

Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace
28. El último baile
Ya vestido en ropa cómoda (bóxers y una camisa vieja), Bill regresó a su cama y se encontró con Tom en medio de ella, acurrucándose a su lado para obtener calidez y comodidad. Aunque la noche no había ido tan bien, per se, tampoco había sido un completo desastre. Después de todo, Bill sí había logrado presumir a Tom a las personas que importaban, e incluso a algunas que no. Llegó a sentir verdaderamente el amor que Tom le tenía por todas las dificultades que había pasado por él, y Tom había logrado obtener el baile por el que había estado luchando toda la tarde. Y ahora, Bill tenía a Tom en su cama y se estaba acurrucando a su lado, impregnando su espacio con su propio aroma especial. Juvenil pero dulce. Divino.
Un dedo de Bill trazó una línea sobre los surcos del abdomen de Tom, la punta de su uña se paseó entre los valles definidos.
—Gracias por defenderme esta noche —dijo en voz bajita después de que el brazo de Tom se hubiese colocado detrás de él para jalarlo a un abrazo cuidadoso—. Y por hacerme ir.
Estando acurrucado a salvo al lado de Tom, Bill levantó su cabeza para mirar al chico que estaba recostado sobre sus almohadas y Tom bajó una mano para levantar un poco más el mentón de Bill, posando un dulce beso en la esquina de sus labios.
—Fue un placer —dijo el ángel—. Podría decirse que he querido hacer eso desde aquella noche.
Lánguidamente, Bill rodó para quedar sobre Tom, moviendo su cuerpo con un propósito específico. Chocó su mentón contra el de Tom y luego sus bocas se unieron; los dientes de Bill le dieron un tirón al piercing del labio de Tom.
—Fue sexy —Bill lo elogió, y luego pasó una pierna sobre las caderas de Tom y se sentó sobre sus muslos. Se inclinó hacia adelante, abriendo su boca para otro beso y ladeando su cabeza para que sus narices no chocaran. Su cabello cayó alrededor de sus caras, actuando como una cortina y dándoles privacidad.
Tom se rió y Tomó las muñecas de Bill mientras vagaban por sus costados desnudos.
—Te has vuelto muy asertivo —dijo, levantando una mano para acariciar el cabello de Bill, con cariño—. ¿Desde cuándo eres así?
—Desde que me prometiste sexo —dijo Bill con facilidad, sus manos volvieron a los costados de Tom, pero esta vez lo tocaron de una forma más buscadora en vez de provocadora. Sus dedos rozaron la piel cálida y siempre calentadora de Tom.
—Nunca te prometí eso —negó Tom, pero su tono fue suave y sus palabras fueron cálidas y estuvieron llenas de afección. Estaba completamente enamorado de Bill, no había forma de negarlo.
—Dijiste que lo que yo quisiera —le recordó Bill dulcemente, sentándose derecho para poder mover sus manos sobre el estómago de Tom. Llegaron a descansar sobre la banda elástica de sus bóxers, y levantó sus ojos para mirar al ángel que estaba acostado debajo de él—. Quiero sexo.
El aspecto en los ojos de Tom, hizo que el estómago de Bill diera un vuelco, y no precisamente de una buena forma.
—¿Tú no quieres?
—Sí —se corrigió Tom rápidamente. Sus ojos se cerraron cuando dejó salir una exhalación entrecortada. Los dedos de Bill trazaban distraídamente algunas formas sobre su estómago, despertando todo tipo de sentimientos, y su sangre fluyó a áreas más sureñas. Estiró un brazo para capturar la mano de Bill en la suya, para permitirle a su cerebro concentrarse en hablar en vez de concentrarse en intentar no levantar sus caderas contra el cuerpo que estaba sobre él—. De verdad que sí, pero no quiero que lo hagas sólo porque crees que ésta podría ser nuestra única oportunidad.
—No sólo por eso —disputó Bill, y aunque Tom quería discutirlo y hablarlo un poco más, la mano de Bill volvió a él, cerrando su puño sobre su pene en proceso de endurecimiento, por encima de la tela delgada de su ropa interior.
El ángel dejó escapar un respiro tembloroso y cerró sus ojos. Habían hecho esto hace tiempo, pero ahora se sentía diez, veinte, mil veces mejor de lo que Tom pudo imaginar. No tenía idea de por qué, no sabía qué era diferente, pero la adoración que sentía por el chico sentado sobre él era suficiente, por cuenta propia, para llevarlo al límite. Tomó varios respiros profundos para calmarse antes de llegar a una conclusión.
—Ok —finalmente accedió; su respiración se aceleró dentro de su pecho cuando los dedos de Bill se engancharon a la banda elástica y jalaron sus bóxers hacia abajo después del consentimiento, pero sólo lo suficiente para liberarlo de su confinamiento. Su pene se endureció incluso más cuando los dedos calientes de Bill se cerraron en torno a él, bombeando en una secuencia rápida desde la base hasta la punta y de nuevo hacia abajo.
Sintió que el calor ya comenzaba a acumularse en su vientre y supo que tenía que prepararse para después, mientras todavía podía pensar semi-claramente.
—Bill —se estremeció cuando Bill se inclinó hacia adelante, para lamer un círculo alrededor de su ombligo y soplar sobre él con sus labios fruncidos—. Ugh.
Tom gruñó y levantó sus caderas, casi avergonzado por lo receptivo que su cuerpo estaba siendo.
—Vamos a necesitar… —Tom tragó saliva cuando la boca de Bill se movió más abajo.
Su boca envolvió la base del pene de Tom antes de ascender para encerrar la cabeza entre sus labios.
—Vamos a necesitar algo —logró decir.
—Mmm —Bill tarareó, concordando con él. Sus labios continuaban chupando la cabeza y el lado inferior del pene erecto de Tom. Se separó con un sonido húmedo y sus ojos se encendieron con un deseo que Tom nunca había presenciado en él, ni en ninguna otra persona. Encendió un fuego dentro de su propio vientre, a sabiendas de que él era el blanco de las ofrendas lujuriosas de Bill, él era la causa del fuego que ardía en sus ojos—. Ahí hay loción.
Bill señaló hacia la mesita de noche a un lado de su cama.
—También un condón —jadeó Tom, estirando un brazo ciegamente hacia el cajón de la mesita y sacando la botella de loción.
—No necesitamos —dijo Bill inclinándose hacia delante de nuevo para envolver sus labios en torno al miembro de Tom. Por mucho que Tom quisiera sentirlos de nuevo, se alejó, consternado por lo que Bill acababa de decir.
—Por supuesto que necesitamos uno —dijo entre dientes con una voz tan enfuriada que logró que Bill quedara completamente inmóvil y que lo mirara por debajo de sus gruesas pestañas. Los labios de Bill se fruncieron, pero Tom estaba decidido a no ceder—. Estoy hablando en serio. No me arriesgaré a lastimarte.
—¿Los ángeles tiene cosas como enfermedades de transmisión sexual? —desafió Bill, y aunque Tom no sabía oficialmente la respuesta, asumió que no. Se suponía que los ángeles no tenían sexo, así que no tenían que preocuparse por ese tipo de cosas. Su breve silencio fue combustible para Bill—. Eso pensé. Y me protegí cuando… tú sabes, así que, estoy limpio.
—Necesitamos un condón —Tom intentó ser firme. A pesar de que la lógica de Bill era razonable, no le parecía correcto arriesgarse. Debía proteger a Bill de todo, incluso de él mismo.
—Bueno, pues no tengo uno —dijo Bill malhumoradamente y cruzó sus brazos; de repente, Tom sintió que su piel se enfriaba sin los dedos calientes de Bill sobre él. Bill levantó una ceja acusadora—. ¿Tú traes uno?
Tom negó con su cabeza contra las almohadas. No llevaba uno consigo porque los ángeles no los necesitaban. Bill no tenía porque todavía era muy inocente. Tom podría salir a conseguir uno, pero ni siquiera podía pensar en dejar a Bill solo, aunque fuese por un minuto. Exhaló un suspiro desdeñoso, y Bill resopló fuertemente por la nariz, frustrado porque Tom continuaba resistiéndose silenciosamente.
—Por favor, Tom —rogó, sin creer que en realidad debía hacerlo. Sus grandes ojos suplicantes le fueron dirigidos al ángel que yacía semidesnudo debajo de él y luego continuó con sus súplicas—. Por favor dame esto.
Tom tragó alrededor del nudo que se formaba en su garganta y dejó escapar una exhalación preliminar.
—Está bien —aceptó, pero sabía que nunca se perdonaría a sí mismo si lastimaba a Bill.
Ya con el permiso otorgado, Bill se sumergió para volver a tomar el miembro de Tom en su boca, chupando, lamiendo y moviendo su mano de arriba abajo sobre la longitud. El ángel cerró sus ojos, permitiendo que Bill tuviera su momento de exploración. Bajó una mano para enredar sus dedos en su cabello y Bill acarició su nariz contra la suave piel del muslo interior de Tom, prácticamente ronroneando ante el toque suave y cuidadoso.
Los dedos de los pies de Tom se agarrotaron contra el colchón cuando Bill le dio un jalón exuberante a su pene, ahuecando sus mejillas cuando ascendió y separó su boca con un sonido húmedo. Tom no podía negar lo mucho que deseaba más, cómo quería corresponder todo lo que se le estaba dando. Estaba aterrado, pero ¿no se suponía que esta noche se trataba de eso; de no limitarse y de darle a Bill todo lo que quería? Todo…
—Quiero sentarme en él —dijo Bill con una voz ronca al estirarse por la botella de loción que Tom había puesto a un lado de su cabeza, y los ojos del ángel se abrieron rápidamente, en busca del chico que estaba sobre él. Bill estaba de rodillas, quitándose su camisa y sus bóxers, sin mucho cuidado, su propio miembro duro salió a la vista en cuestión de segundos.
Tom se sentó, apoyando su peso en sus codos, y negó frenéticamente con su cabeza, pero Bill ya estaba llevando a cabo su plan, vertiendo loción en sus dedos y llevando su mano hacia atrás.
—No, no, no —lloriqueó Tom, intentando alcanzar la muñeca de Bill, pero ya estaba fuera de su alcance. Tom intentó alejarse, pero Bill estaba sentado a horcajadas sobre él y lo tenía presionado contra la cama—. Bill, seré el pasivo. Va a doler. No puedo…
Los ojos de Bill lo vieron con determinación y con fiereza.
—Dijiste que lo que yo quisiera —le recordó dulcemente al chico que estaba debajo de él, aunque sus ojos brillaron con algo un poco menos que inocente. Aunque Tom no había estado esperando a que Bill usara esa carta, se sintió tonto por estar sorprendido—. Así lo quiero.
Tom lo odiaba; detestaba la forma en la que podía ceder ante toda petición de Bill, incluso cuando sabía que no era para bien. Pero Tom había prometido que haría todo lo que quisiera, y no era de los que hacían promesas que no planeaba cumplir.
—Bueno, al menos déjame prepararte un poco más —concedió, sin estar seguro exactamente de los tecnicismos, pero sabiendo, por instinto, que hacerlo sólo así dolería. El ángel no podía ni siquiera pensar en la idea de ver siquiera una pizca de sufrimiento en los ojos de Bill. Tener el poder de infligir ese tipo de dolor en él, estaba mal… no como su ángel guardián, sino como alguien que lo amaba. Simplemente no podía hacerlo.
Bill bufó, pero lo permitió. Se movió al lado de la cama junto a Tom, permitiéndole a su novio que se sentara completamente y que tomara la botella de loción de su mano.
—¿Cómo… —empezó Bill, mordiendo su labio.
De cerca, Tom pudo ver la aprensión en su rostro, y le hizo querer retractarse por dejar que Bill fuera pasivo. Los nervios hicieron que el estómago de Tom se anudara.
—Acuéstate de espaldas —instruyó en voz baja, y Bill lo hizo rápidamente, separando sus piernas, y un ligero sonrojo subió por su cuello. Bill estaba tan sereno, tan dispuesto, tan… diferente a como había sido cuando Tom lo había conocido. Las manos de Tom subieron por los costados de Bill y luego volvieron a bajar, logrando que Bill se retorciera un poco por encima del colchón.
—Nada de provocaciones —murmuró, pero el brillo en sus ojos hizo que Tom se preguntara qué tan en serio lo decía.
Sin embargo, la petición ya estaba ahí, así que Tom hizo buen uso de sus manos, vertiendo loción en sus dedos e insertando uno dentro de Bill mientras usaba su otra mano para masturbarlo. Bill gimió y arqueó su espalda ante el toque, y el ángel sonrió, sin poder evitarlo. Desasosegado, nervioso y temeroso por poder lastimarlo, estaba tenso pero estaba siendo cuidadoso, y escuchar los sonidos que podía sacarle a Bill, enviaron una oleada de confianza por todo su cuerpo, así que Tom continuó trabajando diligentemente para lograr que Bill se relajara hasta que pudo meter tres dedos paralelos que se retorcieron y tijeretearon para dilatarlo.
—Tom —Bill suspiró, sus párpados lucían irresistiblemente adormilados y embriagados.
Tom quería quedarse por siempre.
—En mí —susurró el chico, sus labios cantaron lo mismo silenciosamente varias veces mientras su cabeza se movía de un lado al otro sobre su almohada.
Tom no podía decir que no, aunque quisiera. La sangre que bajaba a su pene prácticamente lo atraía en esa dirección en contra de su voluntad. Añadió loción a su pene para tener lubricación extra, y luego levantó sus ojos para mirar a Bill.
—¿Todavía quieres… hacerlo así? —preguntó, sin poder detener el sonrojo en sus propias mejillas. Esperaba que la respuesta fuera “no”, pero le había prometido a Bill que haría todo lo que quisiera, así que la oferta estaba presente.
Lánguidamente, Bill rodó su cabeza hacia un lado, manteniendo su mirada necesitada fija en Tom. Sus ojos estaban abiertos y concentrados, pero un poco adormilados, y Tom supo cuál sería la respuesta, incluso antes de que Bill la dijera. Y estaba aliviado.
—Justo así —murmuró Bill justo cuando sus caderas se movieron intensamente, invitadoras.
—Avísame si te duele mucho —Tom hizo que Bill se lo prometiera, y Bill asintió con su cabeza, su labio inferior ya estaba atrapado entre sus dientes, haciendo que luciera pecaminoso y sedado. Ambos sabían que nunca se lo diría a Tom.
El ángel se sostuvo sobre Bill, apoyando su peso en una mano y un codo, evitando lastimarse la mano que ya tenía lastimada, y sostuvo la mirada de Bill. Había mucho qué decir, tantas cosas y sentimientos para compartir, pero ambos estaban de acuerdo con que sólo había una forma para decir verdaderamente todo lo que debía decirse. Si estos eran sus últimos momentos juntos, entonces Tom nunca podría estar con Bill, y quería asegurarse de que lo escuchara todo, incluso si las palabras nunca salían de sus labios.
Con cuidado, Tom se posicionó en la entrada de Bill y presionó, deteniéndose cada vez que Bill se tensaba, y se movía nuevamente cuando Bill se relajaba, hasta que estuvo completamente dentro del chico que estaba debajo de su cuerpo, y su corazón palpitaba a una milla por minuto. Era una sensación tan abrumante que no podía compararse con nada que Tom pudiera recordar haber sentido antes.
—¿Cómo se siente? —preguntó sin importarle que la pregunta lo hiciera sonar como a una chica. No le importaba nada, mientras Bill estuviese bien.
—Como tú —exhaló Bill, aferrando sus dedos a los hombros de Tom—. Como tú, amándome.
Sonaba ridículo, incluso en su cabeza, y nunca había sido alguien que apareciera las cursilerías en las películas o en los libros, pero Tom lo había cambiado todo. Tom le hacía sentir cosas y le hacía querer decir cosas ridículas, con tal de verlo sonreír de la forma en la que estaba ahora sonriendo.
El ángel dejó caer su mentón en su pecho, intentando ocultar su sonrisa, pero Bill ya la había alcanzado a ver. Ya estaba incrustada en su memoria. Y la valoraría por siempre.
—Puedes moverte —dijo Bill, separando más sus piernas para permitir el ajuste. Inhaló un respiro entre sus dientes al sentir a Tom completamente dentro de él—. Necesito que lo hagas.
Con duda, Tom retrajo sus caderas y luego volvió a adentrarse, sin creer que en verdad estuviera haciendo esto con Bill, y Bill gimoteó debajo de él. Se detuvo completamente de nuevo, por miedo de haber hecho algo malo o haber lastimado a Bill, pero Bill movió sus caderas contra las de Tom, incitándolo a continuar y manteniendo su mirada fija en él durante todo el tiempo.
Su pene se deslizaba dentro y fuera de Bill con apenas un poco de resistencia, y Bill ronroneaba y gimoteaba. A Tom se le dificultaba leer e identificar la mayoría de los sonidos, pero cada vez que pensaba en detenerse, Bill enterraba sus uñas en sus hombros, levantaba sus caderas y ladeaba su cabeza hacia el otro lado, haciendo que Tom quisiera enterrar su rostro en el cuello alargado que se estiraba ante él.
Bill bajó una mano entre sus cuerpos para agarrar su pene, y cada vez que Tom lo penetraba, los nudillos de Bill se rozaban contra su piel tensa. Con cada roce de sus dedos, Tom se encontró a sí mismo cayendo un poco más, hasta que estuvo seguro de que estaba a punto de correrse justo ahí y en ese momento. Con una respiración pesada y repentina, dejó caer su cabeza en la unión del cuello y el hombro de Bill, y luego gruñó.
—Oh, Bill, bebé.
Bill se remontó a su noche con Georg, recordando cómo el mismo apodo había salido de los labios de aquel extraño, y qué tan poco sincero se había sentido, qué tan frío y asqueado lo había hecho sentir. Con Tom se había sentido cálido y genuino; hizo que los dedos de sus pies y las puntas de los dedos de sus manos cosquillearan.
También le dolió no saber cuántas veces más podría escuchar a Tom llamarlo así.
Tom se sintió a sí mismo acercándose al final, con reproche, pues quería que este momento durara para siempre y sabía que no había forma de que así fuera. Desde donde descansaba su cabeza, a un lado del cuello de Bill, ladeó su rostro para cosquillear la oreja de Bill con su aliento.
—Se siente demasiado bien —dijo, y luego separó su rostro para ver a Bill, asegurándose de que el mensaje hubiese sido recibido fuerte y claro—. ¿Estás… todo bien?
Los ojos de Bill estaban bien abiertos cuando lo miró, y levantó dos dedos para acariciar el costado de la cara de Tom, quitándole dos rastas que enmarcaban la mandíbula del ángel.
—Todo bien —exhaló, con un ligero asentimiento; su cabello se desplegó sobre la almohada como si fuera un halo.
Sonrió ampliamente, pero sus ojos se veían mojados, y Tom entró en pánico, deteniendo todo movimiento de forma inmediata. Abrió su boca para decir algo, pero Bill lo detuvo antes de que pudiera hacerlo, inclinándose sobre sus codos para cubrir la boca de Tom con un beso rápido, con los labios cerrados.
—Deja de preocuparte por mí, ¿quieres? —dijo Bill con firmeza, y el instinto de Tom fue el de discutirlo—. No estoy hecho de cristal.
—Pero no quiero…
—Duele —admitió Bill, sin poder esconder el gesto de dolor de su rostro cada vez que se movía un poco y sentía que Tom lo llenaba—, pero también se siente muy bien. Sólo…
—¿Sólo qué? —preguntó Tom, y se maldijo internamente cuando la nariz de Bill se tornó roja y esnifó.
Bill negó su cabeza ante la pregunta, volviendo a desplomarse sobre la cama y exhalando un profundo suspiro. Pasó su muñeca frente a su rostro una vez, antes de que Tom la capturara con su mano lastimada; sus dedos se entrelazaron junto a la cabeza de Bill.
—Estoy abrumado.
—Bebé —arrulló Tom, y ahí estaba nuevamente. El jalón en su corazón que hizo que las lágrimas saltaran a los ojos de Bill. Mordió su labio inferior y levantó sus caderas. Necesitaba más estímulo, más toques, más algo. Más Tom.
Nunca tendría suficiente.
—Te amo —jadeó al espacio que los rodeaba y Tom lo imitó, sellando el sentimiento con un beso insistente presionado contra los labios entreabiertos de Bill.
Tom desenlazó sus dedos y llevó su mano lastimada entre sus partes inferiores, quitando la mano de Bill y tomando su pene con su propia mano. Bill jadeó por la sensación extra; Tom masturbándolo, Tom dentro de él, Tom sobre él… y se arqueó hacia el toque, causando que Tom se adentrara un poco más en él, y con un ángulo diferente. Era diferente, pero era perfecto, y Bill exhaló audiblemente a través de su nariz.
—¿Listo para correrte? —preguntó Tom con suavidad, su aliento chocó contra la piel desnuda de Bill. Esperaba a que la respuesta fuera un sí, porque él estaba listo para dejarse llevar, y no estaba seguro de cuánto más podría durar. Se sentía demasiado bien, y entendía el sentimiento de Bill. Después de todo lo que ya habían hecho, la sensación de estar juntos de esta forma era abrumadora. Dejó escapar un aliviado soplido de aire cuando Bill asintió, lamiendo sus labios y abrazando sus rodillas alrededor de la cintura de Tom.
No había vuelta atrás.
Los dedos de Tom se abrieron espasmódicamente sobre la erección de Bill, moviéndose de arriba abajo y en pequeños círculos medios. Tom repetía, con absoluta determinación, cada movimiento que hacía que Bill se retorciera, Tenía un objetivo en mente, y esa meta era llevar a Bill, llevar a su novio, al orgasmo.
El guardián pudo sentir los músculos de Bill tensándose a su alrededor, y Tom resistió el deseo de embestirse hasta adentro, al demonio con las consecuencias. En lugar de eso, mantuvo un ritmo lento y constante, asegurándose de que Bill estuviera bien, incluso al esforzarse por dejarlo sin palabras. Tom se inclinó para besar el cuello de Bill y lamió la base de su oreja. Bill inhaló aire bruscamente, su aliento se atrapó en su pecho antes de que pudiera liberarlo.
—Tom —jadeó, levantando sus caderas de la cama e impulsándose a sí mismo más cerca del ángel. Se aferró con sus uñas a los abultamientos del trasero de Tom mientras el ángel continuaba meciéndose de adentro hacia afuera de él, entrando y tocando todos los lugares de los que Bill nunca había siquiera conocido su existencia.
Se sentía tan ridículamente bien que no sabía por qué más gente no saltaba directamente al vagón de los pasivos. O tal vez se sentía así porque amaba a Tom. En verdad lo amaba, y no podía imaginar que el sexo pudiera sentirse así de bien con alguien más. Ciertamente, no se había sentido nada parecido con Georg. Pero de nuevo, el chico de la fiesta no había sido precisamente cuidadoso y atento con Bill; ni siquiera había intentado lograr que el acto fuera bueno para Bill, como Tom lo estaba haciendo.
Bill sintió una puñalada de placer dispararse por su región baja, y se levantó para presionar sus labios en el pliegue entre las cejas concentradas de Tom. Envolvió sus dedos sobre los hombros del ángel y lo bajó con él en la cama para que sus cuerpos estuviesen completamente juntos; para que cada centímetro de sus partes frontales se tocaran y se presionaran juntas mientras Tom continuaba siendo fiel a su ritmo.
—Voy a… —Bill jadeó en forma de advertencia, y segundos después, los dedos de sus pies se curvaron, sus muslos se tensaron y su trasero se levantó de la cama. Su semen se disparó entre ambos, empapando los dedos de Tom y el vientre de Bill que se levantaba y bajaba rápidamente. Se rió fuertemente, con satisfacción, mientras la oleada de placer pasaba, y Tom lo penetró unas cuantas veces más, persiguiendo con cuidado el mismo orgasmo que Bill había logrado alcanzar.
Tom gruñó, e hizo amago de salir completamente, pero Bill lo predijo y detuvo el movimiento antes de que Tom pudiera hacerlo.
—Quédate adentro —rogó desde atrás de la cortina que creaban las rastas de Tom, y aunque Tom lucía como si quisiera replicar, no estaba en posición para hacerlo. Bill apretó sus músculos en torno a él y Tom exhaló un suspiro profundo.
—Bill —gruñó, sus ojos se cerraron al concentrarse en lo que estaba pasando. Bill pasó su pulgar sobre el ceño fruncido de Tom y luego enganchó sus dedos alrededor de sus orejas. La admiración que sentía por el chico que estaba sobre él venía en oleadas y los aplastaba y ahogaba en un océano de amor y felicidad. Estarían bien, mientras no se preocuparan sobre lo que pasaría mañana, después de que el sol se levantara.
—Córrete, Tom —incitó Bill con suavidad, instando su orgasmo—. Hazlo por mí.
Tom se tensó tan pronto como las palabras abandonaron la boca de Bill, y lo penetró con fuerza, sacudiendo a Bill y empotrándolo contra la cama. Bill zumbó cuando sintió que Tom se dejó llevar, tan fuera de control con sus propias acciones y emociones como podría recordar ver a su ángel.
—Tom —Bill exhaló con asombro e, incluso con sus ojos cerrados, Tom inmediatamente encontró los labios entreabiertos de Bill con los propios, presionando besos fuertes ahí y por todo su rostro.
—Te amo —Bill jadeó justo antes de que los labios de Tom encontraran su boca de nuevo; sus lenguas se entrelazaron perezosamente en la secuela del baile más exquisito que habían experimentado—. Quédate conmigo.
—Toda la noche —respondió Tom, porque no podía prometerle un por siempre, y él nunca hacía promesas que no estaba seguro poder cumplir.
Continuará…
He ahí el último baile. :'(
No se olviden de decirme qué tal les pareció el capítulo, sé que muchos habían esperado ese momento.
¡Muchas gracias por leer! Un abrazo muy fuerte a los que comentan. ^^ ¡Besotes!