Administración: Esta es la continuación de «Niño Bonito» debes leer la temporada 1 para comprender esta parte. Puedes hacerlo pinchando «aquí». Y ahora a leer 🙂

Fic TOLL de WifesKaulitz. Temporada II

Capítulo 1

— Estás hermoso, mi amor. — Tom me acomodaba el cabello una y otra vez con unos ojos de enamorado. Me sonrojé por el cumplido y también por el beso tan tierno que me dió en los labios.

Nos encontramos en una cena íntima con la intención de celebrar que ya me había graduado. El restaurante era de lujo, muy bonito pero eso era lo de menos, me encantaba porque estaban presentes todos los detalles que le había dicho a Tom como me gustaría en una cita perfecta:

Vino del bueno, comida y su presencia.

Lo amaba porque sabe escuchar, nunca pasa la oportunidad de ponerle atención al mínimo detalle y eso me encanta. Me sorprende justo en el momento que menos me lo espero. Hace que mis sentimientos por él crezcan mucho más.

— También estás hermoso, Tom. Me fascina todo de ti, soy la persona más afortunada del planeta por tener un novio como tú. — sonreímos tomando del vino.

Yo también le preparé algo así en cuanto se graduó pero fue con nuestra familia reunida, apoyando y felicitando por su logro. De inmediato entró a la universidad para estudiar derecho mientras yo aún estudiaba. Ahora va por su tercer año y vaya que es un buen alumno. Le ayuda a su padre con algunos casos para tomar experiencia y dejar el miedo de lado.
Soy parte de la audiencia cuando debe repasar un caso, nos ponemos a debatir de una forma interesante y claro que lo digo con un segundo sentido.

— ¿Qué piensas estudiar, bebé?

— Me gustaría descansar este año, Tom, pero tengo en mente veterinaria porque amo los animales y convertir ese amor para ayudar lo que amo me haría bien.

— Uhm, no me agrada la idea de que quieras retrasar un año, sabes que mientras más rápido mejor, ¿no?

— Sí, pero también deseo trabajar, no quiero que mi padre me lo pague todo, Tom. Ya no se siente bonito.

— A ver. — abrí la boca para recibir el pedazo de carne que me ofrecía de su plato. Saboreaba con emoción, estaba muy rico. — Deja que te ayude con la universidad, consigue un trabajo para fines de semana y ya… quizás lo digo así tan fácil pero imagínate irte a vivir solo, tener deudas para mantener la casa y otra más cara la universidad, no podría con ello.

— Lo sé. — continuo con mi plato. — Muy complicado…

— O espera a que yo trabaje para mantenerte, no me molesta, niño bonito.

— Ño. — solté una risa suave. — Podría llegar hasta vivir juntos pero nunca ser un mantenido.

Los ejemplos que tengo con mis tías son una gran lección para no ser así, cuando el marido les deja siempre van a llorar dónde mi abuela porque no tienen nada, buenas para nada y quieren que les den el dinero así de gratis.

Aman estirar la mano, restar… y lo que yo quiero es sumar.

— Por eso me encantas.

— Tú también a mí. — le di un último aspiro al vino para acabar mi copa. Seguía el postre que una torta húmeda de selva alegre con hoja de menta. — Nunca una relación me ha durado tanto como la que tenemos, ¿cuántos años son?

— Dos, casi tres.

— Gracias por hacerme feliz. — tomo la servilleta para limpiar la comisura de sus labios. Lo hago suave, con mucha delicadeza y después doy un beso sorpresa en esa boquita linda. — Te amo.

— Te amo mil veces más. — esta vez decidí atrapar sus labios para un beso largo y sincero. El beso más dulce de todos, un beso que sin duda expresaba dulcemente lo que sentimos. Ese amor que nunca dejamos que se apague, sigue intacto, nadie lo ha destrozado, somos uno. Mis belfos danzan al compás de los suyos, se siente jodidamente bien que te amén así de bonito, que solo tú seas su mundo y que a pesar de las malas jugadas, seas la persona correcta para él. Nos separamos mirándonos con una sonrisa.

Era momento de irnos de vuelta a casa.

Era horrible tener que separarme de Tom.

— Tengo un último regalo.

— Dios, me vas a mal acostumbrar a esto, carajo.

— ¿Y qué? mi novio nunca será espectador. — al llegar a mi casa lo hago entrar. Saluda a mi padre y a Marta para después ir hasta mi habitación. En el escritorio estaba una bonita jaula tapada. Tom se dirigió hasta ella para dejarme ver un conejito blanco.

— Oh, dios…

— ¿Recuerdas que me contaste que a los ocho años tu conejita se perdió por dejar la puerta abierta? — asentí sintiendo como los ojos me picaban con las inmensas ganas de llorar. — Pues copito de nieve a vuelto, Bill, pero con la dicha de que tendrá un padre más para cuidarlo.

— Mierda. — sigo llorando con los ojos cerrados, abrazándome a mi mismo.

— Te acabo de preñar con una conejita. — al sentir su cuerpo cerca no pude evitar abrazarle con toda mi fuerza.

Me llegó mucho en el fondo de mi corazón.

— Ya, niño bonito. — Tom ríe por lo bajo, repartiendo besos por todo mi rostro mojado a causa de las lágrimas. — Ve a darle tus primeras muestras de amor a copito. — con la manga de su chaqueta limpia. — Oh, esos ojitos lindos no me gusta que se vean así.

— Es que…

— ¿Qué, mi amor? ¿quieres besito? — peor lloré mientras afirmaba. Tom me da un besito en la boca como ánimos y así fui donde mi conejita. Le saqué de la jaula, le cargué en mi mano porque era muy pequeña y suave. Le di muchos besitos en la cabeza.

— Billy.

— ¿Sí? — hablo sin voltear a ver a Marta.

— Tu padre y yo vamos a salir a cenar, ¿quieren venir?

— No, creo que quiera. — responde Tom por mí. — Le he llevado a cenar y comió mucho.

— Oh, bueno. Está bien, cariño.

— Gracias.

— Nos estamos comunicando, ¿va?

— Adiós. — estaba encantado. Puse a mi copito en su jaula. Ya era muy tarde para salir a dejarlo en el patio. Volví hacia mi novio y me tiré sobre sus brazos para llenarle a él de babas como agradecimiento. Caímos sobre la cama, Tom solo reía ante mi gesto tan impulsivo.

— Te amo, te amo, te amo, ¡te amo, Tom! ¡agh! Eres mi todo, joder. No me dejes nunca.

— ¿Por qué lo haría? ¡haces que mis días pesados sean mejores solo con verte, escucharte y tenerte cerca! — volteamos para que esta vez quede sobre mi, le beso los labios con toda la actitud, mordiendo con suavidad el inferior y tirando de él.

Tom explora mis piernas, concentrado en hacerme sentir más allá de los besos.

Quiero sentirme suyo.

Le quito la chaqueta y me deshago de los botones de su camisa de la forma más fácil. Los botones caen sobre mi ropa dejándome ver si torso desnudo.

Cada que le veo de esa manera tengo ganas de que me acomode los órganos.

— Menos mal que tengo ropa aquí. — Tom en cambio es más delicado, más amoroso. Quita mi camisa de la mejor manera para llevar un pezón a su boca. Respiré profundo, acariciando las rastas que estaban más largas y amarillas.

— Ah… — la mano libre se escurre debajo de mis pantalones y boxers para centrarse en mi zona sensible.
Solo con besos estaba húmedo, ahora lo estaría peor sintiendo el contacto de sus dedos, estimulando con calma. — Tom… — solté una maldición al ver como saca los dedos repletos de mis fluidos para llevarlos a su boca y saborear.

Afloja el cinturón y después el botón para tirar los pantalones a un lado. Se agacha tanto para succionar mis muslos, hace ese proceso en ambas piernas. Provocando gemidos de desesperación porque necesitaba sentir justo en el centro.

Amaba jugar conmigo.

— ¡Agh! — chillé. Su lengua estaba pasando una y otra vez sobre mi intimidad. — ¡Quita esa molesta tela de mi cuerpo, Tom!

— Lo siento. — finalmente siento mi sexo libre, expuesto y chorreando. Toma postura en frente de mi para quitarse los pantalones junto con los boxers.

Se me hizo agua la boca, Tom tenía el pene grande y cabezón.

Más que cuando lo conocí en un principio.

Lo ví con intención de ponerse el preservativo pero protesté ante ello, no digo que esté mal que lo use pero hacerlo a pelo un de vez en cuando no estaba mal. Después de todo hace dos años tomé la pastilla y no hay problema en que la vuelva a tomar después de ese tiempo.

— ¿Qué?

— No hay necesidad, puedo tomar la pastilla.

— Bill.

— Por favor. — relamo mis labios. Le quité el preservativo para lanzarlo a un lado de la cama. — Amo que seas responsable, Tom, pero… no está mal hacerlo así, ¿okay? ya sé cuidarme yo también.

— ¿Seguro? no quisiera crear un trauma de nueve meses.

— ¿Te molestaría?

— No. — comenta acariciando mi entrepierna con el glande, hace movimientos circulares. Estoy derritiéndome lentamente con sus toques. — Sería feliz de tener una pequeña versión tuya o mía, mi madre sería feliz pero tú no estás en edad para ello, cariño.

Abrazo sus caderas con mis piernas y lo obligo a entrar.

Estaba babeando solo con ver el rostro lascivo de Tom, por poco y se le caía la saliva.

— Cállate y hazme el amor. — baja más los pantalones hasta las rodillas para tener la libertad de mover sus caderas de adelante hacia atrás.

— Eres un peligro, niño bonito. Estoy obligando a mi cabeza a mantener el control, casi eyaculo dentro.

— No hay problema. — agarra mis piernas para ponerlas alrededor de su cuello. — Amo el collar que hacen tus piernas, Bill. Se siente genial. — después de decir eso se mueve lentamente, dejándome sentir cada parte de su pedazo de carne caliente y largo. Este entra, sale, entra y sale cada vez empapado de mi humedad.

Estaba vuelto un loco gimiendo.

Adoraba la sensación del collar que traía Tom con mi inicial, nunca se lo quitaba. Mi parte favorita era morder esa «B» cursiva mientras observaba como cerraba los ojos para dar lo mejor de él.

En mi caso también traía una «T» hasta con aretes, eran mis joyas preferidas.

— ¡Mhmm!

— Bill.

Suspiramos y agarramos aire de forma ruidosa. Sus movimientos son cada vez más rápidos y mejores, es mejor tener sexo sin protección.

Una vez que lo pruebas vuelves a querer muchas veces…
Se me hace fácil porque entre Tom y yo somos seguros, no es nada pasajero, no he tenido ninguna otra pareja a la hora de la intimidad que no sea él y debo decir que es lo mejor del mundo.

— ¡Ay! siii, Tom. — susurro acariciando las mejillas. — ¡Joder, si!

Volteamos para quedar de cucharita, Tom se pone detrás de mí, abriendo mi pierna para seguir y estimular mi sexo.

No me callaría, no puedo, ¡me niego!

— ¡Agh! — chillo. Estoy subiendo a esa puta nube de placer. — ¡Si! — muerde en mi hombro. Ahí es donde abro los ojos y veo a copito de nieve observando con atención como le dan a su padre.

Por alguna extraña razón, sentí mucha vergüenza y ganas de cubrir la jaula.

— Mierda. — cerró mis piernas, apoya la mano en mi cintura para moverse con más destreza. — Dios, si que aprietas. — entrelacé su mano con la mía. También le mordí pero en el antebrazo.

— Tom… — saqué la lengua.

Parecía una perra agitada, encantada recibiendo su dosis de comida diaria.

— ¡AAHH!

— Joder, joder, ¡JODERRRRRRRR! — saca para meterlo por la parte de atrás. Se dió lujo follando. Apega su pecho a mi espalda.

Yo solo siento que es hora de dejarme venir, el sexo anal es lo mejor sin duda.

— ¡Oh, sí! — exclamó con la voz muy grave. Estaba eyaculando en mi trasero y yo mojando su mano con todo el líquido que pude sacar.

Hoy duermo en el suelo.

— Ay, mi amor. — besa en mi mejilla. De soslayo puedo ver la sonrisa de satisfacción que tiene, como el sudor recorre la sien, las mejillas, el cuello.

Todo él era mío.

— Joder, necesito apapachos, bebé.

— ¡Claro que sí, mi rey! — tendí una camita en el suelo para los dos. Tom recuesta la cabeza en mi pecho, abrazándome de la cintura. Apoyo el mentón sobre su cabello húmedo y así me dormí.

Continúa…

Gracias por leer. Te invitamos a comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!