
Fic Toll de TollWriter
9: El olor a macho: Descubrimiento
El lobo salió de la ducha quince minutos después, desnudo y todavía mojado. Le detuve en seco con un grito cuando alcanzó la mitad del salón.
—¿Qué mierda haces? ¿Por qué no te has secado?— pregunté, mirando el rastro de agua y pisadas que había dejado a su paso. —Pero… ¿Eres imbécil? ¡Vuelve al puto baño!
Me levanté del asiento y le acompañé con expresión enfadada al baño. Tom gruñó un poco de esa forma grave y enfadada cuando tiré de su brazo; así que yo solo me enfadé más. Debió ver la pura ira manando de mis ojos verdes, porque levantó cabeza con orgullo y volvió hacia el baño como si me estuviera haciendo un favor enorme.
Cogí una de las toallas y se la pasé por el pelo de una forma nada agradable, pero quizá así aprendería a secarse antes de salir. Siguió gruňendo, cada vez un poco más enfadado, y yo me estaba poniendo estúpidamente caliente por ningún motivo aparente, hasta que le dije con tono serio y frustrado:
—Sigue así y te tiro de puta cabeza por la puerta de incendios…— eso le relajó un poco.
Cuando le sequé como a un niño pequeño, salí del baño y busqué ropa grande que pudiera servirle para que no se volviera a poner la suya mojada. Se la tiré al pecho amplio y musculoso y le solté un rápido:
—No te voy a vestir también— antes de girar de vuelta a la cocina.
Me metí la mano en los pantalones para recolocar la verga dura y algo mojada y que no siguiera haciéndome daño contra el pantalón. Resoplé y saqué los dos burritos de carne calientes del microondas, con tan mala suerte que me quemé los dedos y solté un «¡su puta madre!» que debió oírse por todo el edificio. Tuve que respirar y tranquilizarme.
No podía enfadarme porque el lobo hubiera vuelto, porque yo era quien le había dejado entrar; ni podía molestarme que fuera tan tarado que me hubiera mojado la mitad el salón; ni tampoco podía frustrarme el hecho de que me excitara con solo mirarle desnudo y estar cerca porque, básicamente, esa era la razón de que estuviera en mi casa en primer lugar. Así que alcé las manos y asentí un par de veces para mí mismo. Le daría de comer, me lo cogería y después buscaría respuestas de por qué seguía volviendo cuando el Celo había terminado y, lo más importante, una forma de evitar que sus feromonas me afectaran y seguir adelante.
Tom llegó corriendo cuando me oyó gritar, con la camiseta a medio poner y gruñendo con los dientes apretados. Miró a todas partes, como si estuviera esperando ver a alguien más allí al que atacar. Me quedé mirándole y no pude más que cerrar los ojos y negar con la cabeza.
—Siéntate— le ordené, cogiendo el plato, esta vez con un trapo, para dejar los dos burritos calientes de carne sobre la barra de madera de la cocina. —Queman— le advertí.
El lobo tardó un momento en comprender que mi grito no había sido debido a enemigos inesperados, sino a un accidente. Terminó de ponerse la camiseta, una XL de una tienda de segunda mano que, aun así, le quedaba algo apretada y justa. Así de grande era el cabrón. Se sentó y olfateó los burritos humeantes, se oyó un rugido de tripas y cogió uno para llevárselo a la boca y gritar al darse cuenta de que estaba caliente. Mi frustración solo aumentaba y aumentaba..
—Te he dicho que quemaba…— le recordé, pero acepté la realidad y fui a por una cerveza fría a la nevera para dársela y que pudiera refrescarse la boca. —Comida. Quema. Soplar…— le expliqué con señales.
Tom me miró un momento con sus ojos amarillentos y anaranjados, cogió uno de los burritos y sopló como le había enseñado. Asentí Y le hice una señal afirmativa antes de girarme, poner expresión de desprecio y meter la segunda tanda de burritos en el micro.
Después cogí una cerveza para mí y la abrí con un ruidoso «click», bebí la poca espuma que brotó y me froté los labios manchados. Me senté frente al lobo y le vi comer mientras yo bebía. Lo hacía lentamente esta vez, aunque se notaba que estaba hambriento y quería meterse más de lo que debería en la boca.
—¿No has comido desde ayer o qué?— le pregunté.
—Poco— respondió con la boca llena de carne especiada.
—¿Ya dónde mierda fuiste, entonces?
—Junto manada. Mucho trabajo tras Celo.
Solté un murmullo y bebí otro trago de la lata. Cuando sonó el «ding» del micro me levanté, llevé la segunda caja a la mesa y metí la tercera. Dejé la lata a un lado y cogí uno de los burritos. Eran grandes y bastante gruesos, repletos de carne, especias y salsa; llenaban bastante y se suponía que cada envase era para dos personas, pero a mí me sobraba con uno, dejando los otros cinco para el lobo tarado que me acompañaba. Cuando se terminó los dos que tenía delante, miró el que me quedaba a mí. Sin decir nada, se lo acerqué y él se lo comió.
—Hay dos más— le dije —Tranquilo.
Sonó el tercer «ding» y fui a buscarle sus últimos burritos, dejándolos en frente. Volvió a quemarse al querer masticarlos demasiado deprisa y bebió unos buenos tragos de cerveza fría, eructó y siguió comiendo. Dejé casi un cuarto de mi burrito sin comer y se lo tiré al plato, porque se me había quitado el hambre.
Cogí un cigarro y me dirigí a la puerta para fumármelo con la espalda pegada a la pared, mirando como el lobo se terminaba sus burritos y lo que quedaba del mío. Se bebió su lata de cerveza, la mía y, como se quedó con sed, le dije:
—Hay más en la nevera. Si prefieres agua, bebe del grifo.
Se levantó, fue a la nevera y bebió otra lata de cerveza casi de una sentada antes de eructar y resoplar. Con la barriga más abultada de lo normal, se quedó de pie, mirándome como si estuviera a la espera de algo. Señalé el sofá con la cabeza y allí fue, casi dejándose caer y produciendo un crujido del mueble. Me terminé el cigarrillo y fui a reunirme con él, yendo a por el mando y arrojándoselo antes de sentarme.
Tom lo pilló al vuelo, incluso con su expresión adormilada y su estómago lleno, parecía tener muy buenos reflejos. Encendió la tele y puso otro programa de reparación de coches. Tras treinta minutos de aquella bazofia, oí un gruñido y giré el rostro para mirar al lobo. Su barriga ya no estaba tan abultada y ahora movía un poco la cadera, haciendo más evidente el enorme bulto que tenía en el pijama que le había dejado. En la punta, allí donde debía estar la cabeza, ya había una mancha más oscura.
Bajé los pies de la mesa y me recosté, pasando un brazo por su cadera antes de tirar del pantalón de pijama y liberarle la verga. Olía muy fuerte, pero a mí eso no me asustaba. La rodeé con la mano, disfrutando secretamente de lo gruesa que era y lo caliente que estaba. Eso puso un poco nervioso al lobo, que gruñó y se removió, como si no acabara de gustarle que se la tocara. Le ignoré por completo y me acerqué la cabeza más gorda y húmeda para darle una lamida. El olor me lo esperaba, lo que ya no me esperaba tanto era aquel sabor denso, viscoso, intenso y salado.
Se me escapó un murmullo de sorpresa cuando hilos de aquel líquido preseminal se quedaron colgando desde mis labios hasta la punta de la verga. Casi podías sorberlos, y fue lo que hice, llenándome un poco la boca de aquel sabor tan sórdido e intenso. Después fui a lo grande y me la metí en la boca.
Al igual que coger con un lobo, hacerle una mamada era toda una experiencia, sin duda. Nunca dejaba de mojarse, así que casi podías pasarte el tiempo tragando saliva y líquido preseminal, empapándote por completo los labios mientras se deslizaba y goteaba por el tronco carnoso hasta el vello púbico y los huevos. Personalmente, lo encontré bastante excitante; lo que quiere decir que no dejé de gemir mientras le hacía un buen repaso a la verga de Tom, de arriba abajo y de lado a lado. El lobo también pareció disfrutarlo bastante porque dejó atrás sus gruñidos de queja y nervios para jadear y mover la cadera como si intentara cogerme la boca. Hasta ahí, todo fue genial. Me desabroché el pantalón vaquero y estuve a punto de correrme, hasta que, de pronto, el puto Tom se corrió sin avisar y me llenó la boca de un semen muy denso, amargo, caliente y abundante. Aparté la boca y lo escupí al suelo.
—¡Joder, Tom!— le grité con enfado, girando el rostro para dedicarle una mirada enfadada.
Sin embargo, él me miró con una expresión cercana a la desesperación, tratando de empujarme la cabeza para que siguiera chupándola. Eso me molestó bastante, le di un manotazo y me aparté.
—Más, más… —gimió, moviendo la cadera como si no pudiera evitarlo y agarrándome de la muñeca.
Apreté los dientes y le miré con verdadero odio, pero, como un tarado, me puse a horcajadas sobre él. Tom me agarró del pelo y me rodeó con el enorme y musculoso brazo para asegurarse de que no pudiera moverme mientras me cogía con fuerza y ansia.
Se corrió una segunda vez entre gruñidos, después me corrí yo, manchándole el pecho y el abdomen, lo que, al parecer, le puso muy caliente porque llegó una tercera vez y, sorprendentemente, una cuarta. Sudado y sin energías, me soltó el pelo y dejó de morderme el cuello para recostar la cabeza y jadear sin parar mientras sufría las pequeñas contracciones y la inflamación.
Yo no estaba mucho mejor que él, sinceramente, con la frente apoyada en la parte baja de su cuello y los brazos estirados sobre sus hombros. Todo apestaba a sexo ya sudor lobo y aquello era como un terrible narcótico que, cuando no te ponía caliente , te dejaba al borde de la inconsciencia.
El primero en moverse fue él, rodeándome con los brazos antes de frotar el rostro contra mi pelo y así llenarlo de su sudor. Conseguido su objetivo, recostó la cabeza en el respaldo y empezó a quedarse dormido cuando la verga se le desinfló.
—No, no— me negué, moviendo la mano para darle una suave bofetada. —En la cama.
Tom gruñó con enfado, pero se levantó del sofá, llevándome con él sin demasiado esfuerzo y sin sacármela de dentro siquiera. Me recostó primero y tiró del edredón limpio para abrir la cama, profiriendo otro gruñido de queja.
—¿Por qué ya no huele a Tom?— quiso saber, algo que, por el tono de su voz, pareció ofenderle bastante.
—Cambié las sábanas— murmuré sin muchas ganas.
—Ya no huelen a Tom— insistió, mirándome fijamente.
Respondí a aquella mirada con expresión seria.
—Tom se pasó cinco días corriéndose y durmiendo en las otras sábanas y daban puto asco— le recordé. —No me jodas y cierra la puta boca.
—¡Tienen que oler a Tom!— exclamó, algo que no me gustó en absoluto.
—Me cago en mi puta madre— le dije, apartándome de él de un tirón para ir hacia la parte de la habitación donde tenía las bolsas que iba a llevar a la lavandería. Tiré del viejo y apestoso edredón repleto de manchas hasta sacarlo entero y se lo tiré —¡Toma tu puta peste a Tom!
El lobo gruñó de una forma peligrosa y me enseñó todos los dientes, incluidos sus grandes colmillos.
—¡¿Cómo?!— le grité, saltando sobre la cama, de pie, para ir hacia él y mirarle, por primera vez en mi vida, por encima de la cabeza. —¡Vuelve hacerme eso y te vas de una puta patada a la calle! ¿Me has oído?
Gruñó un poco más, pero su voz fue perdiendo fuelle hasta que fue más bien un gruñidito en su garganta. Levantó mucho la cabeza, pero como así no consiguió estar por encima de mí, se subió también a la cama. Compartimos una mirada intensa, tensa y silenciosa, hasta que él se inclinó y frotó la mejilla contra la mía, pero con cuidado, como si tuviera miedo de que le hiciera daño. Al ver que yo no hacía nada para evitarlo, lo repitió, más largo, hasta que se sintió confiado para rodearme la nuca con una mano y la muñeca con la otra.
—Vuelve a gruñirme así, y me enfadaré— le advertí con tono seco. —No vas a venir a mi casa y aún por encima amenazarme, ¿me oyes? ¿Tom entender?
El lobo me miró a los ojos y, tras un breve silencio, respondió:
—Tom entender.
Asentí lentamente.
—Bien.
—Pero cama tiene que oler a Tom— insistió una última vez con tono serio.
—ya… —murmuré, agachándome a recoger el edredón viejo y apestoso. —Quítate la camiseta antes de dormir— le ordené, porque seguía manchada de mi corrida y era desagradable.
El lobo se la quitó, junto con los pantalones, quedando desnudo antes de cambiar el edredón limpio por el viejo y sumergirse debajo. Yo también me desnudé y me uní a él, rodeándole con el brazo y una pierna. Tom parecía seguir un poco tenso y nervioso después de la discusión, por lo que le acaricié la barriga hasta que empezó a ronronear y a cerrar los ojos. Me atrajo más contra él y se quedó dormido, moviendo la pierna derecha en leves espasmos como un puto perro y roncando Como un jodido oso.
Todavía estaba molesto con él, por supuesto, pero el hecho de que fuera un lobo con tan pocas luces y una evidente carencia de inteligencia, me hacía más.. comprensivo, hasta cierto punto. Después estaban las feromonas, lo grande y fuerte que era y lo muy caliente que me ponía siempre, lo que jugaba bastante a su favor. Volví a despertarme una segunda tarde completamente empalmado, con esa extraña sensación de placer y necesidad, sintiendo el calor de su cuerpo y el olor acumulado tras siete horas de sueño.
La claridad blanquecina entraba por los ventanales opacos de suciedad y sacaban reflejos a su pelo negro, rizado y denso y a su barba cada vez más larga. Dormía de lado, rodeándome, respirando por entre sus labios marcados.
Me revolví para girarme y tocar su pecho velludo y grande, me acerqué para besarle y subí una pierna para rodearle la cadera ancha. El lobo entreabrió los ojos y gruñó por lo bajo, moviéndose para ponerse sobre mí.
Tom tenía muchas, muchísimas cosas malas, pero, joder, siempre estaba preparado para echar un buen polvo. Nunca se quedaba a medias ni nunca parecía costarle, daba igual el momento la hora del día. Si yo le provocaba, cumplía como todo un campeón.
Se corría sus tres veces mínimo entre gruñidos, mordiscos, jadeos y arañazos y después descansaba como un héroe de guerra, sudado y con el corazón bombeando con fuerza en su pecho. Con una fina sonrisa de placer, le acaricié el pelo largo hasta que volvió a dormirse y le aparté suavemente para ir al baño y después a la cocina, me preparé un café, saqué un cigarro y lo fumé con un especial placer después de haberme despertado con sexo del bueno.
Antes de que terminara la taza de café, oí el ruidoso bostezo seguido de los pesados pasos hacia el baño. El lobo salió rascándose la cabeza, se puso su ropa y vino hacia mí con expresión todavía adormilada. Yo estaba sentado en una de las sillas altas frente a la barra de la cocina, mirando el móvil distraídamente y bebiendo pequeños sorbos. Como el día anterior, se pegó a mi espalda, me acarició con la cara y me dijo:
—Tom se va.
—Pásalo bien— respondí sin mirarle.
Entonces se fue. Cogí la cajetilla de tabaco, mi zippo y me encendí un cigarrillo sin apartar la mirada del móvil de camino a la puerta de emergencia. Había encontrado un foro de internet muy interesante, uno llamado «Foro de los Amantes de los Hombres Lobo». Estaba catalogado como «+18», así que al principio creí que serían un par de tarados salidos y desesperados que compartían sus fantasías sexuales entre ellos. Sin embargo, mirándolo un poco por encima, había encontrado algunos temas muy, muy interesantes.
Aparte de que se consideraban a sí mismos «loberos», lo cual era jodidamente humillante; parecía haber algunos de ellos que conocían bien a los Hombres Lobo y sabían de lo que hablaban. Entre el tema principal y predominante que más seguidores tenía, «EL CELO», había otros subforos como: «Socialización y Lenguaje de los Hombres Lobo», «Prácticas de Cortejo y Desarrollo de Vínculos», «La Manada: significado e importancia» y «Compra y Venta de Feromonas».
El tema que me preocupaba en aquel momento era saber por qué Tom seguía visitando mi casa, lo que, al parecer, según I<3wolfss, no era en absoluto extraño. En un hilo llamado «Mi lobo sigue viniendo a mi casa tras El Celo iijayuda!!!>, explicaba que, en ciertas ocasiones, los lobos podían volver a la vivienda del lobero porque les había gustado el sexo o porque los encontraban muy atractivos físicamente.
Los Hombres Lobo eran una raza muy sexual y solían tener entre tres o cuatro «amantes» para complacerles. Le decía a la mujer que, si le ignoraba y no le abría la puerta en varias ocasiones, se acabaría yendo para no volver. Al final era como yo había pensado que sería, echándoles a patadas de tu puta casa.
Dejé el móvil a un lado y me preparé para el trabajo, sustituyendo a un señor Xing que estaba de muy mal humor; más del normal. Llevaba algunas semanas así, dándome por el culo porque no sé qué mierda le pasaba a uno de sus hijos; algo sobre sus notas en la universidad. La verdad era que no me importaba una mierda y no le escuchaba demasiado cuando hablaba, solo asentía y le decía que sí a todo porque era el que pagaba los cheques al final del mes. Así que me quedé solo en la tienda y volví a sacar el móvil mientras me recostaba en la vieja silla y cruzaba los pies sobre el mostrador. Por el mero hecho de pasar el rato, seguí ojeando el foro, leyendo muy por encima los hilos que se quejaban de las persistentes visitas de los lobos a sus casas.
Las respuestas solían ser siempre las mismas: no abrirles la puerta, no dejarles pasar e incluso cambiar las sábanas y airear la casa hasta que el «olor» se fuera. Eso llamó mi atención, porque era cierto que Tom se había enfadado al quitar la puta colcha apestosa y las sábanas. LoberoMike23 tenía una explicación muy desarrollada sobre ese tema en el subforo Socialización y Lenguaje de los Hombres Lobo».
«¡Hola, loberos! Me he tomado la libertad de explicar un tema que quizá os interese a muchos y que suele llamar mucho la atención sobre nuestros queridos lobos: El Olor a Macho. Se denomina «Olor a Macho» al intenso aroma que desprenden nuestros lobos, diferente entre ellos y que les sirve para identificarse. Es muy importante en la comunidad de Hombres Lobo, porque el olfato cumple una función esencial a la hora de establecer relaciones, vínculos o territorialidad. Cada Hombre Lobo tiene un aroma diferente y, aunque nosotros como humanos no podamos apreciarlo en toda su complejidad, nuestros queridos lobos sí pueden. ¡Y es que poseen una memoria olfativa increíble! Pueden recordar todos los olores de su manada y, por supuesto, de las demás manadas y de los humanos que les visitamos. Cuando los Hombres Lobo dejan su Olor a Macho en un lugar O una persona, (impregnación) no es en absoluto casual, Lo están reclamando como suyo y de su propiedad y lanzan una advertencia a los demás machos de que, si andan por ahí, ¡se van a llevar una buena mordida! Como muchas otras cosas en su comportamiento, esta es una necesidad primaria y muy ligada a su forma de interactuar con el mundo y de relacionarse.
Al igual que, por ejemplo, los humanos podemos considerar nuestra ciudad al lugar en el que residimos junto a otros miles de personas, y nuestras casas como el lugar donde residimos solo nosotros y nuestros seres queridos. A nuestros queridos lobos les pasa algo similar. Diferencian muy claramente las posesiones de la Manada Y las posesiones de cada Macho. ¡Pero ese ya es un tema para otro hilo! La cuestión es que cuando impregnan un lugar o persona con su Olor a Macho, lo consideran suyo y se creen con derecho a tenerlo cuando quieran o a visitarlo todo lo que deseen. Por lo que es normal que después de algo que desprende tantas feromonas y sudor como El Celo, pueda llegar a confundirles. Ese profundo olor que han dejado en vuestra cama o en nosotros podría hacerles pensar que son de su propiedad, por eso es importante lavar todo muy bien y airear la casa para que, cuando vuelvan, no perciban su Olor a Macho y comprendan que no es su lugar. A no ser, claro, que queráis ser sus Omegas; en ese caso, acumular todo el Olor a Macho posible es siempre una buena señal.»
Así que al llegar a casa quitaría todas las putas sábanas y las quemaría con gasolina en el descampado. O eso fue lo primero que pensé, hasta que vi un comentario que decía: «Chico/as, antes de lavar la ropa o las mantas, por favor hacernos una visita a Compra y Venta de Feromonas». Y, solo por curiosidad y aburrimiento, fui a aquel subforo.
Lo que encontré allí iba a cambiar por completo mi idea sobre Tom .
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉
La curiosidad atrapó a Bill !!, sin vuelta atrás…., pero eso solo lo sabría meses después 😏