
Fic TOLL de WifesKaulitz
Husbands capítulo 3
Habíamos ido a compartir en las salas de juegos y por desgracia ahí estaban los niños que Tom enseñó a jugar natación.
— ¿Quieres ir a jugar, Tom? — habían dicho a penas lo vieron. Hice un puchero porque no quería que lo saquen de mi lado pero tampoco quería ser egoísta.
— Mi novio me pega. — hace una mueca de tristeza, revolviendo el cabello rizado de aquel morenito.
— ¿Ouh? ¿de verdad le pegas si juega con nosotros? — cuestionó ahora un niño rubio de ojos azules y me atraganté con mi propia saliva, sintiendo que las mejillas se me encendían de golpe ante las miradas curiosas e inocentes de esos chiquitos. Los ojos azules del rubio que había hecho esa pregunta estaban abiertos de par en par, llenos de una genuina preocupación que me hizo querer que la tierra me tragara ahí mismo. — ¿Mhmm?
— ¿Qué? ¡No, no, no! — exclamé agitando las manos con rapidez, sintiendo un tic nervioso en el ojo. — Yo no le pego a nadie, si puede ir… no tengo problema.
Mi muy maldito sexy esposo se echó a reír.
— ¡Super!
— Ya lo oyeron, chicos. — siguió Tom el juego con una confianza que me daban ganas de asfixiarlo con su propio gorro negro. — Hoy amaneció de buenas y me dio permiso, pero si me tardo mucho… pfff, directo a dormir a la tina.
— ¡Tom, cállate de una puta vez! — murmuré entre dientes, dándole un codazo en las costillas que solo sirvió para que él soltara otra risa. — Y ya vete a jugar.
— ¡Bien! ¡Entonces ven a jugar Air Hockey con nosotros, Tom! — chilló el morenito tirando de la camisa de Tom con insistencia.
— Ve, yo iré por un trago a la barra de aquí al frente. — sonreí cruzando mis brazos. Mi novio asiente con la cabeza, me da un beso suave en los labios y los niños emitieron un sonido de asco antes de dejarse arrastrar hacia las mesas de juego. Reí divertido por eso.
Mientras tanto doy media vuelta para ir hacia la barra de la disco de enfrente y pido un daiquirí bien frío. Me apoyé en el mostrador, observándolo desde lejos a Tom que se había agachado a la altura de la mesa, dándole golpecitos al disco con el mazo y festejando de forma exagerada cada vez que los niños metían un gol.
Joder, la tipa de la piscina tenía razón… se le daba jodidamente bien el papel de padre aunque pensara que era muy pronto.
Uhm… con tanta emoción por la luna de miel se me había olvidado preguntar si de casualidad en el crucero había alguna señal de wifi ya que luego de tres días por fin quería darle señales de vida a mi hijo.
Entonces terminé mi daiquirí de un solo trago, sintiendo cómo el frío me asentaba un poco el estómago. Saqué mi teléfono del bolsillo, mirando la pantalla sin una sola barra de señal. Caminé a pasos rápidos hacia la recepción VIP que estaba justo a un lado de la entrada de la discoteca. La chica detrás del mostrador me atendió de inmediato en cuanto vio mi brazalete de la suite presidencial.
— Buenas noches, disculpa… — comencé acomodándome el cabello. — Se me olvidó preguntar si es que hay alguna señal de Wi-Fi disponible en esta zona.
— ¡Por supuesto, señor Kaulitz! — respondió con amabilidad tecleando rápidamente en su pantalla. — Al ser huéspedes de nuestra categoría VIP, tienen incluido el paquete de internet satelital de alta velocidad Starlink para todos sus dispositivos durante todo el viaje. Solo debe buscar la red del barco en su teléfono, ingresar su apellido y el número de la suite. La conexión es excelente incluso en medio del océano.
— Perfecto, muchas gracias. — sonreí sintiendo un alivio tremendo. Me aparté un poco hacia una de las columnas de cristal para tener algo de privacidad. Conecté el Wi-Fi, puse los datos y, en menos de lo pensado el teléfono pareció cobrar vida propia. Empezó a vibrar de forma descontrolada en mi mano, una notificación tras otra inundando la pantalla.
Entre alertas de redes sociales y correos de la constructora que decidí ignorar olímpicamente, lo primero que saltó fue el chat de Billem. Había varios mensajes suyos de los días anteriores preguntando si ya habíamos llegado y un par de fotos de él con Tasha comiendo pizza.
Sonreí como un idiota, sintiendo que el pecho se me inflaba de amor. Me dispuse a teclear rápido para escribirle pero mejor era una videollamada.
— ¿Papá? — escuché su tierna voz y no pude evitar sonreír.
— Hola, mi amor. Perdón por la tardanza y la hora, el barco es una locura e inmenso. ¡La emoción nos consumió, bebé!
Billem rió por lo bajo.
— Me lo imagino, pa. Qué bueno que estén disfrutando y no se preocupen por dar señales de vida, eh.
— ¡Oye, tampoco te acostumbres a mi ausencia, jovencito! — bromeé, fingiendo indignación mientras me apoyaba mejor contra la columna disfrutando al máximo de ver su carita a través de la pantalla. — Aunque me alegra ver que te están cuidando bien. Por cierto, ¿ya parió Tasha?
— Aún no, papá. — respondió Billem, acomodando el teléfono para que pudiera ver parte de la sala de nuestra casa. Se le notaba tan relajado y contento que me hizo sonreír. — Pero por el momento quisiera hablar contigo de otra cosa, ya sabes que entre nosotros no hay secretos y eso, ¿verdad?
— Así es, amor. ¿Todo está bien?
— Uhm, no sé cómo lo vayas a tomar… pero… — inhaló profundo y exhaló lento mientras sus mejillas se tornaban de un ligero color rosa. — Ayer fui a comer con mi novia a KFC y vi a Nick cenando con una mujer.
Palidecí.
— Él se dió cuenta de mi presencia y nos invitó a comer con esa señora que dice ser su esposa… creo que ella se llama Ría o algo así. — olvidé como responder y sentí un frío espantoso recorrerme desde la nuca hasta los pies. Apreté el teléfono con tanta fuerza que los dedos me dolieron. Intenté mantener la voz firme para no asustar a mi niño, pero el temblor en mis labios era imposible de ocultar.
— ¿Nick…? — repetí arrastrando el nombre con terror. — ¿Te… te hizo algo, Billem? ¿Te dijo algo que te incomodara?
— No, pa. Para nada. — respondió Billem de inmediato, agitando una mano frente a la cámara al notar mi cambio de semblante. — Al contrario, estuvo… extrañamente tranquilo. Nos pagó la comida y no paraba de decir que quería hacer las cosas bien ahora que tiene una nueva vida. La tipa esa fue amable y todo. Me decía que quiere acercarse a mí y que le diera la oportunidad.
— Y… ¿decidiste hacerlo, amor? ¿le diste la oportunidad?
Billem asintió lentamente.
— Okay. Hiciste bien en decírmelo, bebé. — susurré forzando una sonrisa que pareció una mueca de terror. — Eres muy maduro, mi vida. Me gusta eso pero cada que vayas a reunirte con Nick quiero que le avises a tus tíos, ¿está bien? hasta que yo regrese.
— Sí, papá. Está bien… no te preocupes por mí, disfruta mucho tu luna de miel. — Billem me dedicó una mirada dulce que me removió algo en el pecho e hizo que me imaginara lo peor.
¿Qué tal si volvió para quitarme a Bi?
Uff…
— No dejes que esto te arruine el viaje, ¿sí? Prométemelo. — asiento lentamente no muy convencido. — Dale un abrazo a Tom. Te amo.
— Yo más, mi amor. Cuídate mucho. — respondí en medio de un susurro antes de cortar la llamada.
Me sentía con pánico y trataba de meter aire a los pulmones, pero sentía que me ahogaba. Billem era un chico demasiado bueno, demasiado noble, y Nick… Nick sabía perfectamente cómo manipular las situaciones.
Yo no le creía esa repentina amabilidad barata pagando una cena en KFC… todo apestaba a una maldita estrategia en mi contra o quizás en contra de Tom. Una estrategia para meterse de nuevo en nuestras vidas ahora que Tom y yo por fin habíamos alcanzado la felicidad, ahora que por fin éramos una familia real ante la ley.
Me limpié una lágrima de frustración que amenazaba con correrse por mi delineado y me obligué a componer el rostro.
Inhalé profundo una última vez y caminé de regreso hacia la sala de juegos, forzando la sonrisa más convincente. Cuando crucé la entrada busqué a Tom con la mirada y lo encontré jugando una carrera de motos rodeado de más niños.
Tuve que acercarme lo suficiente para hacerme notar y los tres primeros niños que nos toparon hicieron un «aayyy» en desacuerdo porque sabían que Tom ya tenía que irse.
— Es hora de volver.
— ¡Nooo! — exclamaron todos al mismo tiempo con un puchero, haciendo reír a Tom.
— ¡Un ratito más!
— Oh, claro que no. — murmuró Tom bajando de la moto de plástico. — No hay que desobedecer, ¿verdad? — los niños asintieron tristes al mismo tiempo. — Okay, ya me tengo que ir pero en otro momento podemos volver a jugar. — rápido se despidió de los niños y entrelazó mi mano con la suya para dejarse llevar hacia la habitación casi arrastrando.
Una vez que estuvimos solos abrí la puerta que daba al océano para que entre aire y volví a él.
— ¿Todo está bien?
— Es Nick. — murmuré abrazándome a mi mismo. — Ya salió de prisión y… y le pidió una oportunidad a Billem para comenzar de nuevo y… y yo no le creo. Estoy seguro que nos quiere hacer daño, no podemos permitir eso, Tom. — balbuceo con lágrimas en los ojos.
Mi esposo suspira dejando caer su cuerpo sobre la cama con los brazos extendidos y mira el techo.
— Faltan cuatro días para volver.
— No podemos esperar esos cuatro días, ¡quiero regresar mañana mismo a donde mi hijo!
— Calma… Billem está grande y sabe lo que hace. Además no está solo, tiene a sus tíos con él. No te preocupes.
— ¡Agh! — doy un golpe en la pared. — ¡Tú no entiendes mi puta preocupación! — dicho eso corrí a encerrarme al baño ignorando los llamados de Tom al otro lado.
&
— ¿Cuál es la posibilidad de que me lleven al puerto más cercano para tomar el primer avión hacia Alemania?
La chica de la recepción abrió los ojos de par en par, completamente descolocada por mi pregunta.
Tecleó algo a toda prisa en su pantalla para darme una respuesta pronta.
— A ver… déjeme revisar la ruta actual del navío. — murmuró con voz tensa. — Ahora mismo nos encontramos en aguas internacionales, navegando por el Atlántico. Nuestro próximo puerto de escala programado es en tres días… sin embargo, debido a las estrictas políticas de seguridad marítima y las leyes de fronteras, no es posible desviar el crucero ni realizar un desembarco de emergencia a menos que se trate de una evacuación médica de extrema gravedad certificada por el doctor a bordo.
— Okay. — respiré profundo. — Muchas gracias.
Doy media vuelta caminando por todo el crucero hasta llegar a una barandilla y apoyarme mirando el agua.
Me sentía tan jodidamente impotente. Tan ridículamente lejos.
¿O es que me estoy alarmando y todo está bien?
— Sé perfectamente lo mucho que te preocupa, Bill. No vuelvas a decirme que no lo entiendo. — soltó una voz ronca a mi lado.
De soslayo veo a Tom arrimarse en la misma barandilla mirando a la nada.
— Billem aceptó acercarse a él.
— Sí, lo sé. Lo he llamado y me ha dicho que está todo bien. Qué lo primero que te dijo es que no te preocupes y que disfrutes. — solté un suspiro terrible sintiéndome estúpido.
— Es mi hijo, no puedo evitarlo. Nick siempre juega sucio.
— Nuestro hijo no es tonto. Si aceptó es porque es demasiado noble, pero no va a caer en sus juegos. Y si Nick intenta pasarse de listo… Tasha no va a dejar que ese imbécil respire el mismo aire que él si nota algo raro. Confía en ellos. Confía en nuestro hijo.
En eso tenía razón…
— Oh, joder. — susurré dejando de lado la barandilla para rodear el cuerpo de Tom entre mis brazos. — Está bien, está bien… voy a calmarme.
— Me alegra escuchar eso, ¿te parece si vamos a comer algo? me muero de hambre. — asentí con la cabeza al separarme y dejé que me diera un beso suave en los labios. — Te amo, ¿está bien?
— Si, Tom. Te amo también.
Continúa…
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