Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace

12. Conversaciones dulces y movimientos sofisticados

Las suelas chirriantes de sus tennis sobre el limpio suelo blanco eran ensordecedoras e irritantes para Tom mientras caminaba por el vestíbulo del edificio del que estaba empezando a cansarse. Estaba seguro de que era el único que veía el interior de esas paredes tan seguido, y también estaba seguro de que no había forma de que fuera el único que rompiera una regla o dos de vez en cuando en ese lugar. Pero nunca había visto a ningún otro guardián teniendo que venir a GP tanto como él mismo.

Tom mantuvo su cabeza baja, ocultando su rostro detrás de una cascada de rastas mientras pasaba frente a otros que andaban por ahí, bebiendo café de tazas completamente blancas, leyendo periódicos, manteniendo sus rostros ladeados hacia sus teléfonos. Hubiera preferido estar en cualquier otro lugar que no fuera ahí, cualquier lugar, menos acercarse a su perdición con cada paso que daba hacia el hombre que se encontraba detrás de la gran puerta de roble que estaba atrás del escritorio de la recepcionista.

—Hola, Tom.

Tom levantó la vista para encontrarse con Celia, sonriéndole desde atrás del escritorio, al igual que la vez pasada. Lo había llamado desde el otro extremo de la habitación, incitándolo a acercarse con el meloso tono de su voz. Era como si estuviera siendo jalado en esa dirección contra su propia voluntad. Tal vez ese había sido el motivo de poner a alguien tan dulce enfrente de la oficina tan inquietante. Tom estaba seguro de que todo era una conspiración, estaba seguro de que todo era parte del plan de GP para ponerlo en una situación no ventajosa y hacerle caer.

Las palmas de sus manos estaban sudorosas mientras se aproximaba al escritorio. Ya no había forma de librarse de esa reunión; Celia ya lo había visto, ya le estaba comunicando por teléfono que Tom estaba ahí para verlo. Colocó el auricular en la base y Tom la interrumpió antes de que pudiera empezar a hablar.

—Ya sé. Está listo para verme.

—Has estado aquí muchas veces —observó ella con una sonrisa, y Tom no estaba seguro de si eso le hizo sentirse superior o estúpido. Pensó que tal vez un poco de ambas. Ciertamente no había aminorado sus temores, al estar ante al castigo que le darían por la regla que acababa de romper. Sabía, incluso antes de hacerlo, que había sido la regla, de todas las reglas, que no debía romperse; pero no había podido detenerse a sí mismo. Bill había estado allí tan vulnerable, llamándolo. No hubiera estado bien no aparecerse.

¿Sería capaz de convencer a GP de eso?

—Un par de veces —se encogió de hombros como respuesta a la mujer morena detrás del escritorio—. Así que…

Apuntó hacia la oficina y Celia asintió.

—Te ha estado esperando.

—Apuesto a que sí —murmuró Tom, dejando caer su barbilla en su pecho y preparándose para enfrentar a su destino. Estaba listo para pelear con uñas y dientes para mantener un fuerte agarre en su tarea con Bill y no con nadie más—. Deséame suerte.

—No la necesitarás —dijo Celia desde atrás mientras Tom abría lentamente la puerta que había tenido miedo de cruzar desde que dejó la habitación de Bill la noche anterior.

A pesar de lo que Celia pensaba, Tom estaba seguro de que sí iba a necesitar algo más fuerte que la señorita de la fortuna de su lado. Iba a necesitar algunas dulces habilidades para hablar si quería salir de ese cuarto con su actual cargo intacto.

—Tomas —dijo GP sin levantar la vista, antes de que la puerta pudiera cerrarse detrás de él. Había una pequeña réplica en la punta de su lengua que quería salir y decir que su nombre no era Tomas, sólo Tom, pero se la tragó. Tenía que estar en el lado bueno de ese hombre, si es que eso era posible. La pluma de GP que era agarrada fuertemente en su mano izquierda, se movía furiosamente sobre un papel, tan fuerte que Tom estaba seguro de que dejaría huellas de las palabras en toda la parte posterior del cuaderno.

—Señor —saludó Tom, intentando controlar los nervios en su voz. Metió las manos en los bolsillos de su sudadera para abstenerse de tronarse los nudillos; seguramente el sonido haría eco en toda esquina de las paredes que estaban a su alrededor y delatarían el temor que corría por sus venas.

—Toma asiento —ofreció el mayor, su pluma de tinta seguía moviéndose sin descanso.

—Oh, yo…

El hombre canoso detrás del escritorio levantó la vista para ver a Tom con una mirada dura; la punta de su pluma seguía presionándose contra el papel.

—Toma asiento —repitió, el tono de sus palabras había sido más pesado que la vez anterior.

Tom tragó y se sentó en el mueble que era lo suficientemente grande como para tragárselo. Sus dedos se cerraron alrededor de los brazos de madera redondeados de la silla mientras GP lo hacía esperar, y su rodilla se balanceaba de arriba hacia abajo con anticipación. Tom intentó aprovechar el tiempo para pensar en lo que iba a decir, pero su mente seguía volviendo al tic-tac que hacía el reloj encima de la cabeza del hombre, sonando en un ritmo constante, recordándole que el tiempo se estaba acabando.

¿Acabándose para qué, exactamente? Tom no estaba completamente seguro, y tan sólo pensar en eso dejó un sentimiento de angustia en su estómago.

Cuando el hombre canoso puso su pluma a un lado de la libreta en la que había estado escribiendo y miró a Tom, el cuerpo del joven ángel se tensó, preparándose a sí mismo para un argumento en favor de su misión.

—Tal vez no lo sepas —empezó el hombre—, pero estoy consciente de todas tus excursiones. Las pequeñas y las no tan pequeñas. ¿Entiendes lo que te digo?

Tom tragó un nudo en su garganta y asintió.

—Lo entiendo, señor.

—En nuestra última discusión, Tomas —señaló el hombre fornido—, te dije que debías alejarte de Bill y guiarlo a pasar más tiempo con sus amigos. ¿Sientes que lo has cumplido?

Tom tragó saliva, tragando aire y miedo al ponerse rígido en la silla que estaba frente al hombre que tenía todo el poder. Podía hacer lo que quisiera con Tom, y Tom lo sabía.

—Lo intenté —dijo Tom con un ceño fruncido, flexionando sus dedos sobre la madera bajo sus manos—. De verdad que…

—¿Sí o no te apareciste en frente de Bill cuando estaba haciendo planes para salir con sus amigos, y le pediste que no fuera?

El adolescente enrastado hizo lo único que podía hacer, y asintió. Era cierto, le había pedido a Bill que no fuera al río con sus amigos.

—Sí lo hice —admitió—. Pero mi localizador había sonado. Tenía miedo de que…

—Tenías miedo de que algo le pasara y que no fueras capaz de ayudarlo —no era una pregunta, ni una asunción. Era como si el hombre le estuviera diciendo a Tom lo que pensaba, y tenía razón. Tom bajó la cabeza, pero mantuvo la vista en GP—. ¿Acaso no confías lo suficiente en tus habilidades para mantener a tu asignación a salvo?

—Sí —argumentó Tom, pero ni él mismo estaba seguro de creerlo—. Es sólo que…intento mantenerme lejos de él, pero no puedo. ¡Y está solo!

Tomas—advirtió el hombre, pero Tom continuó.

—En serio. Sus amigos a duras penas son sus amigos, perdió a su papá hace unos años, y su madre siempre está trabajando para poder cuidarlo. ¿Y, usted sabe a lo que puede llevar la soledad?

—Estoy muy consciente de ello —dijo GP, apretando sus cejas con impaciencia mientras Tom continuaba su diatriba.

—Puede llevar a la depresión, decisiones irracionales, suicidio. Lo estoy protegiendo al hacerle compañía.

—Eso no te toca a ti, Tom —dijo el hombre, su voz resonó fuerte en todo el cuarto, ahogando todos los débiles intentos de Tom para explicar algo que ni siquiera él podía entender—. Y, aparte de todo, lo que pasó anoche con Bill…

La sangre de Tom se enfrió cuando GP dejó de hablar. En un instante, sintió como si le hubieran golpeado en el estómago, como si acabara de ser apaleado justo en ese lugar, en ese momento. Sabía exactamente lo que venía: el tema acerca de la única que definitivamente nunca debió hacer con Bill, la cosa que sabía que sería imposible evitar.

Cuando el hombre volteo su vista de vuelta a Tom, sus ojos estaban oscuros, amenazantes y feroces. Tom tragó duramente alrededor de la constricción de los músculos de su garganta. El aire en sus pulmones llegó a un punto muerto mientras trataba de exhalar.

—Sé que no tengo que decirte que ese fue un comportamiento absolutamente inaceptable.

—No, señor —concordó Tom con un leve movimiento de su cabeza al estar demasiado nervioso como para hacer movimientos mucho más drásticos o que llamaran la atención.

Estaba esperando que la silla en la que se le había instruido sentarse, se lo tragara para poder largarse, fuera de esta oficina, lejos de la enfurecida mirada del hombre que se sentaba frente a él.

—Espero que puedas darme una buena razón por la que no debería sacarte del caso inmediatamente.

—Me necesita —las palabras salieron de forma rápida e inmediata; era la verdad más grande y más cierta que Tom había podido decir. Era la razón por la que lo habían puesto en ese caso, después de todo. Bill era tan propenso a los accidentes que necesitaba un protector que no tuviera otras tareas y que pudiera centrar toda su atención en él. Necesitaba uno de los ángeles más jóvenes que tuviera más energía para poder seguirle el paso. La mirada de GP se endureció, y Tom pensó que casi podía ver que el hombre sabía que tenía razón—. Usted sabe que sí. Además, todavía se está recuperando mentalmente del accidente, y no creo que cambiar guardianes en este momento sea una buena idea.

El hombre chasqueó su lengua contra el techo de su boca al decidirse, pero no dijo nada. Tom tragó el pánico frenético que trepaba por su garganta, y continuó.

—Sé que he roto algunas reglas, y he cruzado líneas que nunca debí…

—Sí, lo hiciste.

—…pero se lo juro, señor. Es como si hubiera algo que no me deja alejarme, pero lucharé contra eso. Lo haré mejor. Por el bien de Bill —Tom pausó lo suficiente para tomar un respiro—. Por su bien, déjeme hacerlo mejor.

—De verdad te estás esforzando por esto —observó GP con consideración, y Tom asintió.

—Por él.

La habitación quedó en silencio; una toma de decisión eterna y silenciosa. Tom flexionó sus dedos nuevamente sobre los brazos de la silla en la que estaba sentado. Mantudo sus ojos fijos en el hombre, intentando transmitir la sinceridad que estaba sintiendo. No sabía qué haría, ni qué haría Bill, si lo transferían. Y si sí obtenía otra oportunidad con Bill, Tom estaba decidido a hacerlo mejor, a no volver a esa oficina nunca más.

—Muy bien —aceptó finalmente el hombre.

Tom se quitó un montón de peso de su pequeño cuerpo.

—Pero Tomas… —añadió el hombre y Tom contuvo su respiración, esperando por más—. Soy un hombre justo y confiable. No quieras hacerme tonto.

—No, señor —dijo Tom con entusiasmo, negando con su cabeza—. No lo haré.

—Sí mantuviste a Bill a salvo, de forma proactiva al pedirle que no fuera con sus amigos —dijo GP—. Y sé que no ha sido la única vez que lo has hecho.

De nuevo, Tom negó con su cabeza, pero un poco más ligero y sutíl, con miedo de que un movimiento brusco pudiera cambiar todo el juego.

—Sigue con el buen trabajo, pero no te metas en problemas.

—Lo haré —Tom aceptó, listo. Incluso si le costara todo su poder, lo haría mejor.

—Eso sería todo.

—Gracias —contestó, secándose las palmas de sus manos en sus pantalones y poniéndose de pie. Había una ligera burbuja de alivio en su corazón pesado. Tenía que mantenerse alejado de Bill, pero al menos, Bill todavía era suyo.

Eso contaba, ¿no?

&

La fuerte corriente de agua caliente caía sobre la espalda de Tom, y dejó que se librara de toda la tensión en sus músculos. Después de haberse ido de la oficina de GP, había quedado liquidado, tenso, aun sintiéndose aturdido por el hecho de que, de alguna forma, había logrado que el hombre lo dejara quedarse con su tarea con Bill. Todavía podía estar con Bill, incluso si no podía estar con él de la misma forma en la que había estado. Todavía podía estar ahí, ser parte de su vida, incluso desde una distancia.

Era un precio muy alto qué pagar, pero era un precio que Tom no podía imaginar no pagar.

Tom enjabonó su cuerpo de forma ausente, su mente vagaba con todas las cosas que había experimentado desde que había conocido a Bill. La risa de Bill, la forma en la que su sonrisa subía a sus ojos cuando estaba verdaderamente feliz, y la forma ceñuda de su mirada amenazadora con la que sus ojos quemaban a través de Tom cuando estaba enojado. Tom pensó en la emoción momentánea que había visto en el rostro de Bill en el instante en el que pensó que lo había sentido, y después, la forma tan rápida en la que se desvaneció en algo más que frustración cuando se dio cuenta de que no había sido así.

Tom quería que Bill pudiera sentirlo. Pensó en la forma en la que había encontrado a Bill con su pene en mano la noche anterior, la forma en la que su rostro se contrajo con éxtasis cuando se corrió. Sólo podía imaginarse lo mucho mejor que hubiera sido para él, para ambos, si Bill pudiera sentirlo. Entonces, la mente de Tom divagó a algo que no había sucedido, a algo que nunca podría suceder.

Sintió la mano de Bill en él, bajando suavemente hacia su pene. Pensó en los dedos sin callos, bien cuidados y suaves Bill, envolviéndose alrededor suyo, apretando en los lugares exactos. Tom se tambaleó hacia atrás en la ducha, chocando contra el muro, y salió de sus pensamientos. Sus propios dedos envolvían su erección, dura, roja y brillante.

Tom tragó saliva y apretó en torno a la cabeza, un siseo de placer escapó por sus labios. No podía recordar la última vez que había hecho eso, la última vez que había querido hacerlo. Ni siquiera podía recordar la última vez que el pensamiento había cruzado por su mente. ¿Se suponía que podía quererlo? La forma en la que su cuerpo estaba reaccionando, era como si lo necesitara.

—Ah, mierda —dijo entre dientes cuando se dio cuenta de que incluso al poner el agua fría y pensar en cosas acerca de la abuela de alguien en un bikini no iba a librarlo del doloroso sentir que tenía entre sus piernas.

Tiró y giró su muñeca, dejando que el jabón resbaloso se convirtiera en su lubricante. Dejó que sus pensamientos regresaran a Bill, y a todas las cosas que podrían hacer si tan sólo Bill pudiera sentirlo. Lo que habían hecho la noche anterior estaba mal, pero había sido fantástico; incluso para Tom que ni siquiera había sido tocado. Mientras continuaba bombeándose a sí mismo, encontrando un ritmo que era demasiado largo para prolongar lo inevitable, el ángel imaginó el pecho de Bill presionándose contra su espalda, el brazo de Bill serpenteándolo, y la mano de Bill masturbando su miembro. Si se concentraba demasiado, casi podía sentir el cálido aliento de Bill sobre la piel de su cuello.

No tomó demasiado tiempo antes de que Tom se tensara y los movimientos de su mano se volvieran erráticos. En minutos, Tom se encontró a sí mismo de pie, desnudo en la ducha, gimoteando el nombre de Bill con cada contracción que hacían sus músculos. Momentos después, su semen salpicó en el muro de la ducha, sólo para ser limpiado por el agua caliente que seguía cayendo de la regadera.

Sintiéndose deshuesado y elástico, Tom terminó su ducha rápidamente y se vistió en el baño, dejando que el vapor siguiera envolviéndolo y relajándolo de cualquier pequeña tensión que pudiera quedar en su cuerpo. Había olvidado cómo se sentía tener ese tipo de alivio, qué tan calmado y relajado podía sentirse uno después de eso. Se sintió rejuvenecido y con la mente clara, lo suficientemente clara para saber que todavía estaba jodido con la situación con Bill. Le gustara o no, iba a tener que encontrar una forma de retirarse. Pero las ganas que le estaban dando sólo por ir a ver a Bill, porque Bill fuera capaz de sentirlo, eran un poco preocupantes. Sólo pensar en lo que acababa de pasar en la ducha debió ser una bandera roja, un indicador de que algo estaba mal.

Ya vestido y listo para deprimirse en el apartamento pensando en Bill, Tom salió del baño y caminó lentamente a la cocina, donde encontró a Andi sentado en el sofá en frente de una pantalla de televisión en blanco. Era obvio que lo había estado esperando, y más cuando levantó el mentón para saludarlo casi instantáneamente.

—¿Cómo te fue?

Tom casi quiso estallar contra Andi, quería decirle que fuera a meterse en sus propios asuntos, pero lo pensó mejor y se mordió la lengua antes de hacerlo. No podía decirle a Bill lo que estaba pasando, y el gran poder parecía no querer escucharlo. Tal vez, si Tom pudiera hablar de ello con alguien que estuviera dispuesto a escuchar, podría encontrar una conclusión por su propia cuenta.

Vacilantemente, se sentó en el sofá frente a su amigo, y Andi se dio la vuelta de lado para verlo de frente, ofreciendo un oído abierto que Tom había estado esperando.

—Creo… —empezó Tom, y luego se detuvo, sin estar seguro exactamente de cómo empezar. Abrió y cerró su boca sin frutos unas veces antes de resolverlo—. Creo que algo está mal conmigo.

Continuará…

¿Pero qué pasa con Tom? 🙁

Muchas gracias por los comentarios que han dejado. ^^

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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