
Fic TOLL de WifesKaulitz
Husbands capítulo 7
— ¿Puedo hacerle una pregunta, Heidi? — cuestioné sirviendo un par de copas de coñac para ella y para mí antes de retomar el papeleo de una propiedad. Ella asiente mientras bebe de la copa y yo apegué mi espalda en el estante de libros. — ¿Cómo fue su vida con Nick luego de enterarse que le fue infiel?
— Uff. — rió por lo bajo. — Me ha sido infiel muchas veces y estaba tan ciega de amor que culpaba a las personas con las que se metía. Pero el primero fue Bill y dolió mucho porque no soportaba que fuera más joven que yo y que le diera un hijo… algo que nunca pude darle yo.
— ¿Ha pensado en adoptar? hay muchos niños en orfanatos que buscan un hogar. Por ejemplo yo fui adoptado por los papás de Bill y no lo sabía, lo ocultaron bien. — le doy un sorbo a mi bebida y hago una mueca. — Ni siquiera sabía que antes de mi tuvieron un hijo y crecí pensando que era el único hasta que descubrimos la verdad. Ahora no los veo porque se fueron a vivir al campo y aunque pudiera verlos… sentiría algo de rencor.
— Entiendo… la verdad es que no he pensado nunca en adoptar porque como tenía a Billem y lo trataba como mi hijo… creí que no era necesario.
— Bueno. — ladeo una sonrisa caminando un poco más hasta sentarme finalmente en la silla. En eso suena el teléfono convencional y Heidi lo toma de inmediato.
— Oficina del señor Kaulitz… oh, sí. Claro. — entonces me pasa el convencional para que lo tomé.
— ¿Sí?
— Tom, necesito un enorme favor.
— Geo, ¿cuando te reincorporas, eh? nos hace falta ventas.
— Por eso te llamo, es que acabo de conseguir una millonaria y no puedo ir porque mi bebé está algo insoportable. Tasha está agotado y bueno, hazme el paro.
— Uhm, está bien…
— Gracias, la dirección te la mando al privado y debes ir ahorita. La señora se llama Simone Wieger.
— Sí, está bien. — colgué la llamada y me levanté de un brinco con emoción. Esas ventas así nos daban una super ventaja y no había que perder más tiempo. — Heidi, acompáñeme a ver unos clientes. — la rubia asiente con entusiasmo y sale detrás de mí. En el proceso me llega el mensaje de Georg con la dirección a la cual debía ir.
Recorrimos todo ese lapso de la empresa hacia el garage y del garage hasta la dirección lo más pronto que pude y bajé. Ahí afuera de la enorme propiedad había un auto de lujo con un par de señores que en cuanto nos ven, sonríen con emoción.
— Buenos días. — saludamos mi asistente y yo al mismo tiempo a la pareja.
— Hola, soy Simone y él es mi esposo Gordon.
— Mucho gusto. — estreché mi mano con la del señor. — Ella es Heidi, mi asistente y yo soy Tom.
— Genial. Como verá estoy interesada en la casa. Me comentaron que tiene un espacio amplio para poner a mis perritos porque lo quiero convertir en un albergue. También quiero ver si las habitaciones son dignas para el personal y también para los lugares donde los veterinarios van a trabajar.
— Espero que sea de su agrado. — comenté dejando que Heidi abriera la puerta de aquella casa para dejarlos pasar. Iba a empezar por el tour en la casa si no fuera por la llamada en mi teléfono. Pido que me den un momento de privacidad mientras Heidi tomaba ventaja explicando a los señores. — ¿Mhmm?
— ¿Vas a venir a almorzar, amor? es que voy a preparar lasaña porque se me antojó. — deseaba mucho decirle que sí pero me había propuesto comportarme como lo hacía él cuando estaba molesto nada más para darle una lección.
— Nop, no iré.
— Ay… no te pongas así. — puedo jurar que ahora mismo hace un puchero. — ¿Qué te parece si voy yo y comemos por algún restaurante que venda lasaña?
— No, estaré ocupado.
— Maldita sea, Tom Kaulitz. Si no vienes a almorzar te juro que iré a hacerte un escándalo a tu trabajo y estoy seguro que no quieres eso, mierda.
Tragué saliva porque lo creía capaz. — Sí, cielo. Está bien.
— Genial y trae dulces, tengo muchas ganas de dulces.
— Bueno.
— Te amo, amor. Dime qué me amas. — hice una mueca con ganas de reír.
— Te amo mucho, bebé.
— Okay, te espero. — finalmente colgó la llamada y al instante me llegó un mensaje de él con una foto.

Dios, ya la carcajada que se me escapó no la pude evitar.
¿Qué le pasaba?
— La casa es perfecta. — sonríe Simone cuando aparece ante mis ojos junto a Heidi y su esposo. Guardé el teléfono en el bolsillo para dar un par de pasos hasta quedar cerca. — Pero queremos seguir mirando más opciones.
— Está bien, no pasa nada. — ladeo una sonrisa.
— Con todo este es el número del señor Kaulitz para que puedan comunicarse con él por si se animan. — agregó Heidi tendiendo una tarjeta con mis datos a la mujer que se quedó rígida. Su esposo tuvo que aceptar por ella para no dejar la mano de Heidi extendida.
— Ha dicho… ¿Kaulitz?
— Por supuesto.
— ¿Usted es hijo de… Charlotte y Jörg?
— Ah… — arqueo ambas cejas. — ¿Los conoce?
— Si, por supuesto. Ellos cuidan… la casa en el campo y… y… viven allá.
— Bueno, algún día los visitaré. — comenté empezando a salir de la casa con ellos a mis espaldas.
— Con más razón debemos comprar esta casa. — recomendó su esposo muy sonriente. — Ahora entiendo por qué el servicio fue excelente. — la mujer fingió una sonrisa.
— Ujum, sí… Gordon, tú encárgate de eso mañana mismo que quiero esta casa.
— Si, y cuando ya la hayamos comprado me gustaría invitarlos a cenar a la casa del campo a ambos.
Yo solo asentí fingiendo una sonrisa.
&
Llevé flores y muchos bombones que ahora pensándolo bien fue un grande error.
Bill no probó bocado de la lasaña que preparó y se dedicó a comer los dulces con agua mientras le colocaba una de las muchas mascarillas a Billem en el rostro. Me causó gracia que cuando la mascarilla se secó, el chico a duras penas podía mover la cara y masticar de lo tieso que estaba.
— Muchas gracias por comprar cositas de aseo personal, me hacía falta todo la verdad. Me he descuidado un poco de mi mismo. — susurró medio avergonzado abriendo otro bon o bon.
— Me estoy arrepintiendo de haber comprado esos dulces, ¿sabes? — Bill hizo un puchero.
— ¿Crees que voy a engordar o qué?
— No, es porque no has comido la lasaña y se supone que tenías ganas.
— Pues ya no las tengo, amor. ¿Cuál es el problema?
— Deja que coma sus dulces, hay que consentirlo por el momento. — dice Billem terminando su plato y yendo a lavarlo.
— Bueno, por el momento quisiera informar a ambos que si cierro una venta… los compradores nos invitarán a Heidi y a mí a comer a la casa de campo donde están Jörg y Charlotte.
— Mhmm, bueno.
Miré a Bill algo extrañado. — ¿No te molesta?
— Sí pero es trabajo, lo único que no entiendo es ¿por qué dónde estarán mis papás y no en un restaurante cualquiera de la ciudad?
— Son conocidos.
Bill asiente con lentitud.
— Papá, ¿ya me puedo quitar esto? ¡me pica la cara!
— Sí, amor. Ve. — reí un poco al ver como Billem corría a toda prisa por las escaleras para ir al baño privado de su habitación.
— Estuvo buena la comida, Bill. Muchas gracias. Ya debo ir a trabajar. — levanté mi trasero de la silla para dejar el plato en el fregadero. Ya lo lavaría en la noche que regrese con más calma. Tanteo mis bolsillos para asegurarme que las llaves del coche estuvieran ahí y camino hacia la puerta pero sus manos suaves me detienen.
Puse mis ojos sobre los suyos y me derrito entero cuando hace unos ojitos tiernos.
— No vayas, quédate conmigo. No me has tocado y no sabes lo mucho que te deseo. — empezó con besos húmedos en mi cuello que me hicieron temblar.
— Quedamos en que cuando Billem estuviera en casa no pasaría esto, ¿lo olvidas?
Bill bufó jalando mi brazo hasta sentarme en el sofá y quedar frente a mí de brazos cruzados.
— Se irá con Nick a no sé dónde y vuelve en la noche. Tenemos toda la tarde para los dos, Tom. — relamo mis labios mientras mis ojos recorren su anatomía desde las piernas hasta la boca. Antes de que yo pudiera decir algo Billem estaba bajando las escaleras con suma prisa y nos miró.
— Ya me voy, se me hace tarde para ir con Nick. No sigan peleando más, por favor.
— Sí, amor. Cuídate. — se despidió de Bill con un beso en la mejilla y de mi con un ademán de mano para volver a salir corriendo. Cerró la puerta de golpe e hizo que los cristales vibraran por el azote. — ¿Entonces?
— Por eso quería quedarme más tiempo lejos, porque después ya no habría tanto para los dos.
Bill decide… decide empezar a quitarse la camisa y después el pantalón quedando solo en ropa interior. Mi entrepierna automáticamente empieza a despertar al verlo así de expuesto ante mí.
Vuelvo a explorar su cuerpo deteniéndome más de lo necesario en sus pezones y ladeo la cabeza.
— ¿Soy yo o tus pezones están hinchados, Bill?
— ¡No los mires!
— ¿Por qué no?
— Es que me da pena. — hice una mueca. Sus pezones endurecidos y ligeramente inflamados parecían una prueba irrefutable de que estaba mucho más excitado de lo normal.
— Yo pienso que se ven bonitos.
Bill se mordió el labio inferior cuando agarro su cintura y decido acercarlo para que se siente sobre mí con las piernas a los lados. Empiezo a besarlo con desenfreno, mordiendo y succionando su boca mientras mis manos aprietan su trasero como si estuviera haciendo masitas.
Decido bajar un poco más hasta su cuello, deslizando mi lengua hasta llegar a sus clavículas y finalmente sus pezones hinchados. Me encargué de succionarlos con suavidad porque cuando llegue ahí los gemidos de mi esposo eran como de… ¿dolor?
— ¿Te estoy lastimando?
— No importa, sigue. — empieza a menear sus caderas de adelante hacia atrás. — Mhmm… — el sonido húmedo de mi succión contra su piel mezclado con sus jadeos, estaba empezando a volverme loco. Cada vez que pasaba la lengua por sus pezones, sentía cómo su cuerpo entero daba un salto sobre mí y era porque le encantaba.
— Joder, Bill… — gruñí contra su pecho separándome solo un segundo para mirarlo a los ojos. Sus pupilas estaban dilatadas, oscuras, suplicantes. Su manos que antes estaban en mi cuello ahora bajaron hasta el botón de mis pantalones, deshaciéndose de la hebilla con una torpeza desesperada que solo aumentaba mi propia urgencia.
— No quiero esperar a llegar a la habitación. — susurró él con la voz tan ronca que me hizo temblar. — Quiero que sea aquí. Ahora mismo. — cuando ya liberó mi masculinidad llevó la mano a su boca para escupir un poco y embarrarlo en mi glande húmedo.
Se hace a un lado la ropa interior y dios… sentí que me iba a estallar el corazón.
Hundió mi polla por completo en su interior de un solo golpe, llenándose con mis centímetros. Bill arqueó la espalda de forma violenta, clavando sus uñas en mis hombros y con la boca entreabierta.
— Ah… ¡Tom! — chilló mi nombre mientras yo empezaba a arremeter con crueldad en su contra, disfrutando de cada pequeña expresión de placer que cruzaba su rostro. Me muevo de arriba abajo sin dejar de apretar su culo y su ahora vuelvo a meter uno de sus pezones a mi boca. — ¡Mhmm!
~Dios, mhmm…~
Estar así con él sobre mí, sintiendo cómo se acomodaba a mi tamaño y cómo su interior me envolvía como si hubiera sido diseñado exclusivamente para mí, era una tortura deliciosa que no quería que terminara nunca.
Estaba perdiendo la compostura, su cabello desordenado lo hacía ver sexy y sus labios… ay, mierda… sus labios hinchados y rojos por mis mordidas, dejaban escapar unos gemidos que me hacían querer ser mucho más bruto con él.
— Billy. — gimoteaba embistiendo con un ritmo salvaje, buscando ese punto exacto que lo hacía perderse.
Cada vez que yo subía la cadera para profundizar, él se hundía en mí sincronizándose y dejándome sin aire.
— ¡Más… más fuerte, Tom! — aceleré el ritmo, convirtiendo cada estocada en un golpe seco contra su cuerpo. Podía sentir el sudor de su excitación mezclándose con la mía, la lubricación natural haciendo que cada movimiento fuera jodidamente fluido. Sus jadeos se volvieron más rápidos, casi sollozos de puro placer, y vi cómo sus ojos se iban en blanco cuando mis embestidas empezaron a rozar esa parte de su interior que sabía que lo hacía explotar. — Tom, ya… no… ¡no aguanto! — gimió, apretando los muslos contra mis caderas, intentando aguantarse.
Pero no se lo permití.
— No pares, Bill, ¡dámelo todo! — respondí agarrándolo de la nuca para acercar su boca a la mía y callar sus gemidos con un beso justo en el momento en que empecé a sentir cómo sus paredes internas comenzaban a contraerse y me mojaba por completo la ropa.
— ¡Mhmm, Tom! — me pareció de lo más excitante su gemido que me hizo llegar a mí también en su interior, dejando que le entre todo de mis jugos sin que nada quedara afuera. — Dios…
— Joder, mi amor…
Bill me abraza y yo también a él con muchas fuerzas.
Continúa…
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