
Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace
22. Última oportunidad
Tom hizo contacto visual con Celia desde el otro lado del lobby e intentó desacelerar su paso. Había recibido otra llamada de GP, y esta vez sabía que estaba en muy serios problemas. Había pasado un buen tiempo desde la última vez que había ido a esa oficina, aunque no porque no hubiese habido persistencia de parte de GP, y la lista de cosas que había hecho para meterse en problemas, iba creciendo. Lo sabía, y lo sabía muy bien.
La bola de nervios en su estómago se apretaba cada vez que pensaba en ello. No podía ser transferido lejos de Bill. Simplemente no podía; era algo inaceptable. Bill lo necesitaba… ése era su argumento. Todavía había mucho que Tom quería hacer por él, por mantenerlo a salvo y para hacerlo feliz.
—Hola, Tom —saludó Celia cuando estuvo lo suficientemente cerca para no tener que gritar a través de todo el espacio abierto—. ¿Cómo te encuentras esta mañana?
Nerviosamente, Tom mordisqueó el aro de plata en la esquina de su labio y se encogió de hombros.
—He estado mejor —admitió, principalmente porque su cabeza estaba punzando detrás de sus ojos y los nervios en su estómago se apretaban más y más, y lo hicieron de una forma dolorosa al pararse tan cerca de la puerta de la oficina del poder más grande, tan cerca de lo que sabía que pronto se convertiría en su destino. Había querido mandar a volar todo el viaje, pero de todas formas, tenía algo que le quería preguntar a GP, por lo que supuso que podría soportar un poco de golpiza verbal y después, si sobrevivía, hacer sus propias preguntas.
—Siempre que vienes aquí te ves nervioso —observó Celia, era su primer intento de hacer una conversación de verdad con él, y Tom resopló para sí mismo, incrédulo.
—Siempre que vengo estoy a punto de que me regañen —contestó al frotar sus sienes, sin ser cruel, y Celia sonrió.
—Es un buen hombre. Muy justo —Tom levantó su ceja, en forma de pregunta, pero la joven mujer ya estaba levantando el teléfono y hablando con GP, para informarle que ahí había un chico joven que había ido a hablar con él. Cuando colgó, le dirigió una sonrisa y unas palabras confortantes al inquieto ángel que estaba frente a ella—. No estés nervioso; estarás bien.
Sí, Tom asintió con su cabeza. Él estaría bien, pero, ¿qué iba a pasar con su misión con Bill, o su relación con él? ¿Cómo se vería eso afectado por la necesidad que Tom siempre había tenido para estar con él, por hacer cosas por él que en realidad no necesitaba hacer?
—Gracias —murmuró y se acercó a la puerta, ya se sabía la rutina.
Inhaló profundamente y le dio vuelta a la perilla, tirándose a sí mismo bajo el autobús proverbial.
El hombre no levantó la vista cuando Tom abrió la puerta, ni se inmutó cuando la puerta se cerró con un sonido lo suficientemente fuerte para hacer que Tom diera un respingo, recordándole su dolor de cabeza. Tom se quedó junto a la puerta, esperando por la invitación, pero no llegó, y el hombre no se movía en absoluto. No estaba escribiendo, ni tamborileando sus dedos, ni moviendo un solo músculo. Incluso un hombre dormido se movía más de lo que GP se estaba moviendo.
Nerviosamente, Tom tragó saliva y aclaró su garganta para intentar obtener la atención del hombre.
GP levantó la vista a Tom con sus ojos penetrantes y silenciosamente, le indicó que tomara asiento, lo cual Tom hizo rápida y obedientemente. Cualquier cosa, con tal de suavizar el golpe que sabía que estaba a punto de recibir. Frotó la humedad pegajosa de sus palmas contra la parte de los muslos de sus pantalones, y esperó a que el hombre que estaba frente a él lo cortara como al rufián que Tom estaba empezando a sospechar que todos pensaban que era, pero ni una palabra vino. El tic tac del reloj en la habitación era la única cosa que llenaba el espacio entre los dos, haciéndoles compañía y recordándole a Tom que la vida seguía adelante, incluso cuando estaba sentado en la oficina del Gran Poder, esperando a que algo sucediera. Incluso en su espacio, el tiempo no se detenía.
—Señor —empezó finalmente después de unos cuantos minutos, cuando el suspenso superó a lo abrumador, y GP endureció su mirada, pero sin decir nada—. Sé que estoy en problemas, ¿podemos sólo…?
—¿Sólo qué, Tomas? ¿Ir al punto? —Tom tragó saliva en torno al nudo que se formaba en su garganta y se encontró a sí mismo asintiendo, a pesar del temor que en realidad tenía de llegar al punto—. Tal vez te gustaría intentar decirme por qué esta vez estás en problemas.
Tom enlazó sus dedos sobre su regazo y resistió las ganas de tronarse cada uno de sus nudillos. Sabía que el sonido sonaría demasiado fuerte en la tensa habitación, y dejaría claro lo nervioso que estaba. Abrió su boca y forzó a su voz a permanecer firme. Nunca sería capaz de mantener su misión con Bill si no podía mantener una mente racional y luchar por ello. Eso lo sabía.
—Sigo formando lazos —empezó Tom, saltándose a propósito los asuntos más complicados—. Y mostrándome ante Bill.
—¿Algo más?
Tom removió sus pies sobre el área alfombrada que cubría una gran parte del suelo de baldosas blancas. Sabía que había más, por supuesto que había más, pero ofrecer una lista completa de las cosas que había hecho mal a sabiendas, era como admitir la derrota y cortarse su propia garganta. No podía hacerlo, no sólo a sí mismo sino a Bill. Ya fuera que lo supiera o no, Bill dependía de Tom para luchar por su relación. Manteniendo su mentón arriba y su mirada fija en la de GP, a consciencia, Tom se encogió de hombros tan casualmente como pudo y luego respondió con suavidad.
—Estoy seguro de que había algo más.
Bruscamente, GP abrió una carpeta que yacía frente a él en el escritorio, un grueso expediente que contenía cien páginas, si no es que más. Tom esperaba que no todas fueran suyas, pero tenía el presentimiento de que sí lo eran. Su estómago se hizo nudos mientras la tensión en la habitación se convertía en algo palpable.
—Lazos y manifestarte frente a Bill, para empezar —dijo GP, sin levantar la vista de los papeles frente a él.
Mantuvo la punta de su dedo medio arriba de la página, como si hubiera escrita una lista entera con las cosas que Tom había hecho mal.
—Varios cargos por conducta sexual con tu encargo, buscar a su padre, intentar llevar algo de nuestro mundo al de Bill, algo de su padre, quien por si fuera poco, ya falleció; viajar en el tiempo para cambiar los eventos —con ésa, GP hizo una pausa y levantó la mirada a Tom, con sus ojos severos y adustos. Tom se marchitó bajo su mirada, toda su fuerza de voluntad se salía de las paredes blancas a su alrededor. El hombre mayor cerró la carpeta y dobló sus manos encima de ella—. Sin mencionar que me colgaste una vez cuando intenté contactarte en tu apartamento, y me ignoraste por completo en otra ocasión.
En otras circunstancias, ésa última pudo parecer muy trivial y graciosa, pero nada en la situación en la que Tom se encontró a sí mismo lo hacía querer reír.
—Sé que todo parece bastante malo —empezó, esperando completamente a que GP lo interrumpiría, pero se tambaleó y tropezó con sus palabras cuando el hombre permaneció callado, permitiéndole hablar—. Y… y sé que he hecho muchas cosas estúpidas, cosas que no debí hacer. Pero, señor…
Desesperado por una oportunidad de explicarse, Tom se encontró a sí mismo forcejeando por encontrar una justificación de sus acciones. Retorció sus dedos alrededor del borde de su camisa extra-grande y permitió que sus ojos vagaran por la habitación al intentarlo.
—No… no puedo permanecer lejos de Bill. Físicamente… quiero decir, lo he intentado. ¿No cree que al menos ya lo hubiera intentado?
—No lo sé, Tom —dijo GP inexpresivo, atrayendo su mirada de nuevo hacia él—. ¿Lo hiciste?
—Claro que sí, señor —le aseguró Tom, aunque, no sabía cuánta confianza inspiraban sus palabras debido al titubeo en su voz—. Él me importa, lo último que quiero es ser transferido. Haría cualquier…
Tragó saliva e inhaló profundamente mientras su pecho se contraía.
—Haría cualquier cosa para protegerlo.
—Éste lazo que han formado… —dijo GP, inclinándose hacia adelante sobre sus codos y mirando a Tom; casi mirando a través de él—, no es saludable para él. Al final terminará lastimándolo.
Tom ya había escuchado esas palabras antes, pero de alguna forma, seguían doliendo igual. Eran como un cuchillo enterrándosele en estómago, entrando, retorciéndose y cortándolo en pequeños trocitos. No le había mentido cuando le dijo al hombre ante él que haría cualquier cosa que estuviera en su poder.
—Lo he intentado —dijo Tom, y se maldijo a sí mismo por lo débil que se escuchó su voz, por lo vulnerable y necesitado que le hacía parecer ante la única persona que tenía el poder para quitarle todo lo que significaba algo para él. ¿Cómo podría esperarse que alguien tan débil pudiera proteger a otra persona? Mucho menos a alguien de tan alto riesgo como Bill—. Lo he intentado, pero me esforzaré más por alejarme. Sólo necesito el tiempo….
—Inténtalo más —dijo GP, y si las palabras por sí mismas no le dieron esperanza a Tom, nada más lo hubiera hecho. Su tono era frío, acercándose al borde del enojo, pero las palabras que le decían que lo intentara más, también le dijeron a Tom que estaba recibiendo otra oportunidad. Volvería a ver a Bill otra vez. Bajó su mentón a su pecho y mordió el interior de su labio mientras el Gran Poder continuaba—. Esta es tu última advertencia. Te daré el tiempo que necesites para terminar lentamente con la relación que has formado, porque creo que no sería bueno para él que se terminara tan abruptamente. Pero Tom…Tomas.
La cabeza de Tom se levantó con un respingo y sus ojos se encontraron con unos fríos y serios.
—¿Sí, señor?
—La próxima vez que rompas una regla, puedes considerarte transferido. Ya tengo a alguien a la mano para continuar en donde termines —Tom lamió sus labios nerviosamente, saboreando un matiz metálico. La idea era aterradora, pero de cualquier forma, asintió. Era justo, y Tom sabía que se le habían dado más oportunidades de las que le tocaban.
—Entiendo —dijo, mordisqueando la esquina de su labio.
—No quiero transferirte, Tom. Creo que te emparejé bien con Bill. Ser un buen protector está en ti, y Bill necesita a alguien con la energía y dedicación que tú tienes.
—Gracias —respondió Tom, a pesar de que en su propia mente, estaba inseguro de haberlo dicho por el cumplido o por haber recibido otra oportunidad.
—Eso sería todo —dijo el hombre, y Tom inmediatamente se levantó de la silla, aliviado de salir de ahí. Sus piernas seguían un poco elásticas debido a los nervios que había estado sintiendo. Secó sus palmas sudadas, de nuevo, en sus pantalones, y se dio vuelta hacia la puerta, listo para irse a casa, beber una cerveza y olvidarse de ése desastroso día.
Sin embargo, al tocar la manija, recordó que tenía unas preguntas, y retrajo su mano para darse vuelta. GP ya estaba sacando otra carpeta, más pequeña que la de Tom, y echándole un vistazo, con un permanente cejo fruncido entre sus ojos.
—Ehm… ¿señor? —el hombre levantó la mirada y Tom sintió el nudo de nervios volviéndose a apretar en su estómago.
Pero tenía que preguntar, porque de otra forma, nunca sabría. Y, ¿qué tal si sí pasaba algo malo con él?
—A veces… digo… ya sabe que se supone que no necesitamos comida o dormir, o… —Tom se detuvo a sí mismo, sin ser capaz de realmente admitir ante su jefe que a veces tenía deseos sexuales. GP asintió, completando por sí mismo los espacios en blanco e incitando a Tom a que continuara—. A veces me da hambre, o me canso y me duermo… ¿eso es normal?
Las manos del Gran Poder dejaron de moverse entre los papeles al mirar a Tom. Seguro que sabía que Tom había estado comiendo y durmiendo, pero tal vez no se había dado cuenta de que no había sido por decisión propia. Tom sentía pinchazos de hambre, y cansancio en una forma que estaba seguro de que no se suponía que debía, y de una forma en la que Andi le había asegurado que él no sentía.
—¿Pasa sólo cuando estás con Bill?
Tom negó con su cabeza inmediatamente, recordando la forma en la que su estómago había gruñido en su propio apartamento. Andi había lucido preocupado, lo cual fue el principio de la propia preocupación de Tom. También pensó en la vez que estuvo en la ducha, con su pene en su mano y con su mente enfocada en Bill, o la vez que se encontró a sí mismo dormitando en el sofá mientras esperaba que Andi regresara de ver a Henry para que pudieran salir y hacer algo—. También me pasa cuando estoy en casa.
—¿Y estás seguro de que no es sólo por querer ser más como Bill?
—No—dijo Tom, lamentando su tono enojado tan pronto como el sonido llegó a sus oídos. Aplacó su camisa y enderezó su postura—. No es algo que pueda controlar. Lo he intentado. Y también…
Tom tragó con dificultad, preguntándose por qué estaba tan nervioso. Era como si tuviera miedo de que pudiera ser culpado también por todo eso, a pesar de que no tenía control sobre nada.
—A veces puede sentirme.
—Mucha gente puede sentir una presencia…
—No —el joven ángel lo interrumpió, rápidamente—. Puede sentirme, mi piel, mi cabello y… todo mi cuerpo.
La habitación se quedó en silencio por varios largos minutos mientras el Gran Poder y Tom continuaban mirándose mutuamente, cada uno probaba las fronteras y esperaba a que el otro dijera algo más. Finalmente, GP terminó con el momento con un ligero meneo de su cabeza.
—Gracias por mencionarlo —dijo, aunque sus ojos delataron un pequeñísimo matiz de curiosidad—. Seguro que no es nada, pero lo investigaré.
—Gracias —dijo Tom, agachando su cabeza y saliendo de la habitación antes de decir algo para incriminarse a sí mismo.
Salió de la oficina con la misma información con la que había entrado, pero al menos ya había puesto las cartas sobre la mesa, en caso de que sí pasara algo malo con él. Sin embargo, el hecho de que el Gran Poder pareciera igual de perdido que Tom ante la posibilidad, era inquietante.
—Veo que sobreviviste.
Tom giró su cabeza ante la dulce voz y encontró a Celia mirándolo con ojos alegres.
—Sí —concordó, pero no tenía la energía para quedarse y platicar. Necesitaba llegar a casa, alejarse de esa oficina y sentarse en paz y considerar lo que tenía que hacer—. Que tengas un buen día.
—Esa es mi línea —la mujer rio mientras Tom se alejaba, y él levantó una mano en señal de despedida; sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa que la mujer no pudo ver.
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Exhausto mentalmente, y físicamente agotado, Tom se apoyó contra la puerta de su apartamento, cerrándola con el peso de su cuerpo. Sus ojos se cerraron, agradecido del santuario que era su propio hogar donde podía sentarse y relajarse, o sentarse y agobiarse, o acostarse y dormir, sin pensar en que la gente observaba cada uno de sus movimientos, juzgándolo por las cosas que había hecho y continuaba haciendo.
Tal vez estaba paranoico, pero a veces estaba seguro de que podía verlo en los ojos de otros ángeles. Era como si supieran que estaba forjando una relación ilícita con uno de los vivos, con su propio cargo. Tal vez dirían que era enfermizo, o desquiciado. Definitivamente algo incorrecto, y ciertamente era algo de lo que no se podía alardear.
Sin embargo, al mismo tiempo, quería alardear sobre Bill. Quería contarles a todos sobre él, sobre lo inteligente y perceptivo que era. Lo precioso que se veía cuando estaba todo arreglado, o lo adorable que se veía cuando se despertaba en la mañana con una manchita roja en su mejilla y su cabello todo enmarañado. Quería contarle a la gente, quería presumir a Bill, porque Tom estaba seguro de que no había nadie en todo el universo que se le pudiera comparar.
Y tal vez era cursi, y tal vez era incorrecto y desquiciado, pero así era, y no había forma de que Tom pudiera cambiarlo.
Pero tenía que hacerlo. Si Tom era transferido, sabía que no había forma de que pudiera volver a ver a Bill nunca más. Eso sería todo, se terminaría. Pero todavía había mucho que Tom quería hacer con Bill, una cosa en particular que había estado dándole vueltas en su mente. Pero, con las nuevas advertencias e GP… ¿debería arriesgarse? Estaba seguro de que sería fabuloso, pero el riesgo era alto, y Tom no sabía qué hacer.
—¿Un día pesado en la oficina?
Tom abrió sus ojos lentamente encontró a Andi enroscado en el sofá con una botella de cerveza y el control remoto de la televisión. En la mesa que estaba a un lado del sofá estaba su localizador, a la mano en caso de que alguna emergencia se presentara. Se veía empático, más que nada, e hizo que Tom quisiera escupir cada pensamiento que corría incontroladamente en su cabeza.
De mala gana, caminó por la sala y se sentó en el lado opuesto del sofá, viendo la televisión por varios minutos con la mirada perdida, incluso al sentir que su compañero se volteaba y lo observaba cautelosamente, en espera de una respuesta. Cuando pareció que Tom no tenía nada para ofrecer, Andi eligió sus palabras con cuidado, primero pasándole su cerveza medio vacía a Tom.
—¿Qué te dijo?
Tom mantuvo sus ojos pegados a la televisión mientras levantaba el aro de la botella a sus labios y levantaba el fondo, vertiendo una generosa cantidad de líquido en su boca. Tragó y volteó su cabeza hacia donde estaba Andi, y entre el alcohol y la compasión en los ojos de su amigo, Tom no pudo resistirlo más.
—Una más y estoy jodido —dijo Tom, bajando su mentón a su pecho, intentando sacar la tensión de su dolor de cabeza, frotando su frente con las puntas de sus dedos—. Digo, no jodido, jodido, pero transferido. Si rompo una regla más…
—¿Entonces ya no puedes estar con Bill?
Tom dejó escapar un suspiro cansado para liberar algo de la tensión que se alojaba en su cuerpo. Un hombro se levantó al tomar más de la cerveza de Andi.
—Me está dando tiempo para separarme lentamente, pero no es suficiente. Necesito más tiempo con Bill. Necesito…
—Necesitas alejarte, Tom —dijo Andi, aunque mantuvo sus palabras suaves y sin llegar a ser acusativas, para no hacer sentir tan mal a Tom.
—Hay algo que quiero hacer.
Andi se sentó derecho, descansando su espalda en el brazo del sofá. La seriedad en los ojos de Tom había sido desconcertante, era alarmante que siguiera planeando hacer algo, incluso a pesar de lo que GP le acababa de decir. Si Andi no lo conociera mejor, aunque sí lo conocía bien, pensaría que a Tom no le importaba que lo transfirieran de caso de Bill.
—Probablemente deberías pensarlo muy bien antes de hacer algo.
—¿Crees que… —Tom mordisqueó su piercing en contemplación, y luego niveló sus ojos de vuelta a los de Andi—. ¿Crees que deba hacerlo? ¿Crees que…
—¿Romperías una regla? —preguntó Andi, aunque estaba seguro de que ya sabía la respuesta.
—Sí —Tom exhaló, sus ojos brillaron con el pensamiento de lo que fuere que le estaba pasando por la mente—. Varias.
—¿Y quieres que te transfieran? —los ojos de Tom se oscurecieron con eso, y negó con su cabeza inmediatamente—. Entonces, si GP ya te dijo que si rompes una regla más serás transferido, y si con eso que quieres hacer vas a romper una regla y no quieres que te transfieran, probablemente no deberías hacerlo.
—De todas formas me van a transferir —discutió Tom, y sus palabras eran firmes. Andi estaba seguro de que terminaría haciendo algo que lo metería en problemas de nuevo—. ¿Por qué no darle a Bill esta última cosa?
—¿Vale la pena, Tom?
Ésa era la verdadera pregunta, y Tom todavía no lo sabía.
Continuará…
A que no se lo esperaban tan pronto. 🙂 La verdad yo tampoco, pero nada más para que vean que leo y agradezco sus comentarios. ^^
¿Qué tal? ¿Ven? GP no es tan malo como todos creían… después de todo lo que Tom ha hecho, ya debería haber sido transferido, sin embargo, le ha dado otra oportunidad. Y bueno, Tom sigue igual de terco. :S ¿Qué creen que sea eso tan importante que quiere hacer que hasta está considerando poner en riesgo su misión con Bill?
¿Comentarios?
¡Linda semana a todos!