

Fic TOLL de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 5
—…quiere verte, está en el restaurante de comida china, el único que hay en la ciudad.
— Ah, bueno, dile que no me importa. Adiós.
— ¡No! por favor, hazlo por mí, tu madre es tan venenosa que es capaz de hacer cualquier cosa para alejarte de mí, Bill, por eso es mi insistencia.
— Papá… — fruncí la boca indignado. Tom ya había conducido demasiado como para volver. — Estoy en una cita…
— Por favor.
— Bien… — colgué el móvil preocupado. Tom me miraba con curiosidad estacionando el auto justamente en el restaurante ya que estaba casi a la salida de la ciudad. Le dediqué una mirada de terror.
No estaba listo.
— Puedo entrar contigo si me dejas…
— No, seré rápido. — me bajé al vuelo del auto para entrar al restaurante. Caminaba a pasos lentos cuando mi mirada se posó en ella y sobre la de un par de niños. Uno estaba en un coche, quizás recién nacido y el otro se veía de unos tres años.
Era casi igual a mí…
— Bill, hijo… acércate. — no permití que me toque, en ningún momento. — Te extrañé demasiado.
— Señora, yo no vengo a socializar con usted, mi madre murió para mí el día en que me abandonó y ese amor fue reemplazado por una mujer que supo ser una madre de verdad sin ni siquiera tener lazos conmigo.
— ¿Eres mi hermano, Billy? — hice una mueca de asco a aquel niño que no tenía nada de culpa.
— Siéntate.
— No, ya me voy.
Con esa última palabra salí del lugar hasta el auto de Tom. Este lo puso a andar en silencio. Amaba que respete ese espacio en el cual no me gustaba que nadie me diga nada porque soy muy impulsivo y no quería desquitar mi furia con él que no tenía nada que ver con él asunto.
¿Para qué volvió?
No le soporto ni en pintura a esa mujer.
Todo en ella es falso.
Bajé la ventana para respirar aire fresco y mirar la oscuridad del paisaje. Mi cabello se espolvorea por la forma tan brusca en la que el viento choca en mi rostro.
Todo terminó gracias a que el auto se detuvo en un auto cine. Abrí mi boca a más no poder.
— ¿Aún existen estas cosas?
— Sí. — sonríe de lado. — Llegamos justo a tiempo para la película. — teclea un par de cosas en la máquina para que nos deje pasar. Estaciona el auto en un lugar adecuado donde se ve todo pero se la pantalla, ya del resto no había nada de luces, eso sí, peligroso.
— ¡Tom! me hubieras dicho para preparar palomitas, amor.
— Si traje. — reí al verle bajar del auto con la linterna hasta la cajuela para regresar con una canastilla de palomitas, bebida, bocaditos. — Ven te abrazo, bebito. Acomoda los asientos hacia atrás, como pude me pegué a él y así vimos la película.
Y yo que me puse la lencería creyendo que íbamos a comer en algún lugar, coquetearnos hasta terminar en la cama…
No, no, no, no, ¡no!
— Amor, ¿qué haces? — murmura Tom al ver como metí la mano debajo de sus pantalones. — Cielos…
— ¿De qué? — respondí haciéndome el loco, sin despegar el ojo de la película que se proyecta pero con la mano moviendo de un lado al otro consiguiendo una roca en su polla.
Estaba tieso, a la vez nervioso y probablemente tenía la carita sonrojada.
De solo pensar la excitación me pegó a mi también, consiguiendo una humedad en menos de cinco segundos.
— Eso, niño bonito, me… ¡ah! — apreté en la base del pene antes de sacar la mano y quitar el botón junto al cinturón para poder exponerlo de su caparazón a aquella cosa enorme que amaba.
La punta estaba roja e hinchada.
Sin pensarlo mucho bajé dando besos en el cuello y también en el pecho sobre la camisa que estaba puesto. Tom acaricia mi espalda, suspirando todo el tiempo en lo que ahora me dedicaba a hacerle una mamada fugaz.
— Uff. — esta vez fue Tom quien metió las manos debajo de mi pantalón para rozar el trasero. — Mierda, acaso tú… ¡me muero! — gritó/susurró al sentir el hilo de la lencería y yo reía mirando el brillo particular en sus ojos. Mi mano estaba repleta de saliva al igual que su polla. Dediqué mi tiempo para besarlo sin dejar de tocarle ahí abajito. — Un momento… ¡Bill!
Claro que no iba a detenerme sea cual sea la razón, en este caso le estaban llamando y yo por eso no iba a parar. Le seguí succionando la punta como, subía y bajaba mi cabeza tratando de meter todo en el interior.
Tom sin querer me jalaba el cabello.
Le provocaba pequeños brincos cada que la punta chocaba con la campanita de mi boca indicando que estaba muy dentro.
— Andy, que… inoportuno.
— Llamaba para avisar que me he instalado en tu casa y ya dejé mi primer arriendo en tu habitación…
— Chupa más. — me susurraba a mí a lo cuál el rubio le cuestionó con una voz asustada.
— ¿Que chupe qué?
— Shh, a ti no… — ambos rieron al mismo tiempo. — Ya después me llamas ahorita no, chao. — tiró el móvil al suelo del auto para levantar mi cabeza, llenarme el rostro de besos y decir: — Atrás, ahora…
— No. — hice un pucherito. — La película se ve buena, me gusta ver así.
— ¿Así?
— ¡Mhmm! — gemí por lo bajo mirando como las ventanas se empañaban de a poco. Tom metía su mano entre mis piernas para tocarme de forma circular. Ni siquiera tuvo la necesidad de meterlo debajo, ya por encima le pareció suficiente. — Dios…
— ¿De verdad no quieres?
¡No!
Me erizó la piel con el contacto de su lengua en el lóbulo de la oreja. De inmediato sentí mis pezones ponerse duros y sensibles, tanto que me fastidiaba la tela del encaje que traía por debajo. No quedó de otra más que sacarme la camisa y lanzarle por algún lugar del auto.
Le acaricié las rastas mientras echaba la cabeza hacia atrás.
— Tom…
— ¿Mhmm?
— Hay algo que escuché en la llamada con Andreas, ¿cómo que arriendo?
— Vivimos juntos.
— ¿Con tus papás? — que buenos los toqueteos que me da Tom en la entrepierna, me hace estremecer y ganas de expulsar fluidos de a montón.
— No, ya tengo casa sola…
— ¿Por qué no me dijiste? — el cabello se empezaba a pegar en la frente gracias al sudor. — Ay, por dios…
— Te llevaré después de la cita, ese era el plan, niño bonito.
Justo en el momento que decidí ir a la parte trasera del auto suena fuerte en el auto cine y todas las luces se encienden dejándome ciego. La película había dado por terminado y ninguno supo de que trataba.
Un tiempo más tarde estaba llegando a la casa de Tom, este me cargaba entre sus brazos sin dejar de besarme mientras subía a la habitación.
Le íbamos a dar un buen estreno a la casita que pronto también será mía.
Al llegar a la habitación Tom se sentó en un sofá para mirarme mejor.
Tuve que ponerme de pie, quitarme la ropa sensualmente para que mire todo entero.
— ¡Waoh! — chilló lanzando su camisa por algún lugar y no hablar de los pantalones, estaban abajo junto a los boxers. Quería hacerle un baile pero me daba tanta pena que me puse demasiado tenso. — Ven, bebé. — mi cuerpo dejó de sentirse así con una caricia suave proporcionada en mi cadera para que pueda sentarme sobre sus piernas.
— ¿Te gusta lo que vez? — reposé las manos sobre sus hombros para hacer fricción sobre su entrepierna.
— Me encanta lo que veo, lo que toco y lo que siento, niño bonito. — gemí por el apretón en mis caderas, lo que me agradaba era el que su pene se encuentre duro como al inicio y que la punta caliente y húmeda se frote en mi intimidad, mojándome también. Me frotaba como un urgido porque ya necesitaba de él en mi interior pero a la vez esto se sentía bien. — Me prende bastante porque hace un bonito juego con tu piel… — besos intensos acompañados de chupones en el cuello que me hacen echar la cabeza hacía atrás. — Te adoro, joder… — baja las manos hacia el broche del corpiño. — ¿Me dejas? — esa lengua se desliza por mi hombro. Saborea el pequeño sudor que empieza a aparecer.
Asentí sin más.
— Es para tí… — soy un horno a penas lo rompe con presión. Deja lo que sobra en el suelo con una sonrisa delicada. Tom ya escurre diminutas gotas de semen en la tanga, volviéndole más húmeda de lo que está. — Vamos a la cama, te quiero ya…
Sostiene mi cuerpo entre sus brazos para dirigirme a la cama. Cae sin poner su peso. Tengo la dicha de por fin juntar sus labios con los míos, de morderle sin ser grosero para no perder el toque sexual. Es un beso ardiente, alocado. Aprovecha justo en el momento que gimo para penetrarme con su lengua, para nada romántico si no más deseoso.
Me excita.
Guío las manos a su entrepierna para frotar, abrí demasiado mis piernas listo para él, no importa lo que haga solo…
Deseo que me lo meta.
— Si me permites… — dejo que me coloque a cuatro patas y que rompa las medias de red. Son un fastidio para lo que queremos hacer. Sigue con el hilo que se metía en la línea de mi trasero.
Para tener una mejor visión de Tom, recuesto la cabeza en el colchón.
Observo ~al mismo tiempo que me toco la entrepierna~ como deshace un preservativo para ponerse.
— ¡No! — exclamé. — Sin eso, por favor…
— Shhh. — continua poniéndose a lo largo de su longitud, después afloja la coleta de sus rastas para que caigan a los lados de su rostro.
Estoy emocionado y a la vez con vergüenza de estar en esta pose tan comprometedora.
— Uhm… — la saliva tibia que se desliza por el canalito de mi trasero me eriza la piel y sin darle tantos rodeos me la metió de golpe, profundo y delicioso. — Oh, mierda…
— Tom, ¡sí! — chillé. Este se apoya de mis caderas para moverse de adelante hacia atrás con ganas, soltando gruñidos feroces, ruidosos, ¡duros!
Lo siento en el fondo de mi entrepierna, golpeando una el límite de mi cuerpo una y otra vez. — ¡Mhmm! — me puse a morder las cobijas como todo un loco para reprimir los gruñidos que dejaba escapar.
Parecía que con ellos invocaba al mismísimo lucifer o en el peor de los casos que me había poseído.
— Billy… ¡agh!
— ¡Más! ¡más!
— ¡Mhmm, bebé! Estoy tocando fondo, no puedo con tanto…
— ¡Noo! ¡sigue así! ¡débil!
— Es que tus mallitas, niño bonito… las veo y me motiva. — tampoco podría aguantar tanto. Iba a mojar su cama en cualquier momento pero tampoco quiero que se detenga, me encanta el ritmo feroz de sus caderas en mi interior.
— ¡Tom! — chillé a modo de reproche, no se valía la forma tan sucia que estaba jugando para apresurarme. Ya comienzo a temblar. No lo puedo controlar. Piernas y brazos flanquean, pierden la estabilidad en el momento que decidí sacarlo todo acompañado de un grito ronco.
Probablemente le lavé a Tom la mano con mis fluidos…
— ¡Wooh! — sale de mi. No puedo ver lo que hace hasta que sentí su líquido caliente regarlo en mis piernas y nalgas. Reí divertido al sentir sus labios tibios en mi nalga derecha y después caer a mi lado, rendido.
Levanto la mano para acariciarle la frente sudorosa, apartar los pequeños pelitos que se pegan a su frente y lanzarle un beso volado. — Niño bonito, le llamaré a Gordon para avisarle que estás aquí conmigo, ¿sí? para que no se preocupen.
— Ajá… le dices también que no pienso aparecer por la casa hasta que esa señora que se hace llamar mi madre se olvide que tiene un hijo.
— Bebé, ya hablaremos de eso, ¿sí?
— Ni hablar. — cerré los ojos con el ceño fruncido, indignado. Eso me llevó a un pequeño sueño fugaz que fue interrumpido por mi novio que traía cara de pocos amigos a penas abrí los ojos.
— Parece que tu madre está aferrada a la idea de verte, niño bonito. Gordon quiere que vayas a casa…
Continúa…
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