Fic TWC. Temporada 2. Parte I

9: Así lo cuentan Bill y Tom

BILL

Ahí estábamos de nuevo, sobre el escenario. Yo había escogido un vestuario que me hacía sentir sexy y en dominio; deseoso de enloquecer a mis fans, pero aún más a mi Tom.

La elección de canciones también había sido obra mía, y nadie tuvo el valor de enfrentarse seriamente a mí para escoger otras: tres canciones en las que confiaba poder enviarle ciertos mensajes a él, para quien siempre canto todo.

Sonaron las primeras notas de Darkside of the sun, y yo salí poco a poco al escenario, dejando que todos se emocionaran lentamente con mi presencia. Mi atención estuvo en el público mientras cantaba y él evitaba mirarme, y cuando se volvió para tocar frente a Gustav, pronuncié las frases que eran suyas:

Se te acabará el dolor cuando yo esté a tu lado —y me salté la siguiente parte—. No nos van a atrapar, estaremos bien —otra vez dejé una frase sin decir—, por nosotros, por nosotros… —realmente esperaba que Tom entendiera el mensaje; antes de que empezara de nuevo a cantar, él estaba parado más cerca de mí— … el futuro acaba de empezar en el lado oscuro del sol —yo, yo era el lado oscuro del sol, ¿no era evidente?

Esa fue la primera parte solamente; la canción que venía a continuación era aquella en que pediría perdón. Con lentitud me quité la chaqueta, quedando solo con la camiseta oscura y todas las joyas encima.

Antes de empezar a cantar, cerré los ojos y dejé que la emoción me embargara. Mi cuerpo, llevado por las notas, se volteaba inconscientemente hacia el lado donde él tocaba la guitarra y al empezar la segunda parte de la canción solo empecé a marchar hacia donde estaba, pero, al pasar por su lado, él dio un paso adelante, evitando encontrarme: “Está bien, Tom, todavía no es el momento”. Seguí cantando junto al micrófono que él usaba para los coros: mi Tom tenía que regresar ahí.

Una lágrima amenazaba con salir y arruinar mi maquillaje mientras cantaba: Trenes en el cielo, viajando a través de fragmentos de tiempo, me llevan a partes de mi mente que nadie puede hallar. Y entonces él vino hacia donde estaba, y yo hacia él, hice como que seguía, pero me volteé y él me enfrentó al fin, y le canté directamente, inclinándome hacia él, casi de rodillas:

Estoy listo para caer, estoy listo para arrastrarme en mis rodillas y aprenderlo todo, estoy listo para sanar, estoy listo para sentir… —él podía ver mi sinceridad, mi expresión triste que le decía “Lo siento; por favor, perdóname. Entiende que solo a ti te amo” y sus caderas se movían hacia la guitarra de la misma forma en que lo hacía cuando podía sentirme dentro suyo… ¡tal vez hubiera esperanzas para mí esta noche! Volví a mi lugar en el centro del escenario, más feliz, y el público lo notó.

La próxima canción era Automatic, y ahí también fui hasta él para cantar un trozo: Es automático contar autos en una encrucijada: ellos vienen y van, como tú. Es automático mirar caras que no conozco, borrar tu cara…. ¿Él había entendido? Los dos hemos dicho lo que significa esa canción: en el amor, no funciona lo automático, y lo mío con… aquella mujer… fue automático, sin amor, pero solo la cara de Tom estaba delante de mí, en mi mente, cuando se trataba de sentimientos y verdadero placer.

Así terminó nuestro show, con gritos, histeria y fanatismo: nos esperaba el descanso en nuestras habitaciones.

Yo caminaba tras él por pasillo del hotel: su habitación estaba primero que la mía, y dije “Que duermas bien, Tom” antes de mirarlo a los ojos, y ahí estaba esa chispa: agarró mi chaqueta y me haló hacia él.

—Entra aquí, Bill, ¡ahora!

Por supuesto, me dejé arrastrar adentro. Tom me soltó para cerrar la puerta y yo caminé hacia el sofá de su suite; me senté.

—Como siempre, te dan la mejor habitación.

—No siempre, recuerda Sudáfrica… —él sonreía, ¡oh, sí, sonreía! Lo vi caminar hacia el minibar y sacar dos cervezas; abrió una y me la dio; yo no sabía qué pensar ni qué decir, tenía miedo de romper la atmósfera, así que dejé que él tomara la iniciativa. Antes de tomar un trago brindó conmigo chocando las botellas—. Esta noche… fue un buen show.

—Lo fue —asentí y después bebí un trago largo.

—Y tú… estabas especialmente sexy.

—También tú —le lancé mi mejor sonrisa.

—Todas gritaron enloquecidas cuando te quitaste la chaqueta. ¿Te la quitas ahora… para mí?

Pues claro que me la quitaría, con gusto. Todo lo que él pidiera. Puse la botella en la mesilla, me saqué la chaqueta y luego las joyas, quedando en camiseta y leggins. Cuando volví a sentarme, él soltó también su botella y se acercó a mí; sus manos se posaron en mis hombros y empezaron a acariciarme desde los hombros hasta los brazos, y de regreso. Yo quería tomar sus labios en los míos, pero temía ser rechazado de nuevo.

Él empezó a besar mi cuello, y yo a gemir sin contén. Mis manos empezaron a acariciar también: su espalda, sus brazos; las ropas de los dos ya estaban sobrando, así que nos las fuimos quitando uno al otro. Nos paramos mientras nos acariciábamos, y él atrapó mi boca, ¡oh, sí, él me estaba besando! Disfruté cada uno de esos besos y gemí de gozo.

Nos acercamos a la cama. Por su comportamiento, supe que Tom quería que yo le hiciera el amor, así que me apliqué a hacer mi mejor papel como amante y darle todo lo que me bullía dentro por él.

&

Él se había quedado dormido; no sobre mi pecho como acostumbraba a hacerlo, pero sí muy cerca de mí. No me había echado de su cama al terminar, como en los días anteriores ¡y me había besado! ¿Eso significaba que su enojo estaba pasando? ¿Qué empezaba a perdonarme? Tendría que esperar a que despertara para que habláramos, y saber a qué atenerme.

.

TOM

Lo miré mientras empezaba a despertar: con ese corte de pelo y sus nuevos piercings en el rostro había dejado bastante atrás su apariencia casi femenina: él era mi hombre, y nunca dejaría de serlo por más que intentara odiarlo; así como era mi hermano gemelo por más que a los dos nos haya resultado tan difícil aceptar que siéndolo también nos amáramos de otro modo.

Él se desperezó y me miró sonriendo, pero yo me puse serio.

—Buenos días, Bill.

—Los son, Tomi.

Cambié la mirada, me enderecé, y me senté en el borde de la cama.

—Lo que pasó anoche…

—Fue maravilloso…bebé; ¡extrañaba tanto tus besos!

—Yo también, pero… debes entender algo… ¡aún no te he perdonado!, no sé si algún día pueda perdonarte por completo, es solo que… tengo que admitir que te necesito y que… al menos tengo que intentar… olvidar tu traición; al menos intentarlo porque… sin ti… me ahogo…

—¡Tom! —no sé de qué manera se movió rápidamente y lo vi echado a mis pies, de rodillas, abrazando mis piernas y con su rostro mirando al mío fijamente—. Yo soy capaz de todo para que me perdones; podría morir por lo que te hice… ¡no sé cómo pude! Te juro que eres mi vida, que sin ti no soy nada, y sé que jamás debí poner en peligro lo nuestro, pero… ya me conoces, tú me conoces como nadie lo hace, y a veces no pienso las cosas que hago, no sé siquiera cómo ser yo si no estás a mi lado, ¿entiendes? Siempre debemos estar juntos, siempre…

—Eso espero. Ya suelta mis piernas, ¿sí? Y ven aquí… que me estás haciendo desearte de nuevo…

—Ya voy —él fue subiendo con besos por mis piernas, y al llegar a mi entrepierna me tomó en su boca. Definitivamente era bueno en ello, pero no más que yo; así que lo volteé al rato para saborearlo lentamente. Estábamos empezando muy bien la mañana.

Continúa…

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por ladyaradia

Escritora del Fandom

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