
Fic de elvisfan. Traducido por MizukyChan
Capítulo 2
Tres días después que Tom despertó en el castillo de Leipzig, Bill abrió la puerta de Tom, empujándola con el codo y se las arregló para cargar la bandeja con el desayuno del paciente, sin derramar nada. Casi dejó caer todo cuando vio la cama vacía. Escuchando el suave sonido de platos detrás de él, Tom giró de la ventana en donde estaba parado. Bill rápidamente dejó la bandeja y corrió tras él.
—¿Qué estás haciendo fuera de la cama? —Gritó el pelinegro.
—Buenos días para ti también —Tom sonrió—. Alguien vino a cambiar la cama y realmente no quería volver a acostarme —señaló la ventana abierta—. El primer día que me siento lo suficientemente bien para salir de la cama y está lloviendo.
—Necesitas descansar, Tom.
Bill puso su brazo en la cintura de Tom y trató de poner el brazo herido de Tom alrededor de su hombro, logrando sólo que el rastudo se alejara.
—Estoy bien, Bill.
Viendo el obvio dolor y la preocupación en los grandes ojos café de Bill, Tom intentó suavizar sus palabras. Dio un paso hacia él y dio un suave apretón a la muñeca del pelinegro.
—Has hecho un gran trabajo cuidando de mi, Bill —la voz de Tom era suave y completamente sincera—, pero de verdad me siento mejor. Por supuesto que todavía me duele el hombro, pero ya no me duele la cabeza, ni siento la necesidad de dormir todo el día —dio una mirada a la cama completamente ordenada, luego le dio una mirada suplicante a Bill—. No me hagas volver a la cama todavía.
Así que comieron junto a la chimenea. O más bien, Tom comió, mientras Bill lo veía. El rastudo terminó los huevos cocidos en dos mordiscos y luego comió el trozo de pan con una rebanada de jamón y casi se desmayó.
—Creo que me llevaré a Bess conmigo cuando me vaya —Tom lamió un trozo de queso mantecoso de su pulgar—. Estoy determinado.
—Me temo que tendrías que luchar con cada hombre del castillo —Bill rió, mientras levantaba los pies. Apoyó la cabeza en el respaldo de la silla y simplemente miró al hombre frente a él—. ¿Tom, cómo te hiciste las cicatrices?
Tom soltó una risita, mientras bajaba su plato, ahora vacío, a la bandeja de madera y se volvía a sentar.
—Es parcialmente una historia graciosa —señaló la que estaba en su bicep derecho—. Esta fue el resultado de un joven caballero demasiado entusiasmado, ansioso de impresionar a sus amigos. Se disculpó después. Esta, sin embargo —señaló la cicatriz de su pecho—, es el trabajo de un soldado de Hannover. Pero él no se disculpó, así que… —se lazó de hombros.
—¿Acaso tú…? —Bill se mordió el labio, debatiendo si en realidad quería saber la respuesta a lo que se preguntaba en la mente—. ¿Has matado mucha gente?
—Por supuesto.
—¿Alguna vez te has sentido… mal? —preguntó Bill—. ¿Por hacer eso?
—Ellos me matarían sin pensarlo dos veces —respondió Tom—. Así que mejor los mato primero, ¿no crees?
—Mmm —Bill estudió la alfombra del suelo un momento, antes de volver a alzar la vista a los ojos de Tom—. ¿Alguna vez has tenido miedo?
Tom asintió—. La primera vez que enfrenté a otro ejército estaba aterrorizado. Pero… esto es lo que hago.
Al sentir la pesadez en el ambiente de la habitación, Tom decidió que necesitaban cambiar el tema.
—Bien, Bill, ¿cómo planeas tener entretenido a tu paciente este día?
Bill lo miró como si le hubiera salido una segunda cabeza—. ¿Entretenido?
—Necesito salir de esta habitación, Bill —insistió el rastudo—. Simplemente no puedo… sentarme y hacer pereza.
El pelinegro se mordió el labio, meditando—. Bueno, no podemos tenerte vagando por el castillo con tu… —Bill agitó una mano señalando el regazo del otro, lo que Tom encontró increíblemente divertido, y abrió el baúl al pie de la cama—. Tus ropas han sido lavadas y tu camisa también ha sido arreglada.
Tom sostuvo su camisa a un brazo de distancia y se sorprendió de ver que no sólo no tenía manchas de sangre, sino que tampoco había señal de que alguna vez hubo una rasgadura en su hombro.
—Veo que alguien cose tan bien como Bess cocina —murmuró.
—Tu cota de maya también ha sido reparada —agregó Bill, señalando su pecho—. Y tu cinturón y espada también están aquí.
Bill ayudó a Tom a ponerse la camisa por encima de la cabeza y notó que hacía una mueca de dolor.
—Gracias —Tom miró hacia abajo, a su camisa de lino y sus pantalones de cuero y sonrió—. Casi me siento yo mismo, otra vez.
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Bill tomó en serio sus obligaciones de guía turístico y mostró a Tom, casi cada pulgada del castillo de Leipzig, desde la capilla familiar hasta los cuartos de los criados. Dieron una vuelta en círculo hasta el gran salón, donde se sentaron ante el fuego y Tom se hizo amigo de los perros de la familia.
—Este es Komet —Bill rascó la cabeza de un gran danés gris oscuro, mientras intentaba mantener alejada la cara de la lengua del perro—. Y el que está golpeando tu brazo con la cola es Krieger.
—Es hermoso —Tom pasó el brazo alrededor del cuello del perro y olió su pelaje negro y café—. Es un bernés, ¿verdad?
Bill asintió—. Su bisabuelo, abuelo y su padre, también vivían aquí —explicó—. ¿Tienes perros en casa?
—No, ninguno mío —Tom sonrió cuando el perro al que estaba acariciando se sentó en su regazo—. Lord Trumper tiene un perdiguero alemán y está a punto de tener cachorros cualquier día de estos y tiene un par de pastor escoceses, que son hermano y hermana.
El gran danés finalmente se cansó de hostigar a Bill y se echó frente a la chimenea. El otro perro se le unió pronto y Bill se levantó, para ayudar a Tom a ponerse de pie.
—¿A dónde deberíamos ir ahora? —Le preguntó el pelinegro.
—A cualquier lugar que quieras mostrarme.
Tom se alzó de hombros y rápidamente, Bill se dio cuenta que estaba perdiendo a Tom porque se estaba aburriendo. Dio una mirada a la parte de atrás del salón, a una puerta invisible salvo para aquellos que sabían de su existencia, luego tomó la mano de Tom y tiró de él. Tom dio una mirada por la puerta, cuando Bill tomó una lumbre de la pared.
—¿Y a dónde exactamente me estás llevando ahora?
Bill sonrió, cerrando la puerta a sus espaldas—. Es un secreto.
La pequeña vela apenas mostraba algo de luz en el oscuro y estrecho pasadizo, pero Tom pudo notar que estaban subiendo una escalera en espiral. Llegaron a un rellano y Bill puso un dedo en sus labios. Presionó algo en la pared, Tom escuchó un clic y una puerta se abrió. Bill la empujó con la punta de sus dedos, hasta que hubo suficiente espacio para asomar la cabeza. Giró de vuelta a Tom con una sonrisa.
—Está bien —asintió—. Vamos.
Tom se encontró en el estudio de alguien. Había llamas crepitando en la chimenea, varios papeles a lo largo de un gran escritorio y Tom sintió que la habitación había sido evacuada instantes antes.
—Bill…
El pelinegro advino la respuesta a la pregunta sin formular de Tom—. El estudio privado de mi padre.
—Se supone que nosotros…
—En realidad se supone que no debo estar aquí sin mi padre —explicó Bill—. Sólo porque una vez escribí sobre un… no sé, un tratado o algo así —notó la sonrisa que Tom estaba tratando de ocultar—. ¡Tenía seis años!
—Es lo mismo —Tom giró para mirar por la ventana—. Probablemente deberíamos irnos.
—Puedes ver casi todo desde esta ventana —Bill se paró junto a Tom y dio una mirada—. El bosque está por allá —señaló a la izquierda—. Y el río en la otra dirección. Hay un lugar allá, en el que me gusta cabalgar algunas veces.
Tom sólo escuchaba parcialmente. Estaba mirando por la ventana, pero pensando en algo que no podía ver.
—Ya no está lloviendo, Bill —notó.
El pelinegro alzó la vista al cielo y vio que el sol comenzaba a asomarse detrás de las nubes. Miró de vuelta a Tom, cuya sonrisa se extendía de oreja a oreja.
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Bill abrió las pesadas puertas de madera y Tom entró en el establo más grande que jamás había visto. El espacio era cavernoso, con docenas de puestos a ambos costados, pudo vislumbrar una tercera y cuarta linea de puestos a la vuelta de la esquina, que estaban paralelas a las primeras dos. Bill lo miró a él, viendo sus ojos muy abiertos de asombro, al contemplar sus alrededores.
—No estoy seguro en cual está el tuyo —explicó—. Podría preguntar a uno de los…
Tom simplemente negó con la cabeza y estiró los labios. Dejó salir un silbido corto y agudo y enseguida, Bill escuchó el quejido a lo lejos en esa fila. Una cabeza se asomó por encima de la puerta y Tom sonrió, guiando a Bill a un enorme semental color castaño. El pelaje del caballo era de color castaño oscuro y su melena y cola eran negro azabache. El caballo exhaló y giró la cabeza hacia su dueño, mientras Tom pasaba con cariño, el brazo por el largo cuello del animal, pasando la mano libre por el hocico del caballo.
—Es bueno verte, mi amigo —Tom soltó una risita cuando, por hábito, Cadoc bajó la cabeza hacia su bolsillo izquierdo—. Te acuerdas.
Tom alimentó a Cadoc con los trozos de manzana roja que había llevado de la cocina.
—Está bien cuidado —Tom sonrió a Bill, cuando el chico se paró junto a él—. Tengo que agradecer a tus mozos por eso.
—Tom, es hermoso —Bill pasó la palma de su mano por el cuello del caballo—. ¿Desde cuando lo tienes?
—Sólo tres años —Tom pasó sus dedos por el suave pelo de la melena de Cadoc, mientras el caballo olfateaba buscando otro refrigerio. Sonrió cuando Cadoc dio un pisotón en el suelo—. Lo sé. A mi tampoco me gusta estar encerrado por mucho tiempo —dio una mirada a Bill—, pero algo me dice que no seré capaz de montarte todavía.
Bill correspondió su mirada, alzando una ceja.
—Tan pronto el médico de mi padre diga que está bien, ni un momento antes.
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Tom quedó con la boca abierta al quedarse mirando la alta pared de vegetación ante ellos. Bill puso las manos en la espalda de Tom y comenzó a empujarlo hacia el laberinto.
—Tú sabes cómo salir de aquí, ¿verdad, Bill?
—¡Por supuesto! —Bill guió a Tom por los primeros giros sin detenerse—. De hecho, creo que Natalie y yo somos los únicos que lo sabemos.
—Y… no tienes problemas de pérdida de memoria, ¿cierto?
El pelinegro sonrió y negó con la cabeza, mientras le mostraba el camino.
—No tienes miedo, ¿verdad? —lo molestó.
—Preferiría no sobrevivir a una herida de guerra, que perderme en un laberinto gigante y morir de hambre —Tom se lazó de hombros.
Bill se detuvo en una esquina y miró hacia la derecha y luego a la izquierda. Se mordió los labios, pensando.
—¿Qué pasa? —Preguntó Tom, de pronto sus ojos estaban muy abiertos.
Bill lo miró de vuelta con una sonrisa y salió corriendo. Sonó complemente lejano la siguiente vez que Tom escuchó su voz.
—¡Ven a encontrarme, Tom! —Gritó—. Si es que puedes.
El rastudo giró a la derecha, ya que Bill había tomado la derecha y casi de inmediato, se encontró a sí mismo en otra intersección. Gritó el nombre de Bill y escuchó una risa como respuesta.
—A la derecha, Tom —gritó Bill—. Luego dos a la izquierda, una a la derecha y otra a la izquierda, luego a la derecha y no gatees bajo los arbustos, porque eso es hacer trampa.
Tom siguió las instrucciones del pelinegro, brevemente considerando hacer trampa, y pronto, encontró a Bill sentado en una banca de piedra, en el centro del laberinto.
—¡Me encontraste!
—Y más que un poco aliviado —admitió el rastudo.
Tom se sentó junto a Bill y se quedaron en silencio un rato. Tom le dio una mirada al joven y lo vio estudiando el césped debajo de ellos, con el ceño apretado por sus pensamientos.
—¿Tom, tú…? —Bill mordió la esquina de su labio al regresar la vista a Tom—. ¿Te divertiste hoy, cierto?
—Lo hice —Tom asintió—. Estaba emocionado por salir de mi habitación, por supuesto —se alzó de hombros—. Pero me divertí contigo.
Bill se puso contento ante las palabras del mayor—. ¿De verdad?
—De verdad —el rastudo sonrió por la forma tímida en que Bill bajó la cabeza—. ¿Por qué todo el mundo piensa que deben mantenerte ocupado? —Se pronto se encontró preguntando.
Estaba feliz de ver que Bill no pareció molestarse con la pregunta.
—Bueno, mi padre le está enseñando a Andreas cómo ser Lord de la mansión algún día —respondió el pelinegro. Bill subió las rodillas y las abrazó—. Además, Andreas ya tiene su familia propia. Mi mamá está ocupada con los planes de la boda de mi hermana, Natalie, que será en un par de días. Y Natalie… bueno, ella está pensando en cómo llevar una casa y tener muchos hijos.
Tom asintió—. Y tú tienes que encargarte de mi.
—No me molesta —respondió Bill quizás demasiado rápido—. Quiero decir, todos tienen algo importante que hacer —descansó la barbilla sobre sus rodillas y sonrió a Tom—. Y ahora yo también.
& Continuará &
Notas de elvisfan: los comentarios son como tener una semana libre del trabajo.
MizukyChan: Gracias por seguir leyendo esta traducción y no olviden enviar su amor a elvisfan, por esta bella historia.