Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace
14. Probando puntos y desafiando la lógica
La música fuerte y punzante reverberaba por todos los huesos de Bill al entrar en la casa de Jacob Dean, haciendo que su piel vibrara con emoción… o en su caso, nervios. Casi inmediatamente se arrepintió de su decisión de ir a la fiesta, pero lo había hecho para probar un par de puntos importantes. Tenía que probarle a su madre que era un chico normal que hacía cosas de adolescentes normales, como ir a fiestas. Y tenía que probarle a Tom que podía valerse por sí mismo. Si Tom podía ir y venir como quería, y hacer lo que quería en su tiempo libre, entonces él también. Bill sabía que también estaba usando la oportunidad para ser un poco vindicativo, para vengarse de Tom por haber estado tan poco presente últimamente. No tenía control de muchas cosas, pero sí tenía control sobre sus propias acciones, lo cual era un hecho que nunca entusiasmaba a Tom.
Tom incluso se había aparecido en el baño de Bill mientras se preparaba para salir, aplicando sombra negra sobre sus parpados. Su cabello ya estaba peinado, algunos mechones se levantaban con laca, dándole una apariencia recién electrocutada, un look que Bill había perfeccionado hace años, pero que raramente tenía la oportunidad de usar. Había cerrado sus ojos, pasando un dedo sobre cada párpado para difuminar el color negro, y cuando los abrió, Tom había aparecido justo detrás de él con sus brazos cruzados sobre su pecho. Se habían sostenido la mirada por varios largos minutos antes de que Tom hubiese empezado a rogarle a Bill que no fuera. Incluso le había ofrecido salir a otro lado y hacer algo diferente para hacerle creer a su mamá que había ido a una fiesta y que estaba “haciendo cosas de adolescentes normales”.
Pero eso no era suficiente para Bill. Quería hacerle pasar un momento difícil a Tom tanto como quería probarle un punto a su mamá.
Finalmente, después de casi una hora de discutir, Bill le había dicho a Tom que se fuera a hacer lo que sea que hiciera con quien fuese que lo hiciera; que fuera a echarle un vistazo a sus otras misiones o lo que sea. Irritado, Tom le había dicho a Bill, de nuevo, que él era su única misión; pero había entendido la señal y había desaparecido, recordándole a Bill, antes de irse, que le hiciera un favor y que se mantuviera alejado de los problemas. Bill se mofó altaneramente y se puso su chaqueta de cuero negro, sin siquiera molestarse en decirle adiós al ángel antes de que desapareciera.
Sin embargo, ahora, luego de entrar a la casa y escanear la habitación y no encontrar ninguna cara conocida en la compresión de cuerpos que abarcaba de pared a pared, Bill estaba empezando a arrepentirse de sus métodos tercos y orgullosos. Sabía que pudo divertirse mucho más con Tom; debió aceptar la oferta del ángel para pasar el rato, debió aprovecharse del tiempo que pudieron pasar juntos y que ya no pasaba tan frecuentemente. Pero no, había querido probarle a Tom que tenía una mente propia, que podía tener amigos propios que no lo incluían a él, y que su vida no estaba en manos de nadie más que las suyas propias.
—¡Bill! —Bill se dio la vuelta al escuchar su nombre siendo exclamado sorpresivamente, y encontró los ojos de Clara viéndolo mientras entraba por la puerta principal, sólo momentos después de que él hubiera entrado—. Viniste.
—Sí, yo… —Bill empezó, viendo de arriba abajo a la chica que iba en su escuela. No se había dado cuenta de que a la chica le gustara vestirse tan sexy como lo había hecho. Usaba una corta falda de cuero negro y una blusa blanca con botones que mostraba más escote del que Bill había notado que tuviera. Su cabello estaba peinado hacia atrás por encima de sus hombros de una forma en la que nunca lo había usado en la escuela, acentuando la curva femenina de su labio. Se veía elegante, a comparación de muchas otras chicas, pero sin dejar de ser sexy; y sus ojos brillaron al ver a Bill.
—Y, ¡guau! —dijo con un asentimiento aprobador—. Mírate. Te ves…
—¿Diferente? —ofreció con una ceja alzada. Clara asintió y Bill dejó que su sonrisa de apreciación levantara las esquinas de sus labios—. Eso es lo que quería.
—Te ves bien —añadió ella.
—Tú también —halagó Bill, pero las cejas de la chica ya formaban un entrecejo fruncido, dándole una apariencia de algo que Bill no pudo definir.
—¿Tom no pudo venir?
Un pinchazo de culpa punzó el estómago de Bill, por mentirle a ella, por discutir con Tom, por estar en una fiesta en la que conocía exactamente a una sola persona. Pensó en no mentirle, ¿pero qué podría decir? No había explicación alguna que la chica pudiera creerle, y aun no confiaba en que ella no esparciría algo más acerca de Tom. Así que mintió.
—No, esta noche está ocupado.
Hubiera podido venir si realmente hubiese querido.
—Qué lástima —dijo Clara, y pareció genuinamente decepcionada—. De verdad quería conocerlo.
Tú y el resto de la escuela, quiso decir Bill, pero no lo hizo.
—Tal vez en otra ocasión —dijo, insincero con su oferta. Sabía que nunca pasaría, que nunca podría suceder.
—¡Bill! —otra vez, Bill fue abordado por un invitado, un brazo pesado se colgó de su cuello. Bill se dio vuelta para ver quién era, y encontró a su amigo Markus viéndolo con una sonrisa ladeada. El cabecilla de su pequeño grupo ya estaba embriagado, y Bill ni siquiera había sabido que estaría ahí—. No sabía que ibas a venir.
No gracias a ti, pensó Bill amargadamente. ¿A cuántas fiestas habían ido sus sedicientes amigos de las que Bill ni siquiera se había enterado y a las que mucho menos se le había invitado? ¿Cuántas veces había estado sentado en su casa él solo, despreciado por sus amigos para que ellos pudieran ir a hacer otras cosas sin siquiera pensar en mencionárselo?
—Yo tampoco sabía que estarías aquí —dijo, alejándose del peso del abrazo horizontal de Markus. Cruzó sus brazos de una forma parecida a la de Tom, lo cual, de paso, le hizo sentirse culpable.
—¡Sí, tío! —Markus palmeó a Bill en la espalda y se tambaleó peligrosamente en sus propios pies, dejándole a Bill preguntarse cuánto tiempo llevaba ahí. O cuánto tiempo llevaba bebiendo. Podía haber una diferencia—. ¡He estado esperando esta fiesta por aaaaaaños!
—Qué bueno —dijo Bill cortantemente con la mitad de su boca doblándose hacia arriba y formando una sonrisa apretada, expresando sus juicios sin una pizca de recato—. Bueno, pues entonces supongo que por ahí nos vemos.
Bill se giró para continuar con su conversación sociable con Clara, pero la chica ya se había ido, siendo jalada por una de sus amigas. Bill la vio perderse en la multitud, con una sonrisa plantada firmemente en su rostro mientras empujaba gente con facilidad, su mano estaba anclada a la de otra chica, que la llevaba lejos de él.
—Solo —Bill se rio de sí mismo irónicamente. Había despreciado una noche con Tom por una noche de sentirse incómodo y fuera de lugar en una fiesta…solo.
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Bill había tomado un par de latas de cerveza de la cocina poco después de haber llegado. No le gustaba mucho beber alcohol, pero sabía que calmaría sus nervios un poco, tal vez lo ayudaría a pasar un par de horas en la fiesta, y podría probarle un punto a su madre y a Tom. Después de eso, volvería a casa como si la noche hubiese salido justo como lo había planeado, y se prometería a sí mismo nunca volver a hacerlo. Había llevado las bebidas al porche trasero de la casa para beber solo; su soledad le daba más confort cuando no estaba rodeado por tanta gente mirándolo, preguntándole en dónde estaba su novio, así que se sentó a beber él solo por el tiempo más largo en la vida.
No había visto a Clara desde que la chica había sido arrastrada por la multitud, y había visto a todos sus otros amigos al pasar, pero no había tenido deseos reales de hablar con ellos. Lo que realmente quería hacer era sentarse en su habitación y ver una película, o hablar con Tom, o llevar a Charlie a dar un paseo, o ayudar a su madre en la casa.
¿A quién estaba engañando de todas formas? Su madre tenía razón. No era un chico normal que hacía cosas de adolescentes normales, pero ¿acaso eso era algo malo? ¿De verdad era tan malo estar por encima de salir de fiesta y beber? ¿Estaba tan mal que tuviera una cabeza sobre sus hombros en vez de caer en el rollo de encajar con los demás? ¿Qué tenía de malo ser diferente a todo el resto?
Por un breve momento, Bill se preguntó si Tom estaba con él, cuidándolo, observándolo; sin ser visto, pero siempre presente. Bill supuso que si lo estaba, seguramente debía estar sintiéndose engreído al ver que había tenido razón; que Bill hubiera pasado una noche mejor con él. Bill quería decirle algo, abrió su boca para decirlo, en caso de que estuviera merodeando por ahí, escondido detrás de su capa de invisibilidad, pero antes de que pudiera hablar, otra voz rompió el silencio.
—Eres muy lindo para estar sentado aquí tu solo.
Un chico se sentó al lado de él en los escalones del porche y le ofreció a Bill una lata de cerveza, la tercera de la noche para Bill. La tomó agradecidamente, abriéndola en el instante en el que sus dedos la envolvieron. El chico era más bajo que él, pero era musculoso y tenía su cabello más largo que el de Bill. Era brillante y grueso, y caía por debajo de sus hombros, lo cual era un poco contradictorio a comparación a su fachada masculina y ruda, pero al entrecerrar sus ojos decidió que también de cierta forma le quedaba bien. Se veía como alguien que probablemente estaba en el equipo de fútbol de la escuela. Y tal vez lo estaba, porque se veía extremadamente familiar, pero no lo suficiente como para que Bill pudiese ubicar en dónde lo había visto.
—¿Gracias? —contestó Bill finalmente, entrecerrando sus ojos mientras continuaba intentando darle un nombre al rostro con ojos verdes que le estaban dirigidos solamente a él. Incluso si hubiera recordado algo, el alcohol ya estaba nublando y revolviendo su cabeza. Sus palabras fueron flojas cuando las dijo y su sonrisa fue más brillante de lo que debió haber sido para su acompañante añadido. Alguien visible. Se inclinó hacia el cuerpo cálido a su lado y su sonrisa se amplió más. Alguien tangible.
—No te molesta, ¿verdad? —preguntó el chico, moviéndose a un lado, acercándose más; y por un momento, Bill se preguntó si tal vez había obtenido una idea errónea. Y entonces, Bill inhaló por sus fosas nasales y olfateó su esencia, masculina y enjabonada, con un leve matiz de alcohol en su aliento, y a Bill ni siquiera le importó. Esto era lo que se suponía que los adolescentes normales hacían, ¿no? Bill se encontró a sí mismo negando con su cabeza, sin molestarse por la proximidad del chico—. Por cierto, me llamo Georg.
—Bill —respondió Bill con un ligero asentimiento, y el chico, Georg, le sonrió.
—Lo sé. Te he visto por ahí. Te juntas con Markus y su grupo, ¿no?
Bill llevó la lata de cerveza a sus labios y la levantó para verter su contenido desagradable. Miró a la distancia, preguntándose cuál era la definición de “juntarse con”. Ni siquiera lo habían invitado a esta fiesta.
—Supongo —contestó finalmente, y después clarificó—. Realmente no me junto con nadie.
—Eres tú mismo —dijo Georg, sus ojos estaban encendidos con un centellar que Bill apenas y había notado al principio—. Me gusta.
Bill se congeló cuando Georg se inclinó, tocando su oreja con la punta de su nariz. Estaba a punto de hacerlo a un lado, pero el cosquilleo que causó el aliento de Georg en su cuello le hizo detenerse inmediatamente. Georg posó su mano en la pierna de Bill, sus dedos se extendieron de forma caliente por su muslo interior. La presión de sus labios en el cuello de Bill hizo que un estremecimiento subiera por la columna de Bill, y una carga de sangre corrió hacia su entrepierna. Normal, ¿no? El alcohol lo hizo susceptible al nuevo acontecimiento y se tomó el resto de su cerveza con esperanza de que eso pudiera calmarlo, para no parecer un virgen sin experiencia en frente de alguien que quería besar su cuello y mantener un firme agarre a su muslo superior.
—¿Estás intentando insinuárteme? —Bill intentó coquetear, pero sus palabras salieron nerviosas y temblorosas, y se maldijo a sí mismo por ser tan inocente e inexperto. Había hecho cosas así, pero había sido hace tanto tiempo que apenas y había significado algo para él. Lo había sacado de su mente hace años.
—¿Está funcionando? —preguntó el chico, con voz ronca; el acercamiento trajo olores más potentes de alcohol y cigarros en su aliento mientras mantenía su cara presionada en la curva del cuello de Bill. Sus dientes mordisquearon la piel sensible, y Bill se tragó una fuerte bocanada de aire. Definitivamente estaba logrando algo.
—Tal vez —dijo a cambio, su mano se apretó en torno a su lata de cerveza vacía. El sonido del aluminio abollándose en su agarre hizo que Georg se separara y mirara a Bill acaloradamente a los ojos. El intento de Bill de ser tímido sólo logró que el otro chico lo viera como consentimiento.
—¿Quieres ir allá arriba?
Bill se tomó un momento para considerarlo, pero Georg ya estaba levantándose del porche, extendiéndole una mano en oferta, y Bill se encontró a sí mismo siguiéndolo voluntariamente, sin poner resistencia. Sabía lo que sucedía arriba, sabía lo que buscar un poco de privacidad significaba en eventos como ese, pero de todas formas siguió la corriente, alejando los pensamientos de Tom y el gesto desaprobador de su mente.
Era él mismo; una persona independiente que hacía lo que quería hacer. Hacía cosas normales de jóvenes normales, como ir a fiestas, enrollarse con completos extraños en las habitaciones de arriba. Él era normal.
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Bill veía el techo con una mirada perdida, con lágrimas no derramadas en sus ojos mientras Georg entraba y salía de él, apoyándose con sus codos encima del chico con el maquillaje negro y el cabello estilizado. La cara de Georg estaba escondida en su cuello, donde había estado la mayor parte de la noche, pero el cosquilleo en la columna de Bill y las mariposas en su estómago se habían sosegado e ido a casa hace mucho tiempo, dejando a Bill con sólo una sensación enfermiza en su estómago, y un millón de kilos de culpa asentados en su entrañas.
Esto estaba mal, muy mal. Georg era del tipo de los deportistas, Bill era el solitario, el chico inteligente. No hacía este tipo de cosas, pero ahí estaba, mirando el techo e intentando no llorar mientras alguien que ni siquiera conocía lo usaba como una forma para poder aliviar sus necesidades sexuales. Todo se resumía a que Bill probara sus puntos; estaba entregando algo precioso de sí mismo por ser tan terco, cabezota y orgulloso.
La sensación dolía, por supuesto, sentía como si estuviera siendo partido en dos, pero el dolor iba más profundo. Estaba frustrado consigo mismo por obsesionarse con ser normal, por intentar probar sus puntos y buscar revancha. Estaba añorando a Tom, por su compañía y por su confort. Y de todas formas, ¿en dónde estaba? ¿Qué no se suponía que debía proteger a Bill? ¿Acaso no era su trabajo alejarlo de cosas de las que pudiera arrepentirse?
Bill definitivamente se arrepentía de esto.
Pudo notar que Georg estaba cerca de terminar cuando empezó a gruñir desagradablemente en su oreja, exhalando su aliento caliente contra el cuello de Bill. Bill se sintió asqueado y empezó a contar segundos para distraerse a sí mismo del remover en su estómago, para mantener su mente anclada a su cuerpo. La última cosa que necesitaba era salirse de su mente y dejar que ese extraño tuviera más control sobre él.
Cuando Georg terminó, salió de Bill y rodó, acostándose de espaldas a su lado. La cama se hundió bajo su peso y Bill tuvo que luchar para no rodar a la mitad del colchón con el hombre más pesado.
—Estuviste muy bien, muñeco —balbuceó Georg, arrastrando sus palabras y con sus ojos pesados. Bill tragó la bilis ácida que amenazó con subir por su garganta y rogó porque Georg quedara inconsciente pronto para no tener que lidiar con él. Apenas podía soportar verlo, y el olor a sexo en la habitación era potente, haciendo que las olas de nausea en el estómago de Bill golpearan fuertemente contra sus costillas.
—No me digas así —discutió, y se preguntó cuáles podrían ser posiblemente las estipulaciones de Georg para “bien”, considerando que él no había hecho absolutamente nada más que yacer ahí y soportarlo. Ni siquiera se había negado.
Se sentía asqueado consigo mismo, con Georg y con toda la estúpida situación.
Georg nunca formó una respuesta ante la petición de Bill, y unos minutos después, cuando Bill giró su cabeza para verlo, se dio cuenta de que había sido porque se había quedado inconsciente con la boca abierta y sus piernas extendidas por el colchón. Bill dio gracias de que hubiera perdido el conocimiento tan rápido y se levantó de la cama, recogiendo su ropa y poniéndosela tan rápido como podía. Bill alcanzó a darse un vistazo en el espejo, y se sorprendió al ver lo diferente que se veía.
Su cabello, que había estado perfectamente peinado cuando se fue de su casa, ahora estaba casi liso; pero alborotado en varias direcciones debido a la laca. Su ropa estaba arrugada y su maquillaje corrido. Pero más que eso, sus ojos se veían diferentes, su rostro… no sabía lo que era, lo que había cambiado, pero se veía menos como el Bill que siempre lo había visto a través del espejo.
El vuelco en su estómago se intensificó entre más permanecía en esa habitación, la esencia de sus indiscreciones merodeaba a su alrededor, impregnándose en su cabello y su ropa, en su piel. Tenía que irse.
Listo para ir a casa y dormir después de la pesadilla de esa noche, se aseguró de que traía todo con lo que había llegado, y abrió la puerta. La fiesta abajo seguía; la música seguía retumbando desde el primer piso donde la mayoría de la gente se entretenía con música, alcohol y los unos con los otros, pero Tom era a lo único a lo que pudo prestarle atención mientras la puerta se cerraba detrás de él.
El ángel estaba sentado en el suelo del pasillo del otro lado de la habitación de la que Bill acababa de emerger. Su mirada se veía triste y afligida cuando levantó la vista para mirar a Bill. Sus rodillas se inclinaban hacia su pecho y sus brazos estaban doblados sobre ellas. Bill no tenía idea de cuánto tiempo llevaba ahí, cuánto tiempo había esperado, o qué es lo que había visto. Pero el simple hecho de que estuviera ahí y que lo hubiera estado esperando, envió las emociones de Bill en un espiral. Quería lanzársele encima; quería gritarle; quería abrazarlo.
No necesitó preguntarle a Tom si sabía lo que había pasado detrás de puertas. La respuesta estaba escrita por todo el rostro herido del ángel.
—¿Por qué no me salvaste de eso, eh? —preguntó Bill y su voz flaqueó un poco, traicionándolo cuando salió de su boca. El mentón de Tom de Tom se levantó un poco más para mirar directamente a Bill, y Bill pudo ver el tormento en sus ojos. Le hizo sentirse culpable por estar un poco molesto con el chico enrastado que había llegado a significar tanto para él en tan poco tiempo.
Observó a Tom tragar saliva antes de formular su respuesta.
—No te vas a morir por un corazón roto —contestó, su propia voz flaqueó de la misma forma en la que lo había hecho la de Bill.
Sin ser capaz de desafiar esa lógica y sin querer permanecer enojado con Tom, Bill arrastró sus pies por el piso alfombrado del pasillo y se sentó al lado de su amigo invisible, haciendo una mueca hasta que encontró una posición semi-cómoda, y después dobló sus rodillas hacia arriba, debajo de su mentón para imitar la forma en la que Tom estaba sentado. Se mordió su labio al sentir la tensión, y la tristeza empezó a drenarse de su cuerpo instantáneamente. Era como si Tom pudiera convertir todas las cosas malas en algo bueno, algo que Bill estaba seguro de que no todos los amigos de la mayoría de la gente podía hacer. Y después de la noche que había tenido, Bill definitivamente necesitaba eso de Tom.
—Gracias por estar aquí —dijo con su voz baja, cargando un tono de disculpa que estaba seguro que Tom podría entender.
—Lamento que la hayas pasado tan mal.
—No todo fue tan malo —dijo Bill, aunque al repasar la noche en su mente, se dio cuenta de que la mayoría sí había sido horrible. Todo había estado mal, nada había salido bien. No había sido él mismo. Ni siquiera estaba seguro de por qué siquiera lo había intentado.
—¿Cómo qué?
—Como esto —susurró Bill, volteando su cabeza para mirar a Tom. A pesar de todo, de todas sus frustraciones y complicaciones, Bill todavía veía a Tom como una de las mejores cosas que tenía en su mundana vida—. Esto es agradable.
El comentario originó una brillante, pero cuidadosa sonrisa de parte del ángel. En un gesto de amistad, Tom hizo su rodilla a un lado, chocando levemente con la de Bill, y Bill jadeó por la sorpresa. A diferencia de la primera vez que pensó que había sentido la mano de Tom, Bill estaba seguro de que acababa de sentir la rodilla de Tom golpear contra la suya. Su propia pierna se había sacudido con el impacto.
Inseguro, Tom le sonrió a Bill.
—Lo sentí —susurró Bill, mirando con los ojos como platos a su amigo ángel—. Sé que lo sentí.
Tom levantó una mano y, cuidadosamente, Bill colocó su palma en la de Tom; sus dedos se curvaron y entrelazaron instintivamente. La mano de Tom era cálida, solida, áspera. Bill podía sentir las líneas, los surcos, los huesos debajo de la carne.
—Oh por dios —exhaló, apretando la mano de Tom, y el ángel apretó la suya también— ¿Tú lo estás haciendo?
Tom abrió su boca para responder y después negó con su cabeza.
—Si es así, no sé qué es lo que estoy haciendo diferente.
—Tom —dijo Bill, tragándose el nudo de emoción y aprensión en su garganta. No sabía cuánto tiempo duraría. La única vez que pensó que había sentido a Tom, había sido tan rápido como había pasado, dejando a Bill creyendo que en realidad no había sentido nada. Bill quería que esta vez sí durara.
—¿Sí? —preguntó Tom con un susurro, encontrándose a sí mismo igual de encantado por la situación que Bill.
—No me sueltes.
Continuará…
No sé ustedes, pero a mí me pareció absolutamente desgarrador que Bill haya terminado así con Georg. :'( La primera vez que lo leí casi me pongo a llorar, qué impotencia… Pero hey, ¡Bill y Tom se tocaron! :’D Sé que el próximo capítulo les gustará. 😀
Ahora, nunca había hecho esto, pero… no sean malos y déjenme un comentario, aunque sea de vez en cuando, cuando algún capítulo les guste, o cuando no les guste. No me malinterpreten, veo que el contador de lecturas sube y me alegra, yo hago traducciones para compartirlas con ustedes… pero lo hago, como dicen por ahí: por amor al arte. También me llevo tiempo y esfuerzo; como por ejemplo ahora, mis ojos me están matando, pero aquí estoy. Y la verdad es que yo me animé a empezar a traducir historias porque quería tener a alguien con quién hablar de ellas, así que es un poco deprimente que de todas las personas que leen, sólo algunas se toman un tiempo para dejarme comentario. 🙁 Espero que comprendan.
Y claro, ¡muchísimas gracias a todos aquellos que sí me dejan comentarios siempre! 😀 Hacen que todo esto valga la pena. Ando emocional, lo siento… mejor me voy. Espero que les haya gustado el capítulo. 😀 ¡Saluditos!
Cuando actualizan 😭