

Fic TOLL de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 9
Cayó la noche, la luna llena brilla más que nunca y el clima acompañaba de maravilla.
Tom y yo estamos sentados frente aquella cataratas de agua cristalina que refleja el cielo oscuro a la perfección. Una copia exacta.
Adicional traíamos una botella de vino, snack para suavizar el momento y una pequeña radio con música suave.
Decidimos usar nuestros mejores trapos para esta noche entre los dos, era una de esas citas románticas al aire libre.
Me encantaba el detalle.
Mi cuerpo reposa sobre un mantel.
Tom se encuentra a mi lado, echado sin dejar de mirarme mientras acomoda una rosa en mi oreja. Hace que me sienta aún nervioso con sus miradas, los detalles, acciones, palabras. Era similar a los romances a la antigua.
— Listo, que hermoso estás. — suspiré agarrando una rosa pero de color amarillo, la más bonita que encontré junto a mí y la pasé debajo de ese gorro negro después de asegurarme que no tenga espinas. Finalizo con un beso y de igual forma le respondí:
— Tú también te ves hermoso, quizás más que yo. — puso el contenido de la botella en ambos vasos desechables. Agarré uno sin dejar de mirarle.
El rostro de Tom a través de la luz de la luna me mata.
— Pues vamos a brindar por esta pareja de chicos hermosos.
Levanté la copa antes de decir: — Salud, mi vida.
— Salud, niño bonito. — inhalé el vino antes de llevarlo a mis labios para poder beber. Lo saboreo con entusiasmo y una mueca de sorpresa.
Sin duda el vino de arándanos es el mejor que he probado. Mi boca se ha deleitado con un vino bastante fino y siento que podría beber toda la noche a cantidades grandes.
— Hay veces en las que no quisiera regresar a casa y esta es una de ellas, te siento muy cerca, nuestra relación es más íntima, solo estamos los dos.
— Yo no quiero separarme nunca de ti, para nada. Lo que más me encanta es estar contigo y odio cuando te vas.
— Ay, Tom… — suspiro. — Eres lo que más me hace feliz. — este sonríe emocionado. Jala mi mano para que me acerque hasta él y poder besarme.
— Te dedico la luna porque está igual de hermosa que tú.
Sonrojado agarré la botella en una cantidad exagerada para ponerla en mi boca. Tragué todo y después repetí lo mismo con Tom hasta que nos acabamos la botella mediante juegos tontos.
Olvidaba que el vino es bastante engañoso y teníamos que beber con absoluto cuidado pero era fin de semana para romper reglas.
Agarré a Tom de la mandíbula para besarle a mi antojo mientras acaricia mi torso por debajo de la camisa.
Casi quería restregarle mi intimidad en la entrepierna si no fuera porque se colocó entre ellas y entre besos deshizo la ropa que traía de la cintura para abajo hasta un punto considerable.
Lo deseaba y él a mí.
Siento como sus dedos comienzan a frotar en mi punto débil, casi quería gritar, ¿y qué era lo que me impedía? sus labios carnosos devorando los míos de una forma apasionante.
Le abrazo con las piernas al sentir como va adentrando su longitud en mi interior. Metí las manos debajo de su ropa para sentir su piel pegajosa y liberar mi placer a través de rasguños.
Tiré de su labio inferior al momento de separarnos. Acerca su oído a mi boca para escuchar los pequeños ruidos que salen de ella y lo siento más duro, más caliente. Su cuerpo arde junto con el mío, se vuelven uno solo.
Sin querer centré mis ojos en la luna, dándome cuenta de que ella junto con las estrellas fueron testigos al aire libre de mi amor por Tom y viceversa.
Esto no fue cualquier encuentro sexual como los locos que sabemos hacer, era más especial porque me estaba haciendo el amor. Con cada estocada me volvía suyo y la manera en la que mi cuerpo respondía a ello hizo llegar a la cima a mi sexo.
Tom lo hizo también, sentí como lo derramó en mi interior y gran parte afuera cuando cayó en cuenta.
— Mañana urgentemente vamos a buscar algo para ese problema, hazme acuerdo. — asentí riendo divertido mientras nos acomodamos la ropa.
— Está bien, no hay problema…
— Gracias, por eso te adoro. — nos abrazamos fuerte para entrar en calor y comer un par de nubecitas. Después de un rato volvimos hasta nuestro alojamiento para poder descansar con absoluta tranquilidad hasta el siguiente día.
&
Mierda… no sé que me dolía más.
Si la cabeza o la pierna.
En medio de ese dolor busco las pastillas que me compró mi novio y me las tomé de golpe con el agua mineral. Recuesto la cabeza que me explota y tanteo a mi lado el cuerpo de Tom pero no está. Bufé con estrés. ¿A dónde habrá ido?
Obligado me levanto hasta el baño para darme una ducha rápida, ponerme ropa de acuerdo con el calor que estaba haciendo y salí hasta los patios. Mientras camino lento coloqué los lentes de sol y abrí el paraguas.
Me volveré un chocolate quemado aquí mismo.
Buscaba a Tom con la mirada.
Sonreí abiertamente al verlo tomando sol debajo de una sombrilla. Pude observar como las chicas lo miraban sin disimulo. Susurraban cosas entre ellas. Admito que eso me causó muchos celos y también se me olvidó el dolor en la rodilla porque empecé a caminar bien hasta llegar a dónde estaba él.
Incliné mi cuerpo en una cantidad considerable y planté un beso en sus labios, haciendo que este se sobresalte. Sonreí al mismo tiempo que me sentaba a su lado.
— Uhm… — estira su mano para acariciar mi pierna. Se acomoda frente a mí para poder besarme. Casi quería gritar de la felicidad y decirles a esas estúpidas: “Boom, Bitch». — Buenos días, niño bonito, ¿ya tienes hambre?
— Hambre de tí, mi amor.
Tom se sonrojó.
Vuelve a besar mis labios para ocultar su rostro sonrojado cuando yo ya lo había visto miles de veces. Su mano bajé acariciando mi espalda hasta llegar a las nalgas y termina dando un azote que me hace soltar un gemido bajito.
— Vamos, ahí en la recepción nos tienen que dar desayuno. — entrelazó su mano con la mía para caminar.
— Cuando llegué esas tipas no paraban de mirarte.
— Mhmm… — regresó a ver. Se rascó la nuca algo incómodo y besó mi mano. — Aquella tipa del bikini rojo, ¿te das cuenta? — regresé a ver sin disimulo, logrando encontrarme con una rubia delgada de piernas largas. Su bikini era demasiado diminuto.
— ¿Qué con ella?
— Se ha cambiado de bikini tres veces y esas tres veces ha pasado por en frente de mí para que la vea. Tuve que cambiarme de lado para que deje de hacer eso, casi me pone el trasero en el rostro…
— ¿Y te gustó?
— ¡No! — exclamó. — Fue la peor experiencia de mi vida, me sentí acosado. — yo reí con gracia, apretando su mano y colocando los lentes sobre mi cabeza. Tom también reía pero aún incómodo y cuando nuestra risa calmó, hablé:
— La próxima le dices que le voy a cortar una teta. — Tom me miró con horror pero no dijo nada ya que llegamos hasta la recepción. Nos acercamos donde se encontraba una chica detrás de un mostrador y el que habló fue él mientras yo miraba dónde sentarme.
Estaba molesto pero no con él, si no con las perras regaladas que estaban ahí.
Me pegué a Tom como un chicle cuando las ví entrar.
«Nos están siguiendo.» — pensé.
— ¿Podemos llevarlo a la habitación y después lo puedes recoger?
— Si, no hay problema.
— Gracias. — recibí una bandeja de comida que olía delicioso y después estaba siendo jalado de la mano mientras miraba de forma amenazante a esas tipas. No ponía resistencia porque estoy seguro de que si nos quedábamos un rato más ahí hubiera ardido el comedor.
Joder.
Cuando llegamos a nuestra habitación nos encerramos los dos y nos sentamos en aquella mesita que daba la vista desde otro ángulo a las cataratas y suspiré.
— Tranquilo, ¿sí?
— Me molesta porque no siquiera saben disimular.
— Está bien. — acaricia mi mejilla con un toque de dulzura. Sonreí empezando a comer la avena con yogurt y fruta. Sabía delicioso.
— ¿Qué planes para hoy? ¿a dónde quieres ir?
— ¿Habrá aquí un espacio para bailar? Uhm… no sé, estoy con ganas de beber.
— Tampoco es que te vaya a dejar tomar en exceso, suficiente con el vino que nos acabamos. No sé que hicimos, ¡es muy engañoso!
— Mhmm. — entrecerré los ojos tratando de hacer memoria. — Creo que nos besamos mucho y nada más, no hay de que preocuparse.
— Realmente espero que hayan sido solo besos ya que no recuerdo haber sacado los preservativos de la mochila.
— Tú nunca cogerías conmigo sin ellos, te da miedo.
— Solo trato de prevenir y cuidarte, nada más. De lo contrario es mejor hacerlo sin el porque se siente mejor, más intenso. — mordí mi labio inferior.
— Tenemos que hacerlo sin.
— No, me he preocupado, ¿qué tal si vamos a alguna farmacia para buscar algo? no me fío de nada.
— No te alteres. — de golpe llegó a mi mente todo lo que sucedió anoche. Tom y yo besándonos, después teniendo intimidad y… — Creo que sí pasó, no estoy seguro.
Apartó la comida a un lado y tragó lo que tenía en su boca, pálido.
— No me ayuda en nada.
— No acabaste dentro, relájate.
— ¿Podemos comprar la pastilla?
— Ya no funciona.
— Mierda. — tapó su rostro con ambas manos y soltó todo el aire de sus pulmones mediante un ruido gracioso. Yo seguí comiendo en total normalidad. — Tienes retraso de no se cuántos días, ¿cómo me pides que me relaje?
— Basta, en cualquier momento va a bajar.
— No, voy a buscar algo para ese problema. — se levantó y salió corriendo de dónde estaba. Miré un punto fijo mientras comía.
Siento que Tom se hace mucho problema por eso.
A veces le odio por ser tan recto.
Dejé la charola con los trastes vacíos y me adentré a la habitación. Recosté mi cuerpo en la cama y miraba el techo. Es tan paranoico.
Pero bueno, dejando de lado el asunto con mi enamorado me puse a pensar en Gordon y la situación que estamos pasando. Seguramente se va a sentir muy decepcionado de mi y también de Tom por irnos así, sin avisar pero no sé por cuánto nos iba a durar el gusto por la aparición de Karina.
Aún me pregunto el motivo de su regreso a la ciudad.
Con respecto a los dos trabajadores sociales siento que la embarré horrible y ahora que irán a pensar o hacer…
Me aterra.
.
By Tom
Estaba desesperado buscando una farmacia en medio de la nada. Mi única esperanza fue aquella tienda en la gasolinera más cercana.
Estacioné el auto como vaya y casi me bajé corriendo hasta entrar. La mujer me miraba con aburrimiento, haciéndome poner nervioso y suspiro antes de hablar.
— Hola, buenas… ¿vendes productos farmacéuticos?
— Sí.
— ¿Me puedes vender una pastilla del día siguiente, por favor? es para…
— Tiene que venir ella para que le podamos vender. — mi ojo empezó a parpadear sin querer. — Necesitamos hacerle preguntas.
— Hágame a mi las preguntas o le pago el doble, no me interesa. Solo demela.
— Bien… ¿cuando fue su último ciclo menstrual?
— Se supone que me debe bajar en estos días pero tiene un retraso a pesar de que no es primera vez, pero ajá. — ella asiente caminando dentro de una puerta. Yo empecé a caminar de un lado a otro impaciente, ¿por qué tiene que hacerme esperar tanto? ¡esto es de vida o muerte! no quiero causarle a Bill un trauma de nueve meses por el momento.
Aún tiene mucho por delante y no es momento, joder.
Ya casi quiero echarme a llorar en ese instante.
— Uhm, ya. ¿Cuál es tu nombre?
— Tom…
— ¿Apellido?
— Kaulitz… Tom Kaulitz. — aquella mujer abrió los ojos demasiado y empezó a gritar, logrando confundirme demasiado.
— ¡Julián! ¡Julián! ¡llama a la policía, hemos encontrado al tipo que obligó a su novio a escaparse con él!
Continúa…
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