
Fic TWC. Temporada 2. Parte I
8: Así lo cuenta Tom
Llegamos a Rusia. Sería bueno volver a estar en una habitación de hotel con la expectativa de una presentación en el escenario; Bill y yo adoramos los escenarios, porque es donde más libres nos sentimos para expresarnos amor.
Ah, Bill, no sabía lo que había estado planeando; si creía que mi enojo estaba pasando se equivocaba por completo. Necesitaba lastimarlo, necesitaba hacerlo sufrir algo de lo que yo seguía sufriendo.
Primero vino la conferencia de prensa, y ahí fue mi primera oportunidad de venganza: estuve todo el tiempo atendiendo más a Georg que a él y cuando empezó a hablar de que buscábamos nuestra privacidad en LA y dijo “Tom y yo” como suele hacer, lo interrumpí diciendo que tenía planes con Georg para ir de vacaciones a un spa, solo Georg y yo, buscando privacidad, y supe que se había molestado mucho porque volvió el rostro y sentí los comentarios de los periodistas; Georg me siguió el juego, y yo me entretuve en repartir uvas, también le ofrecí a él. pero no con la misma deferencia que tuve con mi pelilargo amigo, quien terminó por apartarse un poco: creo que se asustó de que yo estuviera yendo demasiado lejos y mi gemelo pensara en asesinarlo.
Pero Bill no dijo nada cuando salimos de allí; estuvo silencioso y como abstraído todo el tiempo. Solo habló conmigo cuando nos acercábamos a nuestras habitaciones, que yo había pedido expresamente estuvieran separadas por algo más que una puerta intermedia.
—Va a ser difícil dormir separados.
—Llevamos casi un mes durmiendo separados, Bill; deja el drama.
—Por eso mismo, ya no lo aguanto más —tomó mi brazo y me echó una de esas miradas que derriten a un iceberg, y yo admito que dudé, que sentí algo descongelarse dentro de mí, pero me contuve—. No te reconozco, Tom; estás siendo demasiado duro. Y hoy… me dejaste en entredicho, yo estaba hablando de nosotros y tú…
—Yo puedo pensar en pasar tiempo con otra persona, ¿o no? No soy tu esclavo.
—Nunca lo has hecho, y lo sabes. Siempre hemos sido tú y yo, y siempre lo pasamos muy bien…
—Es cierto, siempre lo pasamos muy bien, éramos felices, pero todo estaba basado en una mentira, ¡en tu mentira!
—¿Nunca vas a olvidar lo que pasó?
—¡No! —me solté de él y abrí la puerta—. Y ahora déjame, que quiero descansar.
Él se fue al fin, cabizbajo.
Yo pasé la noche medio inquieto, pero algo pude dormir. Al día siguiente, en la entrevista en el backstage, yo estaba muy ansioso, pero pude ver que él también, porque movía su pierna izquierda nerviosamente.
—Dejé mi cerebro en Los Ángeles —dijo y yo supe a lo que se refería: nuestros días hasta llegar a Rusia habían sido toda una odisea entre nuestro deseo mutuo y mi necesidad de hacerlo sentir mal. Él había echado mano de muchos de sus trucos de seducción, pero yo no había cedido, y supongo que se sentía un poco frustrado por eso. La entrevistadora se puso un poco melosa.
—Podemos pedir que te lo traigan —maldito Bill: ¡todas se vuelven locas con su sonrisa! Levanté mi pierna y la puse sobre la mesa delante de él: “Acá, este ejemplar es mío, perra; mejor deja de golosearlo”.
Él seguía contestando nerviosamente mientras me miraba de soslayo y yo comentaba sarcásticamente algunas de las cosas que decía. Todos se habían dado cuenta de nuestra indisposición en la conferencia de prensa, que por qué tomábamos tanta agua, y él lo justificó con el cansancio del viaje, mientras yo lancé una de mis bromas pesadas.
—…y ustedes estaban drogados, por eso necesitaban tanta agua —eso lo hizo sonreír; creo que le gusta verme bromear de nuevo, y habló de que no nos gusta beber antes de una presentación—. Pero tal vez esta noche, digo… —solté; salir de fiesta en Rusia, hacerlo morir de celos.
—Sí, tal vez esta noche después del show… —siguió hablando.
Para él, evidentemente, no significaba lo mismo la perspectiva de salir; confiaba en tenerme borracho y con las defensas bajas ante su incitación. Me alcanzó el micrófono y yo hablé de un club ruso que habíamos visitado antes, y donde yo solo había tenido ojos para él, “Opera”, y ahora nos habíamos enterado de que se había incendiado, como yo hubiese querido incendiar todos esos recuerdos de nosotros que me hacían desearlo de nuevo conmigo así, felices y sin más preocupaciones que ocultar lo nuestro del mundo.
La entrevistadora empezó a hablar de las fans y luego llegó a una pregunta que no por repetida dejaba de ser incómoda para nosotros: ¿qué tipo de chicas les gusta? ¿A Bill?: rubias, viejas y perversas, pensé yo; pero no lo verbalicé, por supuesto.
—Yo no tengo una chica ideal —dijo él—, en color de pelo o cosas así. Creo en el amor a primera vista y en ese aspecto soy muy tradicional —yo me mordí el labio, sabía qué parte del discurso venía ahora, así que interrumpí.
—Siempre he pensado que hay chicas muy lindas en Rusia. Siempre vemos a chicas muy lindas, con grandes y hermosos ojos —pero Bill continuó imperturbable su discurso.
—Sí, pero yo creo en las almas gemelas. Pienso que cada uno tiene su alma gemela —lo interrumpí, señalándome; él ha dicho mil veces que soy su alma gemela, yo lo he dicho también, así que evidentemente ahora hablaba de mí, intentando hacerme reaccionar; él continuó, sin dejarme hablar—. Cuando voy conduciendo por la calle y veo tanta gente, me vuelvo loco pensando que tal vez mi alma gemela está ahí fuera en algún lugar —ahí está mi hermano gemelo, intentando arreglar nuestras metidas de patas verbales—, y que tal vez nunca voy a encontrarla, ¿entiendes lo que quiero decir? –—la mención a una “ella” fue demasiado para mi aguante, quería hablar, quería quitarle el micrófono de la mano y decir lo que estaba pensando, pero él se lo imaginó, no sé si de alguna manera nuestra conexión volvía a funcionar aunque fuera un poco, porque no soltó el micrófono y cuando yo estiré el brazo y lo puse sobre el descanso donde él tenía el suyo, siguió sin soltarlo—. Yo creo que el amor es lo más grande del mundo y no creo que todos tengan la oportunidad de tener el verdadero amor —¡oh!, eso sí era directamente conmigo, nada debía alejarnos del verdadero amor porque no todos podían encontrarlo, pero aprende tu propia lección, Bill: tú arriesgaste tu verdadero amor por una aventura. Traté de quitarle el micrófono esta vez—. Creo que debes estar feliz de encontrar tu gran amor —tomó mi brazo con su mano libre y lo alejó del micrófono—, y espero que yo algún día pueda encontrarlo.
Entonces sí me dio el micrófono al fin; era mi oportunidad.
—Te diré un secreto, si en verdad quieres a Bill, él es tímido…
—Sí, lo soy, pero… —él estaba sospechando por dónde iba, yo no me detuve.
—…solo tienes que ir con Bill y besarlo directamente… —él soltó una risa nerviosa—, y entonces tal vez tengas una oportunidad con él, si el beso es bueno…
—…no, no es verdad, no, no, no… —ya esto era una batalla entre los dos, entonces mi cómplice cumplió su palabra.
—Si el beso es realmente bueno —dijo Georg—, y muy húmedo… —eso era; Bill estaba avergonzado, y yo continué, aprovechando esas palabras.
—Si el beso es bueno, y sí, le gustan húmedos —casi pude escuchar en mi mente un grito de Bill: ¿cómo dices eso en público?—, la mejor idea es ir directamente a Bill y besarlo, esa es la mejor forma de conquistarlo —¡y vaya que yo lo sabía! Él siempre ha sido adicto a mis besos, por eso le doy mi cuerpo, pero no mis besos desde que supe…
—Lo intentaremos —dijo la escurridiza entrevistadora, y yo solo pude asentir con deseos de saltarle al cuello y apretárselo.
—Sí, inténtalo —ya no podría asegurar que Bill no respondería; ya no estaba seguro de nada.
Entonces las preguntas se fueron a nuestros amigos, y a pesar de que estaba tan metido en mí mismo, no pude evitar ver la mirada de Georg hacia Gustav mientras este contestaba sobre su chica ideal.
Luego otra vez preguntas comunes que Bill contestó, y luego le hablaron de su maquillaje, y de nosotros; qué pensábamos nosotros de su maquillaje.
—Ellos me tienen envidia —Bill vio su momento para devolver la broma—, cuando van a mi cuarto del hotel siempre prueban mi ropa y mi maquillaje. Pero son muy tímidos para mostrarlo en público, cuando salen no son tan seguros de sí mismos —yo tenía que decir algo.
—Bill siempre usa maquillaje y a mí me gusta; yo… yo me lo pruebo, se ve bien… él se ve hermoso, pero yo… soy muy tímido en verdad para salir así al escenario —no pude evitar que se me saliera eso; mi gemelo es realmente hermoso.
—Les gusta al natural…
—Sí —solo pude agregar eso, abrumado por cómo Bill me ganaba siempre con su encanto.
Y entonces él hablando de nuestros padres, de libertad, y yo sintiendo su incomodidad mientras mentía que nuestra madre estaba de acuerdo con todo lo que hacíamos, que confiaba en nosotros y era feliz si nosotros lo éramos. ¡Qué bueno si fuera cierto! Luego hubo que hablar de la prensa y los rumores, y estábamos siendo bien “políticamente correctos” hasta que vi ante mí otra forma de molestar a Bill.
—El único rumor verdadero… es que Georg siempre ha estado enamorado de mí, es el único que te puedo decir que es verdad —todos callaron, e incluso mi aliado incondicional no supo qué agregar a la broma.
Al fin acabó la entrevista y Gustav me alcanzó.
—Tenemos que hablar.
—Hey, Gus, cálmate; lo de Georg era broma, ya vi cómo te mira.
—¿De qué estás hablando ahora? Tú y yo tenemos que hablar sobre ti y Bill. Acompáñame a mi habitación, ¿sí?
—Ok.
Lo seguí; siempre había confiado en Gustav y él no usaba sus palabras sin razón.
—Ya estás pasando la raya —dijo mientras nos sentábamos frente a frente y me ofrecía una coca–cola, siempre nuestra oferta de paz.
—¿Qué quieres decir?
—Tú sabes que amas a Bill, y que él te ama, y si sigues con esa actitud puedes hacer algo de lo que luego te arrepientas. No vale la pena seguir con todo ese enojo, solo te lastimas tú mismo al intentar lastimarlo a él.
—Pero es que… duele demasiado… su traición…
—La traición siempre duele, pero créeme, Tom, duele más no ser capaz de perdonar.
—Pareces muy sabio al decir eso…
—No lo soy, pero algo he aprendido de la vida. Y aún más viéndolos a ustedes. Durante tantos años, viéndolos luchar contra todo para estar juntos, ¡no pueden dejar morir un amor que ha inspirado a tanta gente, por lo que han sacrificado tanto!
Sí, Gustav me puso a pensar; en la noche sería el show, luego tal vez conversara seriamente con Bill.
Continúa…
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