
Fic TOLL de WifesKaulitz
Husbands capítulo 13
Dos meses de embarazo (8 semanas)
El invierno comenzaba a bajar, pero las mañanas en la casa seguían siendo lo suficientemente frías como para quedar pegado al cuerpo de Tom. Mi vientre ya no estaba tan plano, ahora lucía una curvatura sutil que se notaba perfectamente cuando estaba desnudo.
Tom se había tomado muy en serio lo de cuidarnos. Aquella mañana, antes de levantarse para ir al trabajo, lo sentí deslizar sus manos por debajo de mi camiseta. Se inclinó sobre mí, dejando un camino de besos suaves desde mi cuello hasta detenerse justo ahí.
— Buenos días, mi amor… buenos días a ti también, cosita. — apoyó la mejilla contra mi vientre. — Hoy les voy a preparar el desayuno.
Sonreí estirando los brazos para tocarle la cabeza y luego obligarlo a subir a besarme en los labios.
— Te amo, bebé.
— Te amo también mi vida.
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Tres meses de embarazo (12 semanas)
Cumplimos el primer trimestre y con ello llegó la primera ecografía del bebé, para eso fuimos los tres a la clínica.
Bi estaba sentado en una esquina de la sala un poco nervioso, moviendo la pierna sin parar, mientras que Tom no me soltaba la mano ni un segundo.
Cuando la doctora colocó el aparato sobre mi vientre, el monitor se encendió. De inmediato un sonido nos indicó que eran los latidos del corazón de nuestro bebé.
Miré a Tom de reojo y vi cómo se le humedecían los ojos. Luego apretó mi mano con fuerza.
Bi se puso de pie de golpe, acercándose a la pantalla con la boca abierta. — No lo puedo creer. —susurró.
Tom lo rodeó con el brazo por los hombros, pegándolo a nosotros para disfrutar mejor de la escena.
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Cuatro meses de embarazo (16 semanas)
Las náuseas por fin desaparecieron y fueron reemplazadas por hambre. Mi vientre ya era más grandecito, redondo y hermoso que no se podía ocultar, especialmente cuando andaba por la casa usando solo los bóxers de Tom y sus camisas gigantes.
Una noche de lluvia, mientras Tom revisaba unos contratos en la barra de la cocina, me acerqué por la espalda y le robé un trozo de fruta que estaba picando. Él se giró, atrapándome por las caderas con una sonrisa juguetona, y me pegó a su cuerpo. Su mirada bajó de inmediato a mi pancita, que empujaba la tela de la camisa.
— Mira cómo está creciendo, Billy. Estoy demasiado contento por tenerlo entre mis brazos. — dijo con orgullo, agachándose un poco para besar la curva a través de la ropa.
— Cállate y hazme fruta. — reí echando la cabeza hacia atrás cuando se reincorpora para comenzar a morder suavemente mi cuello.
— Otra clase de fruta te quiero hacer, amor.
— Todavía no.
— Bueno, mi vida. — suspira derrotado alejándose de mi para prepararme la fruta que le pedí.
&
TOM
Cinco meses de embarazo (20 semanas)
Bill estaba enojado conmigo porque no lo abracé durante toda la noche por dormirme primero…
¿Es normal tanto enojo en el embarazo?
— Me ha pedido que compre cosas dulces. — susurró Heidi una vez que me senté en el escritorio. Yo solo asentí empezando a revisar mi computador. — Mi abuela decía que cuando se tiene antojos de cosas dulces puede ser niña y cuando es salados o ácidos puede ser niño. Entonces pienso que vas a ser papá de una niña.
— No importa. — murmuré en medio de un suspiro. — Lleva esas hojas a que Gustav las firme, por favor. — mi asistente asiente agarrando todas las carpetas para salir dejándome en un silencio incómodo entre mi esposo y yo ahora que había decidido acompañarme al trabajo solo porque no quería estar solo.
No soportaba estar así con él más tiempo… necesito de su amor. Así que me levanto de la silla, me quito la chaqueta. Arremangué los puños de mi camisa hasta los codos y me paré delante de él con las manos en los bolsillos.
Veo como se sonroja y finge ponerle más interés al libro que está leyendo pero le sale fatal.
— ¿Por cuánto más estarás así?
— No lo sé, Tom. — mordí mi labio inferior. Agarré el libro que estaba leyendo para tirarlo lejos de mi vista y me arrodillé delante de él. Tomé sus manos entre las mías y besé reiteradas veces sus nudillos. Bill desvía la mirada a cualquier lugar de la oficina con tal de no mirarme pero lo obligo a hacerlo.
Subí una mano hasta su mandíbula para sostenerla con suavidad y robarle un besito en los labios.
— Te amo.
— Y yo te amo también pero es que eres un imbécil.
— Eso, insúltame. — susurré mientras ahora me acomodo a su lado en el sofá y lo abrazo. Hago que su cabeza quede recostada en mi pecho y le acaricio el cabello con suma delicadeza. Mi corazón pronto iba a estallar por volver a tenerlo así tan cerca de mí. — Soy un masoquista de lo peor y no me importa.
— Ujum…
— ¿Me dejas darte un beso? — Bill levantó la cabeza para darme un beso rápido antes de volver a recostarla sobre mi pecho. — Agh, uno de verdad.
Exhaló levantando la cabeza nuevamente.
— Solo uno. — me incliné hacia él despacio, dándole el tiempo de arrepentirse si quería, pero Bill acortó el último centímetro de distancia levantando un poco el mentón y nuestros labios se unieron.
Mis manos bajaron por su cuello hasta aferrarse a su cintura por encima de su saco, pegándolo a mí con esa maldita necesidad de sentirlo así de cerca. Bill soltó un jadeo bajito entre mis labios y subió sus manos a mis hombros, arrugando la tela de mi camisa, dejándose llevar.
Ladeé la cabeza para profundizar, disfrutando del calor que desprendía su boca. Maldición. El sabor dulce del gloss que traía puesto se combinó con nuestra saliva de inmediato.
Mis manos, que seguían firmes en su cintura, se colaron por debajo para sentir su piel.
Empecé a empujarlo hacia atrás, para que recueste su espalda sobre el sofá conmigo encima sin poner tanto mi peso. Bill no opuso resistencia; al contrario, acomodó sus piernas mientras el beso se volvía desesperado.
— Tom, para…
— Oh, lo siento. Me emocioné. — suspiré apegando mi frente sobre la suya con los ojos cerrados.
— Ujum.
— ¿Ya estamos bien?
— Si, cielo. No vuelvas a dormirte primero y hacerme sentir solo… por favor.
— Okay. — suspiré aliviado en medio de una risita divertida.
&
Para la hora del almuerzo decidimos hacerlo en un restaurante cercano y enviarle a Billem la dirección. Todo esto lo hacía con la intención de no movilizar tanto a Bill ya que su estado aún me preocupaba a pesar de que según él se sentía mucho mejor.
Jum, quizás lo decía para no preocuparme pero eso es imposible.
Siempre me voy a preocupar por él.
— ¿Me quisieras si supieras que me convierto en Gollum todas las noches y salgo a buscar a mi precioso?
— No. — hice un puchero. — ¿Por qué buscarías otro precioso si ya lo tienes contigo?
Bill rió con gracia.
— ¿Y tú me quisieras si yo fuera un ogro?
— Mejor se Pinocho, así para cuando me digas mentiras te crezca la nariz y me la entierres… ah, verdad. Así no era. — ambos soltamos una carcajada tan fuerte que atrae las miradas de un par de mesas cercanas. Eso nos hizo callar de golpe y reírnos con moderación.
— ¿De dónde sacas esas cosas, mi amor?
— No lo sé, espero haber sonado hotmántico. — vuelvo a reír. En ese momento, Billem aparece en la entrada del restaurante y con una cara de pocos amigos escanea el lugar hasta que nos encuentra y se dirige hacia nuestra mesa. Su expresión cambió de inmediato por una sonrisa genuina y me hizo cuestionar si la bipolaridad venía de familia.
— Hola. — dice, dejando su mochila en el suelo y sentándose de mala gana. — Perdón por el retraso.
— ¿Todo bien, amor?
— Ujum. — Bill y yo nos miramos al mismo tiempo sabiendo perfectamente que nos estaba mintiendo. — ¿Han pedido ya?
— No, estábamos esperando por tí. — murmura Bill haciéndole una seña al mesero para que trajera el menú. Aquel joven se acerca para dejar sus cartillas y elegimos pronto algo sencillo con una coca cola para acompañar.
Me gustó mucho que no haya tardado en traernos la comida. Amaba el buen servicio aunque hubo un detallazo.
Billem estaba serio.
Comió poco.
No habló con nosotros y parecía estar sumido en sus pensamientos todo el tiempo.
Estuvo así hasta que salimos del restaurante y nos dirigimos a casa.
— ¿Estás bien? — se anima a preguntar Bill.
Bi se sentó en el comedor, apoyando las manos sobre la mesa y tapando su rostro con ambas manos. Bill y yo—como si hubiéramos pensado igual—nos acercamos al comedor y nos sentamos frente a él.
Estábamos esperando pacientes que nos cuente.
— Estaba… estaba tranquilo en clase y vi a un compañero que se llama David salir al baño. Luego lo hace la que creí mi novia y la seguí. Entonces los descubrí dándose un beso en los baños. Eso no era un beso que tú dices ¡ay que tierno! ¡era un beso de los que va más allá d-de eso, papás!
— Yo sabía que era una zorra y disculpa que lo diga así pero es que se le notaba. — suspiró Bill apoyando ambas manos sobre la mesa. — Así de zorra como este. — suspiré profundo mientras Billem se reía de la rabia.
— ¡Papá, por favor! ¡tómalo en serio! No hagas bromas.
— Eso hago.
— Okay, ahm… — finalmente nos mira a ambos empezando a jugar con sus dedos. Pude darme cuenta que sus nudillos estaban un poco lastimados. — Me enojé mucho, le dije… cosas a Dan de las cuales me arrepiento porque la quiero mucho ¡y me peleé a golpes con David! — eso último lo dijo tan rápido que a penas pude entender.
Pero Bill pareció comprenderlo a la perfección.
— Okay, me alegro de que… tu carita no tenga ningún rasguño o algo así pero amor, ¿qué es eso de que la quieres mucho, por dios? que asco.
— Perdón… pero… estoy suspendido por ahora. Perdónenme de verdad.
— Espero que le hayas dado con ganas para que la sanción no sea tan mala.
— No le digas eso. — fruncí el ceño mirándolo.
— Tú cállate, zorrita.
Billem rió poniéndose de pie. — Gracias por escucharme pero por ahora quiero estar solo, ¿sí? les prometo que no estaré de vago e iré a buscar que hacer en cuanto me sienta mejor. — no esperó una respuesta de ambos, simplemente huyó escaleras arriba y lo último que escuchamos es su puerta cerrarse.
— Oh, por dios. Esa perra le rompió el corazón a mi bebé. ¿¡Ahora ves por qué no la quería en su vida!? — yo reí por lo indignado que se veía y me apegué un poco a él.
— Cuando nos de la oportunidad lo consolaremos, ¿está bien? mientras hay que respetar su decisión y darle su espacio. Es… horrible ver eso.
— Ujum…
— No pongas esa cara, Bill. — susurré dándole un beso suave en la mejilla. — Billem es fuerte.
— Es un idiota. — murmuró él, girándose un poco para quedar frente a frente. — Un idiota con el corazón roto. Me duele verlo así, Tom.
— A mi también. — empecé a dejar un caminito de besos desde su mandíbula hacia abajo, sintiendo cómo su respiración empezaba a alterarse. Bill dejó de fruncir el ceño y cerró los ojos, soltando un suspiro de gusto. Su cuerpo se relajó contra el mío en cuanto lo rodea con mis brazos.
—Tom… — jadeó cuando mis labios llegaron a su cuello. — Billem está arriba…
— No haremos nada, solo te consiento. — hago que se ponga de pie junto a mí para empezar a caminar hacia la habitación. — Necesito tenerte cerca, eso me hace bien. — al entrar en el cuarto, cierra la puerta con seguro y se acuesta con delicadeza sobre la cama. Me despojé de la chaqueta y la camisa sin tanta prisa.
Después me acosté junto a él.
— Adoro tenerte conmigo, Billy.
— Ay… hace tiempo no me decías así. No tienes idea de lo mucho que te amo.
Soy el hombre más feliz del mundo cuando me dice algo cursi.
Continúa…
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