
Fic de elvisfan. Traducido por MizukyChan
Capítulo 13
Bill se sintió confundido en el momento en que Tom giró a Cadoc lejos del castillo y esa confusión sólo creció mientras se aproximaban a un lago. El sol brillaba como diamantes en la superficie del agua y el pelinegro arrugó el ceño cuando Tom bajó del lomo de Cadoc.
—Tom, dijiste que ibas a tomar un baño.
—Eso hago. —Las manos de Tom ya estaban en sus pantalones a medio abrir—. ¿Me vas a acompañar?
—¿Qué? ¡No! —Bill saltó al suelo y detuvo las manos del rastudo—. ¡Tom, alguien podría vernos!
—Estás terriblemente preocupado de que otras personas nos vean —Tom sonrió coqueto mientras Bill miraba nerviosamente a su alrededor—. Fallas al no darte cuenta que ya no tenemos que escondernos.
—Sí, pero… —los ojos de Bill se cerraron cuando los labios de Tom acariciaron su cuello. Y trató de descubrir exactamente cuándo las manos del mayor se deslizaron bajo su camisa—. Estamos afuera, Tom.
Las yemas de los dedos de Tom rozaron sus costados, mientras su lengua, acariciaba su oreja—. Mm… hmm…
—Fuera —Bill dejó escapar un suspiro cuando sintió dientes en el lóbulo de su oreja—. Al aire libre.
—Ciertamente lo estamos —Tom retiró la camisa de Bill por sobre su cabeza—. Pero el castillo está a media milla de distancia —lamió el labio inferior del pelinegro, mientras con su pulgar acariciaba un pezón rozado, sintiendo como se endurecía bajo su toque—. Los guardias de la frontera están a una milla en la otra dirección.
La lengua de Bill se movió para encontrarse con la de Tom—. Nadie… —gimoteó cuando Tom se hundió brevemente en su boca—. ¿Nadie puede vernos?
—Ni un alma —Tom bajó los pantalones de Bill bajo su trasero, dándole al par de nalgas un leve apretón—. Tienes un trasero perfecto.
La cabeza del menor cayó en el hombro de Tom y sus mejillas adquirieron un leve tono rosa.
—También deberías acostumbrarte a que elogie tu cuerpo, amor —Tom sonrió, mientras acariciaba con la nariz el cuello del otro—. Planeo hacerlo seguido.
Sus bocas se unieron y su beso fue húmedo y lento, mientras ambos removían en resto de sus ropas. Con una última lamida al cuello de Bill, Tom se volvió y se zambulló bajo la superficie del agua fría y fresca. Nadó un par de pies antes de volver a salir a la superficie, para ese momento, Bill había caminado hasta que el agua le llegaba a las rodillas. Bill se abrazó a sí mismo mientras le daba a Tom una mirada asesina.
—¡Está fría!
—No tan fría.
Tom le hizo señas a Bill, curvando un dedo, invitándolo, y esperando hasta que el chico sólo estuvo a un pie de distancia, cubierto hasta la cintura, antes de patear el agua y de enviar un chapoteo hacia arriba, a la cara del joven. Bill se quedó con la boca abierta, luego nadó sumergido. Cerró la distancia entre ellos, rompiendo a la superficie con una sacudida de su cabello, creando una lluvia de gotitas cuyo objetivo era el rostro de Tom. El rastudo se lanzó hacia él y Bill nadó para alejarse, llegando hasta la mitad del lago. Sus pies buscaron el fondo y se sorprendió de descubrir que de pronto, el agua le llegaba hasta la nariz.
Tom sonrió de lado y nadó hasta él—. Se vuelve más profundo aquí.
Bill se alejó en el último segundo, nadando lo suficiente para volver a encontrar el fondo. Tom lo atrapó justo cuando giró y Bill soltó unas risitas cuando sus bocas se encontraron. Acarició la lengua de Tom cuando se deslizó entre sus pálidos labios rosados y, con un suave gemido, Tom apretó el agarre en la cintura del pelinegro. Presionó al joven con firmeza contra él, sintiendo sus manos deslizarse por su pecho y enredarse en las gruesas rastas que caían por sus hombros. Se quedaron en los brazos del otro, acariciando la piel húmeda, dejando pequeños besos en cualquier lugar que pudieran alcanzar. Tom sintió la respiración agitada del menor contra su clavícula y retrocedió tanto como Bill le permitió. Abrió la boca para hablar, pero Bill presionó la punta de los dedos contra sus labios. Él lo dejó y los besó, hasta que Bill alejó la mano. Bill volvió a deslizarse por el cuello de Tom, hasta dejar las manos en sus hombros.
Tom sostuvo a Bill, cargándolo fuera del agua y lo dejó sobre el césped suave. Se recostaron entrelazados y Tom besó cada punta de los dedos de Bill otra vez, antes de sujetar la pálida y delicada mano del joven con firmeza en la suya, llevándola a su pecho bronceado.
—Quiero quedarme así.
La voz de Bill era suave y triste. Tom deseó más que nada, poder prometerle que siempre estarían juntos, justo como estaban en esos momentos. En cambio, ambos se quedaron en silencio, diciendo con los ojos, aquello que no se atrevían a decir en voz alta.
La represalia del padre de Bill era una conclusión inevitable. Tom no tenía ninguna duda de eso. Por mucha fe que pudiera tener en él mismo y en sus hombres, sabía que sus posibilidades de tener éxito eran muy improbables.
Que se llevaran a Bill, era una posibilidad muy real.
Tom limpió una lágrima, antes de que tuviera la posibilidad de caer por la mejilla de Bill.
—¿Cuánto tiempo crees que tengamos?
—No lo sé —Tom besó la frente de Bill y lo abrazó apretadamente—. Pero no es suficiente.
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Bill bufó de risa, casi ahogándose en su cena.
—¿Trató de montar a un perro en vez de un caballo?
—Oh, no lo intentó —respondió Georg—. Lo hizo. No tenía los pies en el suelo, y se quedó un buen rato hasta que Zyklon salió corriendo.
—Aaww, pobre Tom —Bill soltó una risita—. ¿Te dio pena cuando el gran perro malo fue pesado contigo?
El rastudo intentó mirar feo al chico sentado junto a él—. Estás disfrutando esto, ¿verdad?
—Mucho, sí.
—Sucede que tenía seis años en ese entonces —le informó Tom—. Y lo que Georg parece haber olvidado, es que todo fue porque él me desafió.
Por alguna razón, eso hizo reír mucho más a Bill, hasta que cayó junto a Tom, intentando recuperar el aliento.
—¿Entonces, esa es la forma de hacer que Tom haga cualquier cosa que quiera? —Preguntó Georg.
El castaño le dio una sonrisa maliciosa a su amigo que estaba sentado al frente en la mesa—. De todos modos, creo que es seguro decir que Tom hará cualquier cosa que quieras, si se lo pides.
Tom mordió un trozo de pan que tenía en la mano y se preguntó por qué quería que su amigo conociera a Bill.
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Dillon miró divertido como Bill se tambaleaba, mientras Bill luchaba bajo el peso de un montón de leña.
—Bill, de verdad no tienes que hacer esto —dijo por tercera vez esa mañana.
—No, quiero ayudar —Bill colocó estratégicamente el trozo más pequeño en la parte superior de su pila—. Tom está ocupado la mayor parte del día y yo no tengo nada más que hacer. Además —sonrió—, es lo menos que puedo hacer por el hijo de la mujer que me hizo dos nuevos atuendos completos.
—De verdad hizo un trabajo bonito, ¿verdad? —Dillon miró el largo perfecto de los nuevos pantalones de Bill—. Está bien, supongo que dos personas pueden cargar más leña que una.
Tres astillas y un pulgar adolorido más tarde, Bill cargaba un balde de agua a la cocina. Ada lo tomó de sus manos y le dio una palmada en el hombro.
—Bien hecho, Bill —le sonrió—. Esta vez la dejaste casi toda en el balde.
Ada vertió el agua en un enorme caldero negro y le entregó de vuelta el balde a Bill, quien siguió a Dillon fuera de la cocina. Ría pasó junto a ellos cuando salieron afuera. Bill no tuvo que hacer contacto visual con ella, para saber que le estaba enviando una mirada de odio.
—¿Cómo puede odiarme tanto alguien que ni siquiera me conoce? —Se preguntó.
—¿Quién? ¿Ría? —Dillon miró por sobre el hombro de Bill a la mujer en cuestión—. Ella no te odia, sólo está celosa.
—De verdad no sabía nada de ella, hasta la primera vez que la vi —insistió Bill—. No tenía idea que ella y Tom estaban juntos.
—Eso nunca fue nada serio —Dillon se alzó de hombros—. No como ustedes dos.
Bill rió, mientras bajaba su balde—. ¿Somos muy obvios?
—Puede que sólo tenga quince, Bill —Dillon sonrió de vuelta—, pero no soy ciego.
—Mi hermana Natalie tiene quince —Bill jadeó—. ¡Todavía no le he escrito! ¡Ella ni siquiera sabe que estoy aquí! —Dejó la cuerda en manos de Dillon—. ¿Podrías…?
—Ve —Dillon lo envió agitando las manos—. Ya has trabajado muy duro para ser tu primer día.
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—Entiendo que estuviste ocupado esta mañana.
Bill soltó una risita, mientras ayudaba a levantar sus caderas—. Bueno, tengo que hacer algo, mientras me dejas solo todo el día.
—Ya veo —Tom miró la sonrisa burlona de Bill mientras sacaba los pantalones del joven por sus largas y delgadas piernas—. ¿Así que tus heridas son mi culpa?
—Absolutamente.
Bill alzó el dedo índice de la mano derecha, que antes había traído una astilla bastante grande. Tom lo atrapó entre sus dientes mientras se inclinaba hacia delante, succionando suavemente la punta.
—Tal vez pueda hacer que te sientas mejor.
—Bueno, puedes intentarlo —Bill respiró hondo cuando la lengua de Tom le acarició el largo de su cuello—. Puedes intentarlo.
Bill inclinó la cabeza hacia atrás y hacia un lado, aguantando soltar un grito suave cuando los dientes apretaron su suave piel. Apretó la espalda de Tom, acercándolo más, con las manos resbalando bajo el borde de la camisa de Tom para deslizarse sobre su suave piel. Sus manos se movieron por los hombros del rastudo, sintiendo los tendones allí, debajo de las yemas de sus dedos. Tom se echó hacia atrás, tirando del suave material por encima de su cabeza y lanzándolo a un lado mientras reclamaba los labios rosados de Bill una vez más.
Bill gimió cuando Tom se acomodó entre sus muslos, sintiendo su obvia erección y deseando más de ella. Levantó las caderas, intentando encontrar más de esa maravillosa fricción, sólo para soltar un gemido lastimero cuando Tom se separó de él. Los ojos de Tom subieron por el cuerpo de Bill, desde la creciente erección entre sus piernas, por la extensión de la suave y agitada piel, hasta sus labios carnosos. Los ojos de Bill brillaban con el naranja del fuego de la chimenea y estaban enfocados en las manos del rastudo, mientras liberaba de los confines de sus pantalones de cuero a su carne rígida.
Las uñas de Bill recorrieron la cálida piel bronceada del mayor, mientras éste acariciaba y besaba su camino a través del cuello del menor.
—¿Y qué más hiciste hoy?
—Quieres sab… mmm —Bill se mordió el labio cuando un dedo calloso acarició su rozado pezón—. ¿Quieres saber lo que hice todo el día?
Tom pasó la lengua por el punto oscuro en el pecho de Bill—. A-ja.
—Escribí…Bill gimió, agarrando un puñado de rastas rubias, cuando su pezón fue arrastrado entre labios y dientes suaves—. Le escribí a… a Natalie.
Tom le dio un lametón al pezón opuesto—. ¿Sobre qué?
—Simplemente que yo… —El tren de pensamiento de Bill paralizó mientras Tom dejaba besos en toda la suavidad de su vientre—. Que estoy aquí en… en Co —gimió cuando Tom succionó la piel del interior de su muslo—. Coburg con… contigo.
Tom se apretó contra el muslo de Bill y sonrió con orgullo por el modo en que el joven se retorcía y gemía debajo de él. Se inclinó, deteniéndose con la boca justo a una pulgada de la base del miembro de Bill.
—Estoy seguro que se sorprenderá.
La espalda de Bill se arqueó, y estaba seguro de que todo el castillo podía oírlo mientras la lengua de Tom pasaba por toda la longitud de su carne.
—¡Tom, por favor! —Jadeó y gimió mientras Tom succionaba la cabeza de su polla. Sus piernas se abrieron más y su pie subió hasta el hombro de Tom—. Yo, quiero…
Tom lamió la gota de humedad en la punta de Bill—. ¿Qué es lo que quieres?
—Te quiero a ti.
Tom deslizó su mano hasta la entrada de Bill, frotando su tierna apertura.
—¿Aquí, Bill?
La cabeza de Bill asintió frenéticamente. Oyó algo que cayó al suelo a su lado y luego Tom le urgía a que girara. Quedó descansando sobre una gruesa almohada debajo de sus caderas, y su perplejidad fue de corta duración cuando sintió dos dedos húmedos tentando su entrada. Tom se quedó mirando asombrado la piel arrugada de ahí.
—¿Aquí, Bill?
Bill sólo gimió, luego gritó mientras esos dedos se deslizaban dentro de su cuerpo. Tom empujaba hacia adentro y retrocedía lentamente, una y otra vez, sintiendo que el cuerpo de Bill se abría para él. Las manos de Bill se deslizaron por la suave alfombra, una agarrando las gruesas fibras por encima de su cabeza, la otra descansando bajo su mejilla. Quedó con la boca abierta en un jadeo cuando Tom tocó ese punto dentro de él que le hacía curvar los dedos de los pies.
Podría haber gritado cuando Tom lentamente entró en su apretado calor, acariciando su cuerpo de la forma que Bill había aprendido a amar. El cuerpo de Bill se meció, mientras Tom lentamente lo golpeaba con sus caderas, sintiendo entrar cada gruesa pulgada mientras sus músculos se estiraban alrededor de esa polla. Vio la mano de Tom junto a su cabeza y la agarró con las uñas, mordiendo la muñeca de Tom cuando aceleró el ritmo.
Tom gimió mientras trabajaba sobre el suave y pálido cuerpo de Bill, estremeciéndose sólo un poco cuando la mano de Bill se cerró alrededor de su muñeca. El calor del fuego se extendió por su espalda y se movió más rápido, sacando a Bill más gemidos. Con la mano libre agarró la cadera de Bill, las yemas de sus dedos apretaron la suave carne mientras empujaba rudamente contra cuerpo del pelinegro.
—¡To… Tom! —Los gemidos de Bill se hacían más fuertes—. ¡Oh! ¡Tan rico!
Tom gruñó con dientes apretados cuando la presión alrededor de su polla lo apretó con fuerzas. Bill se quedó rígido bajo él, sus gritos quedaron atrapados en su garganta cuando se corrió en un grueso chorro blanco. El sonido de piel golpeando piel llenó la habitación, mientras Tom bombeaba sus caderas más rápido, más fuerte, llenando pronto los muros apretados de Bill con su semilla. Pronto sus brazos temblaron con el esfuerzo de sostener su peso y, lentamente, salió del cuerpo de Bill y se dejó caer junto a él.
Jadeó, su pecho se movía pesadamente, parecía que su corazón trataba de salir de su pecho. Se pasó la mano por la frente antes de dejar que su mano golpeara contra su estómago. Miró a su derecha y vio a Bill mirándolo también, sus labios se curvaban en una sonrisa mientras sus ojos se abrían y se cerraban lentamente. Tom deslizó un brazo debajo de él, sintiendo la humedad pegajosa que se aferraba al estómago del pelinegro mientras lo sostenía contra su pecho. Suavemente, Bill gimió su placer cuando Tom besó y mordió su hombro.
—Eso fue… diferente.
Tom soltó una risita, mientras acariciaba con la nariz el cabello de Bill, llegando hasta su cuello—. ¿Te gustó?
—No estoy seguro —Bill se contorneó hasta que pudo ver la cara de Tom, acurrucándose lo más cerca posible de él—. Creo que tendremos que hacerlo de nuevo.
& Continuará &
Y yo opino lo mismo, Tom tendrá que tomarlo mucho para que Bill sepa si le gusta o no 😉 Todavía estamos en un momento de paz, ¿cuánto creen que vaya a durar? Gracias por leer y no olviden dejar su amor a elvisfan.