«Nothing is louder than love». Temporada III
Capítulo 3

(junio de 2014, Día 2)
Caía de nuevo la noche cuando entraron una vez más al estudio, dispuestos a escoger otro grupo de canciones; esta vez al menos Pumba entró con ellos —para prevenirlos de distraerse, fue la razón que dio Bill, aunque Tom sabía que tanto el cachorro como él no podían estarse mucho tiempo alejados—; a veces, Tom llegaba a sentir hasta un poco de celos de las caricias y cuidados que Bill prodigaba al más joven de la familia Kaulitz, pero no podía negar que el pequeño era todo un seductor de corazones humanos que también le provocaba arranques de ternura. Además, tal vez Bill y Tom necesitarían apoyo emocional si iban a zambullirse entre todos los sentimientos que su separación como pareja les habían provocado.
Si Tom había escrito una letra volcando su frustración en ella, mucho más lo hizo Bill, porque esa siempre había sido su naturaleza: escribir lo que le lastimaba, o lo que le hacía feliz, o lo que temía, dándole forma poética y ritmo de canción.
Bill le señaló una pista: Dancing in the dark; una de las más dolidas, tanto como Invaded, imbuida por una sensación de pérdida y desesperanza, cuando Bill se sentía cazado por una sombra, un dolor constante. Eso era su vida sin el perdón de Tom, sin poder sentir su amor de modo total, y lo peor era que no encontraba ninguna salida; lo había intentado prácticamente todo, pero parecía que nada podría ayudarlo: Con cada aliento que tomo, pierdo mi intuición; ahogándose en lágrimas, lucha contra el amor. Fotografías del pasado, el dolor viene a estrellarse sobre mí. Nos recuerdo, pero esos sentimientos están mal.
&
(julio de 2013)
Fueron días y noches de insomnio, de sentir que se le escapaba la vida y que su corazón ya no vivía dentro de su pecho: Tom se lo había llevado consigo. En un arranque, Bill afeitó todo su cabello, como un símbolo de su sentimiento de pérdida: tal vez necesitaba recomenzar todo desde cero, intentar vivir sin Tom, o al menos aprender a vivir sin tener su amor.
Al inicio, se iba solo a los clubes nocturnos, o con amigos juerguistas como Alex, e intentaba acallar el dolor con la música muy alta, las personas bailando a su alrededor, él mismo intentando dejarse llevar por el ritmo y las luces hipnóticas. Sin embargo, nada de eso era suficiente, así que empezó a consumir grandes cantidades de alcohol, y alguna vez que otra, pequeñas dosis de cocaína.
En una de esas noches, mientras se movía sin mucho talento y de forma casi ausente en la pista, sintió el aroma de su gemelo llegando a él a través del olor de los cigarrillos; no quiso abrir los ojos hasta que sus manos lo tomaron de la cintura. Recostó la espalda en su pecho.
—Vámonos a casa, Bill —susurró Tom en su oído.
—No, quiero quedarme. Quédate aquí conmigo, Tomi.
—Estás mal; pude sentirlo y por eso vine por ti. ¿Qué tomaste?
—Vodka y redbull, como siempre.
—Hay algo más.
—Hmmm —Bill se removió contra él haciéndole sentir su trasero, y dejó salir un sonoro gemido—. ¿Qué crees, Tomi? Te dejaré adivinar.
—Mírame —comandó Tom volviéndolo de frente a él. Los ojos de Bill, enrojecidos, trataban de enfocarse en el hermoso rostro frente a él, sin lograrlo. Cocaína, Tom no lo pronunció pero igual Bill pudo escucharlo—. ¿Por qué haces estas cosas?
—Tú lo sabes. Te extraño… mucho —alzó los brazos y se colgó de su cuello.
—Siempre estoy contigo.
—No como yo quiero —una lágrima se deslizó lentamente por su rostro; Tom se acercó y la secó con su lengua, sin poder resistirse.
—A veces incluso como quieres —susurró otra vez y Bill se refugió completamente en él, como un niño pequeño.
—Sí, llévame a casa, Tom; quiero irme a casa contigo.
Esa noche, tras entregarse uno al otro sin recordar nada más fuera de la sensación perfecta que era unirse en cuerpo y alma, Tom le acarició la frente sudada, enredando los dedos en su cabello.
—No vuelvas a meterte esa porquería, por favor.
—Yo no… Solo quería evadirme del dolor. Tú no estabas conmigo y yo…
—A partir de ahora, saldré contigo otra vez, ¿de acuerdo?
—¿Eso quiere decir…?
—Quiere decir que no pienso dejar que te vuelvas adicto a ninguna mierda de esas, hermanito. Voy a mantenerte bajo mi vista.
—¿Y no temes que pase esto cada vez que regresemos a casa? Además, no pienso compartir mi tiempo con la insípida esa que llamas tu amiga. ¿O ya es tu novia?
Tom no contestó inmediatamente: necesitaba poder en orden sus pensamientos. Tras mudarse a Los Ángeles, siempre salía con Bill a los clubes nocturnos, disfrutando ambos el anonimato que alcanzaran tras casi escapar de Alemania; poco a poco, se tomaron más libertades, como bailar pegados uno al otro o perderse en algún rincón oscuro para comerse a besos y rozarse hasta querer correr a su casa para hacer el amor hasta el cansancio. Por eso, tras la crisis que en ese momento enfrentaban, Tom había dejado de salir con él a esos lugares porque temía ponerse en la misma situación; ya bastante tenía con el hecho de sucumbir innumerables veces ante el deseo que sentía por Bill, y tener sexo con él una y otra vez a pesar de que al día siguiente intentara nuevamente alejarse y mantener su dignidad. Además, Bill tenía razón: Tom le había pedido a Ria que fuera su novia, en un esfuerzo desesperado por superar la relación que llevaba con su gemelo, y eso suponía que debía salir con ella más de lo que lo hacía cuando eran solo amigos; pero salir con Ria y Bill, juntos, era una combinación explosiva que le podía estallar en las manos en cualquier momento.
—No importa Ria, yo iré contigo.
—¿De veras? ¿Y luego…?
—Luego nada, Bill. ¿Es que realmente te parece bien que nos pase esto? Ya no estamos juntos; tener sexo así es…
—Es bueno, porque nos amamos.
—Ya no te amo así; esos sentimientos murieron.
—Sigue diciendo eso, a ver si un día te lo crees —alzó la voz, Bill, con amargura.
Tom se levantó de la cama apurado; se envolvió en una sábana para cubrir su desnudez y escapó hacia su habitación. Bill golpeó el espacio vacío a su lado, rabioso. ¡¿Por qué no puedes luchar por nosotros?!, ¡¿por qué no podemos luchar por nosotros?!, gritó con ánimo de que su gemelo le escuchara.
Todo ello fue parte de la inspiración para Dancing in the dark: Yo sigo bailando, todavía están tocando nuestra canción. La nieve brilla a través de mi mente y te hace volver a casa conmigo, solo creando mi momento, pero tus sentimientos se esfumaron. ¿Por qué no puedes luchar por nosotros? ¿Por qué no podemos luchar por nosotros? Somos criaturas inocentes, eso es lo que quieren enseñarnos, olvídate de explicarte lo que estás haciendo…
&
(Junio de 2014, Día 2)
Había otra canción dolorosa; tal vez la más dolorosa de todas por los recuerdos que les traía a los dos, pero quizá por eso mismo debía estar en el disco; era Great day.
—¿Sabes qué es lo irónico? Que, si la incluimos, todos creerán que es una canción que habla de resignación y esperanza, cuando es todo lo contrario, ¿no, Billy?
—Ajá —Bill asintió; Pumba se acomodó pegándose más a Bill, y Tom solo acarició al cachorro haciéndole carantoñas; Bill los miró y sonrió, enternecido. Seguía preguntándose por qué Tom lo amaba aún, porque lo amaba tanto desde siempre puesto que él no creía ser merecedor de ello; sí, estaba consciente de sus defectos: egoísta, manipulador, dominante y caprichoso, y lo peor, a veces, todo un cobarde. Como esa vez.
&
(Octubre de 2013)
Estaba muy borracho; lo había estado desde temprano de ese sábado cuando tuvo una horrible discusión con Tom, quien salió golpeando la puerta de entrada de la casa y asustando a los perros, para, prácticamente, escapar en su motocicleta.
Continuó bebiendo, recordando. Teniendo en cuenta que, solamente unos días atrás, él y Tom habían estado juntos, bien, esperaba que su gemelo regresara a la casa para poder suplicarle, por enésima vez, que le perdonara, que le diera otra oportunidad de mostrarle que podía ser diferente. Claro, una muy mala idea si no pensaba que Tom se molestaría aún más hallándolo en ese estado de embriaguez extrema.
De todos modos, Bill no podría decirle nada de lo que planeaba porque cuando Tom regresó traía a Ria consigo; una Ria que se le colgaba del cuello y lo miraba seductora antes de que se encerraran en la habitación. Bill le había gritado al verlo llegar: Hijo de puta, ¿por qué haces esto conmigo?, pero Tom solo lo miró arrugando el ceño y le gritó: Apestas.
Sintió el impulso de golpear la puerta de Tom para hacerlo abrir y entonces patearlo, y también a la maldita zorra a la que luego arrastraría del cabello hasta la calle; pero, en cambio, se encerró en su propia habitación, llorando rabioso.
Se torturaba imaginando lo que estaba ocurriendo ahí dentro, hasta que fue a apostarse allí, con el oído pegado a la puerta; creyó escuchar los gemidos y las risas de ella, y sintió su corazón exprimirse y gotear sangre. Fue resbalando al suelo hasta quedar tendido y se abrazó a sí mismo en posición fetal; de pronto sentía demasiado frío.
Unos minutos después, tras que Capper, el preferido de Tom, viniera, preocupado, a lamerle el rostro, reaccionó. Acarició el pelaje del perro, se levantó y salió como tromba de la casa, con la misma ropa que traía puesta y su móvil en la mano. Ya afuera, llamó a Alex.
—Por favor, ven por mí, estoy… en el bar de la esquina… de mi casa.
—¿Te ocurre algo? —Alex le habló preocupado, sintiéndolo balbuceante y con la voz rasgada.
—Sí, necesito sexo… ahora.
—Bill, estás raro…
—Bah, ¿vendrás o no?
—Ya voy.
Colgó y le pidió al bartender frente a él un café negro grande. Solo diez minutos después, Alex se sentaba en la banqueta a su lado.
—Escucha: soy tu amigo, no tu chofer particular cuando tu hermano no quiere llevarte a alguna parte, ¿entendido?
—Ya, ya, lo sé. Eres mi amigo y te necesito; solo eso.
—¿Porque necesitas sexo? Definitivamente no creo que quieras tenerlo conmigo.
—Me contaste de ese club, dijiste que era fácil ligar ahí…
—Te dije que con tu estilo serías un éxito ahí, pero no me hiciste ningún caso, lo recuerdo; no parecías para nada interesado.
—Ahora lo estoy. Llévame allí, ¿sí? Y preséntame a alguien interesante; preferiblemente, un chico.
—Bueno, si así lo deseas —Alex lo miró extrañado: por primera vez Bill le hacía saber que también le gustaban los hombres—. Vamos.
El club era glamoroso, y con solo unas miradas a su alrededor Alex divisó uno de los modelos que habían trabajado mostrando los diseños de su empresa, T-Squad; precisamente uno de los que le habían dejado caer que «me encantaría me presentes alguna vez a tu amigo el rockstar alemán».
—Hola, Paul. ¡Qué casualidad tú por aquí!
—Jaja, Alex, ya sabes que me encanta venir aquí a bailar; lo extraño es verte a ti aquí, ¡y sin tu novia! —se le acercó insinuante, mientras Bill lo miraba y le asentía a su amigo: el chico era alto, carismático y de largos cabellos negros; además de lo suficientemente «amistoso» para que él pudiera vencer su timidez—. ¿Me presentarás a tu amigo?
—Ah, él es Bill… Kaulitz.
—Bill. Tienes una banda de rock, ¿no? Y eres modelo también.
—He modelado pocas veces —él le clavó la mirada, seductor—. Pero digamos que sí. Aunque… ¿eso realmente importa? Somos dos chicos, solo eso.
Él dejó salir una sonrisa ligera y comenzó una conversación en susurros con Bill, pegando los labios a su oído para superar la música muy alta a su alrededor. Alex no esperó más para hablar también cerca del otro oído de su amigo.
—Puedes tomar un taxi para marcharte, ¿no?
—Sí —él no miró para contestar, concentrado en el joven a su derecha.
—Ok; que te vaya bien con… tu noche. Me marcho.
Alex salió del club sonriente, moviendo la cabeza; realmente era muy difícil para él entender completamente a los Kaulitz, pero aún más al menor de ellos.
El propio Paul le hizo muy fácil a Bill llevárselo de allí, en pocos minutos, a un hotel lujoso, porque no se creía su buena suerte: ese joven alto y bellísimo, siempre glamoroso aunque anduviera en atuendos sencillos, era el blanco de los deseos de la mayoría de sus compañeras y compañeros, pero era muy frustrante intentar acercarse a él sabiendo que solo les pediría su usuario en las redes sociales para luego olvidarles por completo.
Si podía, se metería en su cama y luego presumiría de lograr lo que ninguno de las otros pudo. En definitiva, no salió decepcionado: Bill era todo un experto en las artes amatorias, una extraña mezcla entre ternura y ferocidad.
Bill se quedó dormido junto al chico, agotado, entre las sábanas de seda negra. Cuando despertó, Paul lo miraba con una sonrisa de satisfacción mientras mordía una manzana.
—Ah, hola, pensé que no despertarías nunca más, bello príncipe —rió de su propia broma—; me duché, pedí servicio de habitaciones, lo trajeron, y casi lo devoré; y mientras tú, dormido como un tronco.
Bill se incorporó a medias, aún algo confundido entre el sueño y la vigilia; miró a su alrededor: estaba en un hotel, con un chico, ¿cuál era su nombre?, con el que había tenido ¡sexo! varias veces antes de caer rendido.
—¿Qué…? ¿Qué hora es?
—Cerca de las dos de la tarde.
—Debo irme, ¡ahora! —se incorporó apurado.
—Oh, espera, aún no estoy listo para marcharme —él lo miró perplejo al verlo vestirse y recoger sus cosas con prisa.
Él la miró por un momento.
—Quédate cuanto quieras, yo pagaré todo.
—Oye, no soy ningún escort para que me trates de ese modo.
—No, solo eres de tipo fácil, nada más.
—Y tú eres un maldito narcisista creído. ¡Vete a la mierda!
Bill no esperó a que se lo repitiera; solo se detuvo en la recepción para cancelar la cuenta con su tarjeta de crédito y pedir un taxi.
Mientras se dirigía a la casa, sentía un vacío aún peor en su interior: necesitaba a Tom para llenar ese vacío pero solo cometía errores y lo alejaba cada vez más. ¿Acaso estaban cayendo en una espiral de venganza? ¿Tom se vengaba de él con Ria y él se buscaba sexo de una noche? ¿O sencillamente Tom intentaba rehacer su vida y era él quien no sabía cómo continuar viviéndola de ese modo?
Cuando entró a la casa, Tom no estaba, y tampoco los perros; al parecer se los había llevado con él, «y tal vez también a la zorra», se dijo. Se metió a su habitación y se echó sobre la cama, pero unos segundos después buscó en una de las gavetas de su mesa de noche el blog donde escribía los textos que luego serían canciones, y dejó que parte de lo que estaba sintiendo brotara.
Cuando Tom regresó, con los perros, supo que Bill estaba en la casa porque una música muy alta salía de tras la puerta cerrada de su habitación. Impulsivamente, fue hasta allí y abrió sin preguntar para encontrarlo otra vez bebiendo y envuelto en el humo de los muchos cigarrillos que ya había fumado.
—Ya está bien, Bill, ¿qué es lo que pretendes?, ¿matarte?
—Tal vez —él se encogió de hombros.
—Mira, no creas que vas a hacerme ese tipo de chantaje emocional, porque no te va. Estás más insoportable cada día, ¿sabías? ¡Ya no te aguanto! —le gritó sin poder contenerse.
—Solo olvídame entonces, ¡vete! —gritó Bill también y Tom salió, muy molesto.
el estudio, sobre el teclado de la computadora donde trabajaba las canciones, encontró Tom el texto manuscrito con la letra de Bill:
Sí, mi corazón está abierto y mis ojos están hinchados y es muy difícil ver.
Y mi cabeza está en las nubes, pero tu voz es muy alta, solamente cigarrillos para respirar, sí.
El sol seguirá nuestro camino, ¿Puedes sentirlo? Nuestras sombras desapareciendo para siempre.
No pertenecemos a nadie, todo lo que somos se deshace.
Es un gran día para decir adiós, no hay problema porque voy a estar bien.
Estoy dentro de otra persona, no importa. Llévate los recuerdos y estaré mejor.
Lanza un cohete al cielo, piensa en nosotros y déjalo volar.
Es un gran día para decir adiós, no hay problema porque voy a estar bien.
Ven y déjalo ir, no recuerdes todos los días que pretendían durar para siempre.
Ven y déjalo ir, no recuerdes, todo lo que cuenta ahora está por delante nuestro para siempre.
El sol perseguirá nuestro camino. ¿Puedes sentirlo?
Es un gran día para decir adiós, nunca podrá estar mejor que esta noche.
Es un gran día para decir adiós, no hay problema porque voy a estar bien, todo bien.
Una punzada atravesó su corazón; Tom podía entender perfectamente lo que significaban esas palabras: eran una despedida. Salió corriendo en busca de su gemelo: ¡No lo hagas, Bill! ¡No nos hagas esto! ¡No!
—¡Bill! —golpeaba la puerta cerrada como poseído—, ¡vamos, Bill, ábreme! ¡No lo hagas! Yo te amo, sí, te amo; no importa nada. ¡Biiiiiill!
Solo respondía el silencio, así que decidió romper la puerta. Lo encontró desmayado en el piso, respirando con dificultad y había vidrios rotos por todas partes. Su primer impulso fue llamar a una ambulancia, pero el instinto de tantos años en el ojo público lo hizo dudar; levantó a Bill en brazos, pegándolo a su cuerpo, y lo llevó a su auto, mientras le susurraba «No me dejes, mi amor; me muero sin ti», aunque dudaba que él pudiera escucharlo.
En el hospital, no se apartó ni un momento de su lado, y tenía sus manos entre las suyas cuando Bill despertó al fin, desorientado. La mirada de Bill pasó de no entender en dónde estaba a la vergüenza tras recordar lo sucedido, e intentó sacar sus manos pero Tom se lo impidió.
—Ya, calma, vas a estar bien.
Bill sintió el golpeteo en sus sienes de un tremendo dolor de cabeza.
—Lo siento —dijo con voz ronca.
En los ojos de Tom brillaban lágrimas a punto de salirse, y las dejó libres con sus próximas palabras.
—He pasado mucho miedo de perderte. Dijeron que tomaste todas esas píldoras y alcohol, y yo solo podía pensar que era mi culpa, que por mi culpa estás así… y yo… —el llanto no lo dejó continuar.
—No, no, Tomi, no es tu culpa. Yo… soy un cobarde… —y «un narcisista creído de mierda», completó para sí.
Tom se llevó las manos de Bill a sus labios y besó sus palmas; ninguno de los dos pudo decir nada más hasta mucho rato después.
&
(Junio de 2014, Día 2)
Tom le acarició el rostro; lo ocurrido aquel día había marcado permanentemente las almas de los dos.
—Todo cambió a partir de eso, ¿no, Bibi?
—Sí. ¡Pero yo me sentía tan culpable! Sentía que cuando estabas a mi lado, yo te estaba obligando; que te había manipulado y te hacía infeliz. También tú seguías saliendo con la zorra esa —Tom rodó los ojos— y yo a veces pensaba si no era verdaderamente muy egoísta de mi parte mantenerte atado a mí cuando tú querías hallar otra persona…
—En verdad, tampoco estaba tan decidido a apartarme de ti; recuerda que siempre fui yo quien volvía a decirte que te amaba, y me metía a tu cama y te ilusionaba con una normalidad que no éramos capaces de tener en ese momento….
—Lo peor es que yo creía que solo lo hacías para mantenerme cuerdo, por miedo a que yo cometiera otro acto cobarde de estos —se señaló el brazo sobre el que Tom aún acariciaba.
—Estaba muy confundido. Creo que me quería convencer de eso: estoy cerca de Bill para protegerlo y no porque no sé cómo vivir sin lo que siempre tuvimos. ¡Ja!, si tú eres cobarde, Billy, yo lo soy también —Bill sonrió al fin, intentando superar los malos recuerdos; Tom entrelazó los dedos a los suyos—. No más, ¿sí? No más canciones así de dolorosas.
—Sí, está bien; creo que… Masquerade puede ser otra de las escogidas.
Tom se lo pensó unos segundos: ese tal vez sería el nombre más adecuado para el período que vivieron justo después de que Bill volviera a casa desde el hospital: A tiempo, nos escondemos, en la mascarada de héroes. Un millón de mentiras detrás de ojos tristes, en la mascarada de héroes. Las cicatrices en nuestros rostros están mostrando sus huellas, no sabes lo que es la vida hasta que mueres por ello…
&
(Finales de 2013)
El susto de lo ocurrido a inicios de octubre hizo que por unos dos meses, Tom casi no se separara de Bill; únicamente lo consintió cuando él decidió irse a pasar Thanksgiving con la familia de Alex en Kansas, pero solo tras advertirle a este que siempre lo tuviera vigilado y no lo dejara hacer locuras.
Mientras, su noviazgo con Ria se enfriaba otra vez hasta volver a la amistad por la que había empezado, o al menos así lo sentía Tom, aunque era consciente de que ella no pensaba lo mismo; ni tampoco Charlotte, su mamá, la más decidida partidaria de que al menos su hijito preferido se casara alguna vez, se convirtiera en padre, quizá, y dejara detrás toda la historia incestuosa con su gemelo.
Tom no creía ser capaz de eso: siempre estaba con Bill, compartían todo su tiempo, algunas veces ni siquiera podía resistirse y le pedía volver a estar juntos como siempre, compartiendo los sueños, las tristezas, y también la cama; pero no podía confiar, no podía sentirse seguro, ni soportaba el tipo de persona insoportable en que el alcohol convertía a su gemelo.
Bill, por su parte, reaccionaba airado ante la mínima señal de que Tom actuara como una persona independiente, y tenía horrorosos ataques de celos cada vez que él salía con Ria, acusándolo de mentiroso, vengativo y farsante.
De ese modo, la relación entre los dos era muy precaria, y aunque ya no podía decirse a sí mismo que se alejaría de Bill y empezaría una vida nueva, Tom tampoco sentía que lo que estaban viviendo fuera lo que ninguno de los dos deseaba.
Cuando llegó la Navidad, la familia Kaulitz se reunió en Los Ángeles: Charlotte, Gordon, y también vino con ellos Andreas. Salieron a celebrar todos en la víspera de Año Nuevo junto a Alex y su novia, Tom llevó también a Ria y se hizo patente que las cosas entre los gemelos estaban en un punto raro. Incluso, por primera vez notó que Bill no quería estar cerca de Andreas y, cada vez que podía, se alejaba de las conversaciones donde este estuviera. Sabía que preguntarle por ello a su hermano sería inútil, así que enfocó su ataque en Andreas.
—Tienes que decirme qué ha ocurrido entre Bill y tú, Andy.
—No ha pasado nada, últimamente —Andreas apartó la vista; la mirada inquisidora de Tom siempre había sido mucho para él, y los sentimientos que guardaba hacia el mayor de los gemelos afloraban fuertemente en momentos como ese.
—Sé que ha ocurrido algo…
—Yo… simplemente le dije la verdad: es hora de que te deje en paz y te deje hacer tu propia vida.
—¿Qué? —Tom enfocó aún más su mirada en él, y Andreas solo quería hacer un hueco y enterrarse—. No entiendo. Tú sabes cómo ha sido todo para nosotros, cuánto hemos tenido que luchar, juntos…
—Sí, yo lo sé todo, Tom, todo. Por eso sé que él no te merece, y yo…
—¿Tú? ¿Tú me mandaste ese mensaje sobre el móvil que me escondía Bill? ¿Tú… enviaste las fotos aquella vez, el video?
—¡Tenías que saber! No soportaba más verte rendido mientras él te manipulaba y te mentía sin escrúpulos.
—Tú no sabes lo que hay dentro de Bill, yo sí —la voz de Tom se oía molesta—; yo soy el único que lo sabe, el único que puede sentir todo lo que él siente.
—¡Tonterías, Tom! Él estuvo con una mujer acá mientras tú estabas en Hamburgo, y luego te mintió fríamente, y tú no te diste cuenta de nada. ¡No pudiste saber nada de eso hasta que puse pruebas frente a ti! ¡A mí no me va ese cuento de que no se guardan ningún secreto porque yo sé que no es así!
—Creí que te conocía, Andy; creí que eras nuestro mejor amigo, de los dos. Pero has sido tan mezquino que no te reconozco.
—¡No es eso! Yo solo… —pateó el suelo—, es injusto que lo defiendas así y estés tan ciego a todo lo demás, solo quería que miraras alguna vez a tu alrededor.
—¿Y qué tengo que ver? ¿A ti? —el ceño fruncido de Tom se había acentuado—. ¿Es eso, Andy? Deberías, siendo mi mejor amigo, saber esto de mí: no me gustan los hombres, nunca he mirado a alguno que no sea Bill. Tampoco he sentido más que deseo, o amistad, por alguna mujer, así que supongo que mi abanico de opciones en el amor es reducido —le dio una sonrisa irónica—. Yo amo a Bill, y deberías ver que me destroza alejarme de él. Siendo mi mejor amigo, deberías ayudarme a ser feliz con la única persona que amo.
—¿Preferirías no haber sabido? —Andreas lo miró, retador.
—Tal vez, no sé. Lo que sí sé es que necesito estar con Bill, y que para eso necesito que él vuelva a ser el hombre que amo. Y en eso tú puedes ayudarme.
—No veo cómo.
—Siendo su amigo otra vez, aconsejándolo y ayudándolo a ver sus problemas; no hundiéndolo más en su miseria, sino mostrándole cómo salir del hueco.
—No sé si pueda, ni si él me deje.
—Al menos inténtalo, ¿sí? —le ofreció su mano y Andreas la estrechó.
Estaba por empezar la cuenta regresiva para el año nuevo así que Tom buscó con la mirada a Bill y se dirigió hacia él. Lo tomó por un brazo arrancándolo de la animada conversación que sostenía con Gordon y Simone, y lo llevó hacia un rincón más apartado del local.
—¿Tom? —Bill sonreía extrañado mientras caminaba. Empezaban a contar en grupo: 10, 9, 8, 7, 6. Se quedaron mirándose de frente, comunicándose sin palabras. 5, 4, 3, 2, 1.
—Feliz año nuevo —sus bocas se juntaron instintivamente; ninguno de los dos pensó en quién estaría mirando mientras lo hacían, solo se hablaban sus almas y no podían ver o escuchar nada más.
Se separaron por aliento, mirándose a los ojos; fue solo entonces que Bill echó una ojeada hacia donde su madre cambiaba la vista, enojada. Andreas se les quedó mirando, y sonrió. Más allá, Ria se alejaba después de ver la escena.
—Tu novia nos vio —soltó Bill, con tono irónico—. ¿No irás por ella para explicarle?
—Quizá, luego. Ahora, ¿nos vamos a casa? Quiero que celebremos tú y yo solos el año nuevo.
—¿Dejaremos a todos aquí —a Bill le parecía muy bien la idea; sus ojos brillaban—, otra vez? —él se refería a cuando el día de su cumpleaños 23 dejaron a toda la familia atrás para escaparse a celebrar solos, una noche que resultó en renovadas promesas de amor que se destrozaron unos meses después.
—No pensemos en nada más que tú y yo, al menos por hoy.
—Como digas, Tomi.
Se fueron apurados hacia el auto en que habían llegado al club. Ya dentro, los dos se miraron por un momento y estallaron en carcajadas mientras el auto avanzaba.
Al llegar, no hubo explicaciones. Se enredaron uno con el otro, intentando llegar a la habitación sin caer. Afortunadamente, Bill no había vestido ninguna de sus ropas apretadas, así que le fue relativamente fácil desnudarse mientras seguía besando a Tom, quien también se desprendía de sus ropas, apurado.
—Hmmm, Bibi… —Tom comenzaba a gemir, deseoso.
Cuando ambos estuvieron desnudos, Bill lo empujó a la cama, para lanzarse luego sobre él y hacer un camino de besos y caricias en su cuerpo. Tom dejaba a sus manos también explorar cada parte de su gemelo que pudiera alcanzar, ansioso por sentirlo con él, en él. Una pausa para alcanzar el lubricante en la mesilla de noche, y luego Bill dejando resbalar sus dedos embadurnados dentro de Tom: uno, dos, tres, tocando su próstata y haciéndolo temblar de excitación.
—Ah, tus dedos largos; amo tus dedos en mí, Bi, pero más amo sentir esto —le agarró el pene, tan erecto que dolía—. Ahora, en mí —Bill no esperó una segunda invitación: puso las piernas abiertas de Tom a cada lado de sus caderas y lo penetró con cuidado.
—Siéntelo… todo.
—Sí, sí, me gusta así —susurró Tom, echando la cabeza hacia atrás para disfrutar aún más la sensación.
Poco a poco, las embestidas fueron ganando en intensidad, hasta tenerlos gritando, lanzando quejas de placer y satisfacción. El clímax llegó para los dos, juntos; Bill derramándose dentro de Tom, y él entre sus vientres que se friccionaban.
—Ah, ah —salió de dentro de su gemelo pero lo mantuvo en sus brazos, haciéndolo descansar en su pecho, como sabía le gustaba—. Cuando estamos así, parece como si nada malo nos hubiese pasado…
—Como si nunca nos hubiésemos herido uno al otro —completó la idea Tom.
—Eso —Bill se quedó en silencio unos instantes—. Tom, ¿qué es esto? ¿Qué hicimos esta noche? Nuestra familia y amigos…
—No importa nada; solo quiero estar contigo. Lo único que deseé a medianoche es que podamos tener un nuevo comienzo, este año; que podamos lograrlo al fin.
—Oh, también yo.
Se quedaron quietos unos momentos, intentando leerse sin palabras, hasta que Tom se deslizó hacia la entrepierna de Bill y saboreó aquello que hasta hacía unos instantes había estado dentro de su cuerpo haciéndole ver las estrellas. Lo introdujo en su boca y Bill lo miró sonriente; Tom lo dejó ir para poder hablar.
—Te voy a dar la «mamada» de tu vida —lo volvió a tomar, pasando primero su lengua por el glande lentamente.
—Hmmm, sí, sí —balbuceó Bill, dejándose llevar.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin dejar un comentario.