Fic TOLL de WifesKaulitz

Husbands capítulo 11

Caminaba por las calles bajo la lluvia, llorando demasiado y sintiendo como el mundo se estaba yendo en mi contra. Con cada paso que daba pasaba por una casa donde tenía enormes ventanales y en su interior se dejaba ver una familia de tres. El bebé a penas parecía tener un año y tenía a sus papás juntos.

Se me revolvían las tripas de solo pensar en que yo no tuve el mío conmigo.

Cuanto deseaba retroceder el tiempo para que Bill no se enamorara de Nick, así su primer hijo entre el matrimonio que tiene con Tom sea únicamente yo. Hubiera sido genial crecer con ambos desde cero, ser su consentido y tener las atenciones de ambos ya que son unos papás excelentes.

Aunque, ahora también las tenía, pero… de pequeño me hubiera encantado que estuvieran en todos mis logros, eventos escolares donde la pasaba solo y me quedaba mirando la puerta principal esperando que alguno de mis papás llegue por mí.

Al principio ni siquiera toleraba que Heidi quiera acercarse, siempre le gritaba que no era mi madre y a pesar de decirle eso siempre estuvo ahí. La quiero mucho, sí. Adoro que se haya comportado como una mamá pero no fue igual de cuando en un momento que estaba mirando la tele, haya visto desfilar a un hombre de cabello negro que por alguna extraña razón se parecía tanto a mí.

Tenía los ojos iguales a los míos, una sonrisa encantadora y era alto. Ese día Heidi y yo nos dedicamos a verlo. Sentí mi corazón latir con fuerza y un extraño presentimiento se apoderó de mi ser.

Aquellos presentadores decían que se llamaba «Bill Kaulitz» y que es un ícono de la moda.

Recuerdo claro cuando le pregunté a Heidi el por qué es persona se parecía a mí.

Heidi al principio se puso agresiva, a decir que hay muchas personas en el mundo que se parecen, que no me sintiera especial pero luego empezó a contarme algunas cosas que ni siquiera entendía hasta que dijo que él era mi papá y me deprimí como un año cuando dijo que me abandonó porque no me quería.

En medio de esa depresión admito que lo estaba buscando, estaba deseando localizarlo, buscaba en internet el nombre del canal en el que salió pero solo era un canal que proyectaba cosas internacionales y que podía estar en algún país, lejos de aquí.

Heidi incluso llegó a internarme lejos de Nick porque no lo soportaba a él ya que la rubia—con lágrimas en los ojos—me dijo que gran parte de culpa la tiene él por jugar con ambos.

Agh…

Es una mierda lo que he vivido y no sé si siento rabia, emoción o dolor.

En fin.

Luego de recorrer un trayecto largo llegué a casa todo empapado. Seguramente mis aparatos electrónicos de estudio y cuadernos se mojaron ¿pero qué más da?

Siento que nadie me importa.

Así que solo abro la puerta y mi cuerpo tiembla al sentir la calidez de la chimenea junto con el olor a comida recién hecha. Mi papá Bill se encuentra acostado en el sofá mientras que Tom se encarga de poner la mesa.

— Hola… — saludé sin tantas ganas. Ambos ponen la vista sobre mí con mucha preocupación y agaché la cabeza.

— Amor, ¿dónde te has metido? ¡estás mojado! — sentí como se levanta del sofá para venir hacia mí e intentar abrazarme pero yo lo esquivé.

Bill se queda con el ceño fruncido, las manos suspendidas en el aire y las mejillas se le sonrojaron.

— ¿Pasa algo, Bi? — pregunta Tom y yo niego con la cabeza. — ¿Seguro?

— Sí, papá. No es… nada. — susurré y finalmente levanté la vista pero para ver a Tom, no a Bill.

A él no puedo verlo.

— Si pasa, tus ojos están hinchados.

Tom suspiró. — ¿Qué te parece si vas a cambiarte y bajas a hablar con nosotros?

— Es que no hay mucho de qué hablar.

— Am…

— Necesito espacio. — interrumpí.
Me di la vuelta antes de que pudiera ver cómo mis ojos se llenaban de lágrimas y solo subí a mi habitación.
Cerré la puerta con llave y me dejé caer contra ella hasta quedar sentado en el suelo.

¿Qué iba a ser de mí cuando el bebé naciera y ellos tuvieran a alguien nuevo a quien amar realmente?

¿Volvería a ser el estorbo, el error del pasado que solo estaba ahí por compromiso?

— Mierda. — susurré.

Me puse las manos en la cara y lloré a mares en silencio, dejando que el miedo a ser olvidado me consumiera por completo hasta quedarme dormido.

&

— ¿Amor? — los golpes en la puerta me hicieron abrir los ojos de a poco. Los sentía pesados, llenos de lagaña y me pican un poco.

¿En qué momento me quedé dormido en el suelo con los gatos encima de mí?

— ¿Cielo?

— ¿Mhmm? — gemí estirando mis piernas. — ¿Qué?

— Amor, ya hice el desayuno para tí y pa…

— No, gracias. — respondí cortante a lo cual se da cuenta.

— ¿Qué tienes? ¿te duele algo?

— No, Bill. Vete.

— Mhmm… ¿por qué me hablas así? ábreme la puerta.

— Quiero estar solo… por favor.

— Es una puta orden, Bill. Abre. — su tono de voz cambió instantáneamente y tuve que abrir si o sí aún estando en el suelo. — ¿Qué demonios te pasa? — preguntó entrando en la habitación y cerrando la puerta tras de sí. Sus ojos recorrieron el desorden de cabello, mis ojos hinchados y mi postura. — ¿No quieres bajar a desayunar conmigo o que?

Me puse de pie de un salto, sintiéndome algo débil.

— ¿Y qué? ¿Acaso importa? — papá se quedó inmóvil, con la mano posada instintivamente sobre su panza. Su expresión pasó de la preocupación a la confusión en cuestión de segundos por mi respuesta a la defensiva.

— ¿A qué viene esto? No entiendo… ¿te molesta algo?

Y no me pude aguantar…

— ¡Sí! — grité caminando hacia el otro extremo del cuarto mientras los gatos salen corriendo, asustados. — ¡Si me molesta! ¡siento que tú amor se va a dividir en dos partes ahora que estás esperando un hijo! ¡siento que me vas a dejar en el abandono y que volverás a olvidarme otra vez! ¡también pasa que tú nuevo hijo crecerá junto contigo desde el principio y yo no! ¡yo no crecí contigo y me duele! ¡me duele, Bill! ¡ese bebé nacerá con amor desde el principio, estarás en cada evento escolar, en cada paso, en cada…! — y mi voz se iba rompiendo. — Joder, papá. ¿Por qué me abandonaste así? ¿por qué te fuiste? mierda.

El silencio que siguió fue insoportable.

Papá parecía haber recibido un golpe en el estómago de pronto. Se sentó de inmediato en la orilla de la cama, buscando apoyo, y me miró con los ojos empañados.

— Uhm… yo… creí que… estabas feliz…

— Lo estaba… — susurré. — Hasta que Nick…

— ¿Nick? ¿Qué tiene que ver Nick en todo esto? —  susurró y luego con una mirada de pánico observó un punto fijo, poniéndose a hiperventilar. — Oh… mierda… estabas… estabas yendo a ver a Nick a prisión, ¿no es así?

Agaché la cabeza muy rojo hasta las orejas.

— Carajo… ¿estás… estás viendo a Nick a mis espaldas? ¿fue él? ¿¡él te está metiendo esas ideas en la cabeza!?

— ¡Me da igual quién me lo ha metido! ¡Solo sé que ese bebé tendrá a Bill desde cero! — las lágrimas volvieron a brotar rápidas de mis ojos. — ¡Y si lo estoy viendo! ¿¡cuál es el problema!? Estamos hablando de que a ese bebé no lo tendrás por capricho si no por amor, carajo. No como a mí, Bill.

Papá se puso de pie brindándome una mirada de tristeza.

— Yo… no tengo palabras para expresarme ahora, estoy tan confundido y avergonzado. — hablaba con dificultad porque su respiración estaba más agitada que antes. — Sabía que no era buena idea tenerlo, de hecho, después de ti juré no tener más hijos y a pesar de que Tom si los quiere yo estaba inseguro. Eso él no lo sabe. Pero con esto que pasó es mejor que no lo tenga ahora y hablaré con Tom. Seguiremos siendo tres hasta después de cinco años como hemos hablado él y yo. Entonces si es que aún puedo tener hijos lo intentaremos.

— Ay, por favor. No exageres.

— Bueno, no importa… solo baja a desayunar y ve a estudiar, por favor. — entonces se da la vuelta para salir de la habitación a pasos lentos, en medio de quejidos. Al estar afuera del todo tragué saliva mirando a un punto fijo.

Él no lo hará, solo está exagerando para hacerme sentir más mal de lo que ya me sentía.

Entonces en medio de un suspiro empiezo a quitarme la ropa para adentrarme a la ducha y darme un baño de agua fría, tratando de ahuyentar cualquier pensamiento que se me formara en ese instante. Tardé alrededor de veinte minutos en salir.
Busqué ropa sencilla para ponerme y le eché un vistazo a mi mochila.

Mi teléfono efectivamente estaba muerto, mi laptop también y mis cuadernos parecían trapo.

Sentía mucha vergüenza en pedirle cuadernos nuevos para mis apuntes…

&

Ya en la universidad me senté en los asientos del último junto a mí mejor amigo Dante, quien fue tan generoso en prestarme un par de hojas mientras me observa con una pizca de diversión.

La cartuchera que usaba para meter todos los bolígrafos de colores había sido reemplazada por una funda y estaba irritado.

— Ya deja de mirarme.

— Es que me da muchísima gracia, ¿qué te costaba decirles a tus papás que te compren otra?

— Estoy enojado con uno de ellos, no quiero hacerlo.

— ¿Y qué me dices de tu mochila? — mis mejillas se sonrojaron de la manera más estúpida posible ante la risa burlona que estaba aguantando Dante.

Ush, ¡si yo quería matarlo!

— Es muy… tú. — miré de reojo la bolsa que había tomado prestada de entre las cosas de mi papá solo para no venir con las manos vacías.

— Ajá.

— Ashhh, ¿qué tienes, oye? ¿por qué tan amargado? estar con Dana te tiene aburrido. — me mordí el labio inferior arrugando el entrecejo, observando a Dana que ponía mucha atención al profesor. De seguro está molesta porque no me comuniqué con ella por la noche como todos los días. — Eso es muy sexy.

— ¿Qué cosa?

— Nada, estoy hablando solo.

Suspiré. — ¿Crees que ella está enojada?

— ¿Por qué siempre tienes que hablar de ella? — murmuró algo molesto.

Arqueé una ceja extrañado por su actitud.

— Idiota. — justo en ese momento el timbre sonó dándole la ventaja de irse caminando rápido lejos de mí e iba a seguirlo guardando todas las cosas en mi bolsa si no fuera porque Dana me jaló de la mano, acorralándome contra la pizarra.

— ¿Por qué mierda no me llamaste anoche?

— Nena, mi teléfono se dañó y además tuve una pequeña crisis emocional con respecto a mis papá Bill.

— Agh, tu papá es muy rarito.

— Mhmm, ya…

— Bueno. — mi novia hacia un puchero. — ¿Tienes dinero? hoy que pasé por un centro comercial ví un vestido que me quedará divino, bebé. ¿Me lo compras?

— No tengo…

— Eres un estúpido, Billem. — me dió un golpe en el brazo antes de irse molesta con su grupo de amigas. Yo quedé aún apegado contra la pizarra con la mirada fija en algún punto del salón.

— No sé por qué sigues con ella, se ve muy interesada.

— Es que me gusta. — refunfuñé posando mis ojos en los de mi mejor amigo. — Pero no importa, mejor dime tú… ¿estás bien?

— Estaba enojado, pero recuerdo que tengo un mejor amigo idiota y se me pasa.

— Ay, bebé. Ven aquí. — reí extendiendo mis manos hacia él para que me diera un abrazo.

— Ya, ya. Basta.

— ¿Me invitas a comer? hoy no quiero ir a casa. — susurré triste empezando a caminar junto con él hacia afuera.

— Te aprovechas solo porque vivo solo, mal nacido.

— Un poquito.

Continuamos caminando un poco más hasta que…

— ¿Bill? — ladeo la cabeza observando a un tipo que me sonreía de oreja a oreja. — Joder, usted… rejuveneció muchísimo. La edad le sienta bien cada vez más.

Dante y yo nos miramos al mismo tiempo confundidos.

— ¿Cómo está Tom?

— Mi papá está bien… sí…

— ¿Papá? ¿cómo? Estoy confundido.

— Yo también. — sonreí incómodo empezando a jugar con mis dedos.

— ¿Quién eres? — se animó a preguntar Dante bastante celoso. Mi mejor amigo siempre era de la idea de que ¿para que voy a tener otros amigos si lo tengo a él?

¡Y lo cierto es que pienso igual!

— Fernando…

— No te conozco.

— Mhmm. — se rascaba la nuca avergonzado. — ¿Eres familiar de Bill o algo así?

— Soy su hijo, Tom es mi padrastro y Bill mi papá.

— Oh… ya veo. Joder. Eres igualito.

— Ujum.

— Sí, muy iguales. Ya vámonos. — Dante me jaló de la mano para seguir caminando lejos de ese tal Fernando.

Y se lo agradecía mucho.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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