se arrugó—. Si tú… bueno, si logras superar el proceso, está la posibilidad de que te conviertas en una persona viva, o en alguien mitad vivo.
Los ojos de Tom se cerraron, intentando ignorar la bandera roja que acababa de presentarse frente a su rostro.
—Lo cual significa que…
—Bueno, si eres mitad vivo, entonces seguirás siendo un ángel, pero podrás llevar una vida normal como una persona normal —explicó GP, y Tom se sintió inmediatamente consolado al saber que era posible. Después de su conversación con Celia, Tom había pensado que todo era posible. Una pequeña plática con GP había opacado su esperanza, pero ahora la flama comenzaba a brillar de nuevo.
—Como Celia —adivinó Tom, y si la ligera profundización en los ojos del hombre era una pista, se dio cuenta de que lo había tomado desprevenido; de cualquier forma, asintió.
—Tus tareas cambian, obviamente, pero seguirías siendo parte de nuestro mundo. Pero si te conviertes en una persona completamente viva, el proceso tarda más. Todos tus recuerdos serán borrados y te integrarás a la vida como uno de ellos y nada más.
La idea hizo que Tom entrara en pánico. ¿Cómo que sus recuerdos se borrarían? Tenía mucho a qué aferrarse.
—¿Y qué hay de Bill? No puedo simplemente olvidarlo.
—Tom, son almas gemelas —le recordó GP, pero eso no lo tranquilizó mucho—. Ya sea que recuerdes este tiempo con él o no, lo vas a encontrar. Es el destino.
—Y… ¿qué pasa si no logro superar el proceso? ¿Entonces qué le pasa a él? —el hombre frente a él frunció el ceño, y fue como un golpe en el estómago. Por mucho que no le gustara que el alma de Bill se juntara con otra, tampoco le gustaba pensar que estaría solo por el resto de su vida—. ¿Se le otorga otra alma gemela?
—Así no funcionan las almas gemelas —le recordó, y mordió su labio para evitar decir algo que pudiera lamentar. GP todavía tenía todo su poder sobre él, ¿o no? —. Ya te saqué del caso de Bill.
—¡No!—gritó Tom, frustrado, y sintió una puñalada enterrándose en su estómago; su nausea se hizo casi insoportable en cuestión de segundos. Necesitaba ir con Bill; debía informarle todo esto. No podía ser abandonado en ese momento; debía buscarlo. ¿Qué tal si no podía lograrlo antes de que la transformación fallara? —. No puede…
—Tom, en estos momentos no estás en condiciones de cuidarlo, y Bill sigue siendo un caso de alto riesgo —el ángel abrió la boca para continuar, pero GP lo silenció—. Recuerda que son almas gemelas. Encontrarás una forma de volver a él.
—¿Y sino puedo? —preguntó Tom, su voz se elevó a algo más que racional. Al borde del llanto, Tom quiso golpear algo, o lanzar algo, o desfigurar algo. Vagamente al tanto de que sus miedos ya estaban sobre la mesa, Tom cerró sus ojos e intentó concentrarse en lo que se le había dicho. Sabía que era importante. Todo lo que tenía con Bill dependía de esta información, sin importar lo difícil que fuera escucharlo.
—Te saqué del caso ayer por la noche, y esta mañana pudiste encontrarlo, ¿no es así? —Tom volvió a abrir sus ojos y boqueó varias veces, intentando encontrar su voz, pero toda la información nueva y sus sentimientos seguían igual de abrumadores—. Se le ha asignado un nuevo guardián. Ahora mismo, tu única responsabilidad es cuidarte a ti mismo durante este proceso.
—¿Y qué pasa si no logro pasar por todo el proceso? —preguntó Tom, una última pregunta seguía en su mente, pero el aspecto en los ojos de GP le dijo que él no tenía la respuesta que estaba buscando.
—No pienses así —lo consoló el hombre—. Eres un ángel con mucha fuerza de voluntad. Creo que todo resultará para bien.
De alguna forma, escucharlo de la boca de GP no calmó sus miedos.
No esperó a que el Gran Poder le dijera que era todo, como siempre lo hacía. En vez de eso, Tom tomó iniciativa propia y se levantó sobre sus piernas gelatinosas para salir de la habitación. Su estómago estaba revuelto, y Tom ya no podía diferenciar si se trataba del malestar que sentía a causa de la transformación o por el miedo de nunca volver a ver a Bill.
—Tom —llamó GP desde atrás de su escritorio. Tom volteó el cuello para ver qué era lo que el hombre quería y su mano se detuvo en la perilla; GP le sonrió—. Lamento si fui injusto en algún momento.
Aunque Tom quería decirle que no había problema, no pudo encontrar su voz. El hombre tomó una pila de papeles que estaba frente a él y los acomodó contra la suave superficie del escritorio.
—No tenía idea de la situación, ni de que estaba tan fuera de tu alcance así como del mío.
—Gracias —murmuró Tom con un pequeño asentimiento, un brazo se envolvió alrededor de su estómago cuando sintió otra oleada de nauseas amenazándolo.
—Cuídate. Me mantendré en contacto durante el proceso, y no dudes en decirme si necesitas algo, ¿está bien?
Tom asintió, sin saber lo que podría necesitar del hombre, pero agradecido por la oferta. Las cosas seguían flotando tan arriba por los cielos que estaba inseguro respecto a todo menos una cosa.
Era el alma gemela de Bill, y se rehusaba a decepcionarlo.
Continuará…
4 capítulos más… ¿podrá Tom superar la trasformación? :s
Gracias por todos sus comentarios. <3 ¡Saludos!