
Fic de elvisfan. Traducido por MizukyChan
Capítulo 4
Bill se agachó al pasar por una rama baja, sus labios se bajaron por la concentración, mientras él y Tom cabalgaban por el bosque.
—Tom todavía estoy confundido.
El mayor lo miró, esperando a que continuara.
—Dijiste que los clanes han estado luchando entre ellos por siete años, pero la primera vez que viniste aquí, mi madre no estaba para nada preocupada de que fueras de Coburg. Y Hannover ha estado tomando sus tierras, pero nosotros nunca hemos tenido problemas con ellos.
Tom bufó—. Coburg y Hannover, apenas son una amenaza para ellos, ¿verdad? —Lo quedó mirando, ante la expresión en blanco de Bill—. ¿Bill, no tienes un tutor que te enseñe algo?
—Por supuesto que sí.
—¿Entonces, por qué no sabes las cosas básicas de la historia de este país?
—Yo no soy Andreas, Tom —respondió el pelinegro con petulancia—. Él va a gobernar después de mi padre, no yo, así que él es quien debe saber todo esto. Tuvimos el mismo tutor. Yo simplemente… no escuché muy bien.
Tom luchó con las ganas de rodar los ojos—. ¿Te gustaría una pequeña lección de historia? —Preguntó—. ¿Para que tengas una idea de lo que está ocurriendo en el mundo?
Bill suspiró, lamentándolo de antemano—. Está bien.
Tom miró al más joven con un divertido movimiento de cabeza.
—Cuando el Rey Ulrich murió siete años atrás —comenzó—, no dejó heredero. Cada miembro de la nobleza reclamó el trono, incluyendo Lord Trumper y tu padre.
—¿Mi padre pudo haber sido rey? —Preguntó Bill, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
—Si alguien hubiera estado de acuerdo con él, entonces sí —Tom asintió—. Se supone que los nobles debían formar un concilio y votar por quién debía ser el siguiente rey. Desafortunadamente, no pudieron ponerse de acuerdo en nada. Clanes que habían sido aliados por siglos, de pronto se volvieron uno contra el otro y ha sido así desde entonces.
—Pero… —Bill arrugó el ceño—. ¿Por qué?
—Poder, Bill —lentamente, Tom guió a Cadoc sobre un terreno pedregoso—. Principalmente todos luchan por sí mismos y sólo el más fuerte sobrevive. Algunos de los clanes han formado nuevas alianzas a través de los años, pero incluso eso pasa cuando ambos lados logran sacar algún beneficio.
Tom miró a Bill, cuyo rostro estaba opacado por el ceño fruncido. Tom sintió que tenía que ver con algo más que sólo la historia.
—Entonces… Hannover lucha con Coburg —dijo eventualmente el pelinegro.
—Desde que el rey murió, —respondió Tom— los clanes más grandes controlan a los más pequeños y Coburg tiene sus aliados, pero… —se alzó de hombros—, puede que no sobrevivamos.
Sorprendido, Bill giró, con los ojos muy abiertos, hacia el hombre que estaba junto a él—. ¿Qué quieres decir?
—Quiero decir… —Tom escogió sus siguientes palabras cuidadosamente, sabiendo que Bill estaba asustado por lo que estaba escuchando—. ¿Sabes dónde está la provincia Bad Nauheim, Bill?
El pelinegro sólo parpadeó, arrugó el ceño, tratando de recordar—. Creo que no.
—Ya no existe —contestó el mayor con simpleza—. Hannover la invadió apróximadamente hace cinco años, asesinaron a Lord Bohlen y a todos sus hijos, y clamaron el control de todas sus tierras.
—Y por eso estás tratando de luchar —Bill asintió, comprendiendo—, en Coburg.
—Todos los días.
Tom miró hacia atrás, por sobre su hombro cuando se dio cuenta que el caballo de Bill se había detenido. Giró a Cadoc hacia atrás y lo detuvo junto al joven.
—¿Quieres decir que… puedes ser asesinado? —La voz de Bill fue baja y temerosa—. ¿Si eso sucede en Coburg?
—Posiblemente no —Tom intentó sonar esperanzador—. Usualmente los soldados son valorados y trasladados al ejército invasor. Puede que ya no sea capitán —se alzó de hombros—, pero al menos seguiré con vida.
Sintiendo que sus ojos dolían por repentinas lágrimas, Bill giró a Artax y tiró de las riendas. Tom siguió en silencio junto a él, mientras cabalgaban de vuelta al castillo. Ninguno de los dos dijo nada hasta que estuvieron en el establo.
—Bill, siento mucho si te he amargado —consciente de todos a su alrededor, Tom suavemente tocó la mano de Bill con las yemas de sus dedos, sólo para ser alejado—. No fue mi intención.
—Lo sé —Bill asintió con los ojos pegados al suelo—. Yo… te veré en la cena, Tom.
Dejó a Tom de pie allí, quien miró al joven alejarse caminando. Ninguno de los dos notó que Jorg los observaba, con los ojos achinados, desde una ventana superior.
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Natalie estaba espléndida.
Habiendo estado comprometida desde que tenía doce, había tenido bastante tiempo para aceptar el hecho de que se casaría con un hombre que casi le doblaba la edad. Ella hasta había descubierto que sentía verdadero afecto por el hombre, quien había sido tan formal y respetuoso con ella y sabía que sería feliz con este hombre, que su padre había escogido para ella.
Actualmente, ella estaba sentada en el gran salón, junto a su nuevo esposo, agradeciendo a los hombres y mujeres que habían venido a traer regalos a la pareja de recién casados. Bill los observaba con atención, ambos estaban felices y se sintió aliviado de ver esa sonrisa genuina en el rostro de su hermanita. Dejando lentamente que sus ojos vagaran, Bill encontró a Tom otra vez, junto a la chimenea, con uno de los pocos caballeros de alto rango, quien había sido invitado a disfrutar de las festividades. Los ojos de Tom instantáneamente encontraron a los de Bill y las esquinas de sus labios se curvaron cuando el joven, tímidamente, bajó la cabeza. Incluso con el rostro de Bill, parcialmente oculto por su cabello, Tom pudo ver una pequeña sonrisa en sus labios y, aun cuando no podía poner un nombre a sus sentimientos por el joven, sabía que no tenía nada que ver con que Bill lo hubiera cuidado la semana pasada.
Bill se atrevió a dar otra mirada y sintió mariposas en su vientre al ver la sonrisa que sabía era sólo para él. Tom se sintió aliviado de ver que el miedo en los ojos de Bill del día anterior, se había desvanecido y había sido remplazado por la felicidad de su hermana menor y por, Tom sabía, el afecto que sentía por el joven caballero que había estado cuidando.
—Ten cuidado ahí, mi amigo —los labios del otro caballero apenas se movieron, mientras observaba las miradas y sonrisas que habían intercambiado en la habitación—. ¿El hijo de mi Lord? —Sonrió—. Has puesto tus expectativas muy en alto, ¿no es así?
Tom no respondió, pero una mirada rápida hizo saber al hombre que lo había escuchado.
Bill fue muy educado cuando un par de invitados a la boda se detuvieron a charlar. Tomó un vaso de vino de uno de los sirvientes que pasaba y, cuando sus ojos vagaron cerca de la chimenea, arrugó el ceño al descubrir que Tom ya no estaba ahí. Dando una mirada discreta alrededor de todo el salón, no pudo encontrar a Tom en ninguna parte y acababa de alejarse de la pared para salir a buscarlo, cuando su padre lo sujetó por el brazo.
—¿Cómo está el paciente? —Preguntó, su sonrisa orgullosa nunca se desvaneció.
—Muy bien —respondió el pelinegro.
—Excelente —Jorg rió ante el comentario gracioso de alguien—. Ayer envié un mensaje a Coburg, diciendo que pronto estará listo para viajar —le dio una mirada significativa a su hijo—. Pronto no tendrás que seguir preocupándote de ese joven.
Bill arrugó el ceño ante la idea, pero sólo asintió obedientemente. Intentó moverse, pero el agarre de su padre se intensificó.
—Habrá un invitado especial en el festín de la boda, esta tarde —Jorg estudió los ojos de su hijo, anticipando la reacción de Bill ante las noticias—. Anis, el hijo de Lord Kastner.
Los ojos del pelinegro se abrieron mucho y sintió que las mariposas en su estómago, se volvían plomo. Jorg fingió preocupación ante la reacción de su hijo.
—Anímate, hijo —sonrió de lado—. Pensé que la idea de volver a ver a tu futuro esposo, te complacería.
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Bill se negó completamente a mirar en dirección de Tom en el festín de esa tarde y Tom sintió que el hombre sentado junto al pelinegro era la razón para ello.
De hecho, Bill apenas había levantado la vista de la mesa. Apretó los dientes y su estómago se revolvió al sentir la mano del otro hombre descansando en su muslo. Levantando la copa de vino, sin importarle nada en el mundo, Anis dejó que su mano se moviera más arriba por la pierna del joven. Rió suavemente cuando vio que Bill apretaba más fuerte el cuchillo que sostenía.
—No quieres hacer una escena aquí, ¿verdad, mi amor? —Anis le dio a Bill una sonrisa cariñosa y su mano apretó el muslo del chico—. Nuestros padres estarían muy decepcionados.
Dejando el cuchillo en la mesa, Bill dio una mirada adorable a su futuro esposo por encima de su vaso de cristal.
—Por favor, quite su mano, mi Lord —Bill sonrió con dulzura—. Todavía queda un mes antes de que se pueda tomar esas libertades conmigo.
Anis rió, su mano de deslizó brevemente, antes de quitarla.
—Tienes razón, por supuesto —respondió—. Muy pronto sabré si ha valido la pena la espera.
Tom arrugó el ceño ante ellos dos; tanto por la incomodidad de Bill como también por el movimiento de la mano del mayor, por debajo de la mesa principal. El pelinegro todavía no miraba a Tom a la cara.
Jorg se puso de pie y el ruido del salón se detuvo.
—Honorables invitados —la voz de Jorg se elevó por encima de todo el salón—. Hoy es un día de orgullo para mi y para toda mi familia —agitó una mano hacia todos los de la mesa—. No sólo mi hija está casada ventajosamente, sino también me complace anunciar formalmente el compromiso de mi hijo menor, William, con Anis de Hamburgo.
Murmullos contentos se expandieron por el salón y Tom quedó con la boca abierta. Sus ojos se movieron de vuelta a Bill, cuya sonrisa forzada ahora estropeaba su hermoso rostro.
—Así que, por favor, únanse mis damas y caballeros —Jorg levantó su copa y se detuvo mientras todos los demás hacían lo mismo—, para celebrar otra ocasión especial, que tomará lugar el próximo mes.
El salón estalló en festejos y los ojos de Bill, finalmente vagaron a la mesa de Tom, a tiempo de ver como se escabullía del salón, sin ser notado.
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Tom estaba sentado en el piso, frente a la chimenea, cuando Bill por fin pudo retirarse a su habitación esa noche. Vio como Bill entraba, luego volvió la atención al brillo anaranjado del fuego. El pelinegro cruzó la habitación en silencio, sentándose en el suelo, junto a Tom.
—Lamento no haberte dicho —Bill se quedó en silencio, mientras estudiaba el fuego—. Yo simplemente… no sabía cómo. Me gusta pasar tiempo contigo —dudoso miró a Tom, pero sólo vio su perfil—. Y no quería arruinarlo.
—No me debes explicaciones, Bill —Tom finalmente miró al otro a la cara—. Una semana atrás, ni siquiera me conocías y después de que me vaya… —arrugó el ceño—. Estarás casado y nunca más volverás a pensar en mi.
Bill cerró los ojos y sus corazón dolió ante las palabras del mayor.
—No entiendo por qué esto me molesta tanto.
Bill arrugó el ceño—. ¿Mi matrimonio con Anis?
Tom sacudió la cabeza—. Tú casamiento con cualquiera.
Tom se encontró a si mismo mirando las suaves y delicadas facciones del rostro que estaba tan cerca del suyo. Los grandes ojos marrones que Tom conocía, solían ser tan felices y hasta un poco traviesos, se ocultaban mientras la atención de Bill se concentraba en sus manos, que ahora se movían inquietas en su regazo. Tom notó la suave pendiente de la nariz de Bill, justo arriba de la curva de sus labios rosados. Disfrutando del ángulo de la mandíbula del chico y la larga y suave línea de su cuello, Tom no pudo desviar la mirada. Se estiró para sujetar la mano del pelinegro y la puso entre las suyas.
Bill miró sus manos unidas y luego llevó sus ojos avellana, hacia arriba, a los de Tom, dándose de cuenta de su intención, justo cuando Tom se acercaba. Parpadeó sorprendido y dejó que sus ojos se cerraran, tan pronto como la boca de Tom tocó la suya. Gentilmente, Tom unió sus labios y soltó la mano de Bill. Con suavidad acunó las mejillas de Bill, cuando se separaron brevemente. Ladeando un poco la cabeza, capturó el labio inferior de Bill entre los suyos.
Bill lentamente abrió los ojos, cuando la boca de Tom dejó la suya y vio un breve toque de inseguridad en los ojos del mayor. Bill tragó pesado y sus ojos se deslizaron a los labios separados del rastudo. Antes de que Tom pudiera moverse otra vez, Bill volvió a unir sus labios, suspirando en el suave y dudoso beso cuando sintió la mano de Tom deslizarse en su nuca.
Con un suave quejido, Bill rompió el beso. Se sentó derecho, con los ojos muy abiertos y juntó sus labios, mientras miraba al fuego.
—Bill, lo siento —Tom de inmediato se odió a sí mismo, por su comportamiento impulsivo—. No debí…
—No, yo no debí… —los ojos de Bill se cerraron, mientras agitaba levemente su cabeza—. No me molestó. Tu sólo me sorprendiste —le dio una mirada tímida a Tom—. Me sorprendí a mi mismo.
Las mejillas de Bill se sonrojaron y Tom estaba seguro que no tenía que ver con el fuego. Bill se mordió tan fuerte el labio, que dolió, pero no pudo evitar que las siguientes palabras escaparan.
—Me gustó.
Sin escuchar una respuesta, Bill encontró el coraje para mirar directamente al otro hombre. La sonrisa de Tom creció lentamente y se volvió como la de Bill. Sus ojos volvieron a deslizarse hasta los labios de Tom, Bill negó con la cabeza y se puso de pie con rapidez.
—Es tarde —anunció—. Y… estoy cansado. Y tú… necesitas descansar.
—Tienes razón.
Tom convirtió su sonrisa en un bostezo y se levantó con facilidad del suelo. Observó divertido como Bill apretaba las almohadas en la cama y dejaba las sábanas abiertas a la perfección, ayudando a Tom a acostarse, sujetándolo innecesariamente por el codo.
—Tal vez podríamos salir a cabalgar mañana —sugirió Tom.
—Por supuesto —Bill hizo una mueca, porque su voz sonó muy aguda—. Tal vez al río.
—Y luego dejamos que Bess nos sobre-alimente otra vez.
—Estoy seguro que a ella le gustará eso.
Sus sonrisas se desvanecieron lentamente y sus ojos se quedaron fijos en el otro, porque ambos deseaban otro beso más.
—Buenas noches, Bill —la voz de Tom fue sólo un susurro—. Duerme bien.
—Buenas noches.
Bill abrió la puerta y luego se detuvo, mirando por sobre su hombro. Los ojos de Tom estaban fijos en él cuando sopló la vela que tenía junto a su cama.
& Continuará &
Aaww, se besaron, pero la mala noticia que todos esperábamos, se ha anunciado públicamente, Bill debe casarse, y nada más ni nada menos, que con Anis, también conocido como Bushido (me cae mal ese tipo, pero es es sólo mi punto de vista) Gracias por venir a leer y no olviden dejar su amor a la autora original. Ahora que ya se besaron, las cosas no volverán a ser lo que eran… chan, chan chan…