II Niño bonito 13

Fic TOLL de WifesKaulitz. Temporada II

Capítulo 13

[Tres meses después…]

Estaba entrando a la sala de partos, en medio del trabajo con una clienta se le ocurre causar problemas al niño o niña, ¡lo que carajos sea!
Debo decir que Zadiel fue muy atento conmigo en todo momento pero no era él quien tenía que estar aquí para presenciar el nacimiento de mi bebé.

No sabía el sexo porque prefería que sea una sorpresa a pesar de que mi abuela siempre me repitió muchas veces.

«Si tú pancita está redonda es niña y si está ovalada es niño.»

Ella jura que es niño y bueno, a esperar a verlo para saber.

Encargué a Danna el local en lo que yo sufría como si las caderas se separan de mi cuerpo y lo daba todo para sacar a ese pedacito de mí. Los gritos que daba, el desespero en la voz de la enfermera me daba un no se qué.
Por poco sentía desmayarme.
Es mucho dolor para mí, no puedo soportarlo.

— Un poquito más. — cerré los ojos, estaba bañado en sudor y el maquillaje se corría por un lado. Continuo pujando para que salga hasta que sentí un alivio acompañado del llanto ruidoso del bebé. — Es un bonito niño. — comencé a llorar cuando lo pusieron sobre mi pecho para el primer contacto de «madre a hijo». Le besé la cabecita sin importar de que estuviera manchado y Zadiel me tomó una foto para el recuerdo.

— ¿Cómo lo vas a llamar?

— Sean. — murmuré.

«Sean Asher Kaulitz.»

— Permítame. — con un gran pesar dejé que se lleven al bebé mientras hacían no se qué cosas en mi después de cortar el cordón.

Finalmente me llevan a la habitación para tomar reposo mientras esperaba con ansias a qué traigan a mi bebé para darle el amor que se merece.
Va a ser mi consentido y único hijo, de eso puedo estar seguro.

Dedicaré en cuerpo y alma para hacer un niño de bien. También empezaría por decirle la verdad a su padre para que sepa de Asher y no haya problemas después aunque siento que no va a ser necesario. Debo admitir que pensar en mi regreso hacia Leipzig va a destrozar mi corazón porque hay demasiados recuerdos en esa ciudad y ahí está el supuesto amor de mi vida.

No quiero verlo pero tiene que conocer a su hijo.

— Es momento de que Sean tenga su primera comida del día. — apreté mis pechos con un poco de tristeza. No me ha salido nada de momento pero lo bueno es que traía una formula para recién nacido en la maleta que tenía preparada. Lo hice con rapidez mientras lo colocaba en la cama, a mi lado.

No detuve las ganas de llorar porque me recordaba a las fotos de Tom cuando estaba pequeño.

— Hola, bebé… — le cargó entre mis brazos, acariciando su mejilla rojita y sonreí. Planté un beso en su frente e inhalé su aroma a manzanilla junto con el de bebé nuevo. — Que bonito estás. Te amo.

— ¿Para cuándo el nuestro? — bromea Zadiel mientras mira a mi bebé comer. Le agarra de la manito que trae tapada con un guante y le hace mimos.

— Oye a ese tipo, está loquito. — me hablé a mi bebé en un tono de burla para suavizar el momento pero solo se volvió incómodo. Yo sé que dije que le di una oportunidad a mi corazón pero es que con él no lo siento igual, necesito esa intensidad con la que Tom me amaba para poder sentirme completo.

Odiaba admitirlo pero a veces extrañaba a Tom a montones y se me pasaba cuando pensaba en que posiblemente ya estaba haciendo su vida con alguien más a causa del despecho, por no saber nada de mi y también por huir de él cuando fue a buscarme.

— Oh… solo daba una indirecta de que ya quiero formalizar contigo.

— Por el momento mi única prioridad es mi hijo y lo sabes. — respondí con dureza. He Sido muy sincero con Zadiel desde el inicio, también en los momentos que me sentía mal por extrañar a Tom y aún así continuaba ahí.

¿Qué puedo hacer yo?

— Claro, entiendo… más porque es el hijo de Tom.

— Salte de mi habitación, por favor.
No me hagas pasar un mal momento, aún me siento sensible. — rodeo los ojos al verlo salir de la habitación en silencio. Estaba por enojarme pero se me pasó al escuchar como mi bebé le fundió el pañal con un pedito. Arqueé las cejas mientras una sonrisa se extendió por mi rostro. — Que pedorro.

Quité la mamila de su boquita, esperé un momento para después poder cargarlo y golpear su espaldita para que suelte los gases pero lo que soltó fue otra cosa. Rápido me apresuré a buscar pañitos y pañales para cambiarle.

Estaba demasiado feliz.

&

— Buenos días, Bill, ¿cómo estás?

— Bien. — respondí aceptando de vuelta a mi bebé ya que se lo llevaron para tomarle las respectivas huellas, ponerle vacunas mientras yo me organizaba para volver a casa. — ¿Cómo se portó?

— Es un niño fuerte, lindo, sano… casi no llora y está demasiado guapo. Felicitaciones.

— Gracias. — envolví su pequeño cuerpo entre las mantas para cargarlo. Adoro el aroma de bebé que sale de él. Jamás creí decirlo pero disfruto mucho ser papá.

— ¿Te acompaño a fuera hasta que tomes un taxi?

— Por favor. — agarró la pañalera para empezar a salir junto conmigo.
Me dolía caminar un poco, era una sensación molestosa. En lo que caminaba marcaba con una sola mano el número de Marta, para darle señales de vida e informarle que volvería para allá.

— ¿Aló?

— Mary…

— Ihh, canijo hijo de Gordon, ¿dónde de metiste todo este tiempo, eh? ¡nos tienes preocupados a todos!

— Ya voy a darte un dolor de cabeza recién nacido.

— ¿Ya nació? ¡oh, Dios! ¡Gordon ya somos abuelos! — escuché como mi papá también comenzó a gritar de la emoción, haciéndome soltar una sonrisa de oreja a oreja. Le agradecí en un susurro a la enfermera por parar un taxi y le indiqué la dirección de mi casa para poder preparar las maletas.

— ¡Bill, ya lo quiero conocer! ¿¡a qué hora llegas!?

— Yo espero que muy pronto.

— Nos alegramos mucho… y… ¿quieres que le digamos a Tom? Justo estamos aquí a punto de entrar a la casa de los Kaulitz. Tammy se graduó en su curso de estética y le harán una pequeña cena.

— Me gustaría que sea una sorpresa, solo espero que lo tome bien.

— Siempre pregunta por ti, a veces se queda a dormir en tu habitación, cuidando a copito. Está gigante. Le hemos comprado una jaula más grande y ya anda un poco por la casa.

— Oh, ya… ¿y ya tiene pareja?

— No. — asegura Gordon. — Siempre pasa con nosotros después de que vuelve de estudiar. Tiene la esperanza de que te aparezcas, dice que tiene mucho que disculparse contigo.

Colgué la llamada con el estómago revuelto. Una vez en casa hice la maleta para con tranquilidad ya que el niño dormía en cama juicioso.
También recogí la ropita necesaria para ir ya que nos quedaríamos solo unos días y volvería de nuevo para retomar mi trabajo.

En eso llega Zadiel en su auto.
Me puse nervioso por lo que iba a pedirle pero era necesario.

— ¿Cómo estás? ¿se te pasó?

— Sí, lo siento.

— ¿Y esas maletas?

— Me voy a Leipzig para que conozcan al bebé, hablar algunos términos con su papá, me quedaré unos días y ya volveré a retomar mi trabajo.

— ¿Quieres que te acompañe?

— Por favor, me gustaría llevar a mi bebé tranquilo.

— Genial, te ayudo con las maletas. — asentí con una sonrisa mientras colocaba a Sean en su hamaca de seguridad para los asientos traseros.

Ya estaba listo para volver y enfrentar a Tom.

&

Sentí unos enormes escalofríos al ver mi casa de vuelta. Busqué las llaves en lo más profundo de la maleta e ingresé a casa, directamente a mi habitación.

Tal y como dijeron mis padres, esta tenía el olor a Tom, ropa de él perfectamente doblaba en una banca, sus zapatos y gorras encima del ropero. Me mordí la uña después de dejar al bebé en la cama. Nada había cambiado, solo copito que parecía una bola gorda de lana blanca.

Se veía gordito… bien cuidado…

— Tus cosas están ahí.

— Gracias.

— Bien, voy a venir a verte mañana, por el momento iré a casa de mamá a saludar. — asentí recibiendo un beso en la mejilla. Justo en el momento que Zadiel abandonó la casa yo me metí a darme un baño rápido, cambiarme, ponerme agradable para caer de volada a la casa de los Kaulitz, a su increíble festejo.

Para la ocasión decidí usar una franelilla blanca, un overol negro con algunos pendientes. Si respectiva chaqueta y el maquillaje de siempre.
Eso era algo que nunca iba a cambiar.

A Sean le puse un conjunto color blanco con una colcha azul. En su manito le puse una pequeña pulsera para el mal de ojo. Busqué en la habitación de Mateo el coche para poner a mi bebé y así tomé rumbo a la casa de su papá.

¡Qué nervios!

¡Uff!

¿Qué irá a pensar de mí cuando me vea?

¿Seguirá mirándome con los mismos ojos de antes o con esos que me miraron la última vez?

Ay señor apiádate de mi…

— Mierda. — dije para mí mismo. Llegué a la casa en menos de lo que esperaba. Pensaba mucho en su tocar el timbre o no. Estaba indeciso.
Quería devolverme a mi casa, con la idea de desaparecer pero la puerta se abrió dejando ver a la misma tipa que Mara le mandó al carajo esa vez en casa y me miró pálida. Se me cayó la copa de vino al suelo.

Por suerte traía el coche a un lado porque esos cristales hubieran saltado al coche y ahí si que le hacía un problema.

«Yo sé que lo traigo tapado de todas las formas posibles pero igual…»

— Maura, ¿quién es..? oh… — observo a Tamara con una expresión de seriedad. Los tres parecíamos estar en un momento de incomodidad por diferentes razones. Veo a esa Maura, después a Tamara y viceversa.

El contacto visual junto con el silencio se ve roto por el llanto de Sean. Rápido mi rostro se puso rojo de la vergüenza y suspiré. Rodeo el coche para sacar la cabeza hacia el interior.
Parece que necesita un poco de comida y en la calle no se lo podía dar.

— ¿Me dejas entrar para darle de comer, por favor?

— S- sí… — arrastro el coche hasta el garage. Al abrir la puerta lo meto con cuidado hasta llegar a unas escaleras y sentarme. Hice a un lado las cobijas para poder meter el biberón dentro para que coma. Este hacia unos ruidos de placer al momento de jalar la leche, me hacía sonreír como nunca.
Respiré profundo caminando hasta cierta parte donde estaban los grandes ventanales que dejan ver el interior de la casa y lo ví a él, sentado platicando con algunos amigos, entre ellos: Andreas.

Lo que me pregunto es ¿por qué Tamara no les ha dicho que estoy aquí?

Parecía que mi regreso no le gustó en lo absoluto.

Volví a sentarme en las gradas.
Al terminar de comer guardé el tetero en su respectivo termo y movía el coche de un lado a otro, aburrido.
Tal vez debí esperar un poco más, no apresurarme en venir. Debí guardar reposo el tiempo necesario y después sí.

Que estúpido soy.

Acomodé las rastas hacia atrás, me veía despeinado. Tuve que volver frente a aquel cristal que deja ver mi reflejo un poco para peinarme de una bonita forma. Mientras lo hacía, detrás de la tela alguien jaló el palo sin querer y la tela se alzó dejándome al descubierto.

Las personas dejaron de hablar y pausaron la música. Cada uno voltea a verme lento, dejándome tieso, asustado, sonrojado, con vergüenza y sintiendo que estaba interrumpiendo el momento de celebración.

El último en regresar a verme fue Tom.

Entonces abrió sus ojos en demasía.

Su mirada me hizo respirar agitado.

¿Para qué volví?

— Bill. — susurró.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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