Fic TWC. Temporada 2. Parte I

5: Mientras pasan los días II

Incapaz de pasar más de dos días sin Tom, Bill le pidió a David Jost que por favor lo acompañara en su enorme casa rentada en Tarzana, y él, que para ellos era casi más que un padre, accedió, sin hacerle demasiadas preguntas. De esa manera, aprovecharía para adelantar asuntos de trabajo y, a la vez, distraer a Bill de su tristeza.

Estaba seguro de nunca haberlo visto tan mal, ni siquiera cuando perdió la voz en el 2008 y todo lo referente a su cirugía de las cuerdas vocales; pero era claro que algo realmente grande había pasado entre él y Tom. ¿Tal vez tendría que ver con aquel asunto de agosto de 2010?

David había pasado mucho tiempo tratando de asimilar la relación entre los gemelos después de conocer toda la verdad, pero al fin lo había logrado: ellos, tanto como Gustav y Georg, estaban metidos en su corazón, y no podría sacarlos de ahí por más que no le pareciera exactamente correcta la forma en que habían escogido vivir sus vidas; así que ahí estaba, intentando que Bill no se volviera loco de una vez.

Ya había sido testigo de varios de los intentos de Bill porque Tom regresara a la casa, desde mandarle canciones a través del móvil, hasta pedirle que lo visitara, aunque fuera solo para hablar de trabajo, y entonces le habló de su nuevo plan.

—Por favor, David; no se negará a hablar contigo, y menos si llevas a los perros.

—No sé cómo dejo que me metas en medio de lo de ustedes, pero… está bien —David esbozó una sonrisa.

—Gracias —la sonrisa de Bill también fue genuina y agradecida.

&

Y allí estaba David, rodeado de los perros de los Kaulitz, en una de las cafeterías al aire libre de Los Ángeles, donde Tom había insistido en que se encontraran.

—Te entiendo perfectamente, Tom; pero es hora de que vuelvan al estudio y, además, necesitan ensayar, porque el mes que viene se van a Rusia.

—¿Ensayar sin Georg y Gustav?

—Vamos —lo miró haciendo una mueca—, sabes que Bill y tú llevan la mayor carga de los ensayos; a ellos les bastarán ensayar dos días antes de la presentación para estar listos.

Los perros daban vueltas alrededor de Tom, y él llevaba rato acariciándolos mientras hablaba con David, pero Capper, sobre todo, intentaba tener toda su atención, y al fin se la dio. Fue entonces que notó aquella carta bien prendida en el collar, y entendió la estrategia de Bill; agarró la carta y miró a David.

—¿Tú sabías de esto? —David miró a otra parte, tratando de no enfrentar la mirada enojada de Tom—. Voy a romperla. y quiero que se lo digas…

—Ah, Tom. basta con eso —al fin lo miró—. Al menos ve lo que tenga que decir, y luego decides qué hacer. Yo sabía, sí, y acepté porque no soporto ver a Bill como está desde que te fuiste. Tal vez deberías…

—¿Acaso sabes qué pasó?

—No, no sé, pero sé que ustedes se aman mucho y nada puede cambiar eso.

—En este momento lo odio, David.

—No te creo.

Tom miró la carta entre sus manos y la abrió casi de modo inconsciente. Sus ojos se posaron sobre la escritura que conocía tan bien: “Tom, entiendo perfectamente que me odies ahora, pero estoy seguro de que muy dentro de ti todavía te preocupas por mí, así que apelo a tus sentimientos de hermano, sino a otros. ¿No sabes que si no estás junto a mí no puedo respirar? Eso nos ocurría desde pequeños, cuando aún… ¿Cómo puedes estar lejos? ¿De veras me odias? Yo estoy muriendo, siento un hueco en mi pecho y hablo a las habitaciones vacías creyendo que puedes oírme. Necesito mirar a tus ojos para poder sentirme vivo, ¿o acaso no lo sabes? Y nuestros bebés lloran conmigo por tu ausencia. Ahí los ves, ellos también te necesitan. Por favor, regresa a nuestra casa; necesito que me escuches, necesito explicarte por qué pasó todo eso, porque ahora lo entiendo, y si luego decides que no puedes perdonarme, como mi amor, al menos recuerda que somos y siempre seremos hermanos gemelos, unidos desde el vientre, y que esta separación no tiene sentido. Yo te amo, más que nunca, cada día más, tu Billy”.

Tom dejó caer la carta sobre la mesa con lágrimas en los ojos, pero con la rabia agolpándose en su garganta.

—Él siempre confía en poder manipularme, pero ya no soy tan fácil. Puedes decirle eso, que no me va a manipular tan fácilmente. Y… dile que lo que necesito de esa casa es a estos bebés, pero no a él; a él no lo necesito para nada… —su barbilla temblaba al decir eso, y David creyó más adecuado no hacer ningún comentario al respecto. Se limitó a seguir tomando su café, durante un par de minutos de silencio. Luego se levantó, tomó las correas de los perros, y palmeó el hombro de Tom.

—Mañana en el estudio, Tom; tenemos que trabajar.

Continúa…

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por ladyaradia

Escritora del Fandom

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