

Fic TOLL de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 3
Pensaba mucho en eso, no quería tener una suegra así de malvada que quisiera meterse en la relación que tengo con mi novio.
No sé que podría pasar.
Muchas veces he visto en mi propia casa como las suegras han sido entrometidas en las relaciones de sus hijos y no quiero irme tan lejos si no en el caso de mis padres en un tiempo que mi abuela vino a quedarse con nosotros. A esa señora le fastidiaba todo lo que mi padre hacia, le criticaba y nada de lo que hacía le gustaba.
Pero abuela, no tiene que gustarte a ti sí no a tu hija…
Joder.
Definitivamente no quiero eso.
— Bill, la comida ya está lista para que te sirvas tú, guarda para la merienda el resto y ya.
— ¿Y mi papá?
— Ahorita voy a quedar con él e iremos a comer, si gustas vamos pero tendrías que volver solo.
— No, no, está bien.
— Gracias y por favor, no te olvides de recoger al niño. — asentí emocionado de tener casa sola. Marta se despide de un abrazo, después le doy un besito a Mateo en su mejilla para que pueda ir en paz y no me extrañe.
Me dediqué a poner música a todo volumen en lo que iba a bañarme.
Me sentía de lujo en un concierto, mi público me aplaudía y yo con más ganas cantaba.
Que sensación más increíble que el agua recorra tu cuerpo mientras dejas fluir tu voz.
Amaba.
Ya al salir envolví mi cabello en una toalla mientras aplicaba cremas para el cuidado.
Todo iba bien hasta que me ví una puta espinilla en la mejilla, a penas le di un toque leve pegué un grito de dolor ya que es una espinilla ciega, maldición. Me iba a dar… me iba a desmayar… ¡nooooo!
«Relájate, Bill. Es solo una espinilla, ¿qué podría pasar?»
— Mhmm. — le puse un poco de rimel para simular un lunar extra en mi rostro y sonreí satisfecho con los resultados. Continué por vestirme, llenar mi ropa de perfume, acomodar el cabello como siempre y ya estaba listo. Corrí a acomodar el jardín para recibir a mis amigas.
Puse a congelar unas cervezas en secreto ya que el plan de amigas siempre quedaba en lo peor. También alisté un traje de baño ya que en la nueva casa que nos mudamos era más grande, más habitaciones enormes con su respectivo baño. Saqué a copito a tomar aire fresco mientras le daba de su comidita y cambié su agua de ayer a una fresca.
Minutos más tarde sonaba el timbre, corrí para abrir desde el portón. Les hice una seña para que entren y estas corrieron hacia mí con las cosas que les tocaba.
Saludamos todas con un besito en ambas mejillas y entre ese grupo de amigas se nos integró Delancy.
Nunca es tarde para una nueva oportunidad…
— Trajimos todo para la parrillada, Bill.
— Allá es la cocina para eso. — obviamente me aseguré de cerrar todo lo de adentro para no causar despelotes que me lleven a un castigo.
Mi padre pensó en todo en el momento de comprar esta casa, era genial. Tenía el nivel de una puta hostería. Caminé de la mano con Mara hasta el congelador para traer las cervezas y congelar las suyas.
— ¿Qué tal las cosas con Tom?
— Cada día mejor. — respondí con una sonrisa de oreja a oreja, no podía evitar sentirme bien cada que me preguntan por él y yo, con toda esa emoción acumulada me pongo a imaginar cada cosa que pasamos.
— Uh. — sonríe abriendo la lata. — Adóptenme, ustedes serían unos buenos padres.
— Tal vez… — remojo mis labios antes de llevar la bebida a mi boca. El grupo al cual quería pertenecer se volvieron mis íntimos, los amaba.
Sin duda la vida que tengo de momento, el novio tan hermoso, las amigas… ¡son lo mejor!
Junto a Mara decidimos ayudar en la cocina mientras las otras bebían, chillaban y disfrutaban de una buena tarde. Lo que me gustaba es que eran limpias, en ningún momento tiraban la basura en el pasto sino en una bolsa negra de basura para ahorrarnos la limpieza. En el transcurso también llegó mi cuñada a la cual le pusimos en honda con tres latas de cerveza seguidas, ella preparaba la ensalada.
Después de un largo tiempo de estar cocinando nos propusimos a comer.
— ¿Tu novio sigue siendo Tom? — comenta Alison, la castaña que se nos integró antes de salir. Asiento mientras meto un pedazo de carne en mi boca.
— ¿No te cansas de comer el mismo plato?
— Ah, nos olvidamos que Luci es ojo alegre, eh. No le hagas caso.
— Vótalo, Bill, ¡y dime dónde!
Reí a carcajadas histéricas.
— Ilusa. — casi le grité.
— Está borracha, no le hagas caso.
— Oye si, a todo esto, ya mejor cásense y háganme madrina.
— ¡Y yo quiero ser la tía de mi sobrino, la favorita! ¡woo!
— Aún no es tiempo pero sí.
&
Como todo momento de diversión tiene su final, las chicas ya se habían ido una por una menos Mara que se iba a quedar a dormir aquí y Tammy esperaría a la llegada de su hermano para que le dejé a la casa.
Yo comía una cosa y otra para ahuyentar el mal olor, que pena que la docente de mi hermano sienta ese hedor nauseabundo de la cerveza.
Uy.
— Mara acuéstate ahí y quieta, ¿está bien? Yo estaré abajo con mi cuñada. — cerré la puerta al salir. Voy casi corriendo hasta la sala. Me senté junto a Tamara para esperar en completo silencio.
— Bill, eres lo mejor que le ha pasado a mi hermano.
Ahora lo que faltaba es que Tammy se ponga a llorar…
— A diferencia de todas esas putas interesadas, perras, maldita, prostitutas, rameras, arrabaleras… ¡tú! eres lo mejor, sin duda.
— No digas nada. — suspiré dándole un abrazo.
— Ojalá yo pudiera conseguir alguien que me quiera igualitito como el Tom te quiere a ti. — sonreí con nostalgia.
En medio de su discurso suena el timbre y corrí a ver. Claro que me tiré sobre Tom casi haciéndole caer por agarrarme. Le besé la boca con emoción.
— ¿Tomaste?
— Poquito. — formé en mis dedos una pinza medio torpe.
— Vine preocupado porque Marta me dijo que no tomabas el móvil.
— No lo escuché, ni siquiera sé dónde está. — empecé a reír como loco. Tom solo me guió e hizo que me siente en la trompa del auto, colocándose entre mis piernas. — Tamara… hay que dejarla en su casa, está igual de borracha.
— No me sorprende. — cerré los ojos ante la caricia suave en mi mejilla. — Espera un rato, voy a sacarla, ¿está bien?
— Rápido que tenemos que ir por el bebé… — asiente dándome un último beso para entrar a la casa. Le hizo subir a su hermana en la parte trasera del auto, ella lloraba sin consuelo y yo no lograba entender el por qué.
Meneaba las piernas inquieto, de un lado a otro hasta que por fin sale mi novio con mis llaves de la casa y adicional una silla para acomodar al bebé en el asiento trasero.
Tom es un amor.
— Sube al auto, vamos por Mateo. — di un brinco y rápido me subí al auto.
Fuimos a dejar primero a Tammy hasta su casa, después regresamos para esperar a la salida de Mateo.
Estaba cabeceando, pareciendo esas abuelitas…
— ¿Seguro tomaste poco, Bill?
— Ajá…
— El dolor que te va a dar mañana vas a ver.
— Shh. — desabroché el cinturón de seguridad para poder lanzarme a su boca. Tom se deja besar, acariciando mi espalda con esa delicadeza propia de él. — No me regañes, abrázame.
— Está bien.
Tuve que acomodarme entre sus brazos luego de que hiciera el asiento hacia atrás. Me tenía en su regazo como un niño pequeño. Le miraba desde abajo con una sonrisa.
Levanté una mano que de forma torpe le puse en su mejilla. Tom la agarró con la suya para llevar a su boca y besar la palma de la misma.
— Que hermoso eres, amorcito. — mi corazón se ha vuelto loco por lo rojito que se puso. Suspiré muy enamorado de Tom. — Mi Tom…
— Solo tuyo, niño bonito. — por poco y me pongo a ronronear por sus caricias si no hubieran sido interrumpidas por el timbre de la salida del niño.
Dejé que Tom fuera a retirarlo, yo no podría ya que comienzo a sentirme indispuesto. Mis ojos estaban cansados, no podrían seguir más abiertos pero tampoco quería dormir.
No puedo hacerlo hasta no estar en mi casa.
A continuación la imagen de Tom cargando a Matt entre sus brazos me derritió. Le cargaba mientras este dormía entre sus brazos quizás cansado de fastidiar a las maestras.
Estaba como que medio aferrado a la idea de querer yo también.
— Listo, ahora sí.
¿Cuando es la edad correcta para tener hijos?
Esa pregunta rodeaba en mente desde que continuando muestro trayecto hasta la casa. Lo pensaba una y otra vez, al menos la edad correcta para Tom, eso quería saber pero tampoco podía pronunciar una palabra.
Era muy complicado se tratar ese asunto por la gran responsabilidad que lleva.
Al llegar corrí al baño para expulsar todo lo comido y bebido de esta tarde.
No soportaba el dolor de cabeza que ya me estaba dando, adicional a eso volví a darme otra ducha para alivianar mi cuerpo.
— ¿Ya te está afectando?
— Demasiado y solo fueron algunas cervezas, nada fuerte.
— Ven. — destiende la cama para que pueda acostarme con el albornoz puesto. — ¿Quieres que vaya por alguna pastilla y agua?
— Ahora no, solo quédate conmigo.
— Entonces quítate eso para que lo reemplaces por pijama, ¿está bien?
— Ya. — sonreí de lado empezando a quitármelo de forma torpe. Tom me daba la espalda buscando una pijama para mí con la intención de no ver mi desnudez. Entonces, aprovecho y me acerco a pasos sexys hasta donde está para besarle justo en los pelitos de la nuca.
— Mi niño, ni creas que vamos a tener sexo, eh. Estás en un estado que no me agrada para nada…
— Tom. — metí mano debajo de sus pantalones pero para acariciar ese trasero. — Anda, soy tu novio… dame cariñitos.
— Los cariñitos que te quiero dar en ese estado no son sexuales, Bill.
¡Uyyy!
Cuando Tom me llama por mi nombre es que realmente está hablando en serio y era mejor no seguir intentando.
Así como es de cariñoso es bien gruñón, pero no hay nada mejor que bajarle el enojo a besitos.
Con ello acepté ponerme una pijama que jamás había visto en mi vida de un dibujito animado «My little pony».
Quería chillar de la emoción.
Tom me ayudaba a vestir, lo más gracioso de todo es que también hizo que me ponga el corpiño según el con la intención de no verme los senos porque ahí no iba a tener compasión de mi.
El también se puso una del mismo color, con el torso desnudo.
Estamos iguales.
— Lo compré en una feria que hubo en la universidad. — susurra acomodándose a mi lado una vez que fuimos a la cama. Posé la cabeza en su antebrazo, dándole la espalda y con las manos entrelazadas. Miraba a un punto específico. — Se me hizo muy tierna la imagen que se creó en mi cabeza, bebé. Tú y yo vestidos iguales en el momento de dormir.
Reí por lo bajo.
— Está muy bonita, mi vida. Me encantó.
— Ajá… a todo esto no veo al conejo, Bill.
— Mierda. — di un brinco y bajé corriendo las escaleras a toda prisa hasta salir al jardín. Por suerte este seguía ahí en su jaula, tarisqueando la hierba que le puse. — Que susto, copito… no puedo perderte de vista. — lo cargué entre mis brazos para meterlo a la casa. En eso llegaban Marta y mi padre los cuales ignoré para que no me den sus consejos de que no debo tomar y cosas así.
Tom rió a carcajadas solo al verme llegar y yo rodeaba los ojos. — En serio me preocupé, ya lo imaginaba tieso ahí en su jaula.
— Ya despídete de copito, dile que no se ponga celoso pero que su otro papá también te necesita.
Continúa…
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