
Fic de elvisfan. Traducido por MizukyChan
Capítulo 22
—No pareces muy feliz de verme —Anis soltó una risita—. No deberías estar más que feliz al ver a tu futuro esposo, Bill.
—¡Tú nunca serás mi esposo! —Espetó Bill, mirando la puerta—. ¡Te detesto!
—¿Me detestas? —Anis sonrió de lado—. Que palabra tan fuerte para un pequeño —dio un paso más cerca—. Tal vez pueda cambiar tu modo de verme.
Bill jadeó, corriendo hacia la puerta. La abrió de par en par, revelando a dos hombres extraños y muy grandes que lo miraban con el ceño fruncido desde el umbral. Uno de ellos lo alcanzó, haciendo que Bill retrocediera con miedo sólo para darse cuenta de que el hombre estaba alcanzando la manija de la puerta, cerrando la puerta con un golpe. Bill giró, con la espalda apoyada contra la puerta.
—No te escaparás de mi, Bill —Anis se alzó amenazadoramente sobre el muchacho de ojos muy abiertos que tenía delante—. Y tu valiente caballero no está aquí para salvarte.
Bill estaba atrapado, acorralado. Vio la ventana de la habitación y se lanzó hacia ella, sólo para ser detenido por un fuerte brazo alrededor de su vientre. Bill gritó, con las piernas flotando en el aire cuando lo levantaron del suelo. Aterrizó de espaldas, rebotando en el colchón mientras el otro hombre subía a la cama. Anis se sentó en los muslos de Bill, inmovilizando efectivamente al joven
—¡Suéltame! —Gritó el pelinegro.
Anis atrapó un puño mientras volaba hacia él—. Deberías ser bueno conmigo, pequeño —advirtió al muchacho que estaba debajo de él. Pasó las yemas de los dedos por la mejilla de Bill—. Odiaría dañar esa linda carita.
Bill frunció el ceño mientras se retorcía sobre la cama. Giró la cabeza, agarrando la mano del otro hombre y lo mordió lo más fuerte que pudo. Anis gruñó de dolor.
—¡Maldito!
Anis liberó su mano. Miró fijamente a los ojos grandes de Bill y lo golpeó en la cara, antes de darlo vuelta sobre su estómago. Bill intentó alejarse gateando antes de sentir una mano firme en su espalda, manteniéndolo boca abajo. Se quejó cuando sintió otra mano tirando del borde de sus pantalones.
—No luches conmigo, Bill —Anis se lamió los labios mientras el pequeño trasero se revelaba ante él—. Te prometo que sólo dolerá un minuto.
Bill cerró los ojos con fuerza mientras las manos ásperas lo separaban, pronto sintió el cálido aliento de Anis en su oído.
—Tu Tom estará feliz de que te hayas ido —susurró Anis—. Una vez que escuche como ansiosamente abriste las piernas para mi.
Bill se quejó mientras los dedos ásperos se deslizaban entre sus nalgas. Anis gimió sobre él, su boca se curvó en una mueca cuando sintió la entrada de Bill. Bill apretó su rostro en la manta, su corazón palpitaba en sus oídos. Su cerebro apenas registró los gritos que venían del pasillo, o el fuerte golpe contra la puerta. Se abrió de golpe, y Bill sintió repentinamente que el peso sobre él desaparecía. Lentamente giró la cabeza, con los ojos cautelosamente abiertos a tiempo de ver a Anis caer de nuevo sobre la cama, con la empuñadura de un cuchillo sobresaliendo de su pecho. Bill gritó, avanzando hacia la cabecera de la cama. Abrazó sus rodillas mientras miraba fijamente la mancha roja en la camisa del hombre muerto que poco a poco se hacía más grande. Lentamente, la cabeza de Bill se volvió hacia la puerta. Parado, justo al lado de la puerta, el cuerpo de uno de los hombres de Anis yacía inmóvil y detrás de él, estaba Gustav.
Su pecho subía y bajaba rápidamente, y Bill pensó que podía sentir la adrenalina corriendo por sus venas. Sus enojados ojos oscuros se dirigieron a Bill, viendo el moretón que se estaba formando en su pómulo.
—¿Estás bien? —Preguntó.
Bill asintió y Gustav giró y salió corriendo de la habitación. Bill lo oyó gritar órdenes a los hombres que lo seguían mientras él lentamente se levantaba de la cama, dando una mirada cautelosa al cuerpo sobre la cama. Sus manos temblorosas sujetaron de sus pantalones, subiéndolos, mientras salía corriendo de la habitación.
&
—¡Revisa a los heridos y que alguien me haga un informe de los muertos! ¡Y tú! —Gustav sujetó a un sirviente que pasaba—. ¡Pon algunos hombres a vigilar! —mandó—. ¡Quiero que la bodega esté vacía y la puerta sellada antes del desayuno de mañana!
Con las manos en las caderas, Gustav observó como todos corrían a atender sus obligaciones. A su izquierda, vio a Bill y a Natalie acurrucados frente a la chimenea.
—Ya envié un mensaje a Berlín —dijo mientras se dirigía al par—. Pero probablemente será mediodía antes de que llegue a mi padre. Y a Tom —agregó—. Deberían descansar un poco.
—Me temo que ni siquiera podré cerrar los ojos ahora —Bill apoyó la cabeza en la de su hermana cuando ella abrazó su brazo—. Sigo viéndolo. ¡Salió de la pared, Gustav!
—Los viejos túneles —Gustav asintió y se sentó junto a ellos—. Todos ellos conducen a la bodega. A veces hasta me olvido de que están allí —observó a toda la gente corriendo por el pasillo—. Entonces, ¿cómo es que alguien de Hamburgo sabía sobre de ellos?
&
Bill pasó el día siguiente aturdido. Estaba agotado, habiendo permanecido despierto toda la noche, pero insistiendo tercamente en esperar a Tom. Ni siquiera un cachorro gris o el parloteo interminable de su hermana menor pudieron animarlo.
A la hora de la cena, apenas podía mantener los ojos abiertos. Trató de afirmar que no tenía hambre, pero el olor a la carne asada de Ada le hizo agua la boca. Estaba a mitad de camino de su segundo plato, cuando dio un vistazo al otro lado del pasillo y vio a Ria mirándolo fijamente. Ella siempre lo había mirado como un halcón, desde que había llegado por primera vez a Coburg, sus ojos furiosos brillaban con odio y celos indiscutibles. Ahora, sin embargo, parecía particularmente enojada por su presencia.
—Si tardara un solo segundo en conocerte, te adoraría —Natalie siguió la mirada de su hermano—. Todos esos celos no pueden ser saludables.
Finalmente, Bill dibujó la más pequeña de las sonrisa y la escondió tras su copa de vino. Vio a unos cuantos guardias entrando en el vestíbulo, pero no les prestó atención hasta que un grito de indignación dirigió sus ojos hacia Ria.
—¡¿Qué creen que están haciendo?! —gritó ella, tratando liberar el brazo del agarre de un guardia—. ¡Quítenme las manos de encima!
Un murmullo entusiasmado se extendió cuando Ria fue llevada a la mesa principal, todavía intentando liberarse. Los ojos de Bill se abrieron cuando Gustav dejó lentamente su silla.
—¡Ría! —esperó a que todos en el salón estuvieran callados—. Me has sorprendido. Sólo un par de semanas atrás, tú clamabas amar a un buen amigo mío. Sin embargo, me acabo de dar cuenta de que reparaste tu supuesto corazón roto con un soldado de Hamburgo.
El volumen de la habitación volvió a crecer y Gustav esperó.
—Tal vez no debiste haberle dicho a nadie del nuevo hombre en tu vida —Gustav arrugó el ceño—. O de tu intento de dejar la puerta del sótano abierta para él y sus amigos… anoche.
Ria jadeó, sus ojos furiosos se dirigieron hacia otra sirvienta, quien rápidamente agachó la cabeza y huyó de la habitación.
—Ria Sommerfield, eres es una traidora de Coburg y por tanto…
—¡No puedes hacer esto! —Chilló Ría—. Sólo Lord Trumper puede…
—¡Siempre he hablado por mi padre en su ausencia! —Gritó de vuelta—. Por lo tanto, estoy seguro de que estaría de acuerdo con mi decisión de desterrarte de sus tierras —llamó la atención de un sirviente que estaba cerca, quien asintió en silencio—. Tus pertenencias ya han sido reunidas y estos guardias te acompañarán a nuestra frontera —le lanzó una última mirada y luego movió su mano en su dirección—. Llévensela.
El salón se llenó de los gritos de Ría y de los murmullos enojados de los demás y Gustav calmadamente recuperó su asiento y sostuvo la copa en alto esperando por más vino.
&
—Bill, me alegro de que finalmente te vayas a dormir un poco —Natalie le entregó una manta extra a su hermano—. Pero ¿estás seguro de que el piso de piedra fría va a ser cómodo?
—Me niego a regresar a esa cama, Natalie —respondió tranquilamente el pelinegro—. Al menos no hasta que tenga un colchón en el que alguien no haya muerto. Además, el fuego me mantendrá caliente y, como estoy en el vestíbulo, sabré de inmediato cuando regrese Tom.
—Bill, ya tienes un colchón nuevo —le informó Natalie—. Es una de las primeras cosas que Gustav ordenó después de… —ella se mordió el labio cuando su hermano la miró feo—. Bueno, ¿estás seguro que no quieres que me quede contigo?
—No seas tontita —sonrió Bill—. Sé lo intolerable que eres cuando no has dormido bien. Estaré bien, en serio. Tom estará pronto en casa —asintió—. Estaré bien.
—Está bien, si estás seguro —Natalie se inclinó y le dio un abrazo a su hermano—. Pero si cambias de opinión, ven a mi habitación.
—Lo haré —Bill se acomodó sobre una manta y se tapó con otra hasta los hombros—. Buenas noches, Natalie.
Natalie se marchó, y el salón quedó extrañamente silencioso. El suelo estaba frío y no era cómodo y Bill cuestionó su decisión varias veces antes de dormirse.
Durmió profundamente, completamente inconsciente de que las pesadas puertas se abrían y que un grupo de hombres entraba en el salón. Alguien le acarició el cabello de la frente y, soltó un fuerte suspiro, antes de ser recogido por un par de brazos fuertes. Cuando fue puesto sobre un suave colchón, soltó un silencioso gemido.
—Ya estoy aquí, amor.
Bill se imaginó un suave beso en su frente antes de volver a dormir profundamente.
& Continuará &
Aaawww, Tom ha vuelto a casa. Quedan dos capítulos para el fin de esta historia, están todos invitados a seguir leyendo.
Que bueno que el ataque de Anis no pasó a mayores. Bendito Gustav que llegó a tiempo y mató al idiota pervertido, además me encantó en su modo «Lord» XD
Debí haber sabido que Ria tendría que ver en esto, me alegra que la desterraran al fin.