
«Nothing is louder than love». Temporada III
Capítulo 5
(Junio de 2014, día 3)
Para el tercer día de escoger canciones, los Kaulitz decidieron que era necesario escuchar a los Gs, los llamaron por skype aun sabiendo que en Alemania ya era una hora avanzada de la noche.
—Hey, ¿es que no tienen sentido de la oportunidad? ¡Ahora mismo me iba a la cama! —gruñó Gustav.
—¿Tan temprano? —se burló Bill.
—Es casi medianoche acá.
—Por lo mismo, muy temprano.
—Es broma; siempre estamos disponibles para ustedes, sea para algo personal o trabajo. ¿De qué se trata esta vez? —intervino Georg, sonriente, desde su pantalla.
—De algo tan personal como nuestro nuevo disco; Tom y yo llevamos dos días buscando las canciones correctas y…
—Sí, ya Tom nos envió las primeras once propuestas y nos pidió que pensáramos en las cuatro restantes.
Bill miró a Tom a su lado y este se encogió de hombros.
—No puedo evitar querer tenerlo todo organizado, Bill.
—Ya sé —le dio una gran sonrisa—, tú organizas a esta pandilla de locos, ¿no? Entonces… —fijó su vista de nuevo en la pantalla— ¿qué han pensado?
—Hay unas cuantas canciones que nos mostraron cuando fuimos en febrero, creo que esas podrían ser… —comenzó a decir Gustav.
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(Fines de febrero de 2014)
Cuando los Gs llegaron al aeropuerto de Los Ángeles, los esperaba parte del nuevo staff de Tokio Hotel, presidido por quien había hecho posible que aquellos cuatro niños de hacía ya 10 años lograran cumplir su sueño: David Jost. Este les abrazó apretadamente.
—Bienvenidos una vez más a L. A., chicos.
—¿Y los Kaulitz? —preguntó Georg, tras separarse del abrazo.
—Los esperan en su casa. Es que… vamos a filmar el primer capítulo de la nueva temporada de THTV, ya les habíamos dicho.
—Ah, sí, pero ¿es justo ahora?
—Sí, la llegada de ustedes. Sus fans están ansiosos por verlos a los cuatro juntos de nuevo.
—OK, que empiece el show entonces —Gustav le guiñó un ojo a Georg.
Entraron a la casa bajo lluvia torrencial arropados por las bromas de los Kaulitz y su cariño que les daba la bienvenida; ellos también venían dispuestos a recuperar los juegos y las risas que jamás faltaban cuando los cuatro estaban en la misma habitación. De repente, sus gemelos amigos estaban sorprendidos viendo cómo Georg tocaba a Gustav sin complejos en cualquier parte del cuerpo, o le daba de comer de su propia mano, o que Gustav le clavaba la mirada a la baja espalda de Georg, y se quedaran mirándose embelesados.
—Oh, ¡si hasta parecen nosotros cuando comenzábamos! —exclamó Tom, mientras daba un juguetón pellizco al abdomen de su rubio gemelo.
Bill solo rió con ese desparpajo que le caracterizaba. Recordaba perfectamente cuán distinta era su dinámica durante el tour Humanoid en 2010: Georg había batallando con su relación tormentosa, ya que su demandante novia lo perseguía con críticas por teléfono, o con pedidos de más atención que él no podía (o tal vez no quería) darle; mientras, por ese mismo tiempo, Gustav era el verdadero player de la banda, el único que se llevaba groupies a su habitación, a veces más de una en la misma noche. Sin embargo, siempre fue indudable que aquellos mejores amigos tenían una química y una cercanía que daba envidia a muchas parejas, y podía adivinarse una cierta tensión sexual; sumado a eso, ellos habían aceptado con mucha naturalidad la relación incestuosa de sus otros dos mejores amigos, y hasta la enaltecían, defendiéndola y sirviendo de cómplices voluntarios y felices. En verdad, los Kaulitz podían ver la diferencia, aunque seguían sin entender cuál era la manera exacta en que ellos continuarían adelante con su extraña relación. De lo que sí nunca dudarían era que esos dos jamás les traicionarán o dejarían de brindarles su apoyo incondicional. De ese modo, cuando Bill les explicó el concepto de Love who love you back también se sintieron completamente involucrados con la idea.
—No hay por qué poner etiquetas a todo. El amor es algo mágico y sorprendente, y puede surgir del sitio más inesperado, como nos ha ocurrido a nosotros —Bill hizo un gesto circular con la mano señalando a todos, e incluyéndose—. No puedes escoger de quien te enamoras, ¿cierto? Quizá en el video debemos mostrar parejas del mismo sexo, delgados y gordos, personas mayores y jóvenes…
—Claro, tienes razón —asintió Georg.
—Definitivamente —Gustav también lo aprobó.
—Hasta puedes enamorarte de tu propio hermano gemelo, ¿no? —dijo Tom, mirando fijamente a Bill, y se apretaron las manos con ternura.
—Aw, qué tiernos —se burlaron los Gs, riendo a su costa.
—¡Miren quienes hablan! —les hizo una mueca Tom—; si se vuelven más empalagosos se los comerán las hormigas.
—Y eso lo dice el que se tatuó las fases de la luna en su pulgar como símbolo de unión con su «sol» —Georg le tomó la mano derecha, para mostrar de lo que hablaba: en verdad, Tom se había hecho ese tatuaje poco después de iniciar el año, pero más bien como un recordatorio de que como las fases de la luna, su relación con Bill, a pesar de los momentos de mengua y crecimiento, de incluso parecer desaparecida, podía volver a ser completa y radiante como la luna llena.
—Suéltale la mano a mi Tom —Bill agarró entre las suyas la mano que Georg sostenía, mientras le hacía un guiño—, ya sabes que no me gusta que me lo estén tocando.
Terminaron riendo los cuatro, como tantas otras veces.
Un poco más tarde, Andreas apareció en la casa de los Kaulitz.
—No sabíamos que estabas aquí —dijo Georg, ofreciéndole su mano: aunque sabían que era el mejor amigo de infancia de los gemelos, en realidad nunca les había caído demasiado bien ni a él ni a Gustav.
—Me ofrecí a ayudar con el trabajo para el nuevo álbum: asistencia técnica y todo lo que se ofrezca.
—Así es… —Tom pasó un brazo por los hombros de su amigo y Bill solo desvió la mirada, intentando contenerse: desde que Andreas hablara con él y le pidiera disculpas por su comportamiento, asegurándole que sus sentimientos por Tom se habían apaciguado y ahora solo ansiaba volver a tener la confianza de sus dos mejores amigos en el mundo, su resolución de ser un mejor hombre lo llevó a darle otro voto de confianza, aunque no podía evitar sentir, a pesar suyo, cierto recelo cuando Andreas se acercaba demasiado a Tom. Fue precisamente Tom quien le rogó a Bill darle espacio y tiempo a Andy para probar que podía reivindicarse; Bill aceptó, aún desconfiado, pero con esperanzas: en verdad extrañaba a su amigo, la confidencia que los tres habían creado durante tantos años, así que prefería creer que todo volvería a ser diáfano y luminoso entre ellos.
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Estar otra vez rodeados de gente trabajando, del staff, les traía a los cuatro miembros de Tokio Hotel una descarga de adrenalina: ¡cuatro años fuera de los escenarios ya iban siendo demasiado tiempo! Para los Kaulitz, estar además junto a sus amigos, les devolvía a la necesidad de salir de su burbuja de dos e integrarse a ese mundo exterior que les era tan necesario como agobiante.
Durante los días siguientes, los Gs se enteraron en detalle de las historias tras Never let you down y The heart get not sleep, compuestas ambas en el corto período de tiempo que los separaba del pasado San Valentín, y en las cuales era muy fácil para ellos entender a qué se referían frases como : No, no te decepcionaré nunca, bebé, nunca, nunca, nunca otra vez (…), te prometo que seré un hombre mejor otra vez, o ámame como si nunca nos hubiésemos lastimado, como si nunca nos hubiésemos… lastimado.
—Puedo imaginar cómo estuvo el asunto: ardiente, ¿no? Lo de tócame como un ritual, ven y tómalo todo, solo tómalo todo, y no pares, no pares, terminemos lo que empezamos, tan caliente, tan caliente, muy cerca de destrozar el corazón, yo gané, tú ganaste, boletos a las estrellas…, eso es casi porno…
—¡Oh, no exageres, Geo! —exclamó Bill, aunque el brillo en sus ojos decía que realmente solo recordar los momentos que los inspiraron le provocaba una intensa excitación.
—Allá tú, cuando tengas que cantar con una erección apretada en tus bóxer estrechos.
Tom se rió a carcajadas, imaginando la escena, que no le era demasiado extraña: tanto él como Bill ya habían sufrido ese tipo de situaciones en el tour de Humanoid. Recordaba en especial una de ellas: Bill se le había acercado mientras cantaba World behind my wall, lo rozó levemente con la cadera, y hubo una electricidad entre los dos; él sintió su propia erección apretando en su pantalón, sostuvo la guitarra contra su cuerpo y respiró lentamente para tranquilizarse, intentando no mirar a Bill; sin embargo, la mirada de su gemelo sobre él era imperturbable, así que casi de modo inconsciente levantó la vista, una rápida ojeada, pero con lo primero que chocó su mirada fue con aquel bulto enorme y más que visible en los pantalones demasiado estrechos que Bill usaba en el Tour. Su instinto de conservación lo hizo huir de ahí rápidamente, antes que alguno de los dos perdiera la noción de donde estaban y cometieran una terrible imprudencia.
—Creo que podemos solucionarlo si Bill empieza a usar ropa más ancha y larga para cantar, que disimule su entrepierna —aventuró Tom y todos lo miraron.
—Difícil, me gusta mostrarme, Tomi —se rió Bill.
—Lo que pasa es que le provoca celos, Billy —dijo Gustav, pícaro.
—Chico atrevido y sinvergüenza —golpeó Geo a Tom en el hombro—, no puedes evitar ser adicto a ese pedazo de la anatomía de tu hermano, ¿no?
Tom se sonrojó un poco, y Bill se le acercó y le dio un suave beso en los labios.
—Ellos solo tienen envidia, Tomi…
Gustav carraspeó, pero también los miraba divertido.
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(Fines de abril de 2014)
Fueron casi dos meses de trabajo constante, en el que incluso tuvieron que viajar a otras ciudades de USA, antes de que los Gs volvieron a Alemania, juntamente con Andreas y Natalie.
A pesar de ello, los cuatro miembros de la banda quedaron de acuerdo en que el álbum aún no estaba listo; y solo cuando el productor musical de Tokio Hotel, o sea, Tom, creyera adecuado terminarlo, lo conversarían de nuevo.
Durante ese tiempo, Tom fue capaz de mantener a Ria lo más alejada posible sin romper completamente la relación que tenía con ella. Incluso, logró convencerla de que lo ocurrido el día de San Valentín había sido el resultado de la combinación de mucho trabajo, mucho alcohol, y la posesividad de su gemelo, que Ria ya conocía bien.
En realidad, ella sabía parte de la historia de los Kaulitz. Ria y Tom, al inicio, solo eran buenos amigos (además de socios en el «circo» para hacer creer a la opinión pública que el guitarrista de Tokio Hotel ya tenía una pareja femenina estable), aunque ella siempre quiso más. Tom la mantuvo cerca, y la madre de los Kaulitz la trataba con gran deferencia; también el grupo de amigos de los Kaulitz la aceptó como una más, así que ella, pacientemente, esperó su momento, que llegó, justamente, cerca de junio de 2013, cuando Tom le pidió al fin que fuera su novia. Se convenció a sí misma de que la historia pasional de Tom y su gemelo solo había sido un desliz adolescente de él, una oscura parte de su pasado que quería dejar atrás; porque el mismo Tom le decía, en sus momentos de mayor acercamiento y sinceridad, que Bill siempre estaría en su vida porque era su gemelo y lo quería, pero que nunca más podría volver a vivir una relación amorosa con él después de tan grandes decepciones. Por eso ella creyó que merecía la pena hacer ojos ciegos, porque las ventajas de ser la novia de un joven muy atractivo, millonario, famoso y, por demás, generoso acerca del uso que ella hacía de sus tarjetas de crédito, eran enormes: así pudo cumplir su sueño de practicarse varias cirugías estéticas con las que siempre había soñado, desde sus tiempos de participante en concursos de belleza, para darle un toque menos asiático a su rostro.
De cualquier modo, dijera lo que dijera Tom, ella sabía que los Kaulitz nunca serían hermanos comunes: entre ellos había una profunda conexión que pocas veces había visto quebrarse; justamente una de ellas fue aquel día en que Tom la llevó a la casa que compartían los dos y se encerraron en su habitación para hacer el amor; bueno, ella quería engañarse con que estaban haciendo el amor, pero la verdad era que las pocas veces que tenía relaciones íntimas con Tom él parecía más bien ausente, haciéndolo todo de un modo automático. Ria estaba por cumplir treinta años, y aunque sabía a su novio mucho más joven, ya se sentía deseosa de ser madre, pero él era obsesivo con ese tema: jamás lo hacían sin protección, ni aunque él estuviera muy borracho; siempre lograba la lucidez necesaria para detenerse y buscar alguno de los condones que parecía tener a mano en cualquier parte. En fin, tras esa propia noche las cosas entre ella y Tom se habían enfriado mucho y eso la preocupaba.
Durante los días en que lo sabía envuelto en el trabajo de la banda, ella aceptó las excusas que Tom le dio para no aceptar el pedido encarecido de un tiempo para los dos solos: salir, conversar sobre todo eso que la impacientaba, aclarar las cosas. Cuando al fin Tom accedió a esa demanda, Bill se quedó en la casa, intentando no intranquilizarse, ponerse fúrico o beber alcohol en demasía: se había hecho el firme propósito de ser un hombre mejor, por Tom, porque nunca más podía arriesgarse a perderlo; sin embargo, saber a Tom con Ria, con su «novia», lejos de él, lo ponía frenético, ansioso.
Un impulso lo hizo ir hasta esa habitación que otra vez Tom había dejado de usar para dormir porque pasaba la mayor parte del tiempo en la de Bill, tomar sus cosas para olerlas o abrazarlas, intentando sentir la conexión de los dos que le dijera: todo está bien, Tom solo te quiere a ti. Fue entonces que abrió la gaveta a la izquierda de la cama y vio un montón de paquetes de condones que la llenaban. El dolor de lo que eso significaba se le atravesó a mitad del pecho, quitándole la respiración: Tom y él jamás usaban eso, ni siquiera como una variedad para romper la rutina, simplemente no lo disfrutaban de ese modo, así que solo pudo pensar en Tom entregándose a otras personas. ¿Ria en exclusividad? ¿O habían más?
Él se limpió las lágrimas que bajaban por su rostro: estaba demasiado triste siquiera para sentir más rabia, y tan deprimido como para no tener fuerzas siquiera para moverse; así que se quedó allí, recostado en la cama no deshecha de Tom hasta que este regresó.
Despertó de su letargo en los brazos de su gemelo, que lo envolvían suavemente.
—Bill, ¿por qué estás aquí a esta hora? ¿Y así? Me asusté al no encontrarte en nuestra habitación, pensé que…
—¿Que me había ido a beber por ahí a algún club? ¿Qué había hecho otra locura? ¿O solo que me había ido a tener sexo con cualquiera; como… parece que tú haces también?
—¿Qué? Me conoces, sabes que no tengo sexo con nadie más.
—¿Tuviste sexo con ella hoy? ¿Te llevaste un poco de estos condones? —abrió la gaveta que lo había martirizado con su contenido y Tom entendió. Aunque algo molesto por el comportamiento fastidioso de Bill, no pudo evitar sonreír.
—Primero; esta noche no tuve sexo ni con Ria ni con nadie. Segundo, sabes que la única persona con la que he intimado, además de ti, es ella…
—No, no lo sé, no puedo estar seguro de eso —le interrumpió Bill.
—¡Cállate y déjame terminar! Tercero, esos condones los tenía ahí para evitar a toda costa que pudiera ocurrir un embarazo. ¿No lo entiendes? Ni aun en los momentos en que más deseaba poder alejarme de ti me sentía capaz de tener algo tan profundo con nadie, ni siquiera con Ria; no iba a arriesgarme a tener un hijo con ella porque…
—Eso sí nos separaría…
—Ajá; lo sé. Ni tú soportarías eso, ni yo. Ahora que ella y yo ya hace mucho no…; bueno, solo olvidé tirarlos, ¿está bien? Pero lo haré ahora mismo.
Tom recogió todos los paquetes que pudo y los llevó hasta la papelera del baño; en dos o tres viajes los había botado todos mientras Bill lo miraba más tranquilo. Se paró frente a él, lo miró fijamente, y lo vio palmear el espacio vacío a su lado.
—Ven aquí, por favor. Cuéntame cómo te fue.
—Tuve que decirle que… rompía mi noviazgo con ella; de otro modo, seguiría exigiendo de mí lo que ya no puedo darle.
—Pero… ¿antes podías? No me has hablado nunca de eso.
—Tú nunca has querido hablar de ella, te pones hecho una furia.
—Bueno, debes entenderme, ¿no? Soy celoso y posesivo…
—Yo también lo soy.
—Creo que yo más.
—Tal vez, pero debes saber que ella nunca me ha tenido…
—¡Tenían sexo juntos!
—Sí, es cierto; como tú lo tuviste con esos modelos —Bill iba a decir algo, pero Tom lo calló—. Antes de que quieras inventar alguna mentira: sí, sé del tal Paul también. Pero no importa ya; los dos nos hemos hecho daño pero estamos intentando recomenzar todo, ¿o no? —Bill asintió—. Yo tuve sexo con Ria, varias veces, aunque no tantas como podrías imaginar, sobre todo para convencerme de que podía continuar adelante sin necesitar tu cuerpo, tus caricias, nuestro modo de hacer el amor, porque contigo sí es hacer el amor; pero solo me engañaba a mí mismo, porque tenía que pensar en ti para conseguir una erección: cerrar los ojos y evocarte. Tampoco ha tenido nunca mi corazón. No te negaré que me agrada, que le tengo cierto cariño y no me gusta lastimarla o jugar con ella como lo he hecho, pero nunca pasará de eso: mi amor es y siempre ha sido tuyo.
Bill se apegó más a su gemelo, y lo miró anhelante.
—Perdóname , ¿sí? Soy un idiota que ni piensa correctamente.
—No te pongas motes, que se te pueden quedar, ¡idiota! —Tom se rió con deseos y Bill lo siguió.
Terminaron uno sobre otro, arrugando al fin el bien compuesto cubrecamas. Después de una pelea, el sexo terminaba siempre por ser espectacular, y ambos lo sabían; comenzaron a besarse apasionadamente y a quitarse las ropas que aún mantenían encima. Tom se entregó sin reservas, ansioso por mostrarle a Bill que nadie más podía hacerle sentir tanto placer y felicidad cuando se unían sus cuerpos y almas: los besos que Bill dejaba a lo largo de su abdomen hasta llegar a su entrepierna tenían el efecto de hacerlo temblar excitado, echado sobre su espalda, flanqueando con las piernas las caderas de su gemelo, quien se entretuvo primero en saborear la poderosa erección que le había provocado desde los primeros roces y luego le preparó brevemente para entrar en su cuerpo del modo en que ambos lo estaban ansiando.
Mientras cada embestida tocaba ese punto en su interior que le daba un boleto gratis a las estrellas, disfrutaba la sensación de saberlo entre sus brazos, ambos sudorosos, calientes, sus vientres que se juntaban y separaban creando un sonido característico: piel con piel, humedad y calor.
—Mi Tom, te amo tanto… —susurró Bill a su oído, y eso tuvo el efecto de aumentar a niveles imposibles las sensaciones eléctricas que lo recorrían.
—Ah, Bibi, yo… también… te amo… —jadeó entre oleadas de placer al llegar al clímax; las contracciones de su orgasmo apretando imposiblemente el miembro de su gemelo en su interior hasta hacerlo vaciarse allí.
Parecería que no solo salía el semen de sus cuerpos sino que ambos se entregaban además el espíritu vital, lo intercambiaban de un modo mágico.
—Hmmm —fue el único sonido que pudo dejar salir Bill al salirse de dentro de Tom y tenderse a su lado; él se quedó en la misma posición, aún aletargado, hasta que empezó a escurrir parte del líquido blanquecino desde su interior.
—No cambio esto por nada —dijo al fin Tom y bajó la mano hasta su entrada para untar sus dedos que luego lamió mientras su mirada se posaba, lasciva, sobre Bill—. Adoro la sensación de tu semen corriendo por dentro de mí, tu sabor en mi boca…
—¡Calla! ¿Intentas que te vaya encima de nuevo? Déjame recuperar fuerzas, goloso…
—Está bien —lo dijo con la voz pero sus ojos seguían hablando de deseo; aún no estaba satisfecho: no podía negar que Bill era su adicción, y el sexo con él era como una droga que necesitaba cada vez en mayor dosis—. Pero quizá quieras que volvamos a nuestra habitación; esta… es menos cómoda.
—Es tu habitación, tonto… —le sonrió.
—Solo cuando no estamos juntos, y… nuestros juguetes están allá…
—Ah, ¿es eso? Está bien, vamos.
Se fueron de la mano, ambos desnudos y pegajosos de sudor y semen. Sus perros ladraron ante la vista, especialmente el pequeño Pumba.
—Ay, se nos traumatiza el bebé —se lamentó Bill entre risas.
—Debe irse acostumbrando —lo apuró Tom—. Si me dejas usar ahora el anillo vibrador, tal vez más tarde podamos salir a jugar con ellos, darles de comer, y mañana los pasearé yo mismo a todos.
—Ja, ja, sabes cómo negociar, ¿no? —lo haló hacia él, lo besó pegándolo a su cuerpo; las erecciones de los dos estaban de vuelta.
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(Junio de 2014, Día 3)
Regresar al ruedo de la música después de cinco años en receso de las producciones musicales, no sería nada fácil; ellos sabían eso. Los cuatro miembros de la banda estaban dispuestos a trabajar fuertemente por continuar adelante con su sueño; lo cual no quiere decir que no estuvieran conscientes de los riesgos que habían asumido al parar sus carreras por un tiempo tan prolongado.
Igualmente, sabían que la salida del nuevo disco no podía seguirse dilatando, y que todos los preparativos y promesas no eran suficientes para calmar a sus ansiosos fans y a una demandante compañía disquera.
—¿Qué pasará si no lo logramos, Tomi? —se aventuró a preguntar Bill tras que colgaran la llamada de skype con los Gs.
—No pienses en eso. Nuestros fans siguen ahí, haciéndonos ganar todos los premios de popularidad, a pesar de los años alejados. Y este disco va a ser el mejor que hemos hecho; sobre todo porque le hemos puesto todo nuestro amor.
—Eso sí; todo el amor —se acercó y le besó la mejilla—. Solo falta una canción por escoger, y esa tiene que ser Louder than love.
—También lo creo.
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(Mayo de 2014)
Bill escogió un hermoso lugar para que pasaran juntos unos días los tres: Tom, él y Charlotte, puesto que se acercaba el Día de las Madres; cada uno de ellos tenía aspiraciones para esos días que se habían vuelto difíciles de cumplir.
Por ejemplo, Tom ansiaba poder conjugar la relación con su gemelo y la aprobación de su madre; sin embargo, ella parecía más empecinada que nunca en criticar cada una de las acciones de Bill y este se resentía mostrándose deprimido y ansioso.
Charlotte tampoco estaba obteniendo lo que esperaba; sus conversaciones con Tom acerca de su novia Ria no parecían ir a ningún lado: él evadía sus preguntas, cambiaba el tema de conversación, y parecía, otra vez, demasiado enfocado en su gemelo. Después de lo ocurrido el día de Año Nuevo, había interrogado a Tom varias veces acerca de lo que estaba pasando con su hermano, y él siempre respondía lo mismo: «Bill es mi gemelo; es la persona más importante en mi vida», nada más.
Bill se sentía decepcionado. Ni una sola vez, lo que intentaba para acercarse a su mamá tenía resultado. Y lo peor era que, en ese viaje, pasara lo que pasara él quedaba mal ante los ojos de Charlotte: parecería que, para ella, todo lo que hiciera Bill estuviera incorrecto, pero no pasaba lo mismo con Tom.
—Mamá me odia, Tom, definitivamente —estaban juntos en la habitación de Bill.
—No es cierto, y lo sabes.
—Yo no puedo creer que quieras cerrar los ojos de ese modo, siempre te pones de su parte.
—Vamos, Bibi; intenta que esto no afecte lo nuestro. Ella es nuestra madre y tienes que entender…
—¿Yo tengo que entender? Ella no entiende, no me entiende…
—No nos entiende…
—Oh, sí, contigo tiene la comunicación perfecta; y tú jamás te atreves a enfrentarla.
—Lo he hecho, varias veces.
—No lo suficiente… —él estaba elevando el tono, gesticulando mucho. Tom se acercó a él lentamente, acarició su brazo y, besándolo, le hizo callar; Bill se abandonó poco a poco en el beso—. Te buscarás problemas con mamá si se da cuenta que estás en mi habitación a esta hora… —señaló con tono amargo, pero ya sin rabia.
—Lo siento si te ha lastimado mi actitud, Billy; yo solo… no quiero que ella se moleste con nosotros…
—Contigo, dirás.
—Con los dos; estamos juntos en esto: nos amamos a pesar de todo lo que se opone, incluyéndola a ella; pero eso no le quita a que sigue siendo nuestra madre, que la amamos y ella nos ama…
—No, Tom, no quieres darte cuenta de que ella me culpa por todo. Y tú sigues diciéndole que estás de novio con la zorra para que ella no se decepcione de su hijito querido. ¿No te das cuenta de que eso me hace sentir mal? Es como si te avergonzaras de lo nuestro.
—Sabes que no es así, yo solo… no quiero que me odie —una lágrima ya corría por el rostro de Tom, Bill la limpió con su mano.
—Solo confía en ti mismo, por una vez en tu vida, y no tengas miedo de admitir qué es lo más importante para ti: si el amor o la aprobación de tu mamá.
—Nada es más importante que el amor —Tom lo abrazó apretadamente.
—Bien.
Bill lo arrulló en sus brazos; se quedaron uno junto al otro mucho rato, en silencio, solo sintiéndose respirar. Al fin, Tom volvió a hablar.
—Dame tiempo, ¿sí? Sé que tendré que enfrentarlo, pero… no ahora: viene el Día de las Madres y no quiero que estemos mal. Por favor. Te lo compensaré, te lo juro.
—Ah, ¿sí? ¿Y cómo piensas hacerlo? —el tono se oyó bromista esta vez.
—Como quieras —le sonrió con picardía.
—Vamos a dormir juntos todas las noches, aunque mamá esté con nosotros, ¿de acuerdo? Si ella quiere hacerse la ciega y tú quieres hacerte el tonto, háganlo; pero yo te necesito conmigo.
—Lo creo justo —Tom se acomodó aún más sobre la cama de Bill en aquella lujosa cabaña junto a la playa.
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(15 de agosto de 2014)
Tom dio clic al botón de la página en twitter para que la información tan ansiada por sus fans saliera al fin: «Exactamente 9 años después de que saliera nuestro primer single No. 1, enviamos el máster de nuestro nuevo álbum a nuestra compañía disquera…». Bill, que estaba mirando a la pantalla detrás de él, aplaudió alborozado y no pudo retener un grito de entusiasmo.
—Espero que ahora dejen de odiarnos por hacerles esperar tanto tiempo.
—Ya están saliendo los videos de THTV, están escuchando avances…; todo irá bien, verás —le miró, sonriendo; luego se puso en pie y se fue sobre Bill, y se besaron hasta que tuvieron que separarse para respirar—. Ahora, Billy —se sentaron juntos y abrazados en el sofá—, tenemos que descansar, ¿cómo y dónde nos relajaremos?
—¿Tú qué quisieras?
—Te lo dejo a ti, pero… podríamos hacer una escapada secreta a Las Vegas para renovar los votos de nuestro amor y nuestro «matrimonio».
—Hagámoslo, antes de que regresen los Gs. Luego no habrá tiempo para descansar.
—De acuerdo.
Juntaron sus cabezas y cerraron sus ojos, concentrados uno en el otro, imaginando un futuro libre de tantas sombras que siempre los acechaban. Tendrían que seguir luchando por su felicidad un día a la vez, sin rendirse jamás.
F I N
Administración: Y así hemos llegado al final de esta serie. Pero no se preocupen, porque la autora continúa activa en el fandom y, sin duda, nos volverá a deleitar con otro fic que no parece ficción (guiño, guiño) Gracias a todos por sus lecturas y los invito a dejar un comentario 🙂 MUAK