Administración: Es posible que vean esta historia en otra parte, pues ladyaradia ha estado en el fandom desde hace tiempo y siempre ha escrito sobre los chicos, pero actualmente ella está editando y actualizando los capítulos que ustedes leen, así que aprovechen el talento de ella y su labor como escritora.

Fic TWC. Temporada 2. Parte I
2: Así lo cuenta Bill
Cuando sentí la puerta cerrarse y el sonido del auto arrancando volví a mi triste realidad: Tom se había ido y yo ni siquiera sabía adónde. En mí había un vacío, un hueco enorme en el lado izquierdo de mi pecho, en el mismo lugar donde él recostaba su cabeza después que hacíamos el amor, satisfecho y necesitado de arrullos. ¡Mi Tom, tan dulce, tan tierno!
No ha pasado un día desde que tuve esa absurda aventura que no me arrepienta amargamente de haberlo hecho, de haberme llevado a la cama a esa modelo voluptuosa que me sedujo con su experiencia y dejó que desahogara con ella tantas rabias que había estado acumulando dentro en una noche de sexo salvaje como la que nunca tendría con mi Tom. Ella dejó que la golpeara, que la llamara “puta” y otras cosas peores, que la penetrara con fuerza y sin nada de ternura; ella satisfizo sus fantasías masoquistas asombrada de que yo tuviera tan buena reacción ante su pedido de sexo duro, porque todos se engañan con mi cara de ángel, y no saben que hay un Bill oscuro al que casi nunca dejo salir, sobre todo porque siempre he tenido conmigo a mi otra mitad, al que trae la luz a mi vida, mi hermano, mi gemelo, mi único y verdadero amor.
Junto a él soy todo sonrisas y buena energía; sin él, no soy más que alguien peleado con el mundo, rabioso contra todo. Por eso me enojó tanto que no quisiera acompañarme al viaje en Los Ángeles, que se quedara en Alemania y se viera con Andreas y con la escurridiza de Ria. Sí, él dice que ellos son solo buenos amigos, que ella es inteligente, madura y espontánea, que pasa buenos ratos con ella. ¡Pero ella no sabe de nosotros!, y eso le podría hacer crear expectativas acerca de Tom, porque… ¿quién no sentiría su corazón enternecerse ante su sonrisa y su cara de bebé grande? Lo admito, tengo celos de ella, porque si yo sucumbí a la tentación de una mujer habilidosa, Tom también podría… Ah, ese dolor en el pecho al pensar en la posibilidad de Tom con otra persona me hizo entender precisamente lo que él estaba sintiendo en ese mismo instante… ¡por mi culpa! Y cuando lo vi llorar… ¡no puedo verlo llorar, me duele demasiado!
Agarré mi celular y comencé a marcar su número; no contestó, pero seguí insistiendo a pesar de que el suyo parecía apagado. Las lágrimas no me dejaban ver bien la pantalla, y en algún momento se terminó la batería; solo entonces desistí: él no quería hablarme, no quería verme, y yo me sentía un robot sin alma, con un latido automático.
El teléfono de la casa empezó a sonar insistentemente, y el identificador de llamadas me dijo quién era.
—Mamá —tomé el teléfono y contesté con la voz algo rasgada, porque había estado llorando.
—¡Bill! ¿Qué pasa con sus teléfonos celulares? El de Tom parece apagado, también el tuyo. ¡Menos mal que al menos estaban en la casa, porque me preocupé mucho.
—Sí, yo… nosotros… —no sabía qué decirle; mi mamá nunca ha aceptado lo nuestro; siempre ha creído que yo domino a Tom. ¿Cómo le digo que él se fue y que no sé adónde—? Salimos y estamos algo… ebrios. Tom se durmió; está roncando ahora mismo.
—¿Están bien? No sé, he sentido que tenían algún problema; por eso llamé.
—Estamos bien —yo estaba luchando por no llorar.
—¿Seguro, Bill?
—Por supuesto.
—Ok, dile a tu hermano que me llame mañana, por favor.
—Se lo diré. Me caigo de sueño, mamá. Chao…
Me quedé con el teléfono en la mano, y decidí llamar a quien más me había apoyado en los últimos tiempos.
—¿Qué pasa, Bill?
—Hice lo que me aconsejaste, Shay. Le conté la verdad antes de que lo hiciera Andreas —demasiadas personas lo sabían, pero fue Natalie quien se lo contó a nuestro “mejor amigo” ¡y resulta que él está obsesionado con Tom! y ahora dice que yo no soy bueno para Tom, que él merece algo mejor.
—¿Y? ¿Qué pasó?
—Lo tomó muy mal; él… se fue… —sentía que mi voz se iba, mi garganta se cerraba y se enrarecía el aire.
—¡¿Que se fue?! ¿A dónde? —mi amiga se oía preocupada al otro lado.
—¡No lo sé! ¡Solo se fue!
—Pero… no creo que se haya ido a un hotel…
—Debe haber ido a casa de algún amigo, pero acá en Los Angeles… solo están ustedes, David… y Ria; nadie más.
—¿Le preguntaste a Jost? ¿Cuánto hace que se fue Tom?
—Creo que… —miré el reloj— como dos horas; no sé, para mí hace una eternidad… —sollocé sin poder evitarlo; no sabía cómo mostrarme fuerte sin Tom al lado.
—Tienes que llamar a Jost ahora, y si no…
—Si fue adonde Ria, si fue allá yo…
—Cálmate, Bill; te oyes muy mal. ¿Quieres que Shiro y yo vayamos a tu casa? ¿O quieres venir aquí? No deberías estar solo ahora.
—Yo… no tengo fuerzas para ir a ninguna parte.
—Entonces iré; voy a prepararte un té calmante y podremos conversar sobre esto con más calma, ¿está bien?
Continúa…
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