Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace

26. Celos y posesión

Bill sintió una oleada de orgullo, amor y emoción cruzar por sus venas cuando enlazó sus dedos con los de Tom afuera del Toyota negro. Habían varias personas a su alrededor, todos se dirigían hacia el gimnasio de la escuela para pasar una noche con música y baile, comiendo y riendo, y en general, pasando un buen rato. Bill nunca se había imaginado ahí, a punto de disfrutar un evento escolar, pero tenía a Tom a su lado, y sin importar lo que pasara esa noche, Bill siempre tendría el recuerdo para atesorarlo. Había discutido mucho en los últimos días, pero con una cita con Tom, ¿cómo podría decir que no?

—¿Listo para bailar?

Bill resopló, inclinándose en el costado de Tom y acurrucándose a sí mismo bajo el brazo protector de su ángel. Juntos, dieron el primer paso hacia la escuela como una verdadera, visible y tangible pareja. Su abrazo obtuvo miradas, algunas en shock, pero lo único que Bill pudo hacer fue sonreír ampliamente. Tenía a Tom a su lado, y todos podían verlo.

—De ninguna forma voy a bailar.

Una mirada de reojo hacia Bill, le hizo saber a Tom que estaba hablando en serio. En verdad pensaba que iba a salirse con la suya con eso de no bailar con Tom en toda la noche, en absoluto.

—¿Y entonces cuál es el punto de venir al baile? —retó Tom con curiosidad, sin preocuparse de que esto pudiera ser una noche desperdiciada. Sabía que podía lograr que Bill bailara con él, e incluso si no podía, no podía considerarse tiempo perdido si lo pasaba a su lado.

—Presumirte como mi novio.

—Entonces soy un trofeo —bromeó Tom, viendo el frente de la escuela y a todas las otras parejas que entraban por la puerta principal mientras ellos se acercaban. Había estado dentro de esta escuela más veces de las que pudiese contar, observando a Bill en los pasillos, hablando con el en el baño, sentado a su lado sin ser visto, pero esta era la primera vez que entraría por las puertas principales como todos los demás.

Bill se detuvo en seco de forma abrupta, y miró a Tom, a su ángel con esmoquin. Levantó una mano para acariciar la mejilla de Tom, sintiéndose cariñoso.

—¿Seguro que quieres hacer esto? —preguntó con suavidad, sus ojos nunca abandonaron los de Tom para mirar a los que pasaban a su lado—. Si te metes en problemas…

—Bill, ya rompí demasiadas reglas para meterme en serios problemas —contestó Tom, envolviendo sus dedos alrededor de los brazos de Bill y sosteniéndole la mirada—. Incluso si no hubiera venido hoy por ti, hubiese estado en problemas. Quiero que tengas esto, en caso de que sea la última vez…

—No lo digas —Bill lo calló por segunda vez esa noche.

—Quiero conocerlos a todos. Quiero que todos sepan que estoy aquí contigo.

Bill levantó una mano para pasarla sobre las rastas bien cuidadas de Tom, la bajó por su fuerte mandíbula y por el frente de su saco, sobre la flor que se asomaba del pequeño bolsillo. Su mano descansó sobre el pecho de Tom, y una mano de Tom subió para cubrirla; sus dedos sobrepuestos protegían al corazón palpitante bajo ellos.

Era pesado saber que esta podría ser su última noche juntos, pero Bill no hubiera podido quererlo de otra forma. Saber las implicaciones hacía que la noche fuera mucho más especial, y no estaba seguro de poder hacerle saber al ángel lo mucho que significaba que estuviese haciendo esto para él.

—Te amo —murmuró en el corto espacio que había entre ellos. Tom se lo había dicho antes, y no había tenido la oportunidad de responderle, y no quería que pensara que se sobreentendía—. Ni si quiera sé qué sería de mí si tú no…

—Shhh —lo calló Tom, presionando un dedos sobre sus labios, y luego levantándole el mentón con el mismo. Los labios de Bill se entreabrieron, y Tom se inclinó, presionando su boca antes de que algunas palabras pudieran formarse entre ellos. Los labios de Bill estaban abiertos, sumisos y suaves. La lengua de Tom se presionó para pedir acceso, y las rodillas de Bill se debilitaron, instantáneamente, Tom enganchó sus brazos en la pequeña cintura del chico para mantenerlo de pie.

Con sus labios unidos, Bill resistió las ganas de girar contra Tom, su novio, y se separó del beso cuando su cabeza comenzó a girar tanto que estuvo seguro de que caería en el minuto en el que Tom lo soltara.

—No puedo… —jadeó con sus labios hinchados cuando se separaron lo suficiente para poder respirar.

—No te soltaré —dijo Tom, como leyéndole los pensamientos, y lo único que Bill pudo hacer, fue quedársele viendo. No lo había dicho en voz alta, ¿o sí? Los brazos de Tom se engancharon firmemente alrededor de su cintura como prueba de la seriedad en la que se tomaba su trabajo de proteger a Bill.

—Tal vez deberíamos entrar —dijo Bill ladeando su cabeza hacia el edificio detrás de ellos. La gente se movía en esa dirección, pero Bill y Tom todavía estaban de pie en el estacionamiento, envueltos en los brazos del otro—. O podríamos regresar a mi casa y empezar con la parte sexy.

La ceja de Bill se levantó cuando la insinuación abandonó su boca, y luego se sonrojó cuando el brillo en los ojos de Tom hizo juego con la sonrisa que le dirigió.

—Aunque me gustaría —empezó Tom, apretando sus caderas y acercando más a Bill—. Creo que deberíamos darle un poco de tiempo a tu mamá para que se duerma.

—Oh —Bill frunció el ceño y asintió. Fácilmente podrían ir a otro lugar, pero Bill no quería. Cada vez que Tom se quedaba a dormir con él, quedaba su aroma en las sábanas y podía aferrarse a él cuando Tom se iba. Si ésta era la última vez que Tom podría dormir en su cama, Bill quería que esa sensación perdurara con él tanto como fuera posible. No quería el asiento trasero de algún auto cualquiera, o alguna habitación de hotel cualquiera para tomar lo que le pertenecía—. Tienes razón.

—Vamos, será divertido —lo animó Tom, acariciando su mejilla con su nariz, y luego volvió a buscar sus labios. Bill ladeó su boca hacia el beso, pero tan pronto como sus lenguas salieron para una probada rápida y saciante del otro, fueron interrumpidos.

—¿Bill?

Bill se alejó de Tom rápidamente y dobló su cuello para mirar a Clara, quien se acercaba a ellos, con un lindo vestido negro y ajustado y con su cabello peinado. A su lado, con sus brazos unidos, iba Georg, el chico de la fiesta quien había tomado la virginidad de Bill sin haberlo pensado dos veces. Sus ojos estaban sobre Bill, pero los de Bill estaban sobre clara, mientras Tom observaba a la cita de la chica con precaución.

Para desilusión del ángel, Bill se alejó de su abrazo para ir a saludar a su amiga. Clara miró a Tom, y luego a Bill, con sus ojos abiertos por la sorpresa.

—No sabía que ibas a venir —dijo dulcemente cuando sus pies se detuvieron frente a ellos.

Bill se encogió de hombros, cruzando sus brazos sobre su estómago.

—Fue como una decisión de último minuto.

—Y éste es… —incitó Clara, señalando hacia donde estaba Tom, casi tímidamente. Bill permaneció callado, esperando a que continuara. Se sentía incómodo al tener a Georg tan cerca y mirándolo con tanta atención. Bill intentó ignorarlo y concentrar toda su atención en Clara o Tom, pero la mirada de Georg era demasiado pesada y ardiente. Tom pareció sentir algo, ya fuera la incomodidad de Bill o la mirada pesada de Georg, y atrajo a Bill de vuelta a sus brazos mientras observaba al chico de cabello largo, incluso al estar viendo a la chica con la que Bill había pasado mucho tiempo. Al darse cuenta de que no recibiría una respuesta de parte de Bill, Clara regresó su atención al chico enrastado al lado de Bill—. ¿Tom, cierto?

Tom extendió un brazo para saludarla.

—Sí. Mucho gusto.

—Igualmente —la pequeña chica castaña sonrió, y luego le dio un codazo a Bill, juguetonamente—. ¡Es lindo!

Relajándose por el cumplido, Bill se permitió dirigirle una sonrisa.

—Lo sé. —dijo, y luego miró a Tom, quien todavía observaba a Georg con ojos severos. Sintió un vuelco de felicidad en su estómago al saber que Tom lo estaba cuidando. Tom lo estaba sosteniendo cerca de él, posesivamente, y mirando a Georg con desconfianza.

—Tanto hablar de él y nunca lo había conocido —dijo Claro, haciendo una conversación amigable y ligera—. Estaba empezando a creer que no existía.

Bill miró a Tom, y Tom finalmente dejó de ver a Georg para mirar a Bill. Ambos se sonrieron, cómplices. Nadie tenía que saber por todo lo que habían pasado para llegar a este punto, para presentarles a Tom a los demás, para estar de pie en un estacionamiento lleno de gente, tocándose y agarrándose de las manos… y besándose.

—Definitivamente existe. —dijo Bill, mirando fijamente a Tom a los ojos. Bill alcanzó su mano, y cuando sus dedos se entrelazaron, pudo sentir la tensión en el cuerpo de su ángel.. Obviamente estaba molesto, y estaba seguro de que era por Georg. Incluso Bill se sentía tenso ante su presencia. Nunca lo había conocido personalmente antes de lo de la fiesta, y no había hablado con él desde entonces.

—Creo que deberíamos entrar —dijo Bill decidiendo ponerle fin al conflicto silencioso. Quería tener una noche especial con Tom, sin sentirse culpa, negatividad o preocupación.

—Oh, sí, nosotros también —concordó Clara, alejándose de Georg para acercarse a Bill. Lo próximo que dijo, lo hizo sólo para que él lo escuchara—. Lamento lo de…

Movió su cabeza ligeramente hacia Georg, y sus ojos estaban llenos de disculpas sinceras.

—Me invitó y no sabía que ibas a venir, y…

—Está bien —dijo Bill, haciendo un esfuerzo por sonreírle. De cualquier forma, era difícil guardar rencores cuando, al final de cuentas, había logrado estar con Tom. Además, no todo había sido culpa de Georg; Bill nunca dijo que no, y lo había seguido voluntariamente, cediendo ante sus toques y sus susurros jadeantes. Bill levantó su mano ligada a la de Tom y le dio un apretón—. ¿Verdad, Tom?

—Mmm —murmuró Tom, en concordancia, pero fue brusco y lo hizo con los labios apretados—. Perfectamente bien.

—Los vemos luego, ¿ok?

—Sí, gusto en conocerte, Tom —dijo Clara; su rostro sostuvo un poco de compasión al volver con Georg.

—Gusto en verte de nuevo, Bill —dijo Georg cuando Bill y Tom comenzaron a alejarse, y Bill dobló su torso para ofrecerle una ligera sonrisa y un ademán, incluso cuando los dedos de Tom se flexionaron irritablemente en su otra mano.

—Te pusiste verde de celos, y me gusta… —rió Bill, con una voz alegre, aunque Tom parecía tenso—. Pero cálmate.

—Te miraba como si…

—¿Cómo si qué? —Bill resopló cuando cruzaron el camino que los llevaría directamente a la escuela.

—Como si estuviera recordando, y quisiera hacerlo de nuevo.

Bill enganchó su brazo al de Tom, rodando sus ojos, y lo guio hasta el gimnasio que ya estaba lleno de chicos bailando y haciendo grupos. No era como si no le importara lo que sentía Tom; si Bill hubiese visto a alguien mirándolo a él de esa forma, definitivamente se hubiera puesto a la defensiva en modo protector. Pero sabía que Tom no tenía nada de qué preocuparse; Bill sólo le pertenecía a una persona, y esa persona iba a su lado.

Entre más lejos estaban de Clara y Georg, parecía que Tom se relajaba más, y ya se había tranquilizado un poco para cuando Bill divisó una mesa para ellos, a la mitad de muchas otras, para máxima visibilidad, porque Bill quería que todos vieran con quién había venido. Tom movía su piercing de adentro hacia afuera al ver a Bill moviéndose entre la multitud, jalando a Tom con sus manos entrelazadas.

—¿Cuándo vamos a bailar? —preguntó el ángel con una sonrisa en el rostro cuando se acercaron a la mesa que Bill había elegido. No era como si fueran a estar solos en la pista de baile, o como si todos los fueran a mirar. Fácilmente podrían irse a alguna esquina, lejos de la vista de todos los demás, y así la dignidad de Bill quedaría intacta, si su baile resultaba desastroso.

—No vamos a bailar —dijo Bill con facilidad, parándose junto a la mesa tomando una tarjeta general que le recordaba a todos divertirse, pero cuidarse—. Sólo estoy aquí para presumirte.

Bill sonrió con eso, volviendo a colocar la tarjeta en la mesa, y mirando a su ángel a través de sus pestañas pintadas. Después de pasar tanto tiempo en las sombras, Bill estaba disfrutando la idea de tener algo digno de presumir.

—Ya veremos —dijo Tom, gritando sobre la música que retumbaba de las bocinas. Miró sobre su hombro por un momento, escaneando la habitación, antes de voltear hacia Bill—. Quédate aquí por un minuto, voy por unos tragos.

—Qué buen novio —murmuró Bill contra los labios de Tom mientras el chico enrastado se inclinaba por un beso de despedida. Era muy bueno para cuidarlo, para ser dulce y darle a Bill la oportunidad de presumirlo. Bill se estaba embriagando con las muestras públicas de afecto, y Tom se lo permitía.

—Ya regreso —prometió Tom, y luego se fue.

Bill lo observó alejarse hasta que su cabeza desapareció entre la multitud, y luego miró a su alrededor en busca de gente que pudiera conocer. Todos estaban bien vestidos, arreglados, en contraste con la ropa que usaban todos los días para ir a la escuela. Vio rostros familiares que veía en clases, a algunos profesores también estaban ahí supervisando, y a algunas personas que había visto alguna vez en los pasillos. Sin embargo, nadie parecía llamarle mucho la atención.

Había pasado desapercibido por tanto tiempo, logrando permanecer invisible. Nunca nadie lo tomaba en cuenta, y estaba feliz de que fuese así. O al menos, nunca se había dado cuenta de lo vacío que se sentía. Pero luego había conocido a Tom, y Tom lo había cuidado y había comenzado a verlo como nadie lo había hecho jamás.

Bill se sentía lleno cuando Tom lo miraba. Tom le otorgaba las piezas perdidas, que Bill ni siquiera sabía que existían, y las ponía en su lugar. Todo tenía sentido con el ángel, lo cual era irónico considerando que era cierto que nada respecto a Tom tenía sentido. Incluso después de que Bill hubiese aceptado a Tom por lo que fuese que era, y por todo lo que no era, las cosas habían continuado sin tener sentido.

Perdido en sus pensamientos al mirar a la multitud, Bill no se dio cuenta de que Georg se acercaba a él con una mirada de reproche en sus ojos. El chico más bajo con cabello largo, sorprendió a Bill tan fácilmente como la primera vez en la que habían cruzado caminos. Pero esta vez, el motivo era diferente.

Georg puso un brazo sobre los hombros de Bill y lo acercó. Sin siquiera mirar, Bill supo que Tom no era quien estaba a su lado, y cuando volteó rápidamente para encontrar quién era el infractor, se aterró a ver que se trataba de Georg. El aspecto en sus ojos hizo que Bill quisiera salir corriendo, pero el otro chico tenía un fuerte agarre sobre él.

El acercamiento trajo de vuelta los recuerdos en los que Bill se había esforzado por eliminar. El olor juvenil y almizclado del chico a su lado llevó a Bill de vuelta a la habitación de la casa de Jacob Dean, con Georg encima de él, entrando y saliendo, gruñendo mientras Bill intentaba retener las lágrimas, mirando el techo.

Estando de pie juntos, ambos vestidos para el baile, Bill sintió un apretujón similar en su estómago. Se tragó su miedo e hizo a un lado la incomodidad para saludar al chico, como si fueran viejos amigos.

—¿Cómo has estado? —preguntó, y Georg asintió, con una sonrisa no muy desagradable, pero tampoco real.

—Estaré bien cuando sepa que nuestro secreto está a salvo.

Confundido, Bill ladeó su cabeza y se le quedó viendo inquisitivamente al chico más bajo que él.

—¿Nuestro secreto?

—Ya sabes —dijo Georg y con cautela, miró a su alrededor. Cuando continuó, su voz era más baja, y sus ojos verdes estaban más serios de lo que los había visto en el poco tiempo que llevaban de conocerse—. Lo que pasó en la fiesta.

Bill resopló, y se dio cuenta de que fue un error al ver el aspecto enojado del otro.

—Lo siento, pero estoy bastante seguro de que ya todos lo saben, y puedes estar seguro de que yo no le dije a nadie.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Mira, Georg —dijo Bill, intentando alejarse, pero el agarre sobre sus hombros era apretado, manteniendo a Bill a su lado con un abrazo amigable que no se sentía para nada amigable—. Por si no lo sabes, realmente no soy del tipo de persona que va a fiestas y se acuesta con cualquiera todo el tiempo. Fue un error.

Con eso, el agarre de Georg se apretó más, y Bill dejó salir una exhalación de frustración. Estaba recibiendo señales mezcladas. ¿Georg no creía que hubiese sido un error, pero tampoco quería que la gente supiera? Bill lo etiquetó como algo hipócrita.

—Suéltame, por favor —dijo amablemente en respuesta a la creciente frustración de Georg—. Nuestro secreto está a salvo de quien sea que todavía no sepa. No le he dicho a nadie.

—Tu novio lo sabe —escupió Georg, sus dedos se hundieron dolorosamente en el hombro de Bill. Bill lloriqueó y se removió bajo el agarre. ¿De eso se trataba todo? Aparentemente, la mirada de Tom lo había alertado.

—Estaba… —empezó Bill, pero se detuvo rápidamente. Nadie podía saber que Tom había estado ahí; Bill había dicho que estaba solo esa noche—. Sólo se lo dije a él, ¿ok? A nadie más. Así que ya calma tus putos nervios.

—Calma tus putos nervios —escupió Georg amargamente, con una voz baja al girar para enfrentar a Bill.

Bill quedó atrapado entre la mesa y Georg, la parte trasera de sus piernas golpeaban el borde. A pesar de que el otro chico era más bajo que Bill, lo sobrepasaba con su presencia, con su enojo y su miedo. Eso es todo lo que había; era un macho, un gran jugador de futbol, y no quería que nadie supiera que había tomado la virginidad de un ratón de biblioteca en la fiesta.

—¿Quieres que calme mis putos nervios? Estamos hablando de mi reputación.

—Sin ofender, —dijo Bill, entrecerrando sus ojos. Se estaba sintiendo valiente, en la cima del mundo. Ya había pasado por mucho, y nada podía lastimarlo, especialmente si Tom estaba a su lado—. Pero tu secreto ya fue descubierto. Tu reputación ya está jodida, igual que tú me jodiste a mí. Caso cerrado. Así que si no te importa, ahora me gustaría regresar a pasar un rato con mi novio.

Antes de que Bill pudiera registrarlo, el puño de Georg se levantó; hizo un ángulo perfecto para golpearlo en su rostro. Lleno de adrenalina, Bill mantuvo su mirada fija en Georg. Estaba atrapado, no podía moverse, y la otra opción era cerrar sus ojos y esperar a que pasara. Pero en lugar de eso, se concentró en los ojos de Georg, retándolo a golpearlo, dispuesto a dejar que sucediera. El puño de Georg se movió y Bill dio un respingo, pero antes de que sus nudillos colisionaran con su cara, Tom llegó, y su propio puño golpeó el rostro de Georg, haciéndole caer al suelo y cubrirse su nariz.

—Whoa —murmuró Bill, con sus ojos bien abiertos al intentar comprender lo que acababa de pasar en menos de dos segundos.

Y luego Tom estuvo sobre él mientras la multitud comenzaba a reunirse a sus alrededores. Las manos de su ángel se posaron sobre su rostro, sobre su cabello, inspeccionando cada centímetro visible en busca de daño. Bill se concentró en la preocupación que se veía en esos ojos color miel.

—¿Estás bien?

Bill levantó sus manos para envolver sus dedos alrededor de las muñecas de Tom, que acunaban su mandíbula. Estaba temblando por la ráfaga del momento, pero nunca se había sentido mejor.

—Estoy bien. Yo…

—¡Sepárense! —Bill y Tom miraron a su lado para encontrar a uno de los maestros supervisores que hacía su camino entre la multitud.

—Vete —le dijo Tom a Bill, y Bill lo miró perplejo. La mirada de Tom se endureció cuando Bill no se movió—. Vete, yo me haré cargo de esto; no es necesario que te metas en problemas. Te veo atrás del auto.

Rápidamente, Bill se escabulló entre la multitud, usando su táctica de invisibilidad que tanto había desarrollado con el paso de los años. Casi nadie lo notó al moverse entre la gente y al salir camino hacia el auto como Tom se lo había dicho.

Había sido demasiado para una noche de baile, pensó al salir de la escuela cuando el frío aire chocó con su rostro caliente. Sonrió cuando el viento sopló y removió su cabello.

Pero no se quejaba. Tom había golpeado a alguien por él.

Bill frunció el ceño. Tom había golpeado a alguien vivo.

Se iba a meter en muchos problemas.

Continuará…

Muchas gracias por pasarse a leer, y un agradecimiento súper especial a los pocos que se dan un momento para dejarme un comentario. <3

En el próximo capítulo: algunas cosas no pueden evitarse, otras sí.

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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