Administración: Este es el penúltimo capítulo de esta temporada, disfrútenlo 😉
«Nothing is louder than love». Temporada III
Capítulo 4

(Junio de 2014, Día 2)
Recordar lo ocurrido en el primer día de 2014 hizo que se decidieran por incluir en el nuevo disco Feel it all, una canción inspirada precisamente en lo ocurrido entre ellos ese día, y lo que alcanzaron a hablar entre una tanda y otra de sexo: Siéntelo todo, no mires atrás, solo déjalo ir, siéntelo todo, no mires atrás, solo déjalo ir. Viene un nuevo día, el momento es ahora…
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(Enero-febrero de 2014)
Incluso sin decirse mucho, los dos sentían en su interior que ese era en verdad un momento decisivo, el momento de hacer cambios para que su relación y su amor sobrevivieran. Claro que también estaban conscientes de que no iba a ser fácil; era un camino de día a día, poco a poco. Bill intentaba no beber tanto; Tom intentaba no criticarlo tanto. Bill intentaba no estar tan paranoico acerca de Tom; Tom intentaba no darle demasiados motivos para estar preocupado; y así.
En un mundo ideal, en el capullo en que siempre parecían encerrarse, hubiera resultado bastante sencillo lograr sus objetivos, pero en su realidad existían otras cosas que, aunque quisieran, no podrían dejar de tener en cuenta; y no querían ni podían dejar de tenerlas en cuenta: estaba Tokio Hotel, estaban sus compañeros de banda y grandes amigos Georg y Gustav —a quienes jamás querrían defraudar destrozando sus carreras musicales—, y estaba la segunda persona más importante en la vida de los Kaulitz —la primera persona, para cada uno de ellos, siempre sería su gemelo—: su mamá, Charlotte.
Y precisamente era Charlotte el obstáculo mayor que el amor de los Kaulitz debía sobrepasar. Porque ella no aceptaba ni aceptaría jamás que ellos siguieran viviendo esa relación incestuosa que todavía no podía adivinar cuándo había comenzado. Para ella, las decisiones de vida de sus hijos gemelos siempre fue un misterio que ella era incapaz de descifrar. Nunca tuvo la fuerza moral suficiente para intervenir en esa extrema dependencia que se hacía visible a cualquiera que los tuviera cerca, pero tampoco fue nunca capaz de aceptar en lo que esta se había convertido.
Cuando, aún adolescentes, se tomaban las manos y se miraban anhelantes, se empeñaba en engañarse a sí misma y decirse que era solo una forma extrema de amor fraternal aumentada por el hecho de que eran gemelos. Cuando se mudaron solos a una casa propia con apenas 18 años, el no ver lo que ocurría le permitía seguirse engañando con que no pasaba nada que debiera preocuparle.
Pero ellos empezaron a perder la vergüenza de expresar su amor ante ella, cuando venían a visitarla, cuando ella los visitaba, cuando estaban en Tour, incluso en el escenario —¡a veces era tan obvio para cualquiera!—, y ahí sí decidió que necesitaba poner un límite, mostrando su desagrado con el estado de las cosas, haciéndoles difícil estar en paz con ella mientras continuaran portándose como «enfermos y pervertidos», sí, esos fueron los adjetivos que usó para dejarle claro a Bill que no entendería jamás que dijera «mi pareja es Tom» en su presencia, o que hiciera alusiones a su vida sexual solo para dejarle claro qué realmente pasaba entre los dos cuando estaban a solas.
Porque ella culpaba principalmente a Bill, el hijo siempre rebelde y extrovertido, el gemelo dominante que manipulaba a Tom para hacerlo cumplir cada uno de sus caprichos, desde volverse vegetarianos hasta convertirse en amantes; porque eso es lo que ella quería creer que eran: amantes, chicos confundidos por sus hormonas o por la perversa necesidad de Bill de dominar a su hermano en todos los aspectos, incluso el sexual. No podría aceptar jamás que ellos se vieran a sí mismos como una pareja consolidada, como almas gemelas que compartían su vida en todos los aspectos de esta; mucho menos podría acercarse a entender el alcance de esos sentimientos en sus hijos, ni el hecho de que ellos se autodestruían cada vez que algo los separaba, cada vez que incluso una ínfima parte de esa unión se resquebrajaba. Por eso, su ilusión mayor era que esa relación que Tom empezara con Ria diera frutos, y lo hacía patente expresándole a Tom cuán decepcionante sería para ella que él volviera a caer en las garras de su hermano, y cuánta felicidad le provocaba pensar en los futuros nietos que Tom le daría cuando se casara al fin con una linda chica. Y para Tom, el amor de su madre era muy importante; no herir a su madre más de lo necesario, era muy importante.
Para Bill, el amor que sentía por Charlotte era inalterable, aun a pesar de que siempre estuvo consciente de que ella se sentía decepcionada de él. No importaba cuánto él intentara ser mejor persona, ni cuánto fuera admirado, y hasta adorado, por el resto del mundo, sabía que nunca sería suficientemente bueno para su mamá. Por eso mismo, tal vez, se había acostumbrado desde muy pequeño a vivir sin su aprobación, y eso, unido a su carácter explosivo y su extrema ansia de libertad, le habían hecho enfrentarla una y otra vez, especialmente cuando se trataba de Tom y el amor que sentía por él. Siempre le molestó que les preguntara si ya tenían novia, cuando era evidente que estaban juntos, y entonces daba respuestas sin considerar cuánto ella podía disgustarse al respecto. Lo único que lo hacía medirse, controlarse en ese afán de gritar su verdad sin miedo a cuestionamientos, era Tom.
Y era por Tom que Bill aceptaba todavía que la maldita Ria siguiera rondándolo, que tuvieran que seguir saliendo con ella cuando ya no había un management que se los exigiera más; el hecho es que Tom no quería desilusionar a su mamá de un modo tan tajante, ni quería «romper el corazón» de Ria con una «repentina ruptura injustificada», esas habían sido sus palabras. Bill se resignó entonces, estaba decidido a hacer concesiones por Tom, para demostrarle que había cambiado y que las cosas continuaran yendo bien justo cuando llegaba un día importante para ellos: San Valentín.
—Entonces, estarán aquí a fin de mes —tenían una video conferencia con los Gs por skype—. ¡Será maravilloso tenerlos de nuevo en L. A., chicos! —Tom estaba emocionado; a su lado, Bill también mostraba la más sincera de sus sonrisas.
—Ja, no tan maravilloso para ustedes como para nosotros. Planeamos gozar la vida por allá —Georg buscó apoyo en el rubio de pelo corto a su lado.
—Y esperamos que hayan adelantado algo del trabajo. Solo esas dos canciones que les mostraron a las fans del concurso no es suficiente… —intervino Gustav entre ceñudo y bromista.
—Tenemos muchas canciones, tontos, y lo saben —Bill se echó hacia atrás en su asiento, para hacer su espalda coincidir con el brazo de Tom, con su mano que esperaba para acariciarlo suave y lentamente—; es solo que no estamos seguros de cuáles estarán en el álbum, ni siquiera estamos seguros de que tengamos las suficientes para escoger.
—Hum, los de la disquera nos van a cerrar el contrato de una vez si no les damos el máster pronto —razonó Georg.
—Que se jodan —dijo Tom, muy en serio—. Estoy haciendo mucho trabajo en esto y tampoco quieren pagarme mis derechos como se debe, así que, ¡a la mierda!, el disco estará cuando esté; cuando nosotros, los cuatro, decidamos que estamos listos.
—Sí, tienes razón —Gustav lo dijo, pero Georg lo apoyó con un movimiento de cabeza—. En todo caso, le daremos un empujoncito a todo cuando estemos allá. Entonces solo… ¡Feliz San Valentín!
Todo ello terminó en otra de sus noches especiales llenas de pasión y entrega, las que volvían a ser regla y no excepción; cuando despertaran, Tom esperaba tener lista su sorpresa de San Valentín para Bill, la que llevaba unas dos semanas planeando. Conociendo a su gemelo, sabía que él querría celebrar ese día con alcohol y fiesta, y no estaba en contra de ello completamente: solo quería hacer la diferencia. Así que lo llevó a buscar un cachorro de bulldog inglés.
—Creí que era una regla que siempre rescatamos perritos… —dijo Bill al enterarse, mientras ya iban en el auto.
—Sí, y es difícil hallar en un refugio a un bulldog inglés; pero este está en un refugio, ya verás por qué. La verdad, creo que en este nuevo comienzo necesitamos un nuevo bebé.
Bill solo sonrió enternecido. Ya en el refugio, cuando le dijeron que el pequeño padecía de un grave problema cardíaco y por eso había terminado allí, y que solo dejarían que lo adoptara alguien que asumiera su cuidado con total responsabilidad, accedió a todo para poder llevarse a casa a esa pequeña bola de pelos que le había robado el corazón.
Cuando ya estaban en casa, con el tierno cachorro en brazos, lleno de un amor enorme por aquella criatura, Bill miró con ojos ilusionados a Tom.
—¿Cómo le llamaremos?
—Ese es un derecho tuyo: nómbralo como desees.
—Bien, preciosura —Bill besó al perrito en la cabeza—, ya veremos cuál nombre te va. Ahora —se impulsó hacia adelante— demos un beso de «Muchas gracias» a papá Tom. —Se besaron, apretujando entre ellos a su nuevo «hijito»—. Por cierto —habló muy cerca de los labios de su gemelo—, espero que no creas que esta paternidad responsable implique que no haya fiesta hoy; porque habrá fiesta.
—Habrá fiesta. Quizás lo único es que tengo el deseo secreto de que sea una fiesta solo para dos.
—Lo será, pero en un club.
—No entiendo.
—Entenderás. Yo también tengo una sorpresa de San Valentín para ti; pero solo hasta más tarde lo sabrás.
Volvieron a besarse, entusiasmados, antes de que Tom mandara a Bill a lavarse «esa cara llena de babas de perro».
Tras observar cómo el perrito devoraba su comida y sentir algunos olores hediondos salir de él, Bill decidió nombrarlo como uno de sus personajes favoritos de Disney: Pumba; Bill siempre se había sentido más empático con los rechazados de la sociedad, como el gracioso jabalí.
Al llegar la noche, Tom seguía altamente intrigado por adónde quería Bill que salieran esa noche. Incluso, era él quien le daba las instrucciones en el auto: dobla a la derecha, sigue recto, izquierda, otra vez derecha, y así, hasta decirle que parara frente a un club con un sugerente nombre: Cloud Nine. Se lo llevó de la mano entonces hasta la entrada, y el portero, un drag queen, los saludó.
—Hola, ¡ah, Bill!, ya nunca más regresaste por aquí.
—Solo vine a explorar esa vez, pero ahora… traje a mi novio —señaló hacia el chico que traía agarrado de la mano y Tom puso el móvil en su cara como un acto reflejo.
El hombre con atuendos femeninos y altos zapatos sonrió.
—Creo que a él no le gusta que lo asocien con este lugar.
—Es tímido, solo eso —le hizo un guiño y haló a Tom hacia el interior; él miró a su alrededor: había muchas luces de colores, penumbra, personas bailando, y muchas parejas, pero con una peculiaridad: eran parejas formadas por personas del mismo sexo, chicas y chicas, chicos y chicos—. ¿Y entonces? ¿Qué te parece mi sorpresa?
—Arriesgada y…
—Ah, no seas un abuelito, Tom. Mira las ventajas: acá no nos conocen, podemos bailar juntos, podemos besarnos, o lo que queramos, y… hay cuartos oscuros muy interesantes.
—¡Bill!
—Yo solo —se pegó a él insinuante— quería darte una noche sin escondernos, sin miedos, una noche para ser libres e imaginar que no lastimamos a nadie con amarnos. ¿No te gustó? —hizo un pequeño gesto mordiéndose los labios; Tom nunca fue capaz de resistir un gesto así de su gemelo.
—Claro… que me gustó. La vamos a pasar genial esta noche —atrapó esos labios tentadores con los suyos mientras caminaban abrazados hasta una de las mesas más apartadas, la que Bill había reservado con una semana de anticipación.
Disfrutaron de algunas bebidas, conversaron y rieron metidos en su burbuja, y Tom fue capaz de olvidarse de sus paranoias para dejarse llevar a la pista de baile, en medio de los haces de luz.
—Eres mejor que yo bailando, pero siempre te resistes —lo incitó Bill para que dejara mover su cuerpo al compás de la música.
—Realmente me gusta esa canción que suena, ¿sabes? Ya la había escuchado antes y… me hizo pensar en ti…
—¿En mí?
—Sí, oye, esa parte que dice «Veo tus ojos cada día y cada noche, y quiero abrazarte, amarte hasta el fin de los tiempos, quedarme toda la noche porque te quiero en mi vida, y quiero amarte, nunca te haré llorar …»;* realmente se parece a lo que siento.
—Oh, Tomi… —Bill estaba emocionado, pero la música también incitaba a danzar así que espantaron las lágrimas que querían llegar con un extraño baile de los dos moviéndose en sincronía—. Ja, este es nuestro «twin dance». Por suerte, acá a nadie le importa lo que hacen los otros, así que podemos hacer esto… —lo besó de improviso y Tom le correspondió.
Continuaron prendidos en la pista de baile, moviéndose a su ritmo personal con las canciones que escogiera el DJ, hasta que otra canción surgió y esta vez fue Bill quien le prestó más atención.
—Adoro esa… ¿sabes cuál es?
—Shakira y Rihanna, ¿no?, que hicieron ese video tan… controvertido, algo lésbico; supongo que te gusta por eso.
—No… —Bill hizo un gesto pícaro—; bueno, el video está «caliente», y es una melodía pegajosa, pero también la letra describe muy bien como me he sentido.
Ambos aguzaron el oído, y el texto les llegó con claridad: «Me dejé una nota en la cabecera que decía: No repitas los errores del ayer. Lo que tiendo a hacer, si se trata de ti, es ver solo lo bueno; memoria selectiva. El modo en que me hace sentir se mantiene en mí, nunca conocí a alguien tan diferente. Y ahí vamos. Él es parte de mí ahora, es parte de mí, así que adonde vaya, yo voy. Oh, no puedo recordar olvidarte. Oh, sigo olvidando que debería dejarte ir; pero cuando me miras, el único recuerdo es de nosotros besándonos bajo la luz de la luna, oh, no puedo recordar olvidarte (…) Robaría y mataría para mantenerlo junto a mí, haría cualquier cosa por ese chico. Daría mi último centavo para abrazarlo esta noche, haría cualquier cosa por ese chico (…)».** Tom se quedó en silencio y abrazó a Bill fuertemente contra su cuerpo.
—Te amo, Billy. Creo que… esta noche, estos días atrás, este lugar incluso, me han aclarado aún más las cosas y yo… no quiero que volvamos a separarnos; prometo que nunca más…
—Tom, ven… —salieron de la pista de baile tomados de la mano; volvieron a sentarse en su mesa para hablar calmados y muy juntos—. Escucha, yo… sé que hemos bebido y que estamos como viviendo algo fuera de la realidad, así que no quiero que mañana me digas que no recuerdas exactamente las promesas que nos hicimos aquí. Yo solo… quiero que sepas que si se trata de prometer, quien debe prometer soy yo; te fallé, pero yo… prometo que no lo haré nunca más, prometo que seré otra vez un hombre mejor… por ti.
—Eso es lo único que se necesita, Bill, que tú quieras ser mejor; y no estamos tan bebidos como para que yo no sepa perfectamente lo que siento. Te amo más de lo que puedo controlar, y yo… quiero que nos demos otra oportunidad, en serio.
—¡Ah, bebé! —Bill lo agarró de la barbilla y lo besó profundamente; sus cuerpos se juntaron y su excitación se elevó a niveles extremos—. Vámonos ya a casa, ¿sí?
—Sí.
Mientras el parking valet les traía su auto, el móvil de Tom empezó a sonar insistentemente: no tuvo que mirar para saber quién era: ella lo había estado llamando todo el día y él había estado dándole excusas. Se lamentó de no haber apagado su móvil antes de salir con Bill para no verse en esa situación comprometedora: él se veía algo molesto, adivinando lo que ocurría; así que Tom tomó una rápida decisión. Le pasó el móvil a Bill, quien lo sostuvo, no sabiendo qué se suponía debía hacer, hasta que, repentinamente, contestó la llamada.
—¿Tom?
—Es Bill.
—¿Bill? Necesito hablar con Tom. Me ha dicho todo el día que estaba trabajando pero tal vez ahora… ¿Dónde está él?
—Aquí.
—¿Aquí dónde?
—A mi lado.
—¿Me lo pasas?
—Imposible —una sonrisa malévola empezaba a mostrarse en su rostro—; está ocupado… conmigo.
—Pero…
—Date tu lugar, zorra; él no quiere estar contigo en San Valentín. ¿Eso no te dice algo? —le colgó. Tom lo miraba con un cierto reproche mezclado con malicia.
—Lo de zorra tal vez fue demasiado.
—Tú me pasaste tu móvil; supuse que podía hacer lo que quisiera. Y necesitaba eso; ¡lo necesitaba tanto! —Bill lo miraba insinuante.
—Ok, a la mierda con todo; si lo necesitabas, tenías que hacerlo —entraron al auto, riendo, y se marcharon.
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(Junio de 2014, Día 2)
Con Pumba acomodado en sus brazos, Bill asintió a la última sugerencia del día: We found us.
—Sí, esa definitivamente es mi favorita de todas las que compusimos tras esa noche; fue intenso, ¿no?
—Mucho —Tom sonrió.
—Tom, yo… hace un rato me preguntaba si realmente merezco que me ames; soy todo un dolor en el culo, ¿no?; pero tú… siempre eres capaz de perdonarme.
—Somos como el ying y el yang, tú y yo; y lo sabes. Nos complementamos, y ni tú eres tan diablo ni yo soy tan ángel como quieres ponerme.
—Ya sé que no —Bill sonrió y le acarició el rostro—, pero parece que siempre yo me equivoco más que tú; mucho más. Y si no, preguntémosle a mamá: ella dirá que Bill ha sido siempre el culpable… de todo.
—Ah, vamos, deja a mamá fuera de esto.
—Es difícil dejarla fuera, ¿no?, cuando aún nos escondemos de ella y no le contamos de ninguna de nuestras ceremonias de casamiento, ni las de antes ni la de ahora. Creo que mientras no la enfrentemos de verdad, los dos, no estaremos realmente en paz —lo miró fijamente a los ojos, esperando una respuesta.
—Vayamos a descansar ahora, ¿sí? —Tom le devolvió la mirada, algo ansioso—. Hasta Pumba se durmió, míralo. Ya mañana podemos volver a hablar de esto.
Bill miró al cachorrito adormilado en sus brazos y asintió. Tom tomó el envase de la pizza que ordenaran a mitad de la madrugada y la lanzó a la basura mientras Bill se adelantaba para llevar al pequeño hasta su camita.
Continúa…
*Fly Project- Toca toca
** Shakira y Rihanna-I can’t remember to forget you