II Niño bonito 7

Fic TOLL de WifesKaulitz. Temporada II

Capítulo 7

Y yo le creía completamente porque Tom no mentía, siempre ha sido sincero conmigo, con mis padres y no había a dónde poner en duda sus palabras.

— ¿Seguro no hago una cita?

— No, no. Está bien, ya ha de bajar…

— Igual voy a estar pendiente, ¿está bien? ahora te dejo, niño bonito. Me escapé un rato de las clases para hablarte.

— Perfecto, ¿nos estamos hablando?

— Sí. Te amo. — sin argumentos colgué la llamada. Empezaba a dar brincos mientras volvía a la clase para continuar. Mi actitud cambió por completo a una más animada, entusiasmada y participativa.

Después de unas cuantas horas la docente daba por finalizada la clase. Nos dió un comunicado de los inicios de prácticas ya que palabras no le servían. Nos pidió llevar un modelo para realizar lo aprendido el día de hoy.

Obvio llevaría a mi novio hermoso para realizar las prácticas en sus manos.

Si, señor.

— ¿A dónde irás, Bill?

— A la universidad de mi enamorado, Meg. Le voy a caer de sorpresa con un ramo de flores.

— Ayyy, yo quiero ver eso. — sonreí mientras posaba mi mano en su antebrazo e íbamos como amigas de toda la vida hasta el puesto más cercano de flores. Habían unos ramos preciosos pero quería uno que se vea súper masculino.

Entre ellas había un ramo de flores rojas con la envoltura en papel celofán transparente. Ese fue el que me llevé adicional con una cajita de chocolates bon o bon y continuamos.
Tom me volvió todo un cursi en todo ese tiempo.

Valía la pena.

— ¿No estás nervioso?

— Un poco, Megan. — remojé mis labios sintiendo las ansias de ver su reacción.

— Uff, yo no podría hacer eso, ¿sabes? es mucho para mí.

— Pero tú. — contesté adelantando mi paso al ver como los estudiantes salían, entre ellos estaba Tom hablando muy serio con Andreas y un grupo de chicas. Me calmé porque ya la fregué mucho esta mañana y ahora hacerlo enfrente de todas estas pitucas ridículas pues no.

A parte teniendo en cuenta de que aquí también estudia Zadiel es como darle un motivo más de que siga provocando a Tom en sus tiempos libres y que este caiga en su trampa.

— Tom. — lo llamé sintiendo mi corazón latir desbocado. Regresa a verme con las cejas arqueadas y una sonrisa de oreja a oreja.

— Hola, niño bonito… — mi rostro se ha vuelto un tomate. Me quemaba todo hasta las orejas por el beso que me dió en frente de todos sus amigos y que yo no respondí por la vergüenza que sentía. Nunca me besaron frente de cientos de estudiantes de una forma tan apasionada. — Que bonito verte aquí afuera. — susurra agarrando mi cintura con ambas manos. Suspiré fuerte sin poder controlar el calor que invadía mi cuerpo. — ¿Y esas flores?

Solo pude verlo a los ojos, sin dejar ese sentimiento de nervios, vergüenza y ¡no podía pronunciar ni una sola palabra! ¡carajo!

— No puede hablar, lo has puesto rojito.

— Ya lo veo… — sonríe divertido planteando un beso en mi mejilla.

— Soy Megan, la amiga que cursa con él en el curso de maquillaje, mucho gusto. — Megan le extendió la mano de forma amable pero Tom no le tomó. Solo le hizo un ademán con la mano. — Oh, entiendo…

— Tom. — frío, distante y para nada sonriente.

No sabía cómo seguir reaccionando ante todo esto.

Es mucho para mí.

La mente y el corazón están a mil.

— … a la casa que compartimos con Tom. — continua hablando el rubio. — Necesitamos hacer el trabajo bien, ya les di la dirección y todo.

— ¿A las tres?

— Sí, no se olviden… por favor.

— Okay, nos vemos.

— Adiós.

Respiré tres veces seguidas mientras veía irse a ese grupito de cuatro lejos de nosotros.

— Las flores… — extendí el ramo con una sonrisa de lado. — Las compré para ti, Tom.

— Carajo, niño bonito. — ahora Tom fue el que se puso rojito mientras me daba besos por todos lados, expresando su emoción. — Me encantan, gracias.

— ¿Nos vamos?

— Por favor…

— Oigan, ¿se olvidaron que estoy aquí? — ambos regresamos a ver a la morena con pena. En realidad sí me olvidé de que estaba conmigo ahí.

— Nadie los saca de su mundo cuando están juntos. — burla Andreas juntando con la morena.

— Que bonito… yo quiero.

— Te espero en el auto, Billy. Adiós, Megan.

— Sale.

— Meg. — tomé ambas manos de la morena para juntarlas con las mías. — Nos vemos, ¿está bien?

— Sí…

— ¿No quieres que te acerquemos a tu casa?

— No, el local de mi madre está a la vuelta, no se preocupen.

— Bueno, gracias por acompañarme. — finalicé mi despedida con un abrazo y después corrí hasta el auto de Tom junto al rubio. Nos subimos y puso en marcha en dirección a su casa.

Ahora venía la parte en la que yo le pedía el favorcito y le hacía un pucherito para convencerlo.

— Cariño.

— ¿Mhmm?

— ¿Me acompañas mañana a mi curso como modelo? solo te arreglaré las uñas y eso, nada del otro mundo.

— Sabes que si, nunca te pondría excusas, bonito.

— ¡Por Dios! que empalagoso.

— Cállate. — gruñe Tom con seriedad.
Los momentos románticos no son para estar haciendo bromas y su amigo lo entendió a la perfección porque de inmediato se quedó callado, sin decirle ni una tan sola palabra.

Una vez que llegamos a casa me puse cómodo con su ropa y me eché a la cama. Abrí mucho los brazos junto con las piernas porque el calor era insoportable. Después este también se subió sobre mí para besarme la boca pero con piquitos.

— Puse las flores en agua, adornan bonito el comedor. Te juro que me encantan.

— Y a mí me encantas tú. — apreté ambas mejillas para seguir dando besitos. Centré mi mirada en sus ojitos se veían algo rojos, cansados. — ¿Tienes sueño?

— Poquito… anoche no dormí nada porque pensaba en tu situación mientras hacía tareas, ¿te gustaría hablarlo?

— No, bebé. Descansa…

— Uhm. — reposó su cabecita (después de quitarse la gorra y la bandana) en mi pecho. Le acariciaba las rastas con suma delicadeza. Tarareaba una canción de cuna con la intención de que duerma.

&

— Bro… — Andreas golpeaba la puerta de la habitación. Me levanté obligado para atenderlo solo porque no quería que interrumpan el dulce sueño de mi novio. — Hola, Bill. ¿Le puedes decir a Tom que las chicas ya están aquí?

— ¿Como para qué, eh?

— Es un trabajo de la u y necesitamos prepararlo desde ahorita.

— Bueno… — cerré la puerta volviendo hacía la cama. — Mi vida, ¿cómo te despierto si eres un angelito cuando duermes? ash… — repartí besitos en su hombro mientras subía para sentarme en su espalda. — Tom, amor.

— ¿Mhmm?

— Andreas te vino a buscar para el proyecto.

— Oh, verdad… — me agaché para besarle la mejilla del lado que estaba baboseando. — Mierda, que rico sueño.

— ¿Vas a tardar? para que llame a Mara y chismosear un momento.

— Oh, está bien. No pasa nada.

Dejo de encarcelar su cuerpo entre mis piernas para que pueda ir a hacer su trabajo. Mientras tanto, agarré su móvil, marqué el número de mi mejor amiga (porque me lo sabía de memoria) y le llamé.

— ¿Aló?

— Jalate para la dirección que te voy a mandar ahorita.

— Voy.

Sabía que era momento de críticas seguras con ella, si que iba a reír un montón.

Los dos juntos somos un peligro porque criticamos hasta de la forma en la que habla, ugh, no.

— Billy, ¿puedo pedirte un favor?

— Lo que usted me pida. — emocionado corrí hasta él para que me cargue entre sus brazos. Tom puso sus manos en mis nalgas para sostenerme, sin dejar de mirarme a los ojos. — Dime, mi amor.

— Tengo hambre, ¿puedes prepararme algo? por favor…

— ¿Quieres que prepare Billy a la plancha?

— Sí. — los dos reímos por lo bajo para luego unir nuestros labios en un besito. Rodeo su cuello con ambas manos para pegarme mejor. — Me estoy emocionando.

— ¿Y qué? tu pediste Billy a la plancha, ahora te lo comes.

— Como postre, ¿va? deja de robarme el aliento, niño bonito.

— Ya, bueno, pero dame dinero para ir a comprar algo en la tienda y preparar para los dos. Yo también pondré de mi dinero.

— En el cajón de los boxers está, lo que necesites. — asentí siendo bajado de sus brazos. Tuve que ponerme otra ropa para salir, no podía dejar que me miren en estás fachas. Abrí el cajón de la ropa interior de mi novio para tomar su billetera y sacar veinte euros que claro, con el cambio me compraría un par de dulces.

Empiezo mi rumbo hasta una de las tiendas más cercanas. Compré lo necesario para cocinarle junto con jugo en sobre. En el trayecto topé con Mara y así fuimos los dos hasta la casa para preparar.

— ¿Crees que me hace ilusión saber que conseguiste una nueva amiga, Bill?

— Ay, es muy buena gente, ¿pero sabes qué es lo peor? el que Tom no le haya respondido el saludo de la mano como ella lo esperaba, debió ser super incómodo… pobrecita.

— ¿Pobrecita? — arquea una ceja. Asiento sin dejar de pelar las papas. — ¿Qué te he dicho yo? Los novios no se les presenta a las amigas, ni siquiera a mí, debes ser receloso con tu hombre.

— Es muy raro… hoy lo ví de lejos y estaba serio, no sonríe para nada con esas chicas que estaban frente a él.

— Tom es muy adorable, de verdad.

— Hola… ¿me regalan agua?

— En el refri. — contesté a la mujer sin dejar de hacer lo mío. Mara le miraba a punto de reírse y yo me hacía el loco.

— Gracias, que rico.

— Ajá.

— ¿Puedo decir algo?

— No.

— ¿Qué? — respondí luego de darle un golpe a Mara en la pierna.

— Para mis amigas y para mí fue una sorpresa ver a Tom sonreír, casi siempre que le hablamos se vuelve serio, cortante, frío, ¿por qué?

— Porque tiene pareja y si tiene pareja, ¿por qué debe andar echo el risueño con las perras, eh?

Miré a Mara con los ojos bien abiertos.

— Ah, que grosera.

— Les duele la verdad. — ambas se miran casi dándose una paliza mientras yo estaba asustado y divertido por la situación aunque tiene la boca embarrada de toda la razón. Preferí no añadirle más leña al fuego porque de seguro se iba a armar un relajo. Seguía cocinando para Tom hasta que esté listo. Amaba las ollas nuevas y los platos porque tenía un olor especial.

Fui a llamarle hasta el lugar donde estaban realizando su trabajo. Le hice una seña desde la puerta para no acercarme mucho e interrumpir.

— La comida está servida.

— Huele bien, ¿qué delicia preparaste? — entrelacé nuestras manos para ir hasta la cocina.

— Bill, debo irme, mamá ya va a llegar de su viaje.

— Bueno, Mara. Ve con cuidado.

— Sí… — despedí a mi mejor amiga de un abrazo y un beso en la mejilla. Para despedirse de Tom solo le hizo un ademán de mano y salió corriendo apurada. Mientras, hice que mi novio se siente para que empiece a comer.

— Que rico cocinas, niño bonito.

— Lo hice con amor… — Tom sonrió de lado sin dejar de comer. Yo estaba empalagado con el olor de la comida y tan seco de la garganta que me dediqué a tomar agua todo el tiempo sin dejar de observar como metía la comida a su boca.

— ¿Estás a dieta? — arquea una ceja. Agarré una servilleta para limpiar la comisura de sus labios y darle un beso después de negar con la cabeza. — Es que te veo tomar solo agua y nada de comida a tu boca, bebé.

— El olor me empalagó, cariño, y con eso también el calor de la cocina me deja sediento.

— Oh, lo lamento… es la única vez que pasará, ya después le pongo al Andreas como mi chacha, no te preocupes.

Ambos soltamos carcajadas divertidas.

— ¿Qué tal va el trabajo?

— Bien, aunque es difícil coordinar con las chicas porque sus ideas son diferentes a las nuestras.

— Ah, bueno. — remojé mis labios. Estiré la mano hasta sus rastas para acariciar con suavidad. — Me gustan mucho las rastas, ¿qué tal si me hago unas yo también?

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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