Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace

30. Diez minutos

Después de haber colgado el teléfono y recibir la simple indicación de estar en la oficina de GP en diez minutos, la piel de Tom había quedado erizada y su mente había quedado dando vueltas, considerando todas sus opciones y todas las posibles consecuencias. Antes de pasar la noche con Bill, había estado seguro de que sería capaz de lidiar con todas ellas, fuera lo que fuera. Imaginó que pasar una noche con Bill sería mejor que ser transferido y sin haber pasado una noche con él.

Sin embargo, Tom entró en pánico y se sintió con náuseas al estar de pie frente al precipicio de ser separados por siempre. Había probado cómo sería tener una vida normal con Bill, lo bueno que se sentía quedarse dormido a su lado en la noche y despertar junto a él por la mañana. Aun podía sentir cómo se sentía estar dentro de él, cómo se sentía escuchar su nombre, escapando de los labios de Bill durante el momento de pasión, cariño y perfecta confianza.

Tom no podía simplemente olvidar lo que había compartido con su novio, ni esa noche ni las anteriores a esa, y tan solo pensar que nunca podría sentir eso de nuevo, y que nunca podría decirle adiós a Bill de la forma adecuada, hizo que su estómago se apretara más e hizo que sus ojos se achicaran.

—No lo hagas, Tom —susurró Andi en tono bajito y de advertencia, tan perceptivo a la forma en la que la mente de su compañero funcionaba. Era como si pudiera ver en sus ojos la forma en la que sus engranes trabajaban sus ideas aterradas de último minuto—. ¿Qué te dijo GP?

Tom tragó saliva.

—Diez minutos.

—Entonces deberías irte —dijo Andi. Se levantó y envolvió sus dedos en los hombros de Tom, emparejando sus miradas—. No empeores las cosas. Piensa en Bill.

Frustrado, Tom se alejó a sí mismo del agarre de Andi.

Estoy pensando en Bill —contestó; sus palabras fueron tan intensas como sus ojos cafés en llamas. Por supuesto que estaba pensando en Bill; Bill era en lo único en lo que podía pensar. Diez minutos eran tiempo suficiente para llegar de su casa a la oficina, y ambos, Tom y GP lo sabían. Sin embargo, el remordimiento se revolvía en su estómago, junto con el miedo, la aprensión y algo indefinible que era lo suficientemente fuerte para noquearlo si bajaba la guardia—. No pude decirle adiós.

—Tom, estuviste con él por dos días.

El chico enrastado negó con la cabeza; su buena consciencia ya se estaba derrumbando.

—Sólo uno —dijo, y aunque había sido el día más increíble en su no-vida, seguía sin ser suficiente. Había sido un cobarde; no podía hacerle eso a Bill. Tan rápido como había llegado, Tom se dio vuelta para irse, y para Andi fue obvio a dónde se dirigía, pero no dijo nada.

En la puerta, Tom se dio vuelta para mirar a su amigo, agradecido de que ya no lo molestara. Se tragó sus miedos y lamió el aro de su labio.

—No sabes cómo se siente —dijo, y Andi negó con su cabeza, en concordancia.

No sabía cómo se sentía.

&

Tom no tenía planeado qué hacer o qué decir cuando llegó al mundo de Bill, en vez de ir a la oficina del Gran Poder. Lo único que sabía era que necesitaba una despedida apropiada, si eso era lo único que quedaba. Ta vez podría aceptar la oferta de Bill; quedarse para siempre y ver a dónde los llevaba eso. Estaba seguro de que Bill haría todo lo que estuviese en su poder para mantenerlo a salvo y cómodo, y tal vez podría convencer a Andi de estar de su lado, también. El aspecto en su amigo ángel antes de cerrar la puerta, había sido prometedor en los sentidos de ser un buen amigo y un aliado.

Sin tener concepto de qué hora era, Tom se encontró a sí mismo en la escuela de Bill, sorprendido. Y cayó en cuenta de inmediato. Bill estaba sentado en una oficina nada agradable en frente de un rostro muy familiar; su pierna se movía agitadamente junto a su mochila que estaba a sus pies.

—Tu madre dijo que todavía estabas teniendo algunos problemas con lo de tu accidente —dijo la dulce voz conocida. Tom se sentó junto a él, manteniendo su presencia oculta para no causarle más problemas a Bill de los que ya le había causado.

Tom miró cómo el chico a su lado se mordía nerviosamente su labio. Era obvio que no quería estar sentado ahí, hablando de eso. Tom podía comprenderlo, él mismo estaba evitando una reunión muy importante, parecida a esta. Sin embargo, su corazón se apretó más cuando vio las lágrimas no derramadas de Bill en sus ojos, a sabiendas de que él era la causa.

¿Cómo podría vivir consigo mismo, sin poder volver a Bill, sabiendo el tormento por el que tendría que pasar?

Cuando Bill no respondió a la pregunta, la consejera volvió a hablar y sus palabras fueron suaves y pacientes.

—Bill, sé que últimamente has experimentado cambios drásticos en tu vida. Es natural sentirse roto y asustado.

Bill negó con su cabeza.

—No es algo que cualquiera pueda entender —dijo, su voz se acercó a la histeria.

—Creo que entendería más de lo que piensas —dijo la mujer para consolarlo, y Tom se tomó un minuto para dejar de ver a Bill y mirarla a ella. Quería reírse, quería mostrarse a sí mismo, quería atraer a Bill a sus brazos y prometerle que todo estaría bien, pero se mantuvo quieto y en silencio, presenciando cómo se desarrollaba la conversación desgarradora. No podía moverse.

Bill tomó un Kleenex que le ofreció la mujer detrás del escritorio y lo pasó por sus ojos sin maquillaje. Se veían igual de dramáticos como se verían si estuviesen manchados con la sombra negra que a Bill le gustaba tanto.

—No tiene nada que ver con el accidente —esnifó, arrugando el pañuelo en su puo—. Me… me enamoré.

Sin importar lo maravillosas que las palabras habían sonado a oídos de Tom, el tono en el que las había pronunciado, tan ahogado y dolido, hizo que Tom se tambaleara y que trastabillara en busca de una razón para toda esta locura. ¿Por qué había pasado esto? ¿Cómo había podido hacerle esto a alguien que le importaba tanto?

—¿Se trata de tu sexualidad? —preguntó con dulzura la mujer, y ambos, Bill y Tom la miraron con irritación. Ella sabía que no se trataba de eso. La consejera tuvo la decencia de lucir desprevenida—. Quiero decir, sé que lo trajiste… ¿se llama Tom, verdad? Sé que trajiste a Tom al baile el sábado.

Bill tragó saliva e inhaló un respiro tembloroso ante el uso tan casual del nombre de Tom.

—No es eso —esnifó, y su cuerpo se tensó, como si hubiese estado cerca de revelar el verdadero problema y se hubiese detenido justo a tiempo. Instintivamente, Tom estiró un brazo y tocó su hombro, sin peso alguno, y Bill inhaló de nuevo, esta vez, dejando que su cuerpo se relajara y sus lágrimas disminuyeron.

Tom sonrió suavemente. Bill podía sentirlo a su manera, sólo que aún no se daba cuenta.

—Puedes contarme lo que sea —presionó la mujer de forma gentil, consciente de que estaba pisando tierras en las que era considerada una amenaza—. Nada saldrá de esta habitación.

Tom envolvió sus dedos alrededor de la muñeca de Bill, sintiendo cómo el pulso del otro chico se aceleraba debajo de su piel. Quería que Bill se abriera con ella, que pudiera hablar con alguien, de la misma forma en la que él podía hablar con Andi, pero Bill negó, sin confiar todavía en la mujer frente a él.

—No puedo…

—Bill, si es por Clara… —empezó la mujer y se detuvo tan rápido como la cabeza de Tom se levantó rápidamente; su cabeza se ladeó hacia un lado. Sus ojos se movieron en su dirección como si hubiese visto su movimiento y accidentalmente hubiese roto su concentración. Tom no sabía qué era lo que Clara tenía que ver en esta conversación, pero estaba muy interesado—. Nunca hablo de mi trabajo con ella. Cuando dije que nada saldría de esta habitación, lo decía en serio.

—No… no es… no se trata de ella —Bill puso sus piernas debajo de su silla cuando un timbre sonó, y recogió una de las correas de su mochila—. Quisiera regresar a clases ahora.

—Ok —concedió la mujer, levantándose detrás del escritorio mientras Bill se ponía de pie—. Pero por favor, si hay algo que quieras decirme, puedes venir en cualquier momento.

Bill asintió, quitándose su cabello de la cara al colocarse la mochila sobre su hombro.

—Gracias —dijo y luego caminó a la puerta de la pequeña oficina.

Una vez solos, Tom aclaró su garganta y la mujer lo miró. Rompió el contacto visual para mirar el reloj en su muñeca y luego lo miró de nuevo.

—¿No tenías en este momento una reunión con alguien muy importante? —preguntó y las cejas de Tom se levantaron, con diversión.

—¿Y no se supone que tú deberías estar ahí para saludarme?

—Lo estoy —dijo ella fríamente, sus ojos no flaquearon al mirarlo—. Si estoy en lo correcto, estoy sentada en mi escritorio ahora mismo, preguntándome por qué alguien que tiene mucho que perder elegiría enfrentarse al Gran Poder.

Tom se irguió en su silla, enlazando sus manos sobre su estómago mientras sus codos se recargaban en los brazos de madera. Su frente se arrugó con confusión.

—No entiendo —dijo—. Estás aquí, no allá.

Celia le sonrió, igual de dulcemente como lo había hecho con Bill.

—Es cuestión de torcer las reglas del tiempo.

—¿Viaje por el tiempo? —preguntó Tom. Sabía que podía hacerse, él ya lo había hecho en una ocasión, pero había requerido mucho de él, y se había metido en muchos problemas después de eso.

Celia se levantó y caminó distraídamente a un mueble en la esquina de su oficina. Observó unos objetos que adornaban las repisas como si estuviese pensando cómo explicar, y fue entonces cuando Tom notó las fotografías. Clara, la chica con la que Bill estaba haciéndose amigo, estaba en muchas de ellas.

—Cuando nuevos ángeles, como tú, son asignados a sus primeros casos, se les asigna una sombra —empezó a explicar Celia. Tom intentó mantener su mente abierta y escuchar, pero sus ojos seguían volviendo a las fotografías, sus palabras dejaban de escucharse una y otra vez como si se tratara de una mala recepción en un teléfono—. No es nada en contra de sus poderes o habilidades; es sólo hasta que pueda confiarse en ellos para pensar lógicamente en situaciones altamente intensivas… como los accidentes de autos.

Tom desvió la mirada de las fotos y se encontró con los ojos cafés de Celia al otro lado de la habitación, lo miraba con preocupación y cierta diversión.

—¿Estuviste ahí?

—Estuviste maravilloso —le aseguró—. Bill sigue vivo hoy gracias a ti. Nunca había visto a un ángel nuevo tan consciente y dedicado a su primer caso como tú.

Tom negó, intentando comprender el nuevo desarrollo en su existencia completamente errática. Nada tenía sentido, y justo cuando comenzaba a comprender un hecho, algo más llegaba y lo confundía nuevamente.

—¿Cómo es que estás aquí? —quiso saber, se levantó y caminó de un lado a otro frente a la puerta por la que Bill había salido. Tom quería ir con él, decirle adiós, o prometerle un por siempre, pero ahora estaba parado frente a Celia en un plano diferente del que había esperado. Nada tenía sentido.

—Al ser constantemente necesitada en ambos lugares, fui capaz de integrarme a mí misma en ambos mundos.

—¿Estás viva?

Celia negó.

—No —respondió suavemente, paciente ante las preguntas y la confusión de Tom—. No completamente.

—¿Y qué hay con ella? —preguntó Tom, señalando acusadoramente en dirección a una foto de la amiga de Bill—. ¿Clara?

—Es mi hija —clarificó—. Vivo una vida normal como el resto de los seres humanos vivos, sólo que tengo un trabajo secreto.

Tom intentó ignorar el pequeño chispazo hogareño que sintió en su estómago. Celia tenía su pastel y podía comérselo también. ¿Por qué él no podía? ¿Por qué no podía seguir siendo un ángel y conservar a Bill también? Si Celia podía…

—Creo que necesitas hablar con GP ahora —instruyó ella, firme pero igual de dulce que siempre. Tom vio la chispa de reconocimiento en sus ojos. Ella podía darse cuenta de la forma en la que se sentía por Bill. Estaba de su lado, y quizás siempre lo había estado.

—¿Ella sabe? —preguntó Tom, tentando a ciegas en la oscuridad, en busca de respuestas—. Clara… ¿sabe que eres…

Celia negó con su cabeza, su sonrisa se convirtió en una de admiración o adoración, al pensar en su hija, la chica por la que Tom había estado celoso hace unas semanas.

—Sabe lo que tiene que saber. Tú, entre todas las personas, sabe lo serio que puede ser GP al mantener nuestra existencia en secreto.

—¿Tienes… estás casada?

Celia negó y le guiñó un ojo a Tom, dándole a entender que eran más parecidos en ese respecto de lo que Tom hubiese imaginado.

—Tengo a alguien especial. Adoptamos a Clara cuando era bebé.

Tom no lo sabía antes, pero ahora lo quería. Quería sentir algo normal, como eso. Quería tener a Bill, y quizá una familia, y tal vez incluso ser inmortal. Eso le hizo preguntarse más sobre la lógica de las cosas. ¿Cómo funcionaba, de todas formas?

—Si estás viva y no viva, ¿eso significa que también tienes un ángel?

La mujer se rió ante las constantes preguntas de Tom, como un indicador obvio de lo mucho que quería entenderlo todo de inmediato. Tom nunca se había considerado preguntón por naturaleza, no como Bill o Andi, pero quizá nunca había encontrado un área que lo interesara lo suficiente.

—Me gusta pensarlo —asintió, cruzando el pequeño espacio para pararse frente a Tom. Puso su mano en su brazo como él lo había hecho con Bill hace momentos—. Creo que es mucho que digerir, y todavía tienes mucho qué entender.

Tom asintió. Su mente daba vueltas, sus pensamientos giraban en torno a su trabajo, el de Celia, Bill, la vida y la no-vida, Andi y GP. Tom quería apagarlo todo, para que la habitación dejara de dar vueltas, pero no podía. Sentía nauseas.

—Creo que en verdad deberías ir a hablar con GP —dijo ella.

—¿Puedo modificar el tiempo para no llegar tarde? —intentó Tom, su pequeña esperanza se encendió en una llama de calidez y confort, con un tinte de confusión.

Le sonrió a Celia cuando ella negó con su cabeza, riendo.

—Todavía no —dijo, y Tom sonrió, con esperanza.

Ya había llegado demasiado lejos, seguramente GP podría perdonarlo por llegar diez minutos tarde.

Continuará…

¿Comentarios? Como siempre, les pido que si hay algo que no se entiende, me avisen para poder corregirlo. Muchas gracias a los que siguen leyendo y comentando. <3

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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