
Fic de elvisfan. Traducido por MizukyChan
Capítulo 9
Tom entrecerró los ojos ante el sol caluroso que ya estaba comenzando a golpear el patio. Giró hacia Lord y Lady Kaulitz, buscando con su visión periférica, alguna señal de su hijo pequeño.
—Les agradezco mucho a ambos —dijo, inclinando un poco la cabeza—. Por acogerme y por cuidarme. Lo aprecio mucho.
—Fue nuestro placer, Tom —la sonrisa de Simone era sincera—. Es bueno verte completamente recuperado.
—Deberían tener buen clima para viajar —comentó Jorg, apenas mirando al joven caballero—. Con mucha luz, si no retrasan su partida.
Sabiendo que estaba siendo despachado sin nada de sutileza, Tom apretó los dientes y nuevamente dio una mirada por el patio. Georg ya estaba en su caballo, más que listo de emprender el camino a casa. Tirando las riendas alrededor de Cadoc, Tom se dio cuenta que había alguien en un costado. Girando un poco la cabeza, vio que Bill estaba enfáticamente evitando el contacto visual, mientras sostenía en alto un bolso de cuero.
—Bess empacó un poco de comida para su viaje —explicó el más joven, examinando de cerca la pierna de Cadoc—. Hay un poco de pan, queso y agua fresca.
—Gracias —Tom enrolló la correa de cuero de la bolsa alrededor del pomo de su silla de montar y dio una mirada a Bill—. Y gracias también, por cuidar tan bien de mi.
Bill sólo asintió, murmurando un “de nada”, mientras le daba a Cadoc una palmadita de afecto.
—Bill, yo debería —Tom dio una mirada alrededor para asegurarse que nadie los escucharía—. Debería disculparme por anoche. Nunca debí dejar que pasara.
Bill se congeló y, cerrando los ojos, bajó la cabeza hacia el frente—. ¿En realidad no me querías? —Preguntó con suavidad.
—¡Por supuesto que te quiero! —Tom se detuvo y volvió a mirar alrededor—. Pero ahora ni siquiera me quieres mirar. Odio que puedas… lamentarlo.
El pelinegro enderezó la cabeza de golpe, con los ojos muy abiertos—. No podría —se detuvo a sí mismo, mordiéndose el labio, mientras miraba hacia atrás, a su padre y madre—. Nunca podría lamentarlo, Tom —su voz era sólo un susurro—. Pero… ahora es todavía más difícil decirte adiós.
Tom suspiró, no quería nada más que besar las amenazantes lágrimas en los ojos de Bill. Sin importar quien estuviera mirando, tiró de Bill, rodeando con los brazos el cuello del chico. Cerró los ojos, queriendo atesorar en su memoria la forma en que se sentía tener a Bill en sus brazos.
—Nunca te olvidaré —le prometió.
Las manos de Bill descansaron en la espalda baja de Tom y pudo oír el leve murmullo de sorpresa en las voces que flotaban a su alrededor.
—¿Puedes enviar un mensaje una vez que llegues a casa? —Pidió—. ¿Para saber que estás a salvo?
Tom olió el cabello de Bill contra su cuello—. Tan pronto llegue allá.
Sus ojos se entrecerraron cuando Jorg dio un paso al frente, quien se detuvo cuando la gentil mano de Simone se posó en su hombro.
—Ellos nunca se van a volver a ver, Jorg —le recordó su esposa—. Deja que se despidan.
A regañadientes se separó de Tom, Bill ladeó la cabeza y se limpió una lágrima que amenazaba con caer. Los labios de Tom apenas se movieron al tomar las riendas de Cadoc.
—Te extrañaré.
Bill ajustó la correa de la vaina de Tom donde cruzaba sobre su pecho.
—Yo ya te extraño —susurró.
Subiendo a su caballo, Tom observó como Bill caminaba lentamente hacia el costado de su madre y su corazón se apretó cuando vio lágrimas ahora bajando por sus mejillas.
—No creo poder hacer esto —le dijo a nadie, su voz era sólo un susurro.
—Tenemos que irnos, Tom —Georg siguió la mirada de su amigo—. No te puedes quedar aquí.
Mirando a su amigo, Tom respiró profundamente y levantó una mano para decir adiós a Bill y su familia. Notó que Jorg ya estaba de espaldas para volver al castillo. Con una última sonrisa triste para Bill, Tom le dio a Cadoc un leve golpe con el pie. El caballo sólo había dado un par de pasos cuando Tom escuchó que gritaban su nombre. Mirando hacia atrás por sobre su hombro, vio a Bill corriendo hacia él, con lágrimas bajando por su cara. Desmontó de un salto, abrazando al pelinegro y juntando sus bocas, sin importarle quién los estaba mirando. Bill gimoteó en el beso, con los brazos firmemente alrededor del cuello de Tom, sus lágrimas empaparon la mejilla del rastudo. Bill escuchó a su madre gritando su nombre mientras rompía el beso.
—¡No puedo hacerlo! —sollozó, negando furiosamente con la cabeza—. ¡Tom, no puedo dejarte ir!
Tom acunó el rostro del menor, alejando las lágrimas con sus pulgares. Él no podía dejar a Bill incluso cuando todo estalló a su alrededor. Georg gritó su nombre como una advertencia. Simone se apresuró hacia ellos. Jorg gritó a sus guardias. Tom besó otra vez a Bill y luego hizo la cosa más impulsiva y peligrosa que jamás había hecho.
—Ven conmigo.
Los ojos de Bill se abrieron grandemente y dio una mirada por encima del hombro. Todos se dirigían a ellos, nunca había visto a su padre lucir tan furioso. Asintió de corazón, y Tom le dio un empujón para que montara. Tom se ubicó detrás de él, pasando un brazo por la cintura de Bill. Los guardias estaban sólo a un par de pies de distancia y Georg le estaba gritando mientras el rastudo le daba a Cadoc un fuerte tirón y salieron disparados del castillo de Leipzig.
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Cabalgaron rudo y rápido, cubriendo dos millas, los tres miraban repetidas veces por sobre el hombro. Finalmente, convencidos de que nadie los estaba siguiendo y necesitando darle un descanso a los caballos, entraron a un bosque hasta que llegaron a un estrecho arrollo. Los caballos inmediatamente bajaron las cabezas para beber y Bill bajó de la montura de Cadoc al círculo de los brazos de Tom. Sus sonrisas eran iguales, simultáneamente felices, nerviosas y tal vez un poco aprensivas. Bill dio una mirada a Georg, que también bajó de su caballo y se dirigía a ellos.
—¡Maldito! —Le dio un fuerte empujón a Bill—. ¿Estás tratando de hacer que lo maten?
Tom atrapó a Bill cuando trastabilló hacia atrás y se pasó delante de él. Atrapó a Georg por la muñeca cuando estuvo a punto de levantar la mano otra vez. Se miraron a los ojos, la mirada de Tom ardía en la del otro hombre. La quietud de la voz de Tom escondía la repentina rabia que sintió subir por su pecho.
—Si valoras nuestra amistad, Georg, nunca más volverás a tocarlo.
Georg quitó la mano con fuerza, todavía mirando feo al joven, que lo miraba parpadeando con sus grandes ojos café, por sobre el hombro del rastudo.
—Esto no fue idea de Bill, Georg —Tom se sintió un poco más calmado una vez que Georg retrocedió unos pasos—. Yo lo puse en la montura. No lo planeé, pero él… viene con nosotros.
—Ya veo —Georg asintió lentamente—. ¿Y cuántos soldados crees que su padre enviará tras nosotros?
—No hay nadie siguiéndonos —le recordó el rastudo—. No hemos visto señal de…
—No todavía, querrás decir —resopló el castaño—. Después de todo, sé que toma un poco de tiempo reunir a todo un ejército.
—¿Y qué se supone que debía hacer, Georg? —Rugió Tom, sin notar que Bill se había tensado tras él—. ¿Dejarlo con una familia que lo ve como una molestia, como alguien a quien necesitan mantener ocupado y fuera del camino? ¿Con un padre que lo está obligando a casarse con un hombre al que nunca amará?
Tom lamentó sus palabras, tan pronto dejaron sus labios. Georg miró fijamente a su mejor amigo, tenía las manos en las caderas y rogaba haber oído mal.
—¿Está casado?
Tom contuvo la incrédula mirada de su amigo, sabiendo que no tenía sentido mentir ahora.
—Lo estará en un mes —admitió.
—¿Tú, olvidaste mencionar su compromiso, Tom? —señaló Georg, sin necesidad—. Casi tengo miedo de preguntar quién va a ser su esposo.
—Anis. De Hamburgo —respondió Tom—. El hijo de Lord Kastner.
—Ya veo —Georg asintió lentamente—. Así que no sólo has enojado al hombre más poderoso de este país, sino también a su aliado más poderoso.
Georg avanzó hasta su amigo y Bill estaba seguro que golpearía a Tom. El rastudo se mantuvo firme, con las manos empuñadas a sus costados.
—¿Estás intentando iniciar una guerra, Tom? —El castaño se detuvo abruptamente, a pulgadas de distancia de Tom, con los ojos brillando de rabia—. Porque estás haciendo un buen trabajo hasta el momento.
Dio un vistazo al chico que estaba detrás de Tom, que era incapaz de mirarlo a los ojos. Tom dio un paso al frente, obligando a su amigo a retroceder un paso, levantando las manos en un intento de apaciguar un poco al castaño.
—Tom, no voy a tocarlo, ¿está bien? —Georg suspiró—. Pero… ¿qué estás pensando? ¿Estás pensando en algo?
—Estoy pensando en Bill, Georg —Tom miró hacia atrás, por sobre el hombro—. Él es todo en lo que puedo pensar.
—Un chico que has conocido, ¿qué, menos de dos semanas?
—Algunas veces es todo lo que se necesita.
Tom se estiró hacia atrás, ofreciendo su mano. Cuando Bill la tomó, Tom lo rodeó con sus brazos. Tomando coraje, Bill finalmente se atrevió a ver a Georg a los ojos.
—La idea de dejarlo, Georg —Tom arrugó el ceño—, vivir una vida que nunca lo haría feliz… —sonrió al chico en sus brazos cuando se vieron a los ojos—. No puedo hacerlo. No lo haré.
Georg miró de su amigo al chico a su lado y sólo Tom pudo notar el imperceptible movimiento en la ceja del castaño.
—¿Así que estás tomando el desafío de hacerlo feliz? —Preguntó Georg.
—Lo voy a intentar —Tom pasó fuertemente los brazos por la cintura de Bill—. Tanto como él me deje.
Bill se puso contento. Georg miró a ambos y negó con la cabeza, alejándose. Subió a su caballo y luego giró hacia a su amigo.
—Deberías llevarlo de vuelta, Tom.
—Él tiene razón —Bill observó como el castaño cabalgaba—. Tarde o temprano, mi padre enviará a sus soldados.
—Bill, si tú quieres, te llevaré de vuelta ahora mismo —Tom sujetó el rostro de Bill entre sus manos—. Y enfrentaré las consecuencias.
—Creo que las consecuencias serán las mismas —respondió Bill—, si regreso ahora o nunca. Y no quiero volver allá, Tom —se mordió el labio inferior—. Quiero ir contigo.
Tom bajó la cabeza y Bill cerró los ojos, cuando sus labios se unieron suavemente. Subieron de vuelta al caballo y siguieron a Georg fuera del bosque.
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Bill nunca antes había dormido mientras cabalgaba en un caballo. De hecho, ni siquiera tenía idea de que era posible. Pero las cosquillas de los dedos de Tom en su costado lo hicieron levantar la barbilla de su pecho. Se recostó en el hombro de Tom, parpadeando rápidamente ante los desconocidos alrededores. Estaban en un valle rocoso, con altos acantilados a ambos costados.
—Lamento haberte despertado.
Bill sintió que el pecho de Tom temblaba en su espalda y supo que se estaba riendo de él.
—Casi llegamos a casa.
Tom señaló a lo alto de los acantilados, indicando torres idénticas de piedra redonda en ambos lados. Bill vio a dos soldados en cada torre. Sus ojos se abrieron alarmados cuando los soldados sacaron sus espadas, sólo para sostenerlas sobre sus cabezas cuando reconocieron a su capitán. Tom sacó su propia espada, regresando el gesto brevemente, antes de volver a guardar la espada en la vaina que llevaba en su espalda.
—Es bueno tenerlo en casa, señor —gritó uno de los caballeros.
Tom sonrió—. Es bueno estar en casa —gritó de vuelta.
Llegaron a un arrollo poco profundo, que los caballos cruzaron fácilmente y se dirigieron hacia lo alto de la colina. Tom detuvo a Cadoc. Bill miró al gran valle verde que gradualmente aparecía. Situado en la punta de la montaña, salpicado de pequeñas chozas con techo de paja, estaba orgullo, sobre todo lo demás, el castillo de Coburg.
& Continuará &
Wow, ¿alguien imaginó esta fuga? Ya han legado a Coburg, el hogar de Tom, pero no todos parecen felices, Georg está furioso con lo que ha hecho su amigo, y no es para menos, considerando toda la situación que está viviendo esa zona. ¿Creen que devuelvan a Bill a su casa? ¿O le permitirán seguir viviendo con Tom? Gracias por leer y no olviden dejar su amor a elvisfan.