
Fic TWC. Temporada 2. Parte I
12: Mientras pasan los días V
Esa presentación tendría que ser especial, todos ellos lo sabían: The Next Premium Night Tokio Hotel in Tokyo presentada por Audi A1; no porque tuviera el evento tan rimbombante título sino porque algo había cambiado entre ellos en esos días y por primera vez podían mostrarlo en público.
Tom y Bill estaban aún inmersos en la atmósfera de las horas anteriores, el temblor en sus cuerpos y sus almas aún no paraba, y sus mentes no dejaban de hablarse sin palabras, aun cuando ellos mismos no supieran qué estaban queriendo transmitir exactamente. Pero había algo claro en el mensaje: amor; un amor sin fronteras ni condiciones, una entrega que no entendía de culpas, miedos ni conflictos. Todos los obstáculos seguían ahí, todos los problemas y las barreras que ellos mismos se construían, pero ese amor saltaba por encima de todo y estallaba en llamas, tronaba y alumbraba en medio de cualquier tormenta.
Bill se sentía especialmente eufórico: que Tom le hubiera dicho nuevamente que lo amaba, que nunca dejaría de amarlo, lo hacía sentir como si la vida comenzara de nuevo, como si otra vez estuviera en el Origen, unido a Tom en una sola célula que aún no había comenzado a duplicarse. ¡Tom y yo por siempre!, se animó a sí mismo antes de que Tom empezara a tocar y él a cantar, y le dirigió un pensamiento: “Comencemos, mi amor. Sé que esto será grandioso”.
—… No sé tu nombre, pero creo en que este es el tiempo para ti y para mí… —un suspiro inaudible, solo escuchado por Tom desde su alma—. Ahora estoy aquí, no más miedos. Ángel, no llores, te encontraré… en el otro lado…
Fue la misma sensación de cuando estaban en tour y terminaban un show; no pudieron evitar apresurarse a los camerinos y comerse a besos: besos tiernos, besos hambrientos, caricias sobre la ropa, manos bajo la ropa, dedos en lugares prohibidos; mientras fuera los G’s, como ellos mismos los llamaban cariñosamente, ejercitaban su solidaridad dándoles algo de privacidad y manteniendo alejados a los curiosos. Claro que solo podían darles unos minutos, pero eso era todo lo que necesitaban para tomar fuerzas y aguantar hasta llegar al hotel y amoldarse uno al otro como dos partes de un todo que eran.
&
Con Tom sobre él, haciendo el amor en su posición favorita, Bill no pudo evitar pensar cuánto le recordaban los sonidos de placer de su gemelo a los gorjeos de un bebé; y es que realmente Tom era para él como un bebé grande, una cosa tierna y suave que debía proteger. Dejó de pensar cuando sintió acercarse la onda de su orgasmo, conectado al de Tom que abría su boca y gemía sonoramente mientras los dos viajaban al “otro lado”, un lugar entre la vida y la muerte adonde solo podía llegarse de ese modo, conectados en cuerpo y alma. Luego Tom se dejó caer sobre él, exhausto pero feliz.
—Ojalá no tuviéramos que irnos todavía de Tokio… —balbuceó.
—Sí, ¡fue tan bueno estar acá! —lo abrazó fuertemente; Bill temía que, a su regreso a Los Ángeles, tal vez todo volviera a complicarse. Pero no quería pensar en cosas tristes en ese momento, así que solo salió lentamente del cuerpo de su hermano, y lo acomodó a su lado: ya Tom estaba medio dormido, el show y las tres veces que habían tenido sexo esa noche habían agotado su habitual reserva de energía. Bill también se sentía cansado, y solo quería dormir con Tom a su lado, entre sus brazos, en donde pertenecía, y soñar con que nada nunca lo podría sacar de nuevo de allí.
&
El sonido de su móvil despertó a Bill. Miró la pantalla para saber a quién iba a insultar por despertarlo antes de que sonara la alarma: era Gustav. Decidió contestar, Gustav no les molestaría sin razón.
—Hey, ¿qué ocurre? ¿Algún problema?
—Buenos días, sr. Bill Kaulitz —Bill pudo adivinar la sonrisa sarcástica de su amigo al otro lado—; sé que te despierto antes de hora, pero… mi problema es que… ustedes van a volar a Los Ángeles, y Geo y yo a Alemania, así que es ahora o nunca cuando tenemos que hablar, los cuatro; porque esto no se habla por teléfono.
—Oh, me estás asustando —dijo Bill.
—Bill, cállate y sigue durmiendo… — Tom se removió a su lado.
—No, Tomi, Gus y Geo vienen a hablar con nosotros, algo importante parece.
Tom trató de abrir los ojos, pero le pesaban como plomos, él necesitaba más tiempo para salir de su hibernación.
Una media hora después, la puerta de su suite se abrió y entraron sus dos amigos.
—Espero que valga la pena habernos hecho madrugar —les sonrió Tom. Llevaba puestos pijamas, e igualmente Bill; sería pedirles demasiado que estuvieran arreglados en tan poco tiempo. Lo más que habían hecho era tomar una ducha, por separado, porque juntos podrían demorarse aún más.
Georg parecía nervioso, aún más que Gustav, y solo le dio a su amigo una media sonrisa.
—Deberíamos tomarnos unas cervezas mientras hablamos —propuso.
—Agh, ¿cerveza sin desayunar? ¿Pretendes embriagarnos? —otra vez bromeó Tom y Bill lo secundó con un movimiento afirmativo de cabeza, pero, no obstante, fue a buscar 4 cervezas en la nevera.
Cuando todos bebieron su primer trago, Gustav al fin comenzó a hablar.
—Bien, chicos; primero quiero saber si ya todo está bien entre ustedes. Bueno, por lo de ayer en el camerino supongo que sí, pero…
Bill solo miró a los ojos a Tom, quien contestó con seguridad.
—Estamos muy bien ahora.
—¡Eso es bueno!
—¡Es genial! —lo secundó Georg.
—Bien, pues, nosotros… —siguió Gustav; los Kaulitz ya no podían con tanta expectativa, miraban a sus amigos con cara de preocupación— …queríamos que supieran que Geo y yo sí que hemos tenido algo… sexual.
—Ah, ¿era eso? —soltó Tom entre risas—. Te lo dije, Bill; yo sabía que tenían algo.
—Tom, por favor, esto es serio para nosotros —dijo Georg, algo ruborizado—. Nos costó aceptar que, además de mejores amigos, nos deseamos sexualmente también. Yo siempre pensé que era un hombre de chicas…
—Igual yo —lo secundó Gustav.
—Sí, soy testigo de eso —dijo Bill recordando a Gustav tratando de manejar a la vez a dos chicas que habían venido a verlo al hotel.
—¿Desde cuándo…? —Tom no podía evitar su curiosidad.
—Empezamos… con juegos sexuales, cuando empecemos a dormir juntos en los hoteles. Y bueno, la relación de ustedes de algún modo nos daba coraje, para no sentirnos tan raros.
—¿Estás insinuando que Tom y yo somos raros? —Bill ladeó la cabeza con una sonrisa irónica.
—Lo son, amigo, y lo sabes; ¿hermanos gemelos enamorados uno de otro?: no puedo imaginar nada más raro.
—De acuerdo, somos raros entonces —aceptó Tom—, sigue contando.
Parecía un niño ansioso por saber cómo continuaba su cuento de hadas favorito, y Bill volvió a sonreír ante esa idea.
—No hay mucho que contar; solo a veces estamos juntos, especialmente en tour. De vuelta a casa, están nuestras novias.
—¡Oh, somos una banda emparejada en tour! —se exaltó Tom—. Si la prensa llegara a saber…
—No pueden saber, nadie… —advirtió Georg—. Hemos sido cuidadosos hasta ahora y nadie ha sabido; no como ustedes que tenían a medio staff cuidándoles las espaldas.
—Y a ustedes; que son nuestros mejores cómplices —se acercó Bill a Gustav, lo abrazó y luego a Georg. Ustedes son buenos para eso de disimular, lograron esconderlo hasta de nosotros.
—No de mí, ya yo sospechaba —sonrió pícaramente Tom y Bill fue hasta él para tomarlo de la cintura.
—Sí, es que eres un metiche —dijo antes de besarlo brevemente en los labios.
Tom se volvió a sus amigos entonces.
—Vamos, no se corten con nosotros; pueden besarse y acariciarse cuanto quieran cuando estén en nuestra presencia. Solo que, si se ponen muy calientes, bueno, ahí sí… se van a otro lugar, porque el sexo en grupo no me llama la atención.
—¡Tom! —lo regañó Bill entre risas, a las que todos hicieron eco.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin dejar un comentario.