Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace

27. Volviendo a casa

Bill miró por la ventana que estaba a su lado mientras Tom conducía sin rumbo por la ciudad, sin ningún lugar en particular a dónde ir. Tom todavía había estado echando chispas después de haber salido de la escuela, minutos después de la pelea, y había encontrado a Bill recargándose contra el auto justo como se le había indicado.

El ángel no había hablado mucho después del incidente. Su rostro había lucido frío, enojado y preocupado por Bill, aunque él tampoco había sido precisamente un Sr. Hablador. No podía creer que algo tan simple se hubiese convertido en algo mucho más grande y que se hubiera salido de su control.

Una vez más, Tom había acudido a rescatarlo. Si no hubiera estado ahí, seguramente Bill hubiese sido el que hubiese terminado en el suelo, cubriendo su nariz ensangrentada con sus manos. O, tal vez, si Tom no hubiera estado ahí, no hubiese sido lo suficientemente valiente como para defenderse a sí mismo como lo había hecho. En realidad era difícil saber lo que hubiera ocurrido. Lo único que sabía era lo que sí había pasado, y eso era que Tom había golpeado a un tipo en la nariz para defender su honor. Y Bill se había sentido aterrado y orgulloso al mismo tiempo.

Suspiró desde el asiento del pasajero y mordió su labio inferior, mirando cómo las luces de la ciudad brillaban y se desvanecían mientras ellos conducían a una velocidad segura. La radio que tocaba suavemente de fondo era un recordatorio de que había un gran espacio que llenar entre ambos. El silencio era como un océano, y la música era apenas una manta. Nunca podía esconderlo todo; nunca podría cubrir todo lo que no se decía.

—¿Estás enojado?

Bill volteó su cabeza hacia la fuente de la voz. Incluso en la luz tenue, pudo ver la tensión que Tom sentía. Emanaba de él como en olas que se envolvían alrededor de los dos mientras manejaban en silencio. Sus manos apretaban el volante con fuerza y cada movimiento que hacía, era brusco y firme, lo cual era un contraste considerable en comparación a la fluidez con la que normalmente se movía.

—Estoy encabronado—dijo Bill inmediatamente, pensando en lo fácil que había sido para Georg acosarlo; hacerlo sentir inseguro y pequeño—. No puedo creer que se haya atrevido a…

—Conmigo —intervino Tom, manteniendo sus ojos fijos en el camino. Seguía tenso, sus dedos agarraban el volante con tanta fuerza que sus brazos estaban duros entre su cuerpo y el volante.

—¿Qué? ¿Por qué estaría enojado contigo? Me salvaste. —Bill recargó su cabeza contra la ventana a su lado, avergonzado—. Otra vez.

Era casi vergonzoso la frecuencia con la que Tom tenía que ir a salvarlo.

—Por golpearlo —dijo Tom, atreviéndose a mirar a Bill, y Bill levantó su cabeza del frío cristal para mirar a su novio—. No tenía que…

—Iba apegarme—dijo Bill entre dientes, su frustración creció gradualmente, y luego, disminuyó igual de rápido. No tenía caso estresar a Tom más de lo que ya lo estaba—. No estoy enojado contigo, sólo estoy preocupado.

Tom lo miró, y luego volvió a mirar el camino. Las calles empezaban a ser más familiares, lo estaba llevando a casa. Bill esperaba que pudiese quedarse con él. Necesitaba escuchar esa promesa, o cualquier otra promesa que calmara sus miedos.

—No te preocupes —dijo Tom con una sacudida de su cabeza cuando el auto disminuyó la velocidad ante una señal de alto. El corazón de Bill se hinchó por lo cuidadoso que estaba siendo; lo delicado y gentil que estaba comportándose. Y protector.

Esperó por más, con la esperanza de que Tom elaborara su respuesta. Pero en lugar de eso, el carro comenzó a moverse de nuevo, el sonido de la música fue ahogado por el bajo zumbido que hicieron las llantas sobre el pavimento, y Bill se encontró a sí mismo aun en busca de algo más. Necesitaba que Tom le dijera que todo estaría bien, que lo que Tom había hecho esa noche no era el final definitivo de su relación, pero por supuesto, Tom no le mentiría, y ninguno de los dos estaba completamente seguro de lo que iba a suceder en las próximas horas. Ambos chicos permanecieron en silencio durante todo el camino mientras las casas comenzaban a serle cada vez más familiares, y Bill no pudo soportarlo más.

Su voz fue suave y vacilante cuando dijo:

—Estoy bastante seguro de que golpear a una persona viva está contra las reglas. Me preocupa que te metas en problemas y que no pueda volver a verte.

El auto se detuvo a un lado del camino, y Bill apenas se dio cuenta de que habían llegado a casa, incluso después de que Tom hubiese apagado las luces y el motor. En lugar de eso, mantuvo una mirada constante en el ángel que estaba sentado en el asiento de conductor. Tom estiró un brazo a través de la consola y tomó la mano de Bill, entrelazando sus dedos. Se sentía más como una disculpa que una promesa, y la garganta de Bill se apretó en un instante.

—Lamento que hayas tenido que golpearlo —comentó suavemente, y la música parecía sonar más fuerte, sin los sonidos del carro moviéndose en la carretera, por lo que su voz se perdió entre el sonido. No obstante, Tom lo escuchó… Tom siempre lo escuchaba, y sus labios se curvaron en una sonrisa.

Sus dientes rasparon el aro de plata en la esquina de su labio, y después habló.

—Yo no. Sólo estoy decepcionado porque no pudimos bailar.

Bill se le quedó viendo al ángel, con aire taciturno. En verdad no le gustaba bailar, pero después de todo lo que Tom había hecho por él, si eso era lo que quería, entonces Bill supuso que era lo mínimo que podía hacer. Estiró un brazo para subir el volumen del radio justo cuando una canción se terminaba y empezaba otra. Cualquier canción funcionaría. Algo suave, lento y vibrante empezó a sonar por las bocinas y Bill abrió su puerta.

—Vamos. —dijo, saliendo de su lado del auto.

Divertido, Tom salió del lado del conductor y dejó la puerta medio abierta para que la música pudiera flotar suavemente en el aire de la calle vacía, la cual estaba iluminada sólo por las farolas y la tenue luz del interior del auto. Esperó a Bill con una mano extendida hasta que lo encontró frente al auto, y cuando se juntaron a la mitad de la calle, se sintió como si hubiesen vuelto a casa.

La mano de Bill estrechó la de Tom cuando las palabras de la canción comenzaron a sonar desde la puerta abierta del auto y a flotar sobre sus cabezas y sus cuerpos se movieron en una sincronización que Bill había pensado que era imposible. Tom guió y Bill siguió; así es como debía ser.

Bill se sintió a sí mismo ser acercado con una mano que estaba en su espalda baja y otra en su cadera, y apoyó su cabeza contra el hombro del ángel; sus brazos se envolvieron alrededor del cuello de Tom, dándole un abrazo flojo. Se sostuvieron juntos el uno al otro, y cada uno deseó que la vida no corriera tan rápido para ellos, que les diera un poquito más de tiempo juntos.

Bill no sabía qué sería de él si no volvía a sentirse de esta forma nunca más.

&

Tom siseó y Bill frunció su entrecejo, haciendo un sonido de decepción al chasquear su lengua detrás de sus dientes. Luego su lengua se asomó por un lado de su boca mientras se concentraba para aplicar una ligera presión sobre la piel abierta en los nudillos de Tom con su bolita de algodón empapada con antiséptico. Bill no quería lastimarlo, pero Tom estaba comportándose como un bebé, y cada vez que hacía el más mínimo movimiento hacia él para tocarlo, Tom hacía un sonido de dolor que enviaba dagas dolorosas al corazón de Bill, y pronto, Bill comenzó a impacientarse.

No había olvidado que era su culpa que Tom estuviese herido. Si nunca hubiese conocido a Georg, Tom nunca hubiera tenido que golpearlo, y Bill no tendría que estar sentado en la orilla de la bañera con su novio ángel secreto, intentando curarlo como si fuera una persona real.

—No puedo creer que no puedas sólo sanar rápido o algo así —comentó Bill en voz baja, al tanto de que su madre estaba dormida a un par de puertas. Sus dedos pellizcaron la bolita de algodón y la pasó alrededor de las heridas, y Tom dejó escapar un lloriqueó bajito.

—Normalmente sí —dijo, apretando la mandíbula y destensándose cuando finalmente Bill se dio vuelta para tirar el algodón en la basura y se estiró para tomar una venda que estaba sobre la tapa de baño cerrada que estaba frente a ellos. Sostuvo los dedos lastimados de Tom mientras movía los suyos para tomar la venda—. No sé lo que me pasa.

—Nada te pasa —argumentó Bill rápidamente, quitando el plástico que envolvía la venda y alistándola para ponerla sobre los nudillos de Tom.

La piel estaba roja, abierta y sensible. Ninguno se había dado cuenta al principio de qué tanto se había lastimado Tom, y Bill no había tenido el valor de preguntarle si había golpeado algo más cuando se había quedado adentro, pues sus heridas no igualaban al único golpe en su rostro. Habían estado llenos de adrenalina, miedo y ansiedad. Pero luego habían bailado, y sus corazones se habían tranquilizado en una silenciosa felicidad, y después Tom se había dado cuenta de que le dolía… que su mano le dolía, y Bill inmediatamente lo había llevado adentro, le había hecho subir las escaleras y lo había sentado en la orilla de la bañera para curar sus heridas.

Después de todo, era lo mínimo que podía hacer.

—Mueve tus dedos.

Tom obedeció, e inmediatamente se detuvo, haciendo una mueca.

—Ah, mierda —siseó, atrayendo su puño cerrado a su pecho, protectoramente. Sus ojos grandes y tristes se concentraron en Bill, quien murmuró algo, diciendo que estaba “bien” y Tom resopló, indignado—. ¿Bien?

—No te los rompiste —explicó Bill, estimando a Tom con compasión; el esmoquin negro que todavía tenía puesto, de alguna forma, lograba resaltar lo marrón de sus irises cuando miró al ángel—. No digo que no duelan.

—Espero que no —dijo Tom con una voz tan gruñona y cortante que hizo que el entrecejo fruncido de Bill aumentara.

—Tom —dijo, intentando evitar que su labio inferior se asomara por encima del superior, pero falló. Odiaba ver a Tom lastimado a sabiendas de que él era la causa directa. No era justo. Las líneas entre lo que Tom era y lo que Tom no era estaban difuminadas. A veces, se sentía tan fantástico e inaudito que Bill olvidaba que no era completamente intocable.

Tom levantó la vista justo a tiempo para alcanzar a ver a Bill haciendo un puchero distraídamente, y sonrió, involuntariamente. Sus dientes se mostraron por detrás del brillo de su piercing y se inclinó hacia adelante, capturando el labio inferior de Bill antes de que tuviera tiempo de retraerlo detrás de sus dientes.

—Perdón —murmuró Tom cuando se separaron con un sonido húmedo—. No es tu culpa. Es sólo que no estoy acostumbrado a sentir…dolor.

Bill hizo un sonido de perdón en su garganta y tomó la mano de Tom para seguir examinándolo. Ya que estaba seca después de las cantidades de antiséptico que había aplicado, Bill consideró que estaba lista para ser vendada, y colocó la venda sobre las aberturas en la piel.

—Debería sanar rápido —murmuró, levantando los nudillos lastimados a su boca y rozando sus labios sobre ellos, en un beso.

Tom resopló, alejando su mano de Bill suavemente, un poco ofendido, pero no realmente.

—No soy una chica —le recordó a Bill, igual como Bill lo había hecho antes con él, y Bill rodó los ojos.

—Eso lo veremos esta noche, ¿no? —contestó Bill, y Tom se encontró a sí mismo casi sonrojándose, preguntándose cuándo había sido que Bill se había vuelto tan atrevido para hablar de lo que quería. Bill se dio cuenta del aspecto ansioso en los ojos de Tom—. ¿Todavía lo vamos a hacer, verdad?

Y luego vio ésa pequeña manchita de incertidumbre en los ojos de Bill, y el pliegue de preocupación en su frente que hacía que Tom quisiera presionar sus labios sobre él para alejarlo.

—Ya te dije —dijo, mirando a Bill con unos ojos ardientes que pretendían alejar todos sus miedos y dudas—. Lo que tú quieras. Esta noche es tuya.

Bill lamió sus labios, queriendo hablar del tema, pero al mismo tiempo, queriendo evitarlo. Aunque en realidad, lo habían estado evitando toda la noche, dándole vueltas, rodeándolo, pero nunca tocándolo. Al menos, no directamente.

Bill se aclaró su garganta y se deslizó sobre el frío borde de la bañera para sentarse más cerca de su novio, su amigo, su… lo que sea que fuese, lo que sea que fuera después de esta noche. Bajó su mentón, pero sus ojos permanecieron pegados a los de Tom por lo que pareció una vida entera, como si estuviese a punto de sumergirse en el mar de la incertidumbre.

—Si esta noche es nuestra última noche… —empezó, y Tom rápidamente abrió su boca, listo para decirle a Bill que no hablara de ello, que necesitaban concentrarse en el aquí y ahora, pero Bill levantó una mano a la mandíbula de Tom.

Debían hablar de ello.

—Si esta noche es nuestra última noche —repitió, y esta vez, Tom se mantuvo en silencio—, ¿qué va a pasar después?

Eso era algo de lo que ni siquiera Tom estaba seguro. Para ese entonces, ya debería estar acostumbrado a que Bill hiciese tantas preguntas para las que no tenía respuesta, pero no lo estaba. Todavía quería darle todo a Bill; todavía quería darle todas las respuestas y suprimir todas sus ansiedades.

—Bueno —empezó, porque no quería decirle a Bill que no lo sabía, sin importar qué tan cierto era. Mordisqueó su labio inferior, deseando que su relación no hubiese tenido que llegar a esta conversación. Pero así había sido, y Tom había decidido conscientemente hacerlo así para ambos—. Si me transfieren, te darán un nuevo ángel guardián, quien probablemente no se aparecerá tan seguido como yo. Pero será bueno contigo; te cuidarán.

Tom tragó al añadir la última parte, sin estar seguro de lo que él mismo estaba diciendo. No podía imaginar que alguien más cuidara a Bill tan bien como él lo hacía. Bill era suyo, su responsabilidad, y simplemente no podía imaginar a alguien haciendo un mejor trabajo que él. Pero Tom lo había arruinado todo por ser egoísta, por querer más de Bill de lo que se suponía que debía tener, y ahora estaban de pie ante el precipicio de no tener nada en absoluto.

Había arruinado las cosas para ambos.

—No puede ser tan malo —dijo Bill con un ligero brillo de esperanza en su voz. Tom ladeó su mentón abruptamente, un poco ofendido por que pudiera cambiarse a sí mismo del cuidado de Tom a alguien más, con tanta facilidad—. O sea, si dejas de ser mi ángel guardián, entonces podríamos seguir siendo amigos, ¿verdad?

Bill mordisqueó su labio nerviosamente mientras la mirada de Tom se suavizaba.

—O… ¿salir juntos?

—No funciona así —explicó Tom con aflicción, uniendo sus dedos en su regazo y sintiendo la punzada de dolor en sus nudillos al hacerlo—. Me refiero a que, si me transfieren, perderé mi conexión hacia ti. Ahora, puedo viajar y encontrarte en donde sea que estés, pero después de que me transfieran, no habrá forma de que pueda encontrarte, ni siquiera aquí.

Bill entrecerró sus ojos contra la repentina luz fuerte del baño. No entendía del todo.

—Pero Andi no es mi ángel guardián y puede encontrarme —argumentó.

—Andi y yo somos amigos —Tom hizo su mejor esfuerzo para explicar, pero muchas cosas eran confusas para él también, y supuso que no todo se debía a su pobre comprensión de su clase de entrenamiento. Recordó la expresión de GP la última vez que habían hablado, cuando Tom le había preguntado sobre algunas de las cosas que había estado experimentando, y el mismo hombre había parecido desconcertado—. Tenemos una conexión entre nosotros, aunque mucho más pequeña que la que yo tengo contigo, y por eso pudo captar la conexión que nosotros tenemos para poder encontrarte.

—Pero si te transfieren, ¿no podrías captar la conexión que él tiene conmigo?

Tom negó con su cabeza, deseando que pudiera decirle a Bill que sí, pero ya había pensado en esto un millón de veces. Ya había pensado en todos los posibles escenarios, y nada nunca había servido para completar el rompecabezas. Todo siempre terminaba con un final infeliz.

—No tiene conexión contigo. Una vez que la mía desaparezca, ninguno de los dos podrá encontrarte.

Bill tragó con dificultad alrededor del nudo que se había formado en su garganta, forzando a sus lágrimas a quedarse detrás de sus ojos. Incluso cuando Tom le había dicho que las cosas podían cambiar, que podía ser alejado de Bill completamente, Bill siempre había tenido la esperanza de que incluso cuando todo se terminara, en realidad no todo estaría terminado. Que Tom encontraría una forma de regresar a él. Pero ahora parecía que esto, en verdad, sería todo lo que podrían llegar tener.

—Entonces… esto podría ser el fin. Para siempre.

Los ojos de Tom se aguaron y su entrecejo se frunció más. Asintió con su cabeza, pero el movimiento fue pesado y brusco, y no pudo ver a Bill a los ojos. No podía soportar ver el aspecto dolido en ellos.

—Sí, eso creo.

—Entonces, hagamos que dure —dijo Bill, y Tom ladeó su cabeza a un lado para mirarlo, perfectamente dudoso pero confiado, el color de sus ojos le daba a Bill un empujoncito extra de confianza—. Quedémonos despiertos toda la noche.

Continuará…

Un capítulo un poco triste. :c

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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