
Fic TWC. Temporada 2. Parte I
11: Así lo cuentan Bill y Tom
TOM
Cuando estás teniendo un hermoso sueño que aún no termina, no es tan agradable despertar; porque además la realidad a veces no es tan bella como los sueños, así que apreté los ojos para seguir soñando con él de aquel modo tan hermoso: Bill y yo estábamos vestidos como guerreros (no sé bien de qué época porque nunca he sido demasiado bueno en historia) y nos besábamos después de una batalla, caíamos juntos sobre unas pieles que nos servían de cama ¡y estábamos tan eufóricos, tan seguros uno del otro y de nosotros mismos! Pero el sueño no volvió, y solo miré a Bill durmiendo a mi lado, con expresión placentera. ¿Estaría compartiendo mi sueño? Recuerdo que cuando éramos pequeños siempre nos pasaba eso de tener seguido los mismos sueños, pero luego se había vuelto más esporádico. Él gimió entre sueños y abrió los ojos para mirarme y pegarme a sus labios, después de abrazar impulsivamente mi cuello.
Supongo que aquella vez nuestra conexión solo pudo decirme eso a través de la distancia, que Bill estaba haciendo algo que nos podía separar para siempre. Y fueron deprimentes para mí todas las horas siguientes hasta volverlo a ver; cuando olvidé cualquier preocupación en sus brazos, aún más en el momento en que dijimos nuestros votos en Las Vegas como una pareja de casados, aunque quizás aquella ceremonia no tuviera verdadero valor legal pero sí emocional: un compromiso de lealtad y amor, que él había estado rompiendo desde entonces con su mentira.
Me separé de sus brazos, inquieto; cada vez que esas ideas venían a mi mente; sentía una ira sorda contra Bill por engañarme, y contra mí mismo por ser tan débil que no podía alejarme suficientemente. ¡Era tan difícil sentirse así! Desearlo tanto, tener tantos sentimientos por él en mi interior que me decían que era solo suyo, que él podía hacer conmigo lo que quisiera porque era mi completo dueño, y a la vez ese asco de mí mismo por la misma razón, por sentirme empequeñecido ante él, dominado, como una puta deseosa de su cuerpo, como un maldito masoquista que prefiere ser lastimado que abandonado.
Lloré, no pude evitarlo y lloré; y me alejé de él para que no me viera llorando. Pero Bill no se iba a rendir fácilmente, yo lo sabía; vino hasta mí de nuevo y me abrazó.
—No es tu culpa, tú no tienes la culpa de nada de esto; el único culpable soy yo. Si alguien se odia por esto, Tomi, soy yo.
Volvió a buscarme los labios y se los entregué sin pensarlo; solo quería sentirlo, solo quería saber que él estaba conmigo y no iba a abandonarme. No necesitaba ahora temer a ser demasiado poco para él, a que su deseo por otras personas lo llevara a aburrirse de su caprichoso y pegadizo hermano gemelo.
Me devolvió a la cama con suavidad, besó lentamente mis mejillas y me sonrojé cuando sonrió mirándome a los ojos.
—¡Eres tan bello, Tom! ¡No podría cansarme de mirarte!
No le contesté; solo apresé su cuerpo entre mis brazos y nos volvimos a enredar en caricias lascivas: él recorriendo mi piel, yo la suya; demasiado dulce, demasiado tierno, y una extraña sensación me ponía furioso, anhelante, así que detuve su mano cuando quiso alcanzar el lubricante que habíamos usado la noche anterior, y le hablé con un tono que ni yo mismo reconocía.
—¡No! Hazlo duro, Bill; hazlo fuerte y sin contenerte. Quiero saber cómo se siente. Quiero saber cómo se lo hiciste a ella.
—Tomi, no; no podría… contigo…
—Hazlo, o no haremos nada —lo separé con mi brazo, decidido.
—No… —dejó caer la cabeza y me removí bajo su cuerpo, tratando de escabullirme.
—¡Pues suéltame, suéltame y no me toques! —yo estaba algo histérico, gritando, incluso creo lo golpeé en el pecho para alejarlo de mí y entonces lo sentí, una tremenda bofetada que me volteó el rostro. Lo miré con los ojos muy abiertos y sonreí, mientras él pestañeaba como sin creerse lo que acababa de hacer—. Eso, Bill, estás entendiéndome… ahora… —creo que lo sentí suspirar y entonces me penetró profundamente, y yo apreté los uñas en mis dedos por el dolor, pero solo momentáneamente, porque empecé a disfrutar el placer de verlo así, de sentirlo enfurecido descargando en mí todas sus frustraciones. Eso quería, sentirlo así, que no se guardara nada conmigo, porque era la manera en que tal vez podría volver a estar seguro de que tenía a Bill conmigo, al verdadero Bill, a mi Billy, y que él no necesitaba buscar nada fuera de mí, de mi cuerpo y mi alma, que se entregaban por completo a los suyos.
—¿Esto quieres? —decía él con rabia, mientras se metía en mí profundamente, con embestidas rápidas y fuertes— No lo creo, Tomi, no creo que te guste que te traten como mierda… como una puta cualquiera…
—Tal vez… —me mordía los labios para poder hablar— no conoces todo de mí…
—¡Te conozco! ¡Oh, te conozco! Tú no… —lo callé mordiéndole los labios hasta hacerlo sangrar y lo sentí arreciar más sus embestidas; él estaba cerca, y yo también. Cerré los ojos al fin y me dejé llevar, con un grito; sentí que Bill se descargaba en mí a la misma vez que yo lo hacía entre nuestros cuerpos, y me sentí más unido a él que nunca antes. Lo abracé y lo hice pegarse a mí.
—Quédate ahí —pero él no me hizo caso; salió de mí y se echó a un lado.
—No le doy gustos a una puta cualquiera —me soltó amargamente.
Se levantó y se fue a la ducha; contrariado. Yo me quedé en la cama, adolorido, pero sintiéndome extrañamente triunfante.
.
BILL
Me sentía sucio, necesitaba quitarme rápidamente esa suciedad; no podía creer que había dejado a Tom orillarme a ese comportamiento con él, dejarlo ver la parte más sombría de mi ser.
No habría querido que él me viera así jamás, pero sabía que no era la primera vez que lo había hecho; quizás no en lo sexual, pero ¿qué diablos había sido si no aquella paliza que le propiné el año pasado por no haberme hecho caso en una orden expresa que le había dado? Una orden para protegerlo, que él había burlado; se había burlado de mi preocupación y lo golpeé incontrolablemente, esperando que se defendiera para que los dos pudiéramos descargarnos del enojo y luego reconciliarnos con ternura, pero él me dejó lastimarlo, sin rechistar, solo mirándome con esos ojos asustados, como si no me hubieran visto nunca hasta ese momento de verdad.
Entonces me envolvió la culpabilidad, el dolor por haberme dejado llevar y lastimarlo a él, al único que no merecía de mí nada más que todo mi amor, él único que me ama como soy, sin juzgarme por nada, que sabe de todo mi egoísmo y tonta vanidad pero jamás critica alguno de mis caprichos, aunque yo sepa que en el fondo tal vez no está de acuerdo, o no le parezca bien. ¡Y dejarle ver también la parte oscura de mí! ¡Dejarle que se asqueara de mí y terminara por odiarme! ¡Eso no!
Desde ese momento me cuidé mucho de volverme a enfurecer con Tom; y me tragaba todas las rabias muy adentro: rabia por las cosas que hace mi madre contra nuestra relación, rabia por el silencio, por tener que fingir, por no poder decirte a todos que amo locamente a mi Tom y que no me importa nada lo que piense el mundo, rabia por todos los desprecios que había sufrido en mi infancia, por las burlas de quienes me han llamado maricón afeminado a veces en mi propia cara, por la estúpida forma en que nuestro padre nos trataba a Tom y a mí…. Esas y otras rabias que ni yo mismo podía explicar, y sobre todo la rabia contra mí mismo, por no sentirme realmente la persona que Tom necesitaba, porque tal vez Andreas tenía razón y yo no me merecía que me amara alguien como él.
Y todo solo explotó esa noche, con mi inseguridad acerca de por qué Tom no había querido acompañarme a Los Ángeles en el momento que lo habíamos planeado. ¿Acaso él estaba aburrido de estar conmigo todo el tiempo, de acompañarme a eventos de moda que yo sabía no le interesaban, y prefería tener su propio espacio? Pensé que quizás sería bueno que le diera su propio espacio, pero en el fondo algo me gritaba: ¡no, no quiero que tenga su propio espacio; lo quiero conmigo! ¡Solo conmigo porque él es mío, mi alma gemela, y yo no puedo ser nada sin él! Y me emborraché, perdí los estribos, y caí en la tentación de soltar toda mi rabia en otra persona, saber cómo se sentiría otra persona que no fuera él, si yo sería algún día capaz de sentir algo con alguien más. Y por supuesto, eso fue un gran error, porque claramente yo no puedo sentir nada por nadie más, ni siquiera verdadero deseo. Pero solo supe eso después de haberme equivocado, de haberme equivocado tanto, y entré en pánico a que él pudiera saber lo que yo había hecho y lo perdiera, justamente cuando él había aceptado unirse a mí para siempre en una ceremonia simbólica que significaría más para nosotros que cualquiera real. Y yo ensucié eso, lo sé; yo lo eché a perder todo al traicionarlo, al mentirle.
Pasé las manos por mi pelo ahora tan corto bajo el agua, desesperado, y me dejé caer llorando al piso. Entonces lo sentí a él abrazándome, levantándome en sus brazos y hundiendo su rostro en mi cuello.
—Déjalo salir, Bill; deja que vea todo de ti porque eso es lo único que va a salvarnos.
—Tom… —lo apreté a mi cuerpo, sin nada sexual, solo dejándome llevar por mis sentimientos y entonces lo escuché decirlo:
—Te amo, Billy; siempre te he amado y siempre te amaré, pase lo que pase.
Solo en ese momento sentí que yo era grande, que yo valía la pena, que era el hombre más feliz de este mundo.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin dejar un comentario.