
Fic TOLL de WifesKaulitz
Husbands capítulo 5
By TOM
— Wow. — fue lo único que pude decir al ver a Billem y a su novia semidesnudos. Billem estaba a punto de encajarla en aquella chica en cuatro y no pude evitar taparme la boca con vergüenza.
En cambio la cara de Bill fue demasiado graciosa y quería echarme a reír por la situación tan incomoda en la que se encontraba pero no quería que me mate si ya nos habíamos reconciliado.
— Papá… y-yo…
— Silencio. — pidió levantando la mano y Billem de inmediato asintió, agachando la cabeza luego de haberse sentado de golpe cubriendo su masculinidad flácida entre sus manos.
Por mi parte tuve que meter las maletas hasta cierto punto de la sala y pararme a un ladito sin interrumpir nada.
— Creo que me voy. — susurró su novia acomodándose el vestido. Luego se pone de pie de un brinco e hizo el intento de irse pero Bill no se lo permitió.
— No he dicho que te vayas, ¿entendido? vamos a hablar.
Así como se levantó, se sentó.
— Billem, muéstrame el puto preservativo.
— No lo tengo… — susurró.
— ¿Y tú? ¿te cuidas con algún método anticonceptivo?
La chica ladeó la cabeza. — Uhm… no… pero si sé del post day. Pudo haberlo comprado y ya… tampoco es que me la vaya a echar dentro.
— Ah, mira. Que fresca. — rió Bill sin una pizca de gracia.
— Pues sí, obvi.
Bill iba a tener un colapso ahí mismo…
— Escucha, Bi. A mí no me importa si tú decides empezar a explorar tu vida sexual pero siempre tienes que hacerlo con cuidado. En la habitación de limpieza tengo preservativos y lo sabes, me has visto acomodarlos ahí. ¿Cómo es posible que no hayas tenido la delicadeza de tomar tan solo uno, eh? porque por como habla esta chiquilla debe tener más experiencia en el sexo que tú y no sabes cuántas enfermedades e infecciones puede haber si no hay gorrito de por medio.
— Ella me dijo que también era su primera vez… — susurró avergonzado.
— Pero contigo. — aclaró su novia. — Y ya no quiero seguir teniendo esta conversación, me siento incómoda. — nuevamente se pone de pie para caminar rumbo a la puerta.
— ¿Tú papá sabe que estuviste aquí?
Ella se tensó.
— Me lo imaginé… aún así voy a hablar con él sobre esto para que te eduque, jodida irresponsable. — la chica para no encontrarse más en esa situación solo decidió irse corriendo. Billem soltó un suspiro profundo acomodando sus pantalones y poniéndose la camisa para luego abrazar un cojín y encogerse en el sofá, escondiéndose de la mirada fulminante de su papá. — Vaya bienvenida. — murmuró finalmente sentándose en el sofá individual.
— Lo siento, papá.
— Bueno… ya Tom te enseñará a ponerte un preservativo mediante un pepino, qué se yo.
— Más que un pepino diría una flauta.
Los dos Bill me miraron sin expresión alguna y quería que la tierra me tragara.
Si lo decía era porque Billem tenía el miembro largo y delgado como es una flauta…
— Perdón.
— Okay… — susurra mi esposo. — Ve a buscar lo que sea, quiero que se lo expliques ahora porque el imbécil de Nick no lo hará nunca.
Di media vuelta a toda prisa y me metí directo al cuarto de limpieza. Abrí el cajón donde apartado dónde estaba la caja de preservativos que Bill guardaba con tanto recelo. Agarré un par y luego fui hasta la cocina para buscar pepinos pero no había y ni de coña iba a buscar una flauta de verdad para darle la razón a mi propio chiste. Al final agarré una banana media verde y vuelvo hasta la sala.
Tomé asiento quedando justo frente a mi hijo, saqué el paquete del bolsillo y lo arrojé sobre la mesa de centro con un golpe seco. Luego, le mostré la banana y suspiré.
—A ver, escucha… — pedí con voz suave. Billem asomó los ojos por encima del cojín, tragando saliva con dificultad mientras asentía lentamente. — Primero que nada, esto no es un juego. — le dije, tomando el empaque cuadrado entre mis dedos. — Se revisa la fecha de caducidad siempre y nada de abrirlo con los dientes como si fueras un maldito animal en una película porno porque lo vas a romper y no te vas a dar cuenta. Esto se abre con la yema de los dedos con cuidado, por la ranura.
Rompí el plástico de un solo movimiento limpio y saqué el anillo de látex, sosteniéndolo frente a su cara. De reojo, vi que Bill veía la escena manteniendo los brazos cruzados pero con la expresión un poco más relajada.
— Presta atención al derecho y al revés. — continué, colocándolo en la punta de la banana. — Tienes que apretar la puntita aquí arriba para que no quede aire atrapado. Si queda aire, el látex se revienta con la fricción, ¿entendido? Y una vez que está fijo, lo desenrollas hasta el final. Sin prisas, sin flojera y mucho menos con excusas estúpidas de que estás muy apurado por meterla. Si tienes tiempo para lo bueno, tienes tiempo para ponértelo.
Billem miraba la fruta como si fuera un artefacto alienígena, con las mejillas todavía encendidas pero escuchando cada palabra con atención.
— Y lo más importante… no echarla dentro no es un método anticonceptivo. Los líquidos previos también preñan y también contagian. ¿Te quedó claro?
—Sí, papá… claro. — susurró mi hijo, con la voz llena de culpa. Miró el empaque vacío en la mesa y luego me miró a mí. — De verdad, lo siento. No va a volver a pasar.
— Okay, está bien. Es lo que necesitas saber para follar como loco.
— ¡Tom! — regañó Bill dando un golpe en el sofá y me reí con gracia.
Espero haberlo hecho bien.
— De acuerdo… — el móvil de Billem empezó a sonar de inmediato interrumpiendo sus propias palabras. Pidió permiso para contestarlo y caminó hasta la cocina. — ¿Sí?… ajá, mis papás ya están en casa, ¿todo está bien?… oh, okay. Yo les aviso. Muchas gracias, tío.
Bill y yo nos miramos al mismo tiempo.
— ¿Todo bien?
— Tenemos que ir a casa del tío Georg… con tantas cosas olvidé avisarles que la bebé de Tash ya nació y ahora ya está en casa, quiere que vayan a conocerla.
— Oh, por Dios. — soltó Bill dando un brinco del sofá. Su expresión cansada fue reemplazada por una sonrisa y esos ojos brillantes que ponía cada vez que se emocionaba por algo. — ¡No me jodas! ¡Vámonos ya!
— Sí, amor. De acuerdo. — caminé hasta la cocina a paso apresurado para tomar una servilleta y limpiarme las manos. Luego agarré las llaves del auto de la barra de la cocina y caminamos los tres hacia la cochera para subir al Cadillac. Me encargué de abrir la puerta automática desde aquel botón y saqué el coche. Obviamente me quedé a esperar que se cerrara para ponerlo a andar hacia la casa de Georg.
Si hicimos una parada para comprarle cositas a la bebé y también a Natasha a petición de Bill.
Entonces cuando llegamos a la casa Listing nos recibieron bien y mi esposo no duda en correr junto a Billem hasta donde su mejor amigo para cargar a la bebé entre sus brazos. Mientras tanto Georg, Gustav y yo nos sentamos en el sofá con unas cervezas enlatadas bien frías.
— Estoy feliz, ojalá que en unos años más pueda tener un niño. — comenta Georg con entusiasmo.
— ¿Y qué hay de tí, Tom? — relamo mis labios pensando.
— Bill y yo decidimos disfrutar más tiempo de pareja antes de tener hijos.
— ¿Y qué te gustaría que sea?
— Lo que sea, igual lo voy a querer.
Geo y Gustav se rieron de mi respuesta y yo solo me encogí de hombros.
&
Finalmente había retomado mis labores en el trabajo y estaba algo pesado. Habían sido solo siete días los cuales no estuve presente y se había hecho un desastre total.
La empresa de bienes-raíces que manejaba junto a Gustav y Georg había ascendido de lo lindo y ahora éramos una de las mejores del país. Yo me encargaba de la gerencia, Gustav del departamento financiero solo porque no confiaba en nadie para administrar el dinero y Georg era el mejor vendedor.
— Traté de hacer lo mejor que pude para que no tengas tanto trabajo pero no lo terminé. — murmura Heidi, mi asistente.
Y… sé que está mal que ella trabaje conmigo por la rivalidad tan personal que tiene con Bill pero fue recomendación de Billem y me lo pidió a punto de ponerse de rodillas.
Por supuesto que Bill se iba a enterar de que ella trabaja conmigo pero no he encontrado el momento correcto para hablar de eso.
— De acuerdo. — suspiré levantándome de mi asiento para ir al baño a lavarme la cara porque me moría de calor. Aproveché también en hacer mis necesidades tomándome el tiempo suficiente y luego salir. — Tengo mucha flojera, ¿sabe? ojalá siguiera de vacaciones con mi esposo.
— Uhm, hablando de su esposo, Tom. Hace un momento lo llamó y me tomé el atrevimiento de responder desde su número personal.
Parpadeo reiteradas veces observando a la rubia antes de tomar mi teléfono para desbloquearlo y marcar de vuelta el número de Bill.
Sentía como mi corazón golpeaba duro y feo en el pecho porque estoy seguro de que pensaría lo peor…
— TOM KAULITZ, ¿¡QUÉ MIERDA HACE LA PERRA PUTA DE HEIDI CON TU TELÉFONO, EH!? — fue lo primero que gritó en cuanto me responde y camino hasta la ventana a pasos lentos.
— Hola, mi vida. Te lo puedo explicar, ¿te parece si comemos por aquí cerca de la empresa? — hice una pausa para mirar mi reloj y continué. — Ya casi es mi hora de almuerzo.
— No seas idiota, por favor. No quiero comer contigo, es más, ¡quiero el divorcio! — y colgó la llamada dejándome histérico pero divertido a la vez.
Tomé aire antes de girar para volver a mi escritorio y ver a Heidi con molestia mientras guardo mis cosas.
— ¿Todo está bien?
— No en realidad, estoy molesto con usted. No debe tomar mi teléfono personal a si suene cinco o seis veces. Usted solo encárguese del teléfono convencional y ya, nada más.
— Lo siento, no creí que fuera tan malo…
— Lo es. — respondo tajante. — Y ya me voy, no vendré en la tarde así que cualquier cosa que sea del departamento de gerencia hable con Gustav que está al tanto de esto o solo déjeme un mensaje, yo lo revisaré luego. — ella asiente con lentitud sin dejar de verme hasta el momento en que salí de la oficina.
Próximamente salgo de la empresa hasta el estacionamiento para subirme al auto e ir a mi casa pero hice una escala fuera de una floristería comprando rosas ya que a pesar de estar casado no tenía que perder la costumbre de coquetear a mi pareja.
A parte de esas flores compré un peluche y bueno.
Finalmente estaba fuera de casa.
— ¿Bill? — saqué la cabeza por la puerta sin entrar del todo y un vaso de cristal lleno de agua se estrelló en la madera a propósito. Reaccioné rápido cerrando la misma con el corazón acelerado. — ¡Oye!
— ¡Lárgate de mi casa, carajo! ¡no te quiero ver! ¿¡qué mierda pasó con la puta transparencia entre familia, eh!? ¡imbécil!
— ¡Escúchame primero y después me lanzas lo que quieras!
Hubo un silencio detrás de la puerta y luego un suspiro. — Okay, entra. No voy a hacer nada.
No le creía pero decido arriesgarme abriendo la puerta del todo e ingresando con las flores y el peluche en manos, mismo que señala con el rostro encendido de la cólera.
— ¿Estás… diciéndome indirectamente que soy un cornudo con ese peluche, Tom? — fruncí el ceño observando el peluche en mi mano izquierda y suspiré.
El diseño era un venado pequeño y fue una compra genuina.
Sin doble intención.
— Oh, no. Y-yo… solo quería ser detallista contigo, ¿¡por qué piensas eso!?
— Porque Heidi te quiere robar de mi lado así como yo intenté robarme a su marido. — dejé las flores de lado junto con el peluche para después sentarme en el sofá con la espalda recostada en el espaldar.
Miraba el techo en completo silencio.
— ¿De verdad piensas que te sería infiel?
Continúa…
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