
Fic de elvisfan. Traducido por MizukyChan
Capítulo 16
Llegando a la cima de la colina, Tom miró, atónito, el tamaño del ejército que marchaba hacia ellos. El suelo pareció estremecerse bajo el estrépito de las botas de los hombres y los cascos de los caballos.
—Creo que me gustaría volver a no saber cuántos hombres estamos enfrentando —dijo Georg, sólo para que su amigo oyera.
—Creo que me gustaría unirme a ti —Tom asintió—. Ahora veo por qué la ignorancia es una bendición.
—Ellos tienen más caballos —observó el castaño.
—Nosotros tenemos mejores jinetes.
—También tienen más arqueros.
—Probablemente sus flechas no vuelan tan lejos.
Sólo Georg podía oír la duda en la voz de su mejor amigo. Miró las manos de Tom, que aferraban las riendas de Cadoc con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
—Supongo que debería admirar tu habilidad para fingir optimismo —Georg sonrió de lado.
—¿Preferirías que aceptara la derrota ahora? —Tom giró la cabeza para mirar a su amigo a la cara—. ¿Que diera la orden de retirada antes de que la batalla siquiera empezara?
Georg hizo un sonido como respuesta—. Nunca nos rendimos sin dar pelea.
—Y no empezaremos ahora —La mirada de Tom volvió a las tropas que se acercaban—. ¿Puedes hacer algo por mi, Georg?
El castaño asintió—. Cualquier cosa.
—Sé que tú y Bill nunca serán amigos, pero si algo me sucede… —Tom se detuvo, apretando la mandíbula—. Ve que nada le pase a él.
—Me cae lo suficientemente bien —Georg desvió los ojos ante el sonido del bufido de su amigo—. Me cae mucho mejor ahora que cuando dejamos Leipzig —corrigió.
Tom correspondió la sonrisa de su amigo—. Eso es algo, supongo.
—Si alguien quiere llegar a Bill, tendrán que pasar por encima de mi.
—Gracias —Tom miró al hombre de su otro costado, sentado encima de un caballo negro—. ¿Alguna señal de nuestros aliados, mi Lord?
—Los soldados de Bremen vienen detrás de nosotros, a unos cuantos kilómetros —respondió Gordon, sus ojos hicieron su propia revisión de enemigo que se aproximaba—. Todavía no hay señal de Mannheim.
Tom asintió, soltando un suspiro de alivio.
—Bueno, supongo que no hay tiempo como el presente —sacó la espada de su vaina—. ¿Acabamos con esto, mi Lord?
Gordon asintió y Tom alzó su espada.
—¡Arqueros!
Segundos más tarde, el cielo se oscureció a la sombra de una lluvia de flechas volando hacia el enemigo. Tom vio como caían las primeras filas del ejército de Leipzig. Flexionó sus dedos, apretando las riendas de Cadoc. Las orejas del caballo se pararon y un pata pisoteó el suelo, y Tom sonrió.
—Okey, amigo mío —murmuró—. Vamos.
Levantando la espada por sobre su cabeza, Tom gritó la orden de atacar.
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Bill había corrido hasta la cima de la torre del castillo, mientras Tom y sus hombres se iban y él se quedó mucho tiempo después de que el último hombre desapareció de su vista. Se sentó en una cornisa, con los brazos alrededor de las piernas. Cerró los ojos y dejó caer la cabeza sobre sus rodillas.
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Tom gruñó con los dientes apretados cuando una espada le rasgó la piel. Levantó su espada en el último segundo posible, evitando que la punta afilada de otra espada cortara su cara. Tom giró sus brazos, enviando a volar la espada del enemigo. Tom pasó la punta de su propia espada por el estómago del hombre, y Cadoc se levantó, sus patas cayeron sobre la cabeza de otro hombre. Al oír un aullido cercano, alzó la vista para ver a Georg rebanar la garganta de alguien con su daga.
Varios minutos después, la multitud de soldados enemigos pareció desvanecerse, y los ojos de Tom se encontraron con la sonrisa victoriosa de Georg. Al oír el fuerte sonido de un cuerno, Tom miró a su derecha. Su rostro palideció cuando otra oleada de soldados salió de los bosques, corriendo hacia ellos.
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La cabeza de Bill se inclinó hacia un lado y sonrió al ver a Gustav en la puerta.
—Han pasado casi cinco horas, Bill —Gustav entregó al joven un grueso trozo de pan con mantequilla—. ¿Has estado aquí, todo ese tiempo?
—Fui a la cocina hace un rato, pensando que podría comer algo —cortó el borde del pan, e instantáneamente su estómago volvió a apretarse—. Todavía no es una buena idea.
Estudió a Gustav, que se apoyó contra la pared, mirando hacia la oscuridad.
—¿Alguna vez te preocupas? —Le preguntó—. ¿Por tu padre?
—Por supuesto —Gustav asintió—. Me preocupa que algo le pueda pasar a él, pero también… sobre lo que haría yo si eso ocurriera.
Bill arrugó el ceño—. ¿Qué quieres decir?
—Tendría todo esto, Bill —Gustav agitó una mano en el aire, indicando todo lo que los rodeaba—. Esta tierra, todos sus habitantes… ellos me buscarían a mi si mi padre muriera. Y me pregunto si estoy listo para eso.
—Tom dijo que has estado observando a Lord Trumper durante años —respondió el pelinegro—. Aprendiendo las cosas que él hace —sonrió—. Luces bastante competente para mi.
—Aprecio tu confianza —Gustav soltó una risita—. Tal vez, si ocurriera lo peor, me metería en sus zapatos sin esfuerzo —se alzó de hombros—. Aun así, me gustaría esperar un par de años más para averiguarlo.
Miró a Bill, quien masticaba el pan con evidente preocupación en su rostro.
—Tom es el mejor soldado en el ejército de mi padre, Bill —le dijo—. Mi padre no lo habría hecho capitán si no creyera lo mismo. Sé que estás preocupado por él, pero… bueno, no creo que lo hayas visto por última vez, no todavía.
Bill pudo mostrarle una pequeña sonrisa por eso—. Gracias, Gustav.
—La persona por la que deberías preocuparte soy yo —Gustav asintió y Bill abrió los ojos muy grandes—. No has experimentado el terrible horror de algunas de las posibles novias a las que mi padre me ha estado sometiendo. Él siente que veintitrés años son más que suficientes para casarse.
—¿Qué tan terribles son?
—¡Dientes de conejo, Bill! —Exclamó el rubio—. ¡Una chica tiene dientes de conejo! ¡Otra sólo tiene catorce! ¿De qué voy a hablar con una chica de catorce?
—No se supone que hables con ella, Gustav —Bill soltó una risita, mientras seguía masticando el pan—. Se supone que tengas hijos con ella.
—Otro pensamiento que me hace estremecer —respondió Gustav, rodando los ojos—. Una de ellas, la hija del duque de Mannheim, es bastante agradable. Y ella podría ser bastante bonita… —miró al chico junto a él con ojos achinados—. De no ser por su cara.
Bill se echó a reír, sus ojos se abrieron de par en par mientras se daba una palmada en la boca.
—Supongo que no debería reírme de eso —resopló, dando otra mordida—. Ella podría ser tu futura esposa.
—Dios nos libre.
Bill rió, intentando ocultar su sonrisa detrás del pan en sus manos. Gustav le sonrió negando con la cabeza.
—Gracias, Gustav —Bill sonrió—. Eso ayudó.
—Pensé que podría —Gustav se alzó de hombros, mientras giraba hacia a la puerta—. Con suerte no tendré que, pero vendré a verte más tarde.
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—¡Tom! —Georg señaló con la barbilla sobre el hombro de Tom—. ¡Nuestros refuerzos han llegado!
Tom sacudió las riendas de Cadoc, girando al caballo. Los soldados de Mannheim bajaban una colina, justo detrás del ejército de Leipzig. Tom lanzó una sonrisa por encima del hombro.
—Más vale tarde que nunca, supongo.
Tom se levantó en sus estribos, gritando para que sus hombres restantes se reagruparan. Levantó la espada y un coro de gritos se alzó cuando los ejércitos se atacaron mutuamente.
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Sus párpados cayeron lentamente, Bill levantó la cabeza. Volvió a moverse alrededor de la cornisa de piedra, tratando de encontrar una posición más cómoda. Se recostó con los brazos cruzados, y una vez más su cabeza cayó lentamente hacia adelante.
Gritos y pasos apresurados que se deslizaban en su mente inconsciente, Bill volvió a levantar la cabeza. Parpadeó, sorprendido por lo oscuro que se había puesto. Miró a un grupo de soldados junto a la pared con el ceño fruncido, preguntándose qué estaban señalando. Lentamente se dio cuenta, se sentó y entrecerró los ojos en la oscuridad.
Una gran masa de hombres, a pie y a caballo, salpicaban el ancho y angosto riachuelo. Al oír el ruido de madera y metal, supo que las puertas se abrían. Saltó del borde, abrió la pesada puerta de madera y bajó corriendo por la oscura y estrecha escalera hasta el vestíbulo. La primera persona que vio fue Lord Trumper, con la mano en el hombro de su hijo. Gustav quedó con la boca abierta y los ojos de Bill se llenaron de lágrimas cuando Gordon lo miró a él.
& Continuará &
Notas de elvisfan: ¡No me odien, por favor! La escena continúa en el siguiente capítulo.
MizukyChan: OMG, ¿ha muerto alguien? ¿Quién puede ser? No se pierdan la continuación. Y gracias por leer.
No sé, pero… esta historia me recuerda a la «Ilíada» y lo que pasó con París y Elena