

Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace
18. Cielo e infierno
Dos noches gloriosas de ser capaz de tocar a Tom llegaron a un aplastante final, la mañana siguiente a la segunda noche, cuando Bill despertó ante el sol ardiente en sus ojos y el chirrido de su reloj despertador. Estiró sus piernas, apuntando sus dedos hacia el pie de su cama, y se giró para presionar el botón de pausa de su alarma, solo para encontrarse a sí mismo presionado, atrapado bajo el peso de un brazo protector alrededor de su cintura. Sólo le tomó unos segundos recordar su fin de semana con Tom, la fiesta del viernes en la noche prácticamente había sido olvidada, desde el punto en el que se había ido de aquella habitación en donde le había entregado algo precioso a alguien que no lo merecía, sólo para encontrar a Tom sentado en el pasillo esperando por él.
Ahí fue donde todo había cambiado. Ahí fue cuando había obtenido su primera probada de cómo era sentir a Tom. Y a duras penas había dejado de disfrutarlo durante todo el fin de semana porque dependía de él, y normalmente no era así, porque el universo podía ser cruel y despiadado cuando quería.
Bill se dio vuelta para apagar el sonido chirriante de la alarma, y después se cernió sobre su amigo el ángel, viendo cómo sus ojos temblaban bajo sus parpados mientras dormía. Aunque Tom le había dicho antes que no necesitaba comer o dormir, y que nunca tenía los deseos de hacerlo, Bill lo encontraba haciendo más y más de esas cosas conforme pasaba el tiempo, y Tom realmente no tenía cómo explicarlo. Parecía igual de confundido y en conflicto que Bill por el asunto, aunque era fácil olvidar las incertidumbres cuando Bill podía sentir la piel cálida del ángel bajo la suya propia.
Mientras sus ojos se movían en su sueño y sus pestañas revoloteaban sobre sus mejillas de porcelana, Bill irradió adoración de adentro hacia afuera. Se preguntó lo que Tom estaba soñando. Sólo por un momento, deseó poder entrar en los sueños de su ángel y ver al mundo de la misma forma que él lo veía. Sabía que había cosas que Tom podía ver, sentir y experimentar, y que Bill nunca podría; y aunque se sentía un poco celoso por estarse perdiendo varios de esos aspectos, también sabía que era muy afortunado al tener lo que tenía.
Cuando el temporizador se terminó y la alarma volvió a sonar, Bill se estiró para apagarla completamente, y después se inclinó para presionar un beso en la sien de Tom. Tom se removió, su cabeza cayó ligeramente a su lado y sus labios se curvaron hacia arriba en una sonrisa que hizo que el corazón de Bill revoloteara. Para volver a verla, Bill presionó sus labios en la frente de Tom, después en su mejilla y en la punta de su nariz; cada toque se ganaba un ligero movimiento que hacía que los labios del ángel se acercaran más a sus ojos, y los latidos de Bill se aceleraron incluso más.
Cuando los ojos de Tom se abrieron finalmente, se encontró con la mirada de Bill dirigida hacia él; sus ojos estaban bien abiertos y curiosos, como siempre.
—Es muy temprano para esto —murmuró; sus parpados volvieron a cerrarse y su cabeza giró en una dirección diferente sobre la almohada.
—¿Muy temprano para mí? —preguntó Bill, haciendo un tono ofendido, y los ojos de Tom se abrieron nuevamente. Volteó el cuello para ver al chico que todavía se cernía encima de él, y sonrió.
—Mmm —logró murmurar, lamiendo sus labios al estirar sus brazos sobre su cabeza; su cerebro luchaba por ponerse al corriente con su cuerpo y despertar—. Nunca es demasiado temprano para ti.
—Buena respuesta —respondió Bill con una sonrisa atrevida pintada en su rostro mientras tiraba de una de las rastas de Tom.
Soltando el mechón, Bill hizo sus propios estiramientos antes de quitarse las sábanas de sus piernas y levantándose de la cama. Cruzó la habitación silenciosamente y se plantó ante su closet, sacando varias camisas mientras Tom lo observaba, todavía descansando entre las sábanas de la cama de Bill, la cual estaba impregnada con un olor de una mezcla dulce de ambos.
—No quiero ir a la escuela —gruñó Bill, dándose vuelta con una camisa negra en sus manos y un aspecto disgustado en su rostro. Sus ojos se dirigieron hacia Tom al poner la camisa al pie de la cama y quedarse en una posición firme—. ¿Qué tienes planeado para hoy?
Tom rascó un lado de su cabeza; sus uñas cortas se movieron entre su grueso cabello para llegar al cuero cabelludo.
—Tengo unas cosas que hacer en casa que tienen que ser resueltas —dijo, al pensar en ello. Apenas y había estado ahí en toda la semana; y, aunque quería evitar a GP y la ira que estaba seguro que dejaría caer sobre Tom por haber roto más reglas, sabía que Andi probablemente también estaba echando humo. Al menos, le debía una explicación a su mejor amigo—. Y a lo mejor Andi se está preguntando qué me pasó.
Bill se volteó hacia su closet para buscar el resto de la ropa que se pondría ese día mientras escuchaba a Tom hablar. Deseaba que Tom pudiera ir con él a la escuela, sentarse a su lado en todas sus clases, distraerlo a la hora de almuerzo y después caminar a casa a su lado. Pero no tenían ese tipo de relación; Tom no podía ser eso para Bill. Así eran las cosas, y Bill estaba aprendiendo a aceptarlo lo mejor que podía.
—¿Te veré después de la escuela?
—Claro que sí —dijo Tom, y, a través del espejo arriba de su buró, vio a Tom cruzar la habitación con paso veloz y se detuvo detrás de él. Su sonrisa torpe sólo hizo sonreír a Bill también—. Tu habitación está cada vez más desordenada. Tendré que ponerla en mi lista de cosas por hacer.
—Da igual —Bill bufó, rodando sus ojos; pero miró a su alrededor y sí parecía estar volviendo a como se veía antes de que Tom y Andi la ordenaran. No era un desastre, pero había cosas fuera de sus lugares, zapatos, ropa y libros esparcidos. Pequeños desastres que ambos habían pasado por alto con tal de pasar más tiempo en los brazos del otro.
Bill vio cómo Tom se acercó por detrás y envolvió sus brazos alrededor de sus hombros en un abrazo, y Bill quedó horrorizado al encontrar que no podía sentirlo. No podía sentir el peso de sus brazos, o el calor del abdomen de Tom presionándose contra su espalda, o el aire caliente de la respiración de Tom sobre su piel. No podía sentir nada de eso, a pesar de que apenas hace unos minutos había estado despertando a su ángel a besos.
Tom apretó su agarre en los hombros de Bill cuando notó el pánico en sus ojos, ya sabía cuál era el problema sin siquiera tener que preguntar.
—¿Qué pasó? —preguntó de todas formas, contra el oído de Bill, y Bill ni siquiera pudo sentir el aliento que salió de su boca.
—No te puedo sentir —las palabras salieron pobremente, ahogadas y derrotadas.
—Regresará —le aseguró Tom, apoyando su mentón en el hombro de Bill y conectando sus miradas a través del espejo. La mirada incierta en los ojos de Tom dominó sus palabras, y Bill se encogió de hombros, incrédulamente.
Y no regresó. Tom volvió a ver a Bill esa tarde, después de que Bill hubiera llegado a casa, y nada había cambiado. La carne de Bill todavía atravesaba el holograma de Tom, sin importar cuánto intentara, o lo mucho que se concentrara. Pasaron la tarde juntos, intentando pretender que no era la gran cosa, que siempre podían volver a la forma en la que las cosas solían ser antes de que Bill hubiera podido ser capaz de sentir a su ángel, pero el asunto tenía un gran peso en sus pensamientos. Había una tensión obvia.
Entonces, Tom empezó a mantenerse más alejado, viniendo a Bill cada vez menos y menos. Bill intentó actuar como si no le molestara, como había estado antes de que Tom impactara en su vida, y como si estuviera perfectamente bien después de lo sucedido. Pero para cuando llegó el jueves, Bill estaba seguro de que estaba perdiendo la cabeza lentamente.
La escuela fue su propio infierno privado. La fiesta a la que había ido, aunque había sido casi hace una semana, se había convertido en noticia vieja. El tema de discusión del momento era el encuentro amoroso de Bill con el jugador de fútbol tras puertas cerradas… ¿qué no se suponía que hace una semana tenía un novio? Todos estaban incluso más seguros de que Tom había sido inventado, un intento patético de Bill para intentar ser chévere y encajar con los demás.
A veces, Bill deseaba poder admitir que lo había inventado. Las cosas serían más fáciles así.
En las veces cuando Tom había ido a verlo en la semana, aunque habían sido encuentros breves y con poca reacción, Bill nunca había dicho que lo que lo tenía tan de mal humor era lo que le estaba pasando en la escuela. Siempre había culpado al hecho de no poder sentir a Tom, y por tener mucha tarea y poco tiempo. ¿De todas formas, por qué preocupar a Tom con algo que no podía controlar? Bill sólo pasaba de ello, caminando a través de la burla diaria que era lanzada en su contra, y esperaba con ansias las tardes cuando Tom iba a visitarlo; cada vez esperaba poder volver a sentir la piel de su protector, y cada vez, se encontraba a sí mismo un poco más decepcionado que la vez anterior.
Bill exhaló un suspiro de alivio cuando el timbre sonó el jueves, indicando la hora de almuerzo. Agachó la cabeza y se mantuvo aparte mientras recogía sus cosas y se escurría fuera del salón de clases por detrás de sus compañeros. Necesitaba retirarse, necesitaba un descanso de las constantes burlas, abucheos y los dedos señaladores que se le habían dirigido toda la semana.
Lo que se decía en la escuela, era que Bill era un perdedor lo suficientemente grande como para inventarse un novio. ¿Qué podía ser peor que eso?
Justo afuera del salón, Bill se detuvo en seco, sin ver al mar de gente que pasaba frente a él. Lo único que podía ver era a Tom de pie del otro lado del pasillo, su presencia era sólida y confortante; sólidamente ahí, incluso mientras todas las personas pasaban de él, sin siquiera verlo.
—Ven conmigo —llamó Tom desde el otro lado, y no hubo duda cuando los pasos de Bill comenzaron a moverse a través de la multitud, siguiendo a una cabeza llena de rastas como si fuera la estrella polar. Dejó escapar un suspiro cansado mientras observaba a Tom entrar a un baño, con la esperanza de un poco de privacidad.
Tom estaba apoyado contra la pared del fondo del baño de hombres cuando Bill lo alcanzó finalmente. Todas las puertas de los cubículos estaban abiertas, el lugar estaba vacío y Bill no pudo sentirse más aliviado. Irónicamente, Bill veía los ratos que pasaba con Tom como los pocos momentos de cordura que podía experimentar, a pesar de lo cortos que pudieran llegar a ser.
—¿Cómo va tu día? —preguntó Tom, manso. Su voz resonó en las paredes del pequeño espacio en el que estaban.
El rostro de Bill cayó, y negó con la cabeza, enganchando un mechón de cabello detrás de su oreja mientras miraba sus zapatos. No quería ser una carga para Tom con lo que estaba pasando, aunque supuso que Tom ya sabía de todas formas. De cualquier manera, no quería hablar de eso, cuando tenía a Tom justo frente a él; cuando Tom había venido específicamente a verlo. Si hubiera sabido lo mucho que su presencia era necesaria para recargar la motivación de Bill para poder sobrevivir el día.
Al mismo tiempo, la mirada de simpatía en los ojos de Tom, le dijo a Bill que no podía ocultárselo. Tom sabía lo que Bill estaba sintiendo, y mentir no ayudaría a ninguno de los dos. Así que se tragó su orgullo, y doró la píldora un poco.
—N- no tan bien. No quiero estar aquí —admitió, y Tom inmediatamente se acercó a él, levantando su barbilla y enrollando cabello detrás de sus dos orejas.
Bill dejó escapar un jadeo de asombro ante la sensación. La Tom de mano se sentía caliente contra la cálida piel sonrojada de su mejilla. No había podido sentir a su ángel en toda la semana, pero ahora de repente sí podía, podía sentir a Tom y se inclinó hacia el toque.
—Tom —murmuró, momentos antes de dejar caer su mochila al suelo y lanzarse a sí mismo a los brazos de su ángel.
Tom envolvió sus brazos alrededor de la espalda de Bill; sus manos apiñaron la camisa del chico ligeramente más alto. Abrazó fuertemente a Bill, y un movimiento lento y balanceante, surgió.
—¿Puedo ayudarte a mejorarlo? —preguntó, y Bill se encogió de hombros contra el pecho amplio de Tom. No sabía cómo podría ayudarlo más de lo que ya lo estaba haciendo.
—Ya lo hiciste —murmuró Bill, pero Tom ya lo estaba jalando dentro del cubículo más cercano, al fondo del baño, y puso la cerradura.
—Déjame hacer más —dijo Tom, dejándose caer sobre sus rodillas sin dudarlo. Los ojos de Bill se abrieron desmesuradamente, al darse cuenta de lo que Tom estaba haciendo. Nunca habían llegado tan lejos, y Bill no podía creer que estaba pasando ahí, en ese preciso momento, de todos los lugares y momentos posibles. Pero no podía negar que lo necesitaba, y las manos de Tom ya estaban abriendo sus pantalones en busca del premio. Lo único que Bill pudo hacer fue respirar profundamente y enlazar sus dedos entre el cabello en la parte superior de la cabeza de Tom para mantener el equilibrio.
Los dedos de Tom rozaron los ligeros rizos alrededor de la base del pene de Bill, y Bill apretó sus ojos y contuvo la respiración. Tom estaba siendo tan cuidadoso y tentativo, tan desesperantemente lento que lo único que Bill podía hacer para no forzarse a sí mismo en la boca del ángel. Momentos más tarde, fue recompensado por el lameteo dulce, húmedo de la lengua de Tom a lo largo de la parte inferior de su pene antes de que sus labios se envolvieran alrededor de la punta. La cabeza de Bill cayó hacia atrás, golpeándose contra la pared de ladrillo mientras dejaba escapar un gemido de apreciación. La sensación era mejor, más intensa que cualquier otra cosa que jamás había sentido en toda su vida, y no quería que terminase nunca. Pero con esa forma en que Tom lo estaba chupando, sabía que no iba a durar mucho.
—Mierda, Tom —siseó Bill, sus dedos se curvaron alrededor del cabello de Tom para un poco de soporte mientras Tom continuaba bombeando su cabeza de arriba hacia abajo a la altura de sus caderas. Bill miró hacia abajo para ver el movimiento, y se sintió endurecer incluso más, casi hasta el punto de endurecerse por completo. ¿Cómo era siquiera posible que sucediera tan rápido? ¿Cómo era posible que algo se sintiera tan bien?
Tom hacía vibrar sus cuerdas bucales alrededor del pene en su boca y Bill empujó sus caderas hacia adelante; las vibraciones enviaron un hormigueo hasta sus pies. Apenas podía soportarlo, no podía ponerle freno a sus vocalizaciones. Jadeaba cada vez que Tom se metía su pene hasta el fondo y sentía que su miembro era tragado; gemía cada vez que los ágiles dedos de Tom se acercaban a acariciar su escroto en la base de su pene. Bill prácticamente gritó todas las obscenidades en las que pudo pensar cuando sus piernas se tensaron y se corrió, disparando su semen directamente en la garganta de Tom.
Era el cielo, concluyó con su mente confusa. La boca de Tom envolviéndolo era el cielo.
Bill apoyó la cabeza contra la pared detrás de él con los ojos cerrados mientras los ágiles dedos de Tom volvían a abrocharle sus pantalones, y luego se puso de pie, presionado un suave beso en los labios de Bill.
—Me tengo que ir —el ángel le susurró, y cuando abrió los ojos, Tom ya se había ido, dejando a Bill con un caso de éxtasis post- orgásmico y la mitad de un día de clases para pasar.
Continuará…
Y… en el próximo capítulo: las repercusiones. D:
Muchas gracias por todos los comentarios que me dejaron en el capítulo anterior. 🙂 Que pasen una linda semana. ^^