«Nothing is louder than love». Temporada III

Capítulo 2

(junio de 2014, Día 1)

Girl got a gun era otra de las canciones que llevaba tiempo lista, puesto que ya estaba pensada para la salida del disco en otoño del 2013, pero todo se malogró cuando la precaria estabilidad del matrimonio Kaulitz se vino abajo a inicios del verano.

Georg y Gustav siempre habían sido capaces de entender a sus amigos gemelos, desde pequeños con su extraña conexión, más tarde cuando pudieron darse cuenta que se habían convertido en pareja sexual primero, en pareja amorosa, y luego en un matrimonio en toda regla al que solo le faltaba una aprobación legal pues tenían en él todo lo que otro matrimonio normal, incluso las discusiones tontas que se olvidaban en la cama. Por eso, estaban completamente de acuerdo en que no era posible que volvieran a hacer promociones, a viajar juntos en tour, tocando canciones que hablaban del amor perdido y recuperado, mientras los dos principales héroes de esa historia eran heridos por ello una y otra vez.

Justamente los Gs aplaudieron desde el primer instante la introducción de «Girl got a gun» en cualquier nueva producción musical que hicieran, porque su letra hablaba de algo que los afectó a todos de un modo u otro: la traición a Tom por parte de Bill. Recordaban que, al enterarse por el mismo Tom. quien lloraba frente a ellos en skype, tuvieron tantos deseos como él de golpear a Bill, de darle una buena lección por ser tan estúpido. ¿Cómo había podido arriesgar todo lo que tenía con Tom por una noche de aventura? Tanta lucha, tanta pasión, tanto dolor malgastado. Y… ¿cómo había sido capaz de engañarlos a todos con su cara de inocencia por tanto tiempo? Por ello, la canción era un buen ejercicio de catarsis, donde Bill intentaba explicarse, explicarles desde su punto de vista.

Cuando la grabaron, se suponía que Tom había perdonado a Bill, y aunque a veces tenían pequeños problemas de pareja, todo parecía ir mejor.

La canción iniciaba con la necesidad de hablar sobre ese tema con la persona a la que realmente le interesa la explicación a su comportamiento, o sea, Tom, y a quien le pregunta si ¿estamos? o ¿nos vamos? Continuaba con la descripción del objeto de tentación, y tal vez, con la razón de que él se dejara vencer por ella: Tú cambiando habitaciones y yo nunca lo supe, o sea, echándole en cara que le había dejado solo sin razón, tal vez dándole espacio, déjame olvidarte, cuando Bill viajó a fines de agosto de 2010 a L.A. mientras inexplicablemente Tom se quedaba en Hamburgo. Estando solo Bill se encontró con una mujer, una sucia puta, hermosa a la que le pidió que lo tratara como animal para tener sexo duro y salvaje. Y pues, la chica agarró una pistola, su sexo, apuntó a Bill y le disparó, logró la diana, logró mi corazón, logró la noche, sí, al menos obtuvo esa noche donde para él todo mi amor se olvidó. Lo mismo que le echaba en cara Tom diciéndole «Cuando nos olvidaste…». Bill hizo el viaje, se jugó la vida al azar y perdió lo más importante para él: yo pierdo el paraíso. Y cuando continuó su vida adelante, solo obtuvo un Oh, sí, una pequeña satisfacción de minutos, mientras que se quedó sin su amor por culpa de esa noche. Así que el consejo de Bill para sí mismo y para los que se encontraran en esa situación es: El chico mejor corre. Ay, y si Bill hubiera corrido de la tentación muchos problemas se habría ahorrado, mucho dolor que hasta hacía tan poco tiempo no había dejado de herirlo profundamente.

—Sí, definitivamente esta va —se paró y caminó algo ansioso por el salón del estudio. Tom lo alcanzó y lo envolvió en sus brazos; buscó sus labios y Bill enterró su cara en el cuello expuesto a su avidez, para besarlo, succionarlo, morderlo—. Nunca me podré arrepentir suficiente de haberte herido así —dijo al fin contra la oreja izquierda de Tom.

—Ya pasó, Bibi, ya pasó. Y ahora entiendo que también yo tuve parte de culpa… por mis cambios de humor y mis berrinches…

—Hummm… —esta vez Bill rió—, eso es un poco cierto. Ven, sigamos —se lo llevó de la mano otra vez al sofá.

—Tenemos que incluir las dos baladas con piano —entrelazó Tom sus dedos de la mano izquierda con los de la derecha de Bill, uniendo sus tatuajes.

—Sí —Bill afirmó con la voz y con la cabeza.

Invaded y Run, run, run eran, una, acerca del dolor de perder a Tom, de sentirlo alejarse, sentir que morían todos sus sueños, todo por lo que habían luchado, y también un ruego para que no se marchara; la otra, el sentimiento de una nueva esperanza de que todo podía arreglarse después de las lágrimas y el miedo.

En cierto modo, Run, run, run era un reproche por la indecible tortura sentimental que Bill había soportado, al punto de comenzar a autodestruirse: soportar el noviazgo de Tom con Ria: me pregunto cuál es el sabor de tu cuerpo, en el interior de otra persona; sentir que Tom lo ignoraba por ella y lo dejaba solo: estoy solo pero sé todo lo que sientes; la sensación de que Tom ya no lo amaría igual nunca más, que él estaba absolutamente decepcionado de los dos y así se lo decía incluso a sus mejores amigos, Georg, Gustav y Andreas: dime cómo cerraste la puerta aun sabiendo que nadie podría quererte más, cómo dijiste a todos tus amigos que este amor fue hecho para sangrar. Pero también había un grito de esperanza: Y el destino nos falló, pero lo superamos y nos ponemos de pie otra vez…

—Ya son cuatro. ¿Una más y paramos por hoy? ¿Cuál propones?

Kings of suburbia, porque ahí estamos inmersos todos, los cuatro miembros de la banda.

—Los cuatro grandes amigos… para siempre —sonrió Tom, teniendo minúsculos flashes de recuerdos de disímiles momentos en los cuales los Gs siempre habían sido su soporte, y viceversa.

—Incluyamos la oración de la serenidad ahí, puedo solo recitarla: Dios, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las que puedo, y la sabiduría para entender la diferencia.

—Está bien.

Tom deshizo sus manos de las de Bill, sonriendo, fue hasta la computadora y creó una nueva carpeta: «Los reyes del suburbio en el 2014». Incluso pensó que algo como eso podía ser el título del álbum completo.

—Tendremos que consultar a los Gs, a ver si les gusta también —dijo Bill adivinando el pensamiento de su hermano.

—¿Ahora? ¿Quieres que los llamemos? Aún no deben estar durmiendo allá.

—No, ahora termina lo que sea que vayas a hacer aquí y únete conmigo, en nuestra habitación. Te espero, no demores.

—Ok —Tom sintió la excitación aumentando en su interior—. Estaré allí enseguida.

Lo miró salir y se relamió los labios. Luego volvió la mirada a la pantalla y se ocupó en mover todos los archivos relacionados con las 5 canciones escogidas a la carpeta que recién creara: Stormy weather, Covered in gold, Invaded, Run, run, run y Kings of suburbia; eso le tomó solo unos minutos. Luego se aseguró de que todo estuviera en orden antes de apresurarse a dejar el estudio y adentrarse de nuevo en la casa.

Lo primero que escuchó al acercarse a la habitación, fueron gemidos femeninos; frunció el ceño pero luego sonrió: ya sabía cuánto le gustaba a Bill adicionar, alguna vez, porno lésbico en sus encuentros amatorios. También ambos eran partidarios decididos del uso de juguetes sexuales, porque odiaban la rutina; pero su inquietud tenía más que ver con el espíritu bromista de Bill. ¡Todos los problemas que le había traído su gusto por las mujeres, y aún así él se permitía jugar con eso a tan solo unos minutos de haber estado recordando todo lo ocurrido! Definitivamente, Bill era todo un rebelde insoportable, pero también por eso lo amaba; así que traspasó la puerta ansioso, para encontrarlo completamente desnudo sobre la cama.

—Ugh, Tomi, tienes mucha ropa encima —dijo palmeando el espacio vacío a su lado; en la laptop seguían viéndose las escenas morbosas entre dos chicas. Tom fue desnudándose mientras se acercaba. Llegó hasta Bill, le alzó el rostro para besarlo, y luego se deslizó a su lado.

—Buenos culos —comentó Tom mirando a la pantalla.

—¿Te gustan más que el mío? —inquirió insinuante Bill apoyándose en sus codos, bocabajo, y mirando insinuante a su gemelo.

—Son más bonitos que el tuyo —le guiño un ojo—, pero definitivamente el tuyo me gusta más.

Se lanzó sobre él y empezaron a besarse, enredando sus cuerpos. Hasta el mínimo detalle de lo que sentían y deseaban era compartido por sus almas, sin hablarse, por eso Tom sabía que ahora Bill deseaba ser el que recibiera, crear una fantasía seductora y ligeramente perversa en la que solo dominara al dejarse dominar. Haciendo un camino de besos por sobre la espalda de Bill, que se arqueaba de gusto, llegó hasta las nalgas, donde se entretuvo en hacer dibujos abstractos con la lengua, hasta decidirse a separarlas e incrustar su nariz y boca en la hendidura que despedía un olor a anís.

—Biiiill —Tom se levantó un poco de su posición—, ¿qué estuviste haciendo sin mí?

—Sé que te gusta el sabor del anís. A mí me parece asqueroso, pero… es para ti.

—¿Por qué siempre sabes lo que voy a hacer?

—Estamos conectados, recuerda; sé más de ti que tú mismo. Me entretuve preparándome para esto…

Sí, Tom decidió no perder más tiempo e introducir allí su lengua, paladeando el sabor de Bill entremezclado con el del anís: para él, todo un deleite de los sentidos. Mientras su lengua se introducía ahí, excitándolo, abriéndolo, dilatándolo, los jadeos y gemidos de Bill se mezclaban con los de las dos chicas, aumentando las sensaciones entre los dos.

—Tomi, si sigues haciendo eso voy a…

Alejó él su rostro entonces, lo alzó un poco, sosteniéndolo de la cintura para que quedara de rodillas sobre el colchón, acercó sus caderas y, lentamente, porque Bill era el más estrecho de los dos, introdujo su erección ya dolorosa; esperó a que se moviera para avisarle que ya estaba listo para continuar y comenzó las embestidas, aumentando la velocidad poco a poco hasta que los dos llegaron, más bien pronto, a un clímax compartido.

Cayeron uno sobre otro en la cama, volviendo a besarse con el resto de fuerzas que les quedaban, y Tom solo esperó el momento oportuno para acomodarse en el hombro izquierdo de Bill, sobre su corazón tatuado.

—Quién lo hubiera dicho cuando comenzó todo esto, que acabaríamos amándonos así. Porque al principio solo fue sexo, Billy, curiosidad por estas cosas —señaló a la pantalla donde aún las chicas probaban posiciones y gemían—, nada más.

—No sé si…

—Bill, ¿recuerdas… la primera vez que vimos porno?

—Ja, claro. ¿Cuánto teníamos? ¿10, 9?

—10, acabábamos de cumplir 10.

—Sí, eso es…

Sin poder evitarlo, sus mentes conectadas se volcaron al mismo recuerdo…

&

(octubre de 1999)

La culpa había sido de Andreas, que no solo les mostró aquella revista donde muchas parejas estaban en posiciones que ni siquiera habrían imaginado a su edad, sino que también les facilitó un CD con una película XXX grabada.

Tenían mucha curiosidad pero también miedo de que alguien los sorprendiera viendo eso en el TV de la sala, así que esperaron a que su mamá saliera con Gordon, sin dejar a nadie haciéndoles de niñera, porque «ya son grandes y pueden quedarse solos en casa, pórtense bien». Los gemelos, que hacía meses incluso hacían presentaciones nocturnas en bares de Magdeburg con su dúo Black Question Mark, aunque siempre acompañados por Gordon y a veces por su mamá, coincidían en sentirse bastante responsables como para «hacer sus tareas, merendar algo e irse a dormir temprano», pero esos no eran sus planes para esa noche.

Seguramente que el auto en que iban su madre y su padrastro aún no había enfilado hacia la carretera que los sacaría de Loitsche por unas horas cuando ya Bill y Tom se estaban situando frente a la computadora de segunda mano que su madre les instalara en la habitación para usarla en asuntos escolares, colocando el CD en la bandeja del lector, y esperando ansiosos a que surgieran las imágenes.

Aquello se desarrollaba en una escuela secundaria, donde chicas y chicos se escabullían en los baños, las aulas, y todo tipo de escondrijos para tener sexo, incluso con algún que otro profesor. Mientras miraban, sentían sus cuerpos revolucionarse y extrañas sensaciones en el bajo vientre.

—Tomi, eso es… asqueroso —dijo Bill, aunque sin poder apartar sus ojos de la pantalla.

—No, es solo… raro. No sabía cómo se hacía todo eso.

—¿Tendremos que hacerlo así… con las chicas?

—Supongo.

—Mira, mira lo que hacen con sus lenguas. Puaj, me recordó a Hanna; no me gustó para nada besarla. ¿Y a ti? —Tom se encogió de hombros por toda respuesta—. Tal vez es que no supimos hacerlo bien. Mira, ve lo que hacen… —se acercó a su hermano y, sin pensarlo, unieron sus cuerpos, imitando las acciones que veían. Sorprendidos, notaron que les gustaba la sensación, así que continuaron en eso por un buen rato.

Las escenas en la película se ponían más fuertes cada vez, y ellos terminaron estando tan nerviosos por lo que veían que solo atinaban a reírse, sintiendo más cosas extrañas en su vientre que aceleraban sus corazones.

Esa madrugada, tras sacar el CD y esconderlo bien, y luego borrar todo rastro en su computadora de que algo tan perturbador se había reproducido, se acostaron cada uno en su cama; pero no pasó mucho rato antes de que Tom, en silencio, se colara entre las mantas de Bill, que lo recibió con un suspiro y una sonrisa. Desde atrás, el gemelo mayor por 10 minutos abrazó a su hermano y besó suavemente su cuello, sintiendo inexplicables deseos de probar todo eso que había visto justamente con aquel que tenía a su lado transmitiéndole su calor.

Se quedaron dormidos en esa posición y así los encontró Charlotte al regresar a la casa, cuando fue a echarles un ojo a sus pequeños antes de irse a descansar; pensó si debía despertar a Tom para que volviera a su propia cama, pero los dos dormían de un modo tan inocente que parecía pecado despertarles. Quizá debería hablar con ellos al día siguiente, explicarles que ya iban siendo demasiado grandes para seguir durmiendo juntos.

&

(junio de 2014, día 1)

Tom jugueteaba distraídamente con el piercing en la tetilla izquierda de Bill, aún recostado en su lugar preferido, mientras su gemelo rememoraba verbalmente las consecuencias de aquella noche.

—Probamos un poco más cada vez, y antes de cumplir doce ya habíamos llegado a casi tener sexo completo; bueno, teníamos sexo, lo único que nos faltaba era la penetración y eso porque ninguno de los dos se decidía a ser el «muerde-almohadas». ¡Éramos tan ingenuos y a la vez tan atrevidos!  —rio y Tom le hizo eco también con su risa fresca.

—Y confundidos. Tú con tu novia, yo con la mía, pero con ninguna de ellas hacíamos avances como los que sí teníamos entre nosotros.

—Ajá, y luego tú entraste en esa fase de «esto no está bien» y las cosas fueron de mal en peor…

—Fue cuando descubrí que no era solo sexo lo que teníamos; había un sentimiento más fuerte involucrado y a ese sí le tenía miedo.

—¿Amor? —lo miró con picardía.

—Encontrar a tu gran amor a menudo empieza con sexo, ¿no?

—Quizás, Tomi, pero en nuestro caso, creo que el amor surgió con la primera mirada y el primer roce, a minutos de nacer; únicamente no nos dimos cuenta hasta mucho después.

—¿Eso crees? Amor a primera vista —lo miró soñador, inclinándose sobre él—. Bueno, de cualquier modo seguimos en la edad de tener una activa vida sexual, y si seguimos aquí así y con esa mierda puesta voy a… —unos arañazos fuertes en la puerta interrumpieron sus palabras.

—¡Pumba!

—Ah, tu perro es todo un malcriado… como su papi Bill, ¿no?

—Debe tener hambre. Eso me recuerda que… yo también. Vamos, Tomi, comamos algo. Son las… casi las 6 am, uff. Dormiremos al regresar, ¿sí?, y volveremos al estudio cuando despertemos —Bill se levantó de un salto, fue hasta la laptop en la mesilla y la cerró.

—Vamos —respondió Tom, aunque por él habría seguido solo allí, sintiendo tantas cosas y cómodamente instalado junto al que alimentaba su alma.

Se levantaron, vistieron solo bóxers y playeras sueltas, y fueron al encuentro de sus perros que ya los extrañaban.

Continúa…

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por ladyaradia

Escritora del Fandom

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