
Fic TOLL de WifesKaulitz
Husbands capítulo 8

Bill me besaba por todos lados… me abrazaba, me decía cosas bonitas en el oído y mi cara estaba más roja que un tomate. Después de ese increíble sexo nos dimos una ducha, nos acostamos desnudos y bueno… era lo mejor que pude haber experimentado con él.
Estaba demasiado cariñoso y no era tan raro, solo que hoy excedía a lo que él normalmente solía darme de cariño.
— Lamento haberme puesto así por el tema de Heidi, ¿okay? confío en tí y yo no quería verme tan paranoico. — le beso en los labios para callarlo.
— Mis ojos solo te ven a ti, precioso. No necesito buscar a nadie más que no seas tú, ¿está bien?
— Chi. — me reí a carcajadas ante lo tierno que había dicho eso. Bill se sonroja demasiado, luego se cubre con las colchas para ocultar su carita pero yo no quería eso.
Quería verlo.
Amaba ver su rostro.
— No te cubras, bebé. Quiero verte. — susurré y con delicadeza le destapo para verlo. Suave vuelvo a besarle los labios, en medio de un suspiro jodidamente enamorado.
— A veces me siento muy estúpido, me haces dar ganas de llorar. Me cuestiono demasiado si soy bueno para tí, amor.
— Eres más que bueno, Bill. Eres el amor de mi vida y la persona con la cuál quiero compartir mucho tiempo. A penas estamos empezando y joder, Billy. Me fascinas.
Bill ladeó una sonrisa.
— ¿Quieres que salgamos a comer helado? quiero uno. — susurró escondiendo su rostro en el hueco de mi cuello y yo reí asintiendo, mientras le acaricio el cabello.
— Sí, amor. Lo que quieras.
Veo a mi chico dar un salto de emoción para ir corriendo al closet a buscar sus mejores prendas. Yo lo veo con una sonrisa desde la cama antes de levantarme y buscar ropa cómoda.
Opté por un terno deportivo y unos tenis Nike blancos, mientras que Bill se tomaba el tiempo de maquillarse, acomodarse el cabello, entre otras cosas más.
En lo que le veo arreglarse me cuestioné algo…
— Cielo, tú sabes que hemos tenido peleas con anterioridad… ¿verdad?
— Ujum.
— Y… nunca has actuado así como ahora, ¿por qué?
— ¿Está mal? — ladeó la cabeza para verme.
— No, no está mal… — me apresuré a aclarar, acercándome a él para rodearle la cintura por detrás mientras se aplicaba un poco de delineador. — Al contrario, me encanta. Es solo que… me sorprende. Siento que te estás esforzando tanto en que estemos bien, que a veces me pregunto si hay algo más.
Bill se detuvo con el pincel en la mano. El reflejo de sus ojos en el espejo me devolvió una mirada que no supe descifrar.
— ¿Crees que debería haber algo más? — preguntó él en voz baja, girándose para quedar frente a frente y no le respondí. — Tom… solo quiero que esto funcione bien, ¿sí? no quiero que vaya a pasar algo por mis inseguridades.
Me besó la punta de la nariz y su sonrisa se sintió un poco forzada.
— Vámonos. — entrelazó su mano con la mía para salir de la casa. Despejé mis pensamientos y solo disfruté de su compañía. El aire de la tarde estaba fresco y la ciudad se sentía extrañamente tranquila, como si el destino nos estuviera dando una tregua. Mientras caminábamos hacia la heladería, Bill iba pegado a mi lado, tomándome de la mano con fuerza y de vez en cuando me daba besos en la mejilla.
Cómo la heladería no quedaba tan lejos llegamos en menos de veinte minutos y nos sentamos en una de las banquetas mientras un mesero se acercaba a tomar nuestro pedido.
— ¿De qué sabor lo vas a querer?
— Uhm, quiero una copa de chocolate, con mucho dulce de leche… — respondió avergonzado. — Y si tienen chispas de colores, ponles. — yo hice una mueca observando el menú.
— Quiero una ensalada de frutas con helado de vainilla por favor. — el mesero asintió con la cabeza y se fue por nuestro pedido. Él mesero se tardó alrededor de diez minutos en preparar lo que pedimos y volvió, poniendo nuestros postres delante de nosotros. Nos deseó un «buen provecho» y me dispuse a comer.
Pero Bill tenía el entrecejo arrugado.
— ¿Qué tienes, cielo?
— Creo que ya no lo quiero. — yo arqueo una ceja y ladeo la cabeza. — Iré al baño. — no le dije nada, solo veo como se va a pasos apresurados y suspiré.
Me sentí muy confundido.
&
Antes de salir de casa le pregunté a mi esposo si es que quería venir conmigo a la cena y se negó porque tenía mucho dolor de cabeza y los dulces que se la pasó comiendo en la madrugada le hicieron daño al estómago.
Así que tuve que comprarle algunos medicamentos para que se le pase el dolor, prepararle una de las aguas que me hacía Charlotte cuando estaba pequeño y decirle que sí el dolor no se le pasaba con nada que me llame lo más pronto posible, que yo dejaría todo por ir a atenderlo.
No me importaría nada con tal de que esté bien.
— … ellos firmaron sin pensarlo. — comenta Heidi bajando del auto cuando finalmente llegamos a la casa que cuidan los Kaulitz de forma permanente. He de admitir que la piel se me erizó por completo sabiendo que los volvería a ver una vez más luego de la calurosa discusión que tuvimos después de aquella primera cena con Billem.
Me había prometido a mi mismo alejar a esas personas de mi vida y hacer como si nunca hubieran existido pero a veces la vida es puerca…
Los negocios nos volvieron a unir.
— Eso es bueno. — susurré metiendo las manos en los bolsillos y caminando con lentitud. El carro de la señora Wieger ya estaba bien estacionado en el garage de siempre y era señal de que solo faltábamos Heidi y yo.
— ¿Georg ya sabe que si se realizó?
— No lo he podido llamar porque he tenido muchas cosas en la cabeza.
— ¿Cómo cuáles?
Relamo mis labios observando a la rubia con cierta pena. — Bill está enfermo y me siento muy preocupado por él. Si te soy sincero me estoy arrepintiendo de haber venido a la cena, debí haberme quedado con él allá.
Heidi sonrió comprensiva.
— ¿Qué es lo que tiene?
— Dolor de cabeza y estómago, anoche se excedió comiendo dulces con bastante agua. Ni siquiera comió la pasta que preparó Bi porque dijo que le daba un poco de asco. Entonces no entiendo. — Heidi abrió los ojos y sus cejas se arquearon demasiado.
— Entiéndelo, creo que él está… — sus palabras fueron interrumpidas por la puerta siendo abierta por Charlotte.
Misma que se sorprendió al vernos a ambos juntos y no se reprimió las ganas de darme un abrazo que por obligación fue correspondido.
Nunca he sido una persona maleducada o mal agradecida.
— Oh, hijo… que bueno verte. Pasen, pasen. — se aferró a mi brazo para obligarme a entrar mientras llama a gritos a Jörg diciendo que ya estaba aquí mientras nos guían al enorme comedor. Del otro lado de la separación del comedor y la cocina se pudo visualizar a Devon junto a Simone preparando la comida que, por el olor, deduje que era un guiso de los que me encantaba.
— Por favor, tomen asiento. La comida ya casi está. — decía la señora Wieger y obedecí a su petición.
Mientras tanto Jörg aparece en escena con una botella de vino y seis copas para servir.
— ¡Tom! ¡Qué alegría verte, muchacho! — exclamó Jörg. Se veía igual que hace dos años o quizás un poco más canoso.
Acepté la copa de vino con una sonrisa fingida.
— Gracias por la invitación, huele demasiado bien.
— De nada, Tom.
— ¡A comer! — anunció Devon saliendo de la cocina con un cochecito hasta que llegó a la mesa. Sirvió en cada plato unas porciones generosas y dios, era mucho para mí estómago. ¿Acaso nos vió con cara de muertos de hambre? — Tom, ¿ya le contó su asistente que firmamos?
— Sí, por supuesto. — ladeo una sonrisa mirando a Heidi.
— Espero que cuando ya tengamos construido el albergue pueda darse una vuelta por ahí.
— Es más, me encantaría donar si eso es posible.
— Por supuesto. — asintió Simone sentándose frente a nosotros y observándome con una intensidad que me incomodaba. Después lo hizo Devon y ya todos nos encontrábamos en la mesa degustando el increíble plato de guiso.
Su sabor era mucho más intenso que el que probé por primera vez, ¿o era porque no he comido en mucho tiempo?
— Uhm, ustedes son… ¿esposos o algo así?
Heidi y yo nos atoramos con la comida.
— No. — reía Charlotte con gracia. — Tom está casado con nuestro hijo Bill, ¿recuerda que le platicamos sobre él?
La mujer asiente con lentitud.
— Yo también tuve un hijo de la peor manera y no esperaba volverlo a encontrar tan… pronto.
— Me alegra escuchar eso. — susurré. — ¿Y tiene más hijos o ya no?
— Sí tengo una de doce años y ya está en el colegio. Es muy inteligente.
— Y tierna. — añade Devon con una sonrisa. — Me atrevería a decir que se parece un poquito a…
— ¿Usted tiene hijos, Tom? — interrumpe Simone a su esposo antes de que terminara la frase y me sentí demasiado incómodo la verdad.
— No por el momento, mi esposo y yo hemos decidido esperar un poco más. Queremos disfrutar de nuestro matrimonio y luego veremos que pasa.
— Owww. — sonreía Charlotte con melancolía. — Ojalá cuando llegue ese momento nos dejen estar con ustedes.
Eso lo dudo mucho.
— Uhm. — asentía Simone con lentitud. — Tengo entendido que es mayor que tú, ¿no crees que fue muy pronto para casarse?
¿Ah?
— Okay… ahm… — no estaba dispuesto a hablar de esto con ella. Así que me puse de pie con una sonrisa que seguramente no fue nada amable y obligué a Heidi a hacer lo mismo.
Ella me ve con mala cara porque estaba degustando muy bien su guiso. — Gracias por la comida, estuvo bien pero tengo que volver a casa. Vámonos, Heidi. — di media vuelta, ignorando el rostro de la Señora Wieger y el de los Kaulitz que no entendían mi reacción. Caminé hacia la salida con paso firme sin ver atrás.
Fuera de todo eso.
No sé por qué hay algo en esa mujer que me hace pensar en la historia que me contaron mis papás cuando se supo la verdad de Bill.
¿Será ella mi madre?
&
Me sentía ansioso.
Luego de dejar a Heidi en su casa volví a la mía y no subí a ver cómo estaba Bill porque me encontraba en una crisis nerviosa. Así que Billem lo hizo por mí.
Caminaba de un lado a otro sin encontrar un lugar donde quedarme quieto mientras una lata de cerveza me acompañaba en la mano.
La cara de la señora Wieger me estaba torturando junto con sus palabras y mierda…
— Está vomitando, ¿por qué no lo llevamos al doctor? — comenta bajando las escaleras y finalmente me quedé quieto. Analizando ese rostro similar al de Bill.
Tragué saliva notoriamente e incluso se me olvida como respirar.
— ¡No quiero ir al doctor! — escuché la voz de Bill desde arriba. — ¡Estoy bien!
— Si, amor. Está bien. — hablé en un tono alto para que me escuche y me dejé caer en el sofá.
— ¿¡Por qué le haces caso!? ¡tenemos que llevarlo! ¡no es lo que él dice, mierda!
— Okay… — dejé de lado mi lata para ir a pasos lentos hasta las escaleras. Subía una por una lentamente hasta llegar a la habitación que compartimos juntos y veo a Bill en cama, con el televisor encendido y unas ojeras de mala muerte. — Amor, tenemos que ir… me preocupas mucho.
Bill hace un puchero cuando me acosté en la cama, con la cabeza apoyada en sus piernas mirando un punto fijo.
Solté un suspiro pesado en el momento en que sus manos me acarician las trenzas y cerré los ojos. — Estoy bien, créeme.
— Solo quiero asegurarme que no tienes nada grave, por favor.
— Te prometo que iré yo mañana mismo con Bi al doctor, ¿okay?
— Ujum.
— Gracias por entender. — sus caricias descendieron hasta llegar a mis espalda, haciendo que sintiera su calor. Me estremezco ante su contacto y mis ojos empiezan a llenarse de lágrimas. — No sé si tengo la nariz tan sensible o algo así, pero… hueles un poquito a cerveza y tu no tomas porque sí. ¿Qué pasó?
Y el llanto no lo pude ocultar.
Empecé a llorar como un crío jodidamente desconsolado.
— Oh, amor…
— Creo… creo que encontré a mi mamá, Bill.
Continúa…
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