Intervención divina 23

Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace

23. Materia gris

Bill se inclinó hacia atrás, apoyando su peso sobre sus codos, y estiró sus piernas frente a él. El clima era hermoso y perfecto; el verano comenzaba a sentirse en el aire de primavera, dejando muy atrás el invierno; y la brisa era lo suficientemente ligera para remover sus cabellos, pero no lo suficiente como para despeinarlo. Flexionó sus dedos, habiéndose quitado ya sus zapatos, y los presionó en el cuero cabelludo de Tom, con la necesidad de sentir algún tipo de conexión, pero con miedo, porque no sabía qué tanto contacto le permitiría Tom.

Tom había ido con él esa mañana temprano, pero a veces, se sentía como si ni siquiera estuviera ahí. Había estado distante y frío con Bill todo el día, y Bill había retrocedido un paso para darle espacio. Obviamente había algo que le estaba molestando, y la única vez en la que Bill le preguntó si estaba bien, la mirada de Tom se había tornado más rígida, y su respuesta había sido corta y cortante. Bill había estado esperando que un paseo al parque lo soltase un poco, pero un par de horas después, las cosas siguieron igual con el ángel. La conversación entre los dos era esporádica y escueta, un poco incómoda y poco placentera cuando se daba.

Bill estaba sentado junto a Tom, con un espacio prudente entre ambos e hizo un ruido curioso en el fondo de su garganta cuando el ángel volteó a verlo con una sonrisa apenas visible en sus labios.

—¿Cómo te va con la escuela? —preguntó Tom, inclinándose hacia adelante para tomar el tobillo de Bill. Bill se inclinó hacia su amigo mientras sus dedos masajeaban expertamente sobre los valles y colinas de su pie. La pregunta lo tomó un poco desprevenido, pero intentó no mostrarlo demasiado porque quería que la conversación fluyera.

—Igual que siempre —murmuró, prácticamente ronroneando bajo el toque de los dedos de Tom. Todas sus terminaciones nerviosas hervían con alegría, no porque el masaje fuera genial, más bien porque Tom lo estaba tocando y porque él podía sentirlo. Estar sin tocarlo todo el día, a pesar de saber que podía sentirlo, había estado matándolo. Tener que controlarse a sí mismo, no se sentía correcto cuando tenía la oportunidad ahí delante de él—. Pero todo está mucho más fácil ahora que ya me puse al corriente.

—¿Y qué hay con lo del baile? ¿Ya invitaste a Clara?

Bill dejó escapar un sonido que se pareció bastante a un resoplido, aunque intentó camuflarlo sólo como un suspiro. Habían discutido el asunto más veces de las que pudiera contar desde que su madre lo había mencionado por primera vez, y su decisión nunca cambiaba.

—Ya te dije que no voy a ir.

—¿Qué daño podría hacerte?

Bill volteó su cabeza para ver a Tom directamente con ojos entrecerrados y a la defensiva.

—Sería miserable —contestó, quitando su pie de las manos de Tom y alcanzando a ver el flashazo de dolor que cruzó por los ojos de su ángel.

Fue un momento de frustración del que se arrepintió inmediatamente. Sin el toque de Tom, se sintió repentinamente vacío de nuevo, anhelando más contacto.

—Preferiría mucho más pasar la noche contigo —añadió honestamente, en un intento de disculparse, bajando su mentón, pero manteniendo su mirada fija en la de Tom—. Eso si no estás ocupado.

Tom le sonrió a Bill de una forma que envió una oleada de calidez por sus venas.

—Eres lo único que me mantiene ocupado.

—Cursi —Bill rio, pero suspiró felizmente cuando Tom envolvió un brazo alrededor de sus hombros y lo acercó a él, aparentemente receptivo ante la repentina necesidad de Bill. Se sintió seguro ahí acurrucado contra el costado de Tom, respirando su olor juvenil y almizclado, y dejando que el calor de su cuerpo lo calentara de adentro hacia afuera—. Encantador, pero cursi.

—Tal vez —Tom concordó con una sonrisa propia que hizo que las líneas alrededor de sus ojos se arrugaran—, pero es cierto. Si no tuviera que preocuparme por ti, no tendría nada que hacer.

—Quisiera… —Bill empezó a hablar, pero se detuvo a sí mismo casi inmediatamente. No tenía caso desear cosas que nunca podría conseguir; y tenía el presentimiento de que sólo molestaría más a Tom. Era algo con lo que no se iba a arriesgar; no quería arruinar el momento. Tom apenas estaba empezando a abrirse a él por primera vez en todo el día, y quería mantenerlo así de cálido y relajado.

Bill estiró un brazo para acariciar a Charlie en la cabeza, sin tener intenciones de terminar su frase, pero Tom le dio un ligero codazo.

—¿Qué quisieras?

—Nada —Bill negó, inclinándose contra su amigo. Volteó su cabeza para robar un beso, pero Tom se hizo para atrás, esperando respuesta; miraba a Bill ávidamente—. En serio, no es nada.

—Bien —concedió Tom, volviendo a atraer a Bill a su costado. Para Bill, fue obvia la tensión en el brazo de Tom, y la distancia que se distinguía en su voz le hizo saber que no le creía y que el asunto estaba lejos de terminar. Sus labios se levantaron en algo que se asemejaba a una travesura mientras los segundos silenciosos transcurrieron lentamente—. Creo que te vas a arrepentir de no ir.

—No lo haré, y no voy a ir, Tom —dijo Bill con firmeza, aunque sus ojos brillaron con la sonrisa que se apoderó de su rostro—. Ni siquiera puedo bailar.

—Todos pueden bailar —argumentó el ángel, creyendo firmemente en lo que decía—. Lo único que tienes que hacer es mover tu cuerpo.

Bill le entrecerró los ojos, desafiando su aseveración, y el ángel le sonrió, levantando sus cejas con diversión.

—Si yo puedo bailar, tú también.

—No puedo —Bill negó y, para Tom, eso fue un reto. Antes de que Bill supiera lo que estaba pasando, Tom se había levantado del piso y estaba de pie por encima de él, extendiéndole una mano a su próxima pareja de baile. Bill se le quedó viendo al ángel, no convencido—. ¿Qué?

—Vamos a bailar —dijo Tom, como si fuera un hecho tan simple como la suma de dos más dos. Bill se sonrojó bajo el calor del sol, y negó con su cabeza, negando también la mano que se le había ofrecido. Tom estaba loco si creía que se iba a parar y bailar ahí en público.

—No puedo, Tom. Además, no tenemos música.

Tom rodó los ojos ante la excusa obvia.

—¿Y qué? —preguntó, y Bill cruzó sus brazos, negándose—. Mira, estaba intentando ser un caballero y dejar que te levantaras por tu propia cuenta, pero si no vas a hacerlo, tengo el poder para levantarte y ponerte donde yo quiera.

—Entonces eso es lo que vas a tener que hacer —contestó Bill, inteligentemente, manteniendo sus brazos cruzados sobre su pecho, de forma insubordinada.

En cuestión de segundos, Bill se encontró a sí mismo siendo levantado del suelo y puesto sobre sus dos pies. Se tambaleó por un momento, sorprendido, a pesar de que ya se le había advertido, y luego al sentir que su pulso se aceleraba por el pánico, titubeó torpemente en busca de otra razón de por qué era una mala idea—. Tom, no podemos… estamos en público.

—Nadie puede vernos aquí —le recordó Tom—. Por eso escogimos este lugar, ¿recuerdas?

Sus manos ásperas tomaron las de Bill y puso los brazos del chico en una posición apropiada para bailar, una mano en su cintura mientras mantenía la otra arriba al nivel del hombro.

—No es tan difícil.

Desafiantemente, Bill quitó sus brazos de la posición en la que Tom los había puesto, y en vez de eso, los envolvió alrededor del cuello del ángel, acercándose más como para un baile lento y no para lo que Tom había tenido planeado. Si el ángel iba a forzarlo a bailar en público y sin música, entonces lo harían a su manera.

Sus espaldas se enderezaron en una posición perfecta mientras Tom daba el primer paso para guiar el baile, y Bill suspiró.

—No tienes idea de en qué te estás metiendo —murmuró, viendo rápidamente entre sus cuerpos para intentar acostumbrarse. La última vez que Bill había intentado bailar, había sido en la boda de su prima Beatrice, y había terminado pisándole los pies tantas veces que estaba seguro de haber arruinado sus bonitos zapatos blancos.

—No lo pienses tanto —instruyó el ángel, acercando más a Bill para que sus pechos estuvieran juntos y que no hubiera espacio para que Bill viera sus pies—. Sólo déjame guiarte.

—No soy una chica —murmuró como respuesta, pero no discutió más cuando Tom empezó a mover sus cuerpos y Bill encontró que sus pies se movían con más facilidad, aunque un poco torpemente. Su respiración se aceleró dentro de su pecho mientras su corazón se detenía y luego volvía a funcionar, alineando su ritmo con el de Tom. Nunca había sido capaz de bailar, pero de alguna forma, Tom estaba usando su poder para hacer que los pies de Bill funcionaran correctamente, y Bill casi no pisó a Tom.

—¿Ves? —preguntó Tom con suavidad, unos minutos después cuando Bill pareció agarrarle el ritmo—. No es difícil.

Tom sostuvo sus manos en las caderas de Bill y mantuvo sus cuerpos meciéndose juntos mientras Bill continuaba moviéndose con él, sintiéndose más enamorado del chico frente a él. Supuso que cualquiera que pudiera hacerlo bailar tan fácilmente valía la pena.

—De todas formas no voy a ir —le dijo a Tom con suavidad, enredando una gruesa rasta entre sus dedos. La respiración de Tom desaceleró y se puntuó con un suspiro.

—¿Cambiarías de opinión si te digo que no voy a venir esa noche?

Bill se hizo para atrás rápidamente, la sensación de que algo estaba mal cayó más profundo en su interior y lo llenó con preocupación.

—No —respondió con sinceridad. No le haría cambiar de opinión; no quería pasar una noche con la gente de su escuela, ni quería pedirle a Clara que fuera con él. De cualquier forma, ella ya pensaba que estaba saliendo con Tom, así que sería difícil inventar una explicación.

Simplemente no quería. No quería lidiar con el acoso de sus compañeros, ni quería repetir lo que había pasado cuando había ido a la fiesta, en un intento por ser normal. La única cosa buena que había salido de esa noche fue cuando fue capaz de sentir a Tom por primera vez. Desde ésa primera vez, Bill se había dado cuenta que no necesitaba nada más que eso.

—Estás empeñado en no ir —murmuró Tom contra el cuello de Bill, su respiración causó que los vellos de Bill se erizaran. Respiró el olor de Bill profundamente, y su esencia y todo lo que se sentía bien. Quería recordar esto de Bill, cuando llegara el día en el que fuera transferido o cuando voluntariamente decidiera alejarse del chico que había llegado a amar. Quería recordar la forma en la que Bill se sentía en sus brazos, la calidez de su sonrisa, la chispa de su personalidad. Su determinación, su torpeza y su corazón.

—Es que no quiero —dijo Bill, alejándose de Tom y arrodillándose junto a Charlie, colocando su cabello detrás de sus orejas—. Y no tiene nada que ver contigo.

Tomó la esquina de la manta y empezó a juntarla en sus brazos, sin preguntarle a Tom si estaba listo para irse o no. Tom lo miró de reojo, y se preguntó si volverían a tener otro momento como éste; si volverían a sentarse en ese lugar, sin ser vistos por todos los demás en el parque, y pretender que eran una pareja semi-normal. Tom ni siquiera sabía si debía etiquetarse como pareja, con todas las restricciones y ramificaciones con las que tenían que lidiar sólo al estar sentados uno al lado del otro.

Y más allá de no volver a ver a Bill, Tom estaba verdaderamente preocupado por él. Todavía estaba clasificado como un caso de alto riesgo, y Tom había sido asignado a él por una razón: porque necesitaba a alguien joven y fresco, alguien con la energía y el tiempo para dedicarle. ¿Qué tal si se lo pasaban a un ángel que lo veía sólo como una responsabilidad en su larga lista de responsabilidades? ¿Qué tal si Bill se convertía en sólo un número para alguien más?

Bill era mucho más que un número; era más que una misión. Era una persona, con una familia, sentimientos y un corazón. Bill tenía un corazón, y Tom se mostró reacio a admitir que estaba a punto de romperlo. No porque quisiera, sino tenía que hacerlo.

Bill volvió a meter sus pies en sus zapatos y empezó la caminata de vuelta a casa, asumiendo silenciosamente que Tom lo seguiría, y Tom lo hizo. Por varios largos minutos, ambos estuvieron callados, y Tom estaba empezando a temer que quizá había presionado a Bill de una forma en la que no había tenido la intención. Sólo quería que Bill fuera normal, que experimentara cosas normales, y que no se sintiera agobiado por una relación que no lo llevaría a ningún lado, sin importar lo mucho que ambos hubiesen querido.

Ésa era la razón por la cual GP le había estado diciendo todo el tiempo que no se involucrara tanto, y no por su propio bien, sino por el de Bill. El hombre sólo había tenido el bienestar de Bill en mente, pero Tom había estado cegado por sus propios sentimientos y afección como para notarlo o para que le importara. Tom había sido egoísta hasta el punto de destrucción.

Y aun así, no podía luchar contra el impulso de envolver a Bill en sus brazos y mantenerlo protegido por siempre, al demonio con lo que los demás pensaran. No podía parar de pensar en besarlo, en tocarlo, en hacer que Bill sintiera, por su cuenta, lo que Tom sentía por él. No era justo; la decisión que tenía que tomar, sin importar cual fuera, terminaría destruyendo a Bill en el proceso.

—¿No estás enojado, verdad? —preguntó Tom vacilantemente, sus zancadas se alinearon con las de Bill mientras caminaban por la acera desierta.

—¿Hmm? —preguntó Bill, volteando su cabeza para mirar a Tom con los labios fruncidos. Sus ojos sin gafas se encontraron con los de Tom y Tom pudo ver una pregunta genuina en ellos—. ¿Enojado?

—Sí. Por presionarte con lo del baile.

—Oh —dijo Bill, negando con la cabeza y volviendo su mirada frente a él. Reforzó su agarre en la correa de Charlie cuando el perro se emocionó bastante, pero mantuvo sus pies firmemente plantados en el suelo—. No, no estoy enojado.

—¿Entonces en qué estás pensando?

—Galletas —Bill respondió de inmediato, su tono fue tan despreocupado y serio, que Tom dejó escapar una risa de sorpresa. Bill lo miró con una sonrisa desconcertada en su rostro—. ¿Qué?

—¿Galletas? ¿Es en serio?

Bill ladeó su cabeza y se encogió de hombros.

—¿Por qué no? ¿No suenan bien?

—¿Supongo? —contestó el ángel, aunque si era honesto consigo mismo, la verdad es que la idea de comer galletas sonaba bastante bien. Su estómago estaba empezando a gruñir por el hambre, y todavía era una sensación a la que le estaba costando trabajo acostumbrarse. No se suponía que debía tener hambre, pero entonces, nada en su vida ni en su trabajo tenía sentido. Esperaba que GP pronto pudiera darle respuestas precisas, y esperaba que no se tratara de algo para preocuparse—. ¿Quieres que compremos algunas en el camino?

—Nah —dijo Bill, y Tom pudo ver que sus ojos se iluminaron con un plan—. Estaba pensando que nosotros podríamos hacer unas cuando lleguemos a casa.

—Oh, no —Tom declinó inmediatamente, en su mente ya se ejecutaban todas las cosas que podrían salir mal. Era demasiado, Tom no se estaba sintiendo muy bien, se sentía cansado, e inseguro de poder mantener a Bill lejos de los peligros que sabía que venían con la cocina—. Ésa es una mala idea.

—¿Qué? —Bill se mofó, indignado, pero sus pasos mantuvieron un ritmo constante. No iba a flaquear, no quería rendirse ante los deseos de Tom de nuevo. Quería galletas y quería hacerlas por sí mismo—. ¿Por qué es una mala idea hacer galletas?

—Es muy peligroso. Podrías quemarte.

—Pero estarás ahí para protegerme —clamó Bill, y el corazón de Tom cayó hasta su estómago revuelto. Odiaba ya haber llevado a Bill tan lejos como para tener tanta fe en él, cuando las cosas de su lado eran tan inciertas—. Siempre estás ahí para protegerme.

Era demasiado, no podía soportarlo. Con el horizonte lleno de todas esas cosas que Bill ni siquiera sabía, Tom no podía sólo dejarlo seguir creyendo que siempre estaría ahí. Había muchas posibilidades de que, un día, Tom no estuviese ahí. Bill podría herirse de gravedad, y no habría nada que él pudiera hacer al respecto, no habría palabras de consuelo, ni caricias calmantes, y tampoco palabras mitigantes.

Se detuvo en seco y agarró los brazos de Bill, jalándolo para que quedara frente a él. Sus manos se movieron a los hombros de Bill, sosteniéndolo ahí para que sus ojos se encontraran y Tom pudiera transmitir toda la seriedad de la situación y toda su sinceridad.

—Tienes que empezar a tomar decisiones más conscientes, en caso de que un día no esté ahí para protegerte.

El rostro de Bill cayó en un instante y todos sus rasgos se transformaron en una mueca triste.

—¿Estás intentando terminar conmigo?

—¿Qué?

—Has estado distante conmigo durante todo el día. No quieres hablar de nada importante, quieres que vaya al baile y estás hablando de no estar ahí para protegerme… —la voz de Bill empezó a levantarse con pánico, y Tom supo que necesitaba calmar su miedo, de cualquier forma posible.

—Bill, no —dijo rápidamente, cubriendo la boca de Bill con su palma, pero sólo por un momento. Cuando quitó sus dedos, los labios de Bill quedaron fruncidos y se mantuvo callado.

Tom tenía que decirle lo que había estado ocultándole, intentando salirse con la suya al mantener a Bill en la oscuridad, pero sabía que eso sólo empeoraría las cosas, en caso de que un día tuviera que desaparecer de su vida.

—Me he estado metiendo en muchos problemas últimamente, y GP dijo que si la cago una vez más, me va a transferir a alguien más y a ti te darán un nuevo guardián.

Bill pisoteó el suelo infantilmente, sus ojos estaban llenos de frustración dirigida hacia Tom.

—¡Entonces deja de meterte en problemas!

—No es tan fácil —Tom vaciló, manteniendo su voz baja y sus ojos al tanto de cualquier transeúnte. No había necesidad de que alguien fuera testigo de la rabieta de Bill que aparentemente iba dirigida hacia nadie. Por suerte para ambos, parecían estar a solas.

—Claro que sí —replicó Bill, cruzando sus brazos mientras el fuego en sus ojos se intensificaba de forma en la que Tom podía prácticamente sentir el calor radiando de ellos—. Sólo deja de hacer las cosas que no debes hacer.

Tom empezó a caminar, frustrándose por sí mismo, porque ya podía ver los indicios de lo que su desaparición le haría a Bill y no había nada que pudiera hacer al respecto. Necesitaba que Bill llegara a casa para que pudieran hablar sobre esto. El problema era que Tom no tenía idea de lo que podía decirle a Bill para calmarlo, o para mantenerse a sí mismo fuera del agua caliente.

Tom caminó solo por unos segundos antes de escuchar el distintivo sonido de los zapatos de Bill moviéndose por el concreto. Cuando Bill lo alcanzó y le lanzó una mirada mordaz, Tom supo que debía decir algo. Pero, ¿qué? Ni siquiera sabía en dónde empezar.

—No entiendes —exhaló, frotando una palma en su cara—. No puedo dejar de hacer las cosas con las que me estoy metiendo en problemas.

—¿Por qué no? —todo era simple para Bill. Todo tenía un lado bueno y uno malo, uno blanco y uno negro. No había materia gris en el mundo de Bill. Tom era la materia gris.

—Mira —el ángel suspiró, sintiendo cómo su paso aceleraba conforme lo hacía su nivel de frustración—, no se supone que debas verme con tanta frecuencia como lo haces. No se supone que puedas sentirme. No se supone que debamos ser amigos, mucho menos algo más.

Tom hizo una pausa, dándose tiempo a sí mismo para averiguar qué más decir, y darle a Bill tiempo para asimilar la nueva información. Podría decirse que esperaba que Bill tuviera alguna réplica sarcástica e ingeniosa que lo haría sentir incluso más tonto por dejar que las cosas llegaran tan lejos como lo habían hecho, pero Bill no dijo nada y Tom creyó que eso era casi igual de malo como si hubiese recibido un contraataque. Lo hizo sentir más culpable.

—Tengo estos… impulsos que estoy seguro que no se supone que deba tener. Incluso GP pareció sorprendido cuando se lo conté. No debería tener hambre, o cansarme, o querer sexo, pero ahora me encuentro queriendo esas cosas todo el tiempo. Cuando estoy contigo, e incluso cuando no.

—Yo no…. —Bill empezó, y Tom tragó saliva.

Exactamente. Bill no entendía, no podía entenderlo, y Tom no podía esperar que entendiera. Ni siquiera debía saber que Tom existía, pero el ángel se había visto atraído a él una y otra vez. Sin embargo, eso no evitaba que Tom quisiera que Bill entendiera. Si Tom iba a desaparecer de su vida, quería que comprendiera. No quería dejar a Bill sin ninguna explicación.

—No lo entiendes —suspiró con cautela y negó con su cabeza—. Algo malo me pasa. Es como si estuviera atrapado entre el mundo de los vivos y el de los muertos y no puedo descansar en ninguno. No estoy lo suficientemente muerto para ellos, y no estoy lo suficientemente vivo para ti.

—Tom, no me importa lo que seas, mientras estés aquí conmigo.

Con su voz agrietada y seca, Tom habló; sus palabras salieron tan derrotadas como él se sentía.

—Tal vez un día no pueda estar aquí y necesito que entiendas eso.

—Pero yo…

—No sé qué va a pasar. Podrían pasar días, o años. Ya no sé nada.

—No me dejes —rogó Bill en voz bajita, bajando su mirada a la acera mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. No podía perder a Tom; su ángel era la única cosa en su vida que tenía sentido, incluso cuando esa idea no tenía sentido.

—Tengo que irme.

Bill levantó la vista sólo para encontrarse solo en la acera con Charlie sentado a sus pies, mirando tristemente al lugar en donde Tom había estado.

—Volverá —le dijo Bill al golden retriever, pero por una vez, sus dudas superaban su esperanza.

Simplemente no lo sabía.

Continuará…

En fin… un poquito de drama. 🙁 Es un poco triste lo que está pasando ahora con nuestra parejita linda, pero no nos queda nada más que… esperar a que todo salga bien al final y quizá… ¿tener un poquito de fe por ellos dos?

Muchas gracias por todos sus comentarios, me alegra mucho que les haya gustado la actualización anterior 😛 ¡Saluditos! Que pasen un lindo fin de semana.

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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