HIM: My soulmate 7

Fic omegaverse de TollWriter

Capítulo 7

—Es tu turno —expresó tranquilamente el alfa, revolviendo un tazón con una ensalada para la cena.

El beta dejó su taza de café medio llena en la encimera para mirar hacia donde provenían los gritos.

—Juro por la madre Luna que esos dos son los cachorros más testarudos que han pasado por esta reserva.

—Es más complicado cuando aún son jóvenes y ya has encontrado a tu destinado.

—Sé que es complicado, pero Tom…

El beta de ojos verdes se calló un momento.

—Sí, lo sé. Bill la tendrá muy difícil.

Unos nuevos gruñidos se escucharon en la parte alta de la casa. Georg se terminó su café con toda la calma posible, se levantó para subir hasta la habitación y se encontró con la puerta semiabierta, de donde salían esos gruñidos y gritos feroces.

¿La tregua? La que según Bill y Tom harían para llevarse bien y dejar las discusiones a un lado, la habían botado por el caño.

Cuatro semanas en total calma habían pasado y ambos iban de maravilla. Bill estaba empezando a tomar su profesión muy en serio, Gustav había descubierto que el rastudo era bueno con la madera y lo había asesorado para que comenzara a aprender a hacer sus propios muebles. Todo iba perfecto… hasta que a Tom le surgió la curiosidad de hacer algo de provecho y no estar en casa arreglando y limpiando para esperar a que su futuro esposo viniera luego de su jornada laboral.

En una visita al mercado de la plaza, Tom vio atentamente al grupo de maestros con muchos niños a su cargo. Por alguna razón desconocida por el trenzudo, estaban bajo un gran árbol, sentados y entonando una hermosa melodía. Entonces lo decidió: él había obtenido un buen rendimiento en la música cuando asistía a la escuela, así que podría enseñar un poco de lo que sabía.

Al día siguiente fue a las instalaciones del colegio, se ofreció como voluntario en una clase extracurricular y, a pesar de que Bill dio un rotundo no, Tom se pasó su opinión por el forro del culo.

Por eso en estos momentos estaban en plena discusión. Muy temprano, Tom se alistaba para ir a su primer día y el quisquilloso de Bill refunfuñaba porque, según su ego de alfa dominante, era muy vergonzoso que su omega trabajara.

Sin embargo, Bill no sospechaba ni remotamente que Tom no era un omega cualquiera. Y claro que lo iba a descubrir… y de qué manera.

—Sales de aquí, Tom, y vas a conocerme enojado —riñó con los dientes muy apretados, que lastimaban sus hermosos labios perfectos.

Tom lo miró con indiferencia, pasó de él para abrir su clóset y buscar un atuendo adecuado. Cuando encontró los pantalones negros, comenzó a buscar la camiseta perfecta; halló una con logos de bandas, no le dio importancia y se la colocó.

Bill miraba desde el umbral del baño sin querer intervenir, pero lo hizo cuando lo vio caminar hacia la puerta de la habitación.

—Esa camiseta es mía —murmuró con altivez…

Tom se encogió de hombros, quitándole importancia al hecho de haberse puesto la ropa de Bill y, por lo tanto, llevaría su olor a café pegado encima todo el maldito día. Siguió caminando como si nada.

Pero Bill no pensaba quedarse ahí plantado como idiota mientras su omega lo ignoraba por completo.

—Detente.

Tom lo ignoró de nuevo y salió de la habitación, comenzó a bajar las escaleras.

—Detente, omega —ordenó con su voz de mando.

Tom se detuvo de golpe en la mitad de la escalera, giró y miró a Bill, que lo observaba desde arriba.

—No me hables así —riñó Tom, un poco confuso por la sensación de querer seguir bajando pero fallando en el intento.

Bill bajó peldaño a peldaño, sonriendo al ver el sometimiento que tenía sobre su omega. Ya saben: ventajas de ser alfa. Cuando llegó junto a Tom, pasó sus dedos por la mejilla para acariciar su piel. Tom no se movió, solo cerró los ojos disfrutando el tacto.

—Déjame ir —dijo apenas en un susurro, pero Bill quería tenerlo así, tan sumiso y tan accesible. Negó con la cabeza y se acercó, no para besarlo en los labios, sino para besar su mejilla con ternura.

—No necesitas trabajar, Tom. Soy tu alfa y yo te daré lo que me pidas.

Esas palabras, esas simples palabras, hicieron que Tom saliera de su letargo. Volvió a su expresión de indiferencia y valentía, se giró y continuó bajando las escaleras. Se encontraron con Georg, que se había detenido, y lo ignoraron completamente a pesar del regaño rápido que el beta les dio.

Bill lo siguió y, por más que usó su voz de mando de nuevo, Tom no lo escuchó. Se subió al auto. Sin embargo, Bill lo alcanzó antes de que arrancara el motor.

—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? —preguntó con seriedad, asomándose por la ventana del auto.

Tom asintió, así que Bill rodeó el auto y se subió de copiloto.

—¿Qué crees que haces, Bill? Bájate.

Pero el rastudo no tenía ánimos ni paciencia: se cruzó de brazos e ignoró a su omega.

—Iré contigo. Veré con quién vas a trabajar y veré si no hay alfas solteros. No quiero que estés rodeado de hombres y mujeres que buscan a un omega como tú.

Tom puso los ojos en blanco y arrancó el auto. Anduvieron por las calles polvorientas de la reserva hasta la plaza principal. Allí se detuvo en un pequeño espacio en la acera y trató de bajarse, pero Bill lo detuvo de nuevo.

—¿Ay, qué quieres, Bill? —le habló un poco enojado por la actitud tan extraña—. Mira cómo actúas. Hace un mes vivías hablando de Andy y sufriendo porque lo dejaste solo, y ahora estás muy preocupado por mi culo.

—Ahis, no seas ordinario, Tom.

—Bueno, ¿y qué quieres decirme? Tengo prisa.

—Nada. Solo no dejes que se te acerquen mucho. Puedo olerlo todo.

Tom negó con la cabeza y se bajó. Bill lo imitó, pero no se acercó mucho: solo observó desde el auto a los niños que esperaban a su omega y a ese hombre atractivo que lo saludaba. Frunció el ceño, pero se relajó cuando notó que era un beta. Tom le hizo una seña obscena para que se largara y Bill obedeció como un perrito.

Aún no lo sabían, pero ese fue el comienzo de que su “relación” se tiñera muy extraña, empezando por la desobediencia de su omega. Se la había dejado pasar la primera vez, pero una segunda vez… no.

Se subió al auto. De todos modos, Tom no lo utilizaría: él se encargaría de llevarlo y recogerlo todos los días. Esa era una de las condiciones que Bill impondría para que pudiera trabajar.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por TollWriter

Escritora del Fandom

Un comentario en «HIM: My soulmate 7»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!