
Fic de elvisfan. Traducido por MizukyChan
Capítulo 8
Tan pronto giró, Tom tuvo sus brazos llenos de Bill.
—¡Tom, por favor, no te vayas! —Gimoteó el pelinegro en el cuello del mayor, con brazos firmemente a su alrededor—. ¡Quiero que te quedes conmigo!
—Bill, lo siento —Tom apretó las caderas del otro—. Sabes que no puedo.
—No me refiero a mañana —Bill palmeó la nuca de Tom—. Quédate esta noche conmigo.
Tom comprendió cuando Bill presionó los labios en su cuello y sacudió levemente la cabeza, intentando alejar gentilmente al pelinegro.
—¿Por favor, Tom? —Los ojos chocolate de Bill estaba muy abiertos y estaban completamente claros cuando se aferró a Tom—. Quiero estar contigo.
Tom acunó el rostro del menor, acariciando su piel suave—. Pero no me perteneces a mi.
—Quiero hacerlo —Bill besó el borde de los labios del rastudo—. Si tengo que ser suyo por el resto de mi vida, quiero ser tuyo ahora. Quiero entregarme a ti.
Suavemente, Bill llevó su boca a la de Tom, susurrando un “por favor” y contuvo la respiración cuando Tom ladeó su cabeza, sólo un poco. Se abrió y pronto, Tom llenó su boca, sacando hambrientamente un gemido de labios del chico en sus brazos. Apretó fuertemente a Bill, tal como éste lo hizo momentos antes, pero ahora, Bill se sentía muy diferente. Sus brazos se deslizaron por atrás de los hombros de Tom, sus dedos se aferraron a las gruesas rastas rubias.
Tom rompió el beso, pero no se separó. Deslizó las manos bajo la camisa de Bill, las yemas de sus dedos, acariciaron la suave piel de los costados del pelinegro.
—¿Estás seguro?
Bill simplemente asintió y sintió como Tom arrastraba su camisa hacia arriba. Él levantó los brazos y perdieron visión el uno del otro lo suficiente como para que Tom quitara la suave tela por sobre sus cabezas. Bill tomó el borde de la camisa de Tom en sus manos y se la quitó. Sus palmas se deslizaron por el pecho de Tom mientras se volvían a juntar. Con los brazos enlazados justo bajo la espalda de Bill, Tom lo llevó a la cama y lo recostó. El mayor se inclinó, para volver a los labios hinchados del pelinegro. Las manos de Bill se deslizaron por los fuertes músculos de la espalda de Tom mientras gemía en el beso. Tom se movió hacia el cuello del pelinegro, girando la lengua en pequeños círculos, mientras descendía por la pálida columna de piel.
Bill jadeó, gimoteando debajo de él, sus ojos se atrevieron a mirar sobre la cama, mientras la boca de Tom danzaba sobre su piel. Tom besó un hombro, acarició suavemente la marcada clavícula y lamió el espacio de su garganta. Sus manos se deslizaron hacia abajo, encontrando un suave y plano pezón. Hizo círculos con su pulgar sobre el sensible lugar, sintiendo como se endurecía, oyendo como Bill gemía cuando lo rodeó con sus labios. El menor se estremeció debajo suyo y su espalda se arqueó levemente cuando Tom tiró de su piel sensible con la boca.
Tom viajó más allá, sus dedos cosquillearon la piel cuando llegó a las costillas de Bill y pasó la lengua por el suave y plano vientre del pelinegro. Sus ojos disfrutaron al ver el sonrojado rostro de Bill, sus endurecidos pezones decoraban su agitado pecho y cada pequeña peca, decoraba su piel de alabastro.
—Eres hermoso, Bill —susurró.
Los labios del pelinegro se separaron, pero cualquier respuesta se perdió cuando Tom acunó con su mano la creciente erección entre los muslos del joven. Los ojos de Bill parpadearon hasta cerrarse y gimió, mientras Tom lo masajeaba a través dela barrera de sus pantalones de cuero. Apenas se dio cuenta que los dedos de Tom estaban tirando los lazos antes de que sus pantalones se abrieran, los dedos del mayor lo tomaron por la cintura. Sus ojos se encontraron y, en silencio, Tom pidió permiso para ir más allá. Bill levantó las caderas y, lentamente, Tom liberó la dureza del menor de su confinamiento.
Tom se levantó, sus dedos trabajaron en los lazos del frente de sus pantalones. Bill se acomodó en el centro de la cama y Tom gateó a los brazos abiertos del otro. Se ubicó entre las piernas abiertas de Bill y éste gimoteó cuando sus firmes erecciones se frotaron. Ancló una pierna sobre la cadera de Tom y éste acarició el dorso de su muslo. El rastudo bajó la cabeza, buscando un beso, pero se detuvo. Cerró los ojos y giró la cabeza, con una suave maldición.
—¿Qué… —Bill se lamió los secos labios, parpadeando aturdidamente—. ¿Qué sucede?
Tom se sentó sobre sus pantorrillas, con sus manos en los muslos—. No había planeado hacerte el amor esta noche —sonrió tímidamente—. En realidad, no estoy preparado.
Bill arrugó el ceño, sin entender, y los dedos de Tom acariciaron la cadera del chico.
—No quiero lastimarte, Bill.
Los ojos de Bill se abrieron, comprendiendo lentamente, y Tom sonrió de lado al ver su sonrojo ante la tenue luz del fuego. El pelinegro se apoyó en sus codos, apretó su labios con los dientes, mientras escaneaba la habitación.
—¡Oh! —señaló hacia un rincón—. Tengo aceite de baño en…
Tom se levantó de la cama y cruzó la habitación en un instante, tomando la botellita con un líquido verdoso de un mueble de madera. Los ojos de Bill lo admiraron mientras regresaba a la cama y Tom se detuvo, para permitirle recrear la vista. Los ojos de Bill viajaron lentamente hacia arriba, descubriendo que Tom lo miraba, y su sonrisa se amplió.
—Puedo dejar que sigas…
—No, no —Bill soltó una risita, mientras Tom volvía a unirse a él en la cama—. Puedo ver más después.
To rápidamente cubrió el cuerpo de Bill con el suyo, deslizándose nuevamente en su cálida y dispuesta boca. Apenas los dedos del rastudo tocaron la longitud de Bill, sacaron un gemido de labios del menor y sus manos bajaron hacia abajo, a la línea de las nalgas de Bill. Los ojos del pelinegro se abrieron y sus labios se abrieron con un fuerte jadeo cuando Tom encontró su entrada.
—Me detendré —Tom miró los grandes ojos abiertos de Bill, mientras lo masajeaba—, ahora mismo si tú lo dices.
—¡No! —Bill se aferró a la espalda del mayor, para evitar que se alejara—. ¡Tom, quiero esto!
Con los dedos aún en su objetivo, Tom besó a Bill una vez más antes de sentarse. Abrió la tapa de la botella con su mano libre y puso un poco del líquido aceitoso sobre sus dedos, donde se deslizaron hacia la apertura del pelinegro. Bill se removió en la cama, encontrando extraña la sensación, pero no desagradable. Sus ojos encontraron los de Tom y su pequeña sonrisa rápidamente desapareció cuando el mayor puso dos dedos dentro de él. Tom lo besó, tragando los sollozos adoloridos de Bill, mientras lo masajeaba.
La respiración entrecortada del menor pronto se calmó mientras Tom lo preparaba, convirtiéndola en pequeños ronroneos de placer, cuando el mayor tocó cierto punto.
—¿Mejor ahora?
Los ojos de Bill parpadearon hasta abrirse y vio la sonrisa coqueta del rastudo. Tocó con la punta de un dedo, la boca de Tom, subiendo su cabeza para que lo besara, sus lenguas lentamente se encontraron. Brevemente Tom entró más profundo, sentándose en sus pantorrillas y vio la primera muestra de duda en el rostro de Bill cuando se acarició a sí mismo con el fragante aceite. Bill se estaba mordiendo el labio inferior y sus ojos bajaron del rostro de Tom a la rígida carne en sus manos.
—¿Tom? —Bill desvió la mirada del miembro del mayor—. ¿Tú… si dijera que no quiero…?
El rastudo dejó de tocarse inmediatamente, apretó tan fuerte su mandíbula que casi dolió.
—Está bien —respiró profundamente—. No tenemos que…
—No, ¡sí quiero! —La boca de Bill se curvó en una pequeña sonrisa—. Sólo quería saber… si lo harías si te lo pidiera.
Tom se detuvo, antes de volver a inclinarse sobre él. Deslizó un dedo por la mejilla del pelinegro antes de juntar sus labios con suavidad.
—Nunca haría nada para dañarte.
Bill se puso contento y vio como Tom correspondía su sonrisa—. Por esa razón quiero que sea contigo —susurró y pasó un dedo por la mejilla de Tom, imitando sus acciones—. Hazme tuyo.
Bill se aferró a la espalda de Tom, abriendo sus piernas. Tom se detuvo en la entrada de Bill y éste dejó de respirar cuando el mayor entró lentamente en él. Tom cerró los ojos apretados con un gemido y su cabeza cayó hacia adelante, su cabello rozó el pecho desnudo de Bill. El pelinegro hundió las uñas en la espalda de Tom y éste vio como una lágrima bajaba por el rostro del chico y al mismo tiempo vio una pequeña sonrisa en sus labios.
—¿Okey? —exhaló.
—Ah—ja —finalmente, Bill volvió a respirar. Tenía los ojos muy abiertos—. Yo sólo… nosotros de verdad…
Tom sonrió y besó la punta de la nariz del pelinegro—. Sí, de verdad lo estamos.
Bill gimió cuando Tom comenzó a moverse, apenas tocando sus caderas, deslizándose cada vez más dentro de Bill, hasta que estuvo dentro del todo. Bill sintió cada pulgada de carne dentro de él. Dolió, al principio, pero pudo notar que Tom estaba siendo muy cuidadoso con él. Se movieron juntos, lentamente, las manos de Bill se deslizaron por la espalda del rastudo, mientras Tom besaba cada parte de Bill que estuviera a su alcance. Eventualmente, volvió a encontrar los labios abiertos del chico, se deslizó dentro y Bill gimió suavemente, cuando Tom encontró nuevamente el mismo punto de antes.
El mayor sintió a Bill moviéndose debajo de él. Bill tenía los ojos cerrados, la boca abierta y el cuello arqueado levemente. El pelinegro gimió, enganchando la pierna en la cadera del rastudo, tirando de él para sentirlo más profundo. Tom embistió un poco más fuerte y Bill jadeó, tirándole el cabello. Envolvió las piernas alrededor de la cintura de Tom y sus gemidos se volvieron jadeos amortiguados cuando Tom lo unió fuertemente en un intenso y ardiente beso. Tom gimió profundamente. Su ritmo se incrementó, el cuerpo de Bill se mecía debajo suyo con cada nueva embestida.
—¡Tom! —Bill jadeó cuando Tom se movió más rápido—. ¡Oh! ¡A—ahí! ¡Más!
Los dientes del pelinegro encontraron el lóbulo de la oreja de Tom, en el mismo momento en que Tom sintió que el cuerpo de Bill se apretaba alrededor de su polla, haciendo que el mayor gimiera sonoramente. Los ojos del pelinegro se abrieron grandemente y miró maravillado a Tom al sentir los primeros tirones en su interior. Abrió la boca, pero el único sonido que pudo hacer fue el nombre de Tom. Gimió y se estremeció, y su cuerpo se arqueó sobre la cama, al correrse sobre su estómago en fuerte ráfagas blancas.
Los ojos de Tom nunca dejaron los de Bill mientras se continuaba moviendo dentro de su cuerpo. El pelinegro levantó la cabeza y, el ver sus labios llenos acariciando la cicatriz de su hombro, envió a Tom al límite. Su cuerpo se puso rígido y embistió hacia adelante con sus caderas, estallando en el interior de Bill con un grito estrangulado. Bill gimió al sentir como Tom punzaba dentro de su cuerpo. La cabeza del mayor cayó, descansando contra la de Bill, mientras recuperaba el aliento. Bill se movió bajo su cuerpo, sus extremidades brillaban sobre la cálida y húmeda piel de Tom. Los párpados de Bill se cerraban, sus mejillas estaban sonrojadas y Tom besó la sonrisa complacida en los labios del menor.
Tom salió de él, lentamente, ganándose un suave murmullo de desaprobación del pelinegro. Dejó a Bill en sus brazos y se quedaron ahí, hechos un enredo de miembros sobre las sábanas desordenadas. Tom besó la parte de atrás del hombro de Bill, deslizando una mano a su delgada cadera. Bill pasó suavemente las yemas de sus dedos por el brazo de Tom, hasta entrelazar sus dedos.
—No te vayas hasta que me quede dormido —Bill miró la mayor—. ¿Okey?
Tom capturó los labios llenos del menor por lo que, probablemente, sería la última vez—. Okey.
Por tanto el rastudo esperó hasta que el agarre de sus manos se aflojara y su respiración fuera lenta y acompasada.
Cuando Bill despertó en la mañana, Tom se había ido.
& Continuará &
Aawww, Bill no pudo aguantar y se entregó a Tom. Alguien en los comentarios dijo que tal vez pasaría esto. ¿Y ahora qué? Todavía queda mucho fic y Tom debe irse a su casa. Hagan sus apuestas.